Análisis Denshattack!, un 'OlliOlli' con trenes y mucho sabor a Dreamcast (PC, Switch 2, PS5, Xbox Series X)
Denshattack! es uno de esos juegos que, explicados en frío, ninguna gran empresa aprobaría: trenes japoneses haciendo kickflips, grinds, derrapes imposibles y combos como si estuvieran en un Tony Hawk o en un OlliOlli tridimensional pasado por el filtro más colorido de la Sega de Dreamcast. Lo sorprendente no es que exista, sino lo rápido que consigue que su propuesta tenga todo el sentido del mundo.
Un billete a la Dreamcast que nunca existió
Denshattack! es un arcade de plataformas y «skate» que parece sacado de los 128 bits de Sega. La comparación con Dreamcast se ha repetido bastante desde que el juego empezó a enseñarse, y no es casualidad: tiene esa esencia de principios de los 2000 que no casi no sorprendía por ser rara, vistosa y exagerada.
Es fácil imaginarlo compartiendo estantería con Jet Set Radio, Crazy Taxi o Space Channel 5, no porque copie sus ideas, sino porque entiende su esencia. Aquí hay velocidad, música a todo volumen, personajes estrafalarios, una historia con sabor a anime de sábado por la mañana y, sobre todo, una voluntad clarísima de hacer algo que no se parezca a casi nada de lo que solemos jugar.
La premisa nos lleva a un Japón distópico dominado por la corporación Miraidō, con ciudades aisladas y vías convertidas en territorio de bandas, rebeldes y trenes con más estilo que sentido común. No estamos ante un juego narrativo en el sentido tradicional, pero sus secuencias de animación le dan muchísimo empaque y ayudan a vender un universo encantadoramente absurdo. La historia no pretende emocionarnos con grandes giros dramáticos, sino darnos una excusa perfecta para avanzar de región en región, conocer rivales cada vez más disparatados y enfrentarnos a jefes tan auténticamente dosmileros como el resto de la propuesta juegable.
Un skate arcade sobre raíles
Como decimos, a los mandos, Denshattack! es un juego de habilidad, puntuación y repetición. Cada nivel nos lanza por una ruta ferroviaria llena de rampas, curvas, obstáculos, caminos alternativos, saltos y oportunidades para encadenar trucos. La clave está en la libertad creativa que tenemos para hacer trucos dentro de unos escenarios generalmente lineales. Podemos saltar, caer con fuerza, cambiar de vía, derrapar en las curvas, hacer piruetas en el aire, grindar y enlazar acciones para multiplicar la puntuación mientras intentamos llegar a meta con el mejor tiempo y la mejor nota posible.
El sistema de control nos ha parecido uno de sus grandes aciertos. Es rápido, responde de maravilla y tiene esa cualidad tan difícil de conseguir en los buenos arcades: en cuanto fallamos, sabemos que ha sido culpa nuestra y queremos reiniciar inmediatamente. Al principio hay que interiorizar bastantes gestos, sobre todo porque el juego combina lectura del escenario, reflejos y ejecución de trucos a gran velocidad, pero introduce sus mecánicas con bastante buen ritmo y no tarda en conseguir que juguemos casi por instinto. En el momento en que un nivel sale limpio, con saltos ajustados, derrapes perfectos y combos encadenados, la sensación es fantástica.
El oro siempre está a una partida más
Lo mejor de Denshattack! es cómo entiende la rejugabilidad. Cada fase nos propone superar desafíos, mejorar puntuaciones y perseguir medallas, y casi siempre terminamos pensando que podemos hacerlo un poco mejor. Es un juego tremendamente adictivo porque convierte cada error en una oportunidad de mejorar: «la próxima es la buena», nos vamos a repetir una y otra vez. Esa estructura de niveles cortos, intensos y llenos de objetivos funciona de maravilla, especialmente cuando el diseño va directo al grano y nos presenta una sucesión clara de situaciones que exigen dominio, memoria y reflejos.
Además, Undercoders se las apaña para que la aventura no se estanque. Denshattack! derrocha ideas y tiene la buena costumbre de introducir nuevas mecánicas, obstáculos o reglas justo cuando creemos que ya lo hemos visto todo. Hay fases centradas en la velocidad, otras que nos obligan a hilar muy fino con los trucos, momentos de espectáculo puro, desafíos contra jefes y escenarios que nos invitan a elegir caminos diferentes hacia diferentes pruebas. No todo funciona con la misma precisión, pero incluso cuando una idea no brilla tanto como otra, se agradece muchísimo esa sensación de juego hecho con ganas de sorprender.
Nuestro principal problema llega en algunos niveles con varios caminos y una estructura más abierta. Denshattack! nos parece mejor cuando nos empuja hacia delante sin darnos demasiado tiempo para pensar. En las fases más directas, el juego encuentra un equilibrio magnífico entre velocidad, lectura visual y repetición; en cambio, cuando los recorridos se alargan demasiado o se ramifican más de la cuenta, el ritmo puede resentirse y esa necesidad de repetir para mejorar se vuelve un poco menos limpia.
No es un defecto grave, pero sí se nota porque el resto del juego suele tener ese diseño tan medido que casi rechina un poco. Es comprensible; al final se trata de dar variedad, pero cuando una ruta alternativa no resulta tan interesante como la principal, o cuando una fase se estira un poco más de lo necesario, se pierde parte de esa precisión que hace tan especial al conjunto. También hay algún momento en el que el exceso de información visual puede jugar una mala pasada, aunque en general la presentación es lo bastante clara como para que esto no pase de molestia puntual. En cualquier caso, son quejas que no empañan las grandes sensaciones que nos deja.
Color, anime y temazos a toda velocidad
Audiovisualmente es una auténtica gozada. La dirección artística de Denshattack! es fantástica, llena de color, personalidad y detalles que hacen que cada zona parezca parte de un mundo mucho más grande. Sus trenes tienen carisma, los personajes funcionan muy bien, los escenarios mezclan Japón futurista, cultura urbana, locura ferroviaria y fantasía de una manera muy natural, y las cinemáticas animadas de la historia le dan un acabado mucho más cuidado del que quizá cabría esperar en una propuesta tan arcade. Además, en Steam Deck funciona a las mil maravillas.
La banda sonora merece mención aparte. Hay auténticos temazos, de esos que parecen compuestos para que reiniciemos un nivel diez veces sin cansarnos. La música captura perfectamente ese punto entre arcade japonés, energía de Dreamcast y producción moderna, y acompaña tan bien a la acción que muchas veces empuja tanto como el propio diseño de niveles. Tenemos voces en inglés y japonés, y textos, entre otros idiomas, en español y catalán.
Próxima parada: recomendación
Denshattack! nos ha sorprendido muy positivamente. Es raro, rápido, vistoso, generoso en ideas y mucho más profundo de lo que su premisa podría hacer pensar. Estamos ante un juegazo arcade que entiende perfectamente el placer de mejorar, repetir y dominar niveles hasta sacar el oro. Tiene algunos tramos menos inspirados, sobre todo cuando abre demasiado sus rutas y se aleja de su versión más directa, pero sus virtudes pesan muchísimo más que, en nuestra opinión, sus pequeños tropiezos.
No todos los días aparece una producción que parezca hecha con tanto cariño y con tantas ganas de probar algo distinto. Denshattack! es una recomendación clarísima para quienes echen de menos aquella Sega más loca, para quienes disfruten con los juegos que derrochan creatividad, y, en definitiva, para aquellos que disfruten con una experiencia de otra época, en el mejor sentido de la expresión. Ojalá más juegos se atreviesen a ser tan videojuego.
Hemos realizado este análisis en Steam Deck con un código de descarga proporcionado por JF Games Press.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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