Saludos a todos, damas y caballeros.
Una de las cosas que dejé un poco abandonadas cuando me fui a vivir a mi tierra almeriense hace dos años fue el Proyecto Mesa. No es que lo dejara abandonado como tal, pues he seguido pintando muchas cosas, pero esto era algo que necesitaba para Madrid y no tanto para Almería, ya que allí tenía el magnífico Club Antebellum y, en él, todas las mesas y la escenografía que pudiera necesitar. Ahora que he vuelto a Madrid, una de las cosas a las que puedo prestar más atención es a la mesa y a la escenografía, que por su tamaño no iba a pintar en Almería para no tener que moverla entre ciudades.
En la última entrada que hice sobre el Proyecto Mesa, allá por febrero, decía que lo que quería hacer eran cuatro cosas: terminar las casas que compré de Kromlech, introducir más elementos naturales en la mesa, adaptarla a las Tierras del Sur y pensar en comprar unos tapetes. A lo largo de estos meses he hecho tres de esas cuatro cosas, así que, pese a todo, el tema ha progresado adecuadamente, como los niños en el cole.










