Hace ya un tercio de siglo, en octubre de 1990, la revista White Dwarf nº 130 incluyó un pequeño juego de cartas de aspecto inacabado titulado Chivalry. Se trataba de un avance de un juego nuevo que estaban por sacar. Le ofrecían a sus lectores un sistema de cartas para resolver duelos entre caballeros (no es el de las justas bretoniana, que ya ha habido varios que me han dicho, «a sí! El de los caballeros bretonianos») que trataba de ser sencillo y rápido de resolver.
El juego al que pertenecía el sistema se ambientada en el siglo XIV, íbamos a poder disfrutar de la agradable vida medieval con un sistema de gestión de tierras feudales, torneos, bodas entre dinastías y toda suerte de aventuras caballerescas.
Sin embargo aquel juego más grande del que hablaban en la revista debió de quedarse en una carpeta de cartón encima de una estantería porque es ahí donde algunas fuentes de habla inglesa dicen que lo encontraron años después, que también te digo soy yo Le meto un escaneo que se caga la perra, pero se limitaron a tirar un par de fotos, leérselo a cara perro y dejarnos a todos los demás que sabemos del asunto con los dientes largos.
Y así a quedado la cosa han pasado 30 y no se cuantos años y aquí nadie más a movido un dedo, seguro que muchos lo han ojeado mirando revistas viejas en pdf.
Así que me ate la manta a la cabeza y le metí los archivos que hay a chatgpt por la garganta y le dije, eh tu! Esclavo! Traduce me y maqueta e esta mierda! Spoiler: no lo hizo. Así que ahora si me puse ha hacerlo yo con las pobres habilidades que tengo.
El resultado es feo pero creo que se puede mirar sin quedarte ciego del todo. Dejo un link de descarga, con 3 archivos, uno es un pdf pa leer normal, otro es un pdf para imprimirlo en libreto (imprimes en tamaño doble del que quieres realmente y luego lo Doblas por la mitad) y un tercer archivo con las cartas, que siendo fiel a la idea de la wd original, las recorta y las pegas en cartulina roja o cartulina amarilla según proceda.
Y como dijo la wd hace 30ytantos años, si lo jugáis, queréis comentar algo u os inventas algún regla de la cas que merezca la pena volvéis a este artículo y lo dejáis en la caja de comentarios, yo ahora me voy a imprimirme una copia.
En un rincón olvidado del Imperio, donde los caminos eran de tierra apisonada y las estaciones pasaban sin mayor alboroto que el cambio de las hojas y el peso de la nieve, vivía un campesino llamado Oswald. No tenía apellido, porque su familia nunca había tenido necesidad de uno. Había nacido en el mismo pueblo en el que vivió toda su vida, y salvo dos viajes al mercado de la aldea vecina, jamás había salido de su hogar, cuyo nombre tampoco era de gran importancia.
La casa de Oswald estaba hecha de madera oscura, con una techumbre de paja que goteaba cuando llovía y necesitaba ser remendada cada pocos meses. Tenía una sola puerta, que rechinaba cada vez que se abría, y una pequeña ventana con un contraventana de madera que rara vez usaba, salvo en invierno. Había una chimenea de piedra donde su esposa, Greta, cocinaba la misma sopa de nabos casi todos los días, y una mesa con tres sillas, aunque solo dos eran usadas con regularidad, ya que su hijo, Dieter, solía preferir sentarse en el suelo.
Cada día de Oswald comenzaba igual. Se levantaba antes del amanecer, no porque le gustara, sino porque las vacas y los cerdos no se ordeñaban ni se alimentaban solos. El sonido del gallo, que a menudo cantaba antes de la hora adecuada, lo sacaba de su cama de paja. Se desperezaba con un gruñido, rascándose la barba incipiente, y tomaba un cuenco de gachas frías que Greta había dejado de la noche anterior.
La granja de Oswald no era grande ni particularmente próspera. Tenía tres vacas, dos cerdos, algunas gallinas que ponían huevos con irregularidad y un pequeño campo de trigo que a duras penas daba lo suficiente para pagar los impuestos al recaudador del conde local. El trigo crecía despacio, con espigas flacas y débiles, y Oswald solía mirarlo con una mezcla de resignación y esperanza vana, preguntándose si este año sería mejor que el anterior. No lo sería. Nunca lo era.
Después de alimentar a los animales, Oswald revisaba la cerca de madera que delimitaba su terreno. Siempre había un poste torcido, una tabla floja o un agujero por donde los zorros podrían meterse y atacar a las gallinas. Un par de años atrás, un grupo de goblins había aprovechado uno de esos huecos para robarse un cerdo pequeño. Arreglaba lo que podía con clavos oxidados y cuerda vieja, sabiendo que al día siguiente probablemente encontraría otro problema en otro lugar.
Con la cerca revisada, pasaba el resto de la mañana en el campo, arrancando maleza, comprobando la humedad del suelo y maldiciendo en voz baja cuando veía signos de plagas. Una vez, una plaga de saltamontes arrasó con media cosecha. Otro año, la lluvia fue tan escasa que el trigo apenas creció. Siempre había algo que amenazaba con convertir una mala cosecha en una catastrófica.
Al mediodía, Greta le traía un poco de pan y queso duro envueltos en un trapo, y se sentaban en un tronco viejo para comer en silencio. A veces hablaban del clima. A veces de los impuestos. A veces no hablaban en absoluto.
Por la tarde, Oswald reparaba herramientas, cortaba leña o caminaba hasta el pueblo para ver si había novedades. No solía haberlas. La gente en el pueblo hablaba de lo mismo de siempre: el precio del grano, la última carta del recaudador de impuestos, el hijo de tal o cual vecino que había sido reclutado por el ejército o la posibilidad de que hubiera bandidos en los bosques cercanos. Nada cambiaba demasiado.
A veces llegaban rumores de grandes batallas en el Imperio. Se decía que un ejército de bárbaros había marchado sobre Kislev, que se estaban alzando muertos en Sylvania, que los enanos estaban peleando en sus montañas por algo que nadie entendía del todo. Pero esos eran problemas de otros, de gente que vivía lejos. Aquí, en esta aldea, lo único que importaba era que la cosecha no fuera tan mala como para morir de hambre en invierno.
Por la noche, después de una cena sencilla, Oswald se sentaba en su taburete de siempre, afilando su cuchillo o reparando una red de pesca que usaba en el río cercano. A veces le contaba a Dieter historias que su propio padre le había contado, sobre tiempos mejores que nunca habían existido. Greta solía hilar lana con su rueca, moviendo la rueca con lentitud, mientras el fuego de la chimenea crepitaba.
Los años pasaron. Oswald envejeció, su espalda se encorvó, sus manos se llenaron de callos aún más duros. Greta murió un invierno particularmente frío, y Dieter se marchó a trabajar a otra aldea.
Oswald siguió levantándose antes del amanecer, ordeñando sus vacas, reparando su cerca y observando su campo de trigo, preguntándose si este año sería mejor que el anterior.
No lo sería. Nunca lo era.
Y así, su vida continuó, tan monótona y predecible como el girar de las estaciones, hasta que un día, simplemente, dejó de despertar.
Su nombre se perdió en el tiempo, como el de tantos otros campesinos del Imperio. Pero su campo siguió allí, esperando a otro que viniera a plantar trigo y esperar, con vana esperanza, que este año fuera mejor que el anterior.
El jueves como la mayoría me quedé un poco xof al leer el post de nuestra querida Carmen, diciendo que la Retroescalada tenía que tomarse un parón porque no tenía tiempo para dedicarle como hasta ahora. Gracias a esta iniciativa retomé los pinceles después de años y sé que no he sido el único, así que como ella sugirió que si alguien tomaba el relevo era bienvenido y ya le estuve echando una mano recopilando las publicaciones en Twitter (porque el algoritmo últimamente funciona fatal) pues me he ofrecido voluntario para seguir con la R4troescalda.
Para facilitar que todo el mundo participe creo que el formato sugerido que cada cual presente lo que tenga ese mes y luego ya lo dividiremos por categorías en el concurso de votación popular. Las fotos de las miniaturas se deberán enviar al mail [email protected], una foto del antes y otra acabada (si alguien quiere enviar una pequeña pieza de trasfondo también será bienvenida). El recopilatorio saldrá lo más cerca posible del final de mes (lo más probable que sea en fin de semana) y el concurso de pintura cada tres meses.
Creo que no me dejo nada, solamente agradecer a Carmen haber montado esta iniciativa y esperar verla participando. Y aprovechando que hoy es el día de otro universo freak acabaré con su mítica frase “Que la Fuerza os acompañe en la R4troescalda.”
La taberna bretoniana era cálida, iluminada por la tenue luz de las lámparas de aceite. El fuego en la chimenea chisporroteaba, y el aroma del pan recién horneado se mezclaba con el del vino barato. En un rincón, un viejo leñador, encorvado y de barba canosa, hablaba mientras tallaba un trozo de madera. Su voz era grave y rasposa, y sus palabras atrapaban la atención de un par de jóvenes sentados frente a él.
«¿No habéis oído hablar del baile de las flores del bosque?», dijo, sin levantar la vista de su trabajo.
Los dos muchachos, intercambiaron miradas y se encogieron de hombros. «Solo son flores, abuelo. Hermosas, sí, pero inofensivas.»
El anciano alzó la mirada, sus ojos oscuros brillando con algo que parecía una mezcla de advertencia y tristeza. «Inofensivas…» Mascullo entre dientes. Tras una ligera pausa continuo diciendo «Esas flores no son como las de nuestros campos. No las flores del Bosque Encantado.»
Los jóvenes se inclinaron hacia adelante, esperando escuchar otro cuento de hadas, entretenido, si, pero solo útil para asustar a los niños y evitar que se pierdan en la espesura del bosque mientras juegan.
«Las flores allí no solo crecen; viven como nosotros, respiran y observan. Cuando la luz del sol baña el bosque, ellas despiertan. He visto una pradera entera transformarse en un salón de baile. Las flores se alzaron sobre la tierra, y sus pétalos, como túnicas de seda, se despliegan en giros y pasos delicados. Girasoles que danzan erguidos, amapolas que se deslizan como damas de ls corte, helechos que se balancean al compás de una música que solo ellas pueden escuchar.»
Los muchachos rieron. «¿Y qué tienen de malo unas flores bailarinas, Abuelo? Suena como las ensoñaciones de un viejo borracho bobo. «
El viejo dejó escapar un suspiro. «Ensoñaciones, sí. Una vez, hace muchos años, me atreví a meterme en el bosque buscando alguna madera fina para unas tallas. Me encontré con un claro donde las flores bailaban bajo la luz del sol. Era algo hermoso, tanto que no podía apartar la vista. Me acerqué más, y entonces me di cuenta de que no estaba solo.»
Los jóvenes está vez guardaron silencio, uno de ellos bebió de su jarra. El anciano continuó, susurrando ahora, como si temiera que algo más estuviera escuchando.
«Había figuras entre las flores, figuras altas, delgadas, como sombras tejidas con ramas y hojas. Eran los guardianes del bosque, o eso pensé yo. Observaban la danza, inmóviles, como esculturas de madera. Pero cuando me acerqué demasiado, una de ellas giró su cabeza nudosa hacia mí. No tenía un rostro como nosotros, pero sentí sus ojos, fríos y antiguos, clavarse en los míos. Y fue ese el momento, en que entendí que el baile no era una celebración. Era un juicio. El mio»
Los jóvenes tragaron saliva inconscientemente.
«Las flores se movieron hacia mí, rodeándome, sus pétalos rozando mi piel como cuchillas suaves. Las figuras entre las sombras comenzaron a moverse también, y sentí el aire volverse pesado, como si el bosque entero respirara conmigo dentro. Entonces, una voz profunda, como el crujir de un árbol viejo, me habló: vete humano y nunca vuelvas.’ Y aquí estoy, muchachos,»
El anciano dejó caer su cuchillo y la figura de madera que tallaba: una flor de pétalos abiertos.
«Vosotros haréis lo que queráis, por supuesto. Los jóvenes siempre lo hacen. Pero recordad mis palabras: si el bosque os invita a mirar, mirad. Pero si os invita a quedaros… no podréis negaros.»
A la mañana siguiente, los dos leñadores se adentraron en Athel Loren, sus hachas brillaban bajo el sol de la mañana. Al principio, el bosque parecía como cualquier otro: altos árboles, raíces retorcidas y el canto lejano de los pájaros. Pero a medida que avanzaban, el aire se tornó más denso, cargado de un aroma dulzón, y una extraña quietud se apoderó del lugar.
Al cabo de unas horas tropezaron con un claro bañado por el sol del mediodia. Allí las flores se alzaban, más hermosas y vivas de lo que jamás habían imaginado. Había lirios de un blanco luminoso que se inclinaban en reverencia, amapolas rojas que parecían flotar como danzarinas, y campanillas que tintineaban suavemente como pequeñas campanas de cristal. Pero no estaban solas. Entre ellas se movían figuras alargadas, de cuerpos retorcidos como ramas, que se deslizaban entre los pétalos con una gracia inhumana.
Al principio, los jóvenes quedaron hipnotizados por el espectáculo. Uno de ellos dejó caer su hacha, maravillado. El otro dio un paso adelante, extendiendo una mano hacia un girasol de pétalos dorados que parecía inclinarse hacia él como invitándolo. Pero en el momento en que lo tocó, el bosque cambió.
El claro se oscureció, como si el sol hubiera sido devorada por las nubes. Las flores dejaron de bailar, girando sus cabezas hacia los intrusos, y las figuras entre ellas se alzaron, mostrando sus cuerpos compuestos de madera viva y hojas afiladas como cuchillas. Sus movimientos, antes gráciles, se volvieron espasmódicos, y los sonidos del bosque se transformaron en un murmullo bajo y amenazante.
El joven que había tocado el girasol intentó retroceder, pero las raíces del suelo se enredaron en sus pies. Su compañero gritó y corrió hacia él, tratando de liberarlo, pero los pétalos de las flores se alzaron como cuchillas, cortando el aire con un sonido sibilante. El primero cayó al suelo, atrapado por las raíces, y las flores comenzaron a envolverlo, cubriéndolo como un sudario.
El segundo leñador, aterrorizado, corrió en dirección opuesta, pero cada paso lo llevaba de vuelta al claro. Las sombras alargadas de los guardianes lo seguían, y los murmullos del bosque se convirtieron en risas suaves, burlonas. Cuando finalmente cayó de rodillas, exhausto, las flores se cerraron a su alrededor como una jaula.
La entrada de hoy es a la vez agridulce y algo liberadora. Es un secreto a voces que el ritmo de la vida me tiene sobrepasada y no he podido llevar al día la escalada de pintura como me hubiera gustado. Aunque las ideas están y las ganas también, el tiempo escasea y cada vez me obliga más a escoger dónde puedo dedicarlo.
Hoy tocaba recopilar las participaciones del reto de pintura del mes de abril, pero el reto no se llegó a publicar como tal porque la vida ha cambiado y aunque me cuesta sincerarme conmigo misma, al final una no puede evitarlo eternamente. La realidad es que no tengo el tiempo de mantener la Retroescalada al día como había hecho hasta hace unos meses, y apenas encuentro el tiempo de publicar en el blog. Y, cuando consigo un ratito libre, intento invertirlo en pintar o descansar despejando la mente. Al hacer los recopilatorios dejaba de pintar yo, no conseguía estar al día, y se formaba una bola cada vez más difícil de gestionar.
Así pues, toca cambiar un poco las cosas ya que mi vida también ha cambiado. La Retroescalada podrá seguir, pero los retos serán libres, se podrá participar pero a través del mail, y los recopilatorios saldrán cuando una servidora tenga el tiempo que necesita hacer la publicación.
Huelga decir que los concursos de pintura se pausan por el momento, quizá indefinidamente, ya que al final aunque yo quería estar en todo lo único que ha pasado es que he dejado un poquito de lado mi propio hobby. Y necesito retomarlo.
Poco más que decir por hoy. Si alguien se anima a tomar el relevo en esta escalada, es más que bienvenido. Si no, servidorá hará lo que pueda al ritmo que tiene ahora su vida.
Después de una semana de deliberación tras anunciar los participantes al primer concurso de pintura del blog, es la hora de anunciar los vencedores en las distintas categorías. En primer lugar agradecer la participación de los pintores en primer lugar, y de los votantes en segundo lugar. Con 102 respuestas cerramos el concurso muy contentos por la participación y con ganas de organizar la segunda edición próximamente. Espero que os haya gustado la iniciativa y que os animéis a participar en el próximo.
Categoría: Héroe
Esta ha sido la categoría que más participaciones ha tenido y después de una votación intensa, tenemos:
En el tranquilo pueblo agrícola de Villa Hermosa de Magritta, el aire cálido de finales de primavera soplaba suavemente entre los carros y tenderetes Los habitantes de la villa, acompañados por visitantes de pueblos cercanos, se habían reunido en la explanada frente al castillo de el Conde de Villahermosa, donde se celebraba el gran torneo anual. El campo estaba dispuesto con banderas de colores brillantes, y las gradas improvisadas de madera comenzaban a llenarse de espectadores ansiosos. El sol brillaba, y la fragancia de la tierra recién arada se sentía en el aire, mientras los caballos relinchaban nerviosos en los establos cercanos.
Hoy nos ponemos elegantes (y no hay nada más elegante que una cabecera nueva de Orcos y Goblins) para anunciar con mucha ilusión el primer concurso de pintura de Wargames y Warcosas. Ambientado en el seno de los retos de pintura, y siempre buscando motivar la pintura y mejorar poco a poco en la eterna lucha contra la marea gris, en enero propusimos como novedad la existencia del concurso. Como requisito era necesario presentar la miniatura del concurso en alguno de los retos del trimestre en curso.
Así pues, y sin más dilación que sé que estáis deseando ver las participaciones, procedemos a presentarlas por categoría. A diferencia de los otros recopilatorios, no habrá parrafito de comentario para no condicionar la votación (recordemos que es popular, tendremos un formulario de Drive al final de la entrada).
Ahora sí, después de unos días tras el fin del mes de marzo, nos ponemos al día con los retos. Voy a recoger todas las parcitipaciones independientemente de si participan o no en el concurso de pintura (ese post sale en dos díitas con la apertura de las votaciones). Así pues, reunimos los retos de febrero y marzo, actualzamos (por fin) la cabecera del blog, y dejamos un día de reflexión antes de preparar las participaciones del concurso.
1. Miguel Iglesias comienza una andadura en los retos de pintura con una espectacular unidad de Caballeros del Caos con un esquema de colores muy coherente, vistoso y una técnica brillante. Ha conversionado algunos de Age of Sigmar para Fantasy, y creo que quedan como anillo al dedo. El resultado es una unidad preciosa lista para sembrar la muerte en el campo de batalla.
Errar es humano, especialmente cuando se arrastra mucho cansancio, y me he dado cuenta que quería sacar los recopilatorios de febrero y marzo juntos… antes de que terminara marzo. Dejamos una prórroga para enviar las participaciones en el reto de pintura hasta mañana, que parece que se me ha olvidado que marzo tiene 31 días.