Exploración de Altair-Siete: Civilización Extinta
Exploración de Altair-Siete: Civilización Extinta
La creación de este portal fue un hito histórico. Por primera vez, un viaje instantáneo a
regiones del universo, que llevarían siglos en alcanzarse, era posible. La humanidad
había conquistado el espacio-tiempo. En el centro de este proyecto estaba la
Expedición Altair, compuesta por especialistas de diversas áreas. El Capitán Elias
Konnor, un líder experimentado, comandaba la misión. Veterano de numerosas
expediciones interplanetarias, Konnor era conocido por su frialdad y pragmatismo en
situaciones de presión. La Dra. Mira Eswen, una astrofísica brillante, fue encargada de
descifrar los misterios científicos de la civilización extinta. Y, por último, el Sargento
Viktor Brecht, un soldado endurecido por batallas en planetas hostiles, sería el
responsable de la seguridad del equipo.
El portal fue activado en una ceremonia pública, asistida por líderes de la Tierra y de
las colonias distantes en una transmisión en vivo. La gigantesca estructura brillaba con
energía mientras el campo de distorsión se formaba, creando un pasaje luminoso que
conectaba la Tierra con el sistema de Altair-Siete. "Estamos al borde de una nueva
era", dijo el Capitán Konnor, preparándose para cruzar el portal. Para él, esta misión
era más que exploración; era la oportunidad de pavimentar el camino hacia un futuro
donde la humanidad trascendería sus limitaciones y encontraría otras civilizaciones
inteligentes.
Cada miembro del equipo experimentó el desplazamiento del portal de manera única.
Era como si el espacio y el tiempo se hubieran mezclado brevemente en sus mentes.
Cuando emergieron, el escenario ante ellos parecía un nuevo universo. El espacio en
Altair-Siete era vasto y desolado, un manto de oscuridad roto solo por las luces
distantes de las estrellas.
El primer contacto con el planeta fue marcado por un silencio abrumador. Ni siquiera
los sensores captaban señales de vida, radiación o actividad tecnológica. Todo parecía
muerto. El Capitán Konnor, siempre pragmático, analizaba la situación con cautela. "No
sabemos cuánto tiempo han estado aquí estas estructuras, pero algo parece mal...
siento como si estuviéramos siendo observados." Viktor, el soldado del equipo,
verificaba sus armas, sintiendo el peso de la tensión en el aire. "Es mejor que nos
mantengamos alertas. No sabemos qué puede haber quedado aquí", comentó con la
frialdad de quien ya ha enfrentado lo desconocido muchas veces.
A medida que se acercaban a la mayor estructura —una estación espacial colosal que
parecía estar en órbita desde hacía milenios— la Dra. Mira intentaba descifrar patrones
en las superficies metálicas, registrando datos con entusiasmo y aprensión. "Estos
símbolos...", dijo, mirando atentamente las marcas en las paredes externas de la
estación, "no parecen ser meramente decorativos. Quizás sea algún tipo de lenguaje,
pero... hay algo más." Sus dedos temblaban levemente mientras pasaba el escáner
sobre las inscripciones, intrigada por la posibilidad de estar ante un código antiguo y
profundo, algo que trascendía las expectativas científicas.
Mientras avanzaban por los corredores, la Dra. Mira detectó un patrón perturbador en
sus sensores. "Hay algo aquí... un tipo de energía que no reconozco. Es antigua, pero
aún activa, de alguna forma." Viktor se posicionó al frente, con su rifle de plasma en
mano. "Quizás no estemos tan solos como parece", murmuró, sus ojos atentos a cada
sombra, cada rincón mal iluminado. La sensación de que estaban siendo observados
crecía a cada paso, y el silencio se volvía una presencia casi tangible, cargada de una
tensión invisible, pero palpable.
A continuación, las señales de radio del equipo comenzaron a captar ruidos extraños.
Sonidos bajos, casi imperceptibles, como susurros que parecían venir de las
profundidades de la estación. "Esto no es interferencia común", afirmó Konnor,
ajustando su receptor. "Parece que estamos captando... voces." Aunque no podían
discernir palabras claras, la sensación de que algo se estaba comunicando
directamente con ellos era innegable. Viktor, siempre el soldado duro, tragó en seco,
sintiendo por primera vez el miedo crecer en su pecho. "Sea lo que sea, parece que ya
nos conoce", dijo, con los ojos fijos en las sombras a su alrededor.
La tensión era palpable. A cada paso, el aire parecía más denso, cargado de una
vibración inexplicable, como si el propio espacio a su alrededor estuviera vivo. Cuando
finalmente entraron en una sala más grande, algo en el aire pareció cambiar. La sala
estaba envuelta en una oscuridad densa, y las lecturas en los sensores de la Dra. Mira
comenzaron a comportarse de manera errática. "Algo está sucediendo", murmuró ella,
visiblemente preocupada. "Necesitamos entender qué es antes de que sea demasiado
tarde".
Mientras exploraban una gran sala de control en el corazón de la estación, los susurros
que antes eran vagos comenzaron a intensificarse. Ahora parecían invadir sus mentes,
atravesando las barreras de los comunicadores. "¿Están escuchando esto?" preguntó
Viktor, ajustándose el casco, tratando de bloquear los sonidos perturbadores. "Es
como... voces, pero... no puedo entender lo que dicen." La Dra. Mira, aún más ansiosa,
consultaba sus instrumentos, que solo mostraban lecturas confusas y superpuestas.
"Esto no es interferencia común", afirmó, su voz temblando. "Algo está intentando
entrar en nuestras mentes".
La estación, que antes parecía un cementerio estelar, ahora parecía viva, pero no en el
sentido tradicional. Las lecturas de la Dra. Mira indicaban que la estructura se estaba
reactivando lentamente, como si absorbiera su presencia. "La energía está fluyendo
nuevamente por las paredes", dijo ella, con la voz temblando. "No sé cómo, pero algo
está despertando." Konnor miró a los demás, dándose cuenta de que el tiempo se
estaba agotando. "Necesitamos salir de aquí antes de que esto empeore".
Fue entonces que algo inesperado ocurrió. Las paredes comenzaron a pulsar,
emitiendo una luz tenue, y la propia estructura de la estación parecía moverse
levemente, como si estuviera respirando. "¿Esto es... orgánico?", preguntó Viktor,
incrédulo, al tocar la superficie, que parecía vibrar bajo sus dedos. La estación no era
solo una construcción tecnológica; parecía una entidad viva, despertando lentamente
de un sueño profundo y amenazante. "Esto no es normal. No estamos lidiando solo con
una civilización muerta. Hay algo más aquí", dijo Mira, su pavor creciendo visiblemente.
A partir de ese momento, el equipo se dio cuenta de que su misión había cambiado
drásticamente. No estaban allí para explorar una civilización extinta; estaban ante una
pesadilla antigua, una entidad cuya existencia trascendía eras y que ahora comenzaba
a tomar conciencia de la presencia humana.
La entidad comenzó a emitir una vibración, una frecuencia que atravesaba los cuerpos
del equipo y alcanzaba sus mentes. Todos sintieron un impacto mental indescriptible,
como si una fuerza invisible intentara romper las barreras de sus conciencias.
Imágenes confusas inundaron sus mentes: planetas desintegrándose, estrellas
apagándose, civilizaciones reducidas a polvo. "¡Está dentro de nuestras cabezas!",
gritó Viktor, sujetándose las sienes mientras intentaba bloquear la invasión mental. Sus
manos temblaban, y sus ojos estaban desmesurados, al borde del colapso.
Los susurros que los seguían por los corredores se transformaron en gritos, palabras
indescifrables de una lengua antigua, resonando directamente en sus mentes. La
entidad no se comunicaba de la forma que conocían; manipulaba, distorsionaba la
realidad y el tiempo a su alrededor, convirtiendo sus pensamientos en caos. "No...
puede ser... Ellos aprisionaron esta cosa aquí. Una entidad que devora conciencias,
que consume civilizaciones enteras...", murmuró Mira, luchando por mantener la
cordura.
Konnor intentó sacar al equipo de la realidad, pero incluso él sentía que sus defensas
mentales se desmoronaban. La entidad ahora se movía lentamente, sus tentáculos de
sombra extendiéndose por las paredes de la cámara, como si estuviera apoderándose
del espacio a su alrededor. "¡Necesitamos salir de aquí!", gritó él, la voz rasposa y
cargada de pánico. "Si esto sale de la estación, si llega a la Tierra... estaremos
condenados." La presión psicológica comenzaba a dominar al equipo. Cada paso
parecía más difícil que el anterior, como si el espacio conspirara contra ellos.
Mientras intentaban retroceder, los corredores por los que habían pasado comenzaron
a transformarse. Las paredes metálicas ahora estaban cubiertas por una sustancia viva
y pulsante, algo que recordaba a venas gigantes transportando un líquido oscuro y
desconocido. El suelo temblaba bajo sus pies, y el sonido de algo inmenso moviéndose
resonaba a lo lejos. "Estamos dentro de un organismo vivo", murmuró Viktor, tratando
de procesar lo que veía. "¡Esta estación... es parte de la entidad!"
El verdadero terror se instaló cuando se dieron cuenta de que las puertas y pasajes por
los que habían venido estaban comenzando a cerrarse, bloqueados por una sustancia
que parecía crecer directamente de la estructura. El ambiente se estaba reorganizando,
como si la estación se estuviera adaptando a la presencia de la entidad despierta. "Nos
está atrapando aquí", dijo Konnor, su voz cargada de furia impotente. "Sabe que
estamos intentando escapar."
Finalmente, tras lo que pareció una eternidad, avistaron el portal a lo lejos. Pero la
entidad estaba más cerca que nunca. Sus tentáculos, ahora llenando los pasillos,
avanzaban lentamente hacia el equipo. El sonido de una respiración pesada y rítmica
resonaba en el aire, como si algo colosal se estuviera acercando, a punto de
devorarlos. "¡Corran!", gritó Konnor, abandonando cualquier pretensión de orden o
disciplina. Era una carrera desesperada por la supervivencia.
La forma colosal de la entidad se movía por los pasillos, sus tentáculos de oscuridad
extendiéndose como sombras vivas por las paredes. Konnor sentía el aire volverse
más pesado, casi asfixiante, a medida que la criatura se acercaba. El sonido de algo
inmenso respirando detrás de ellos llenaba el ambiente, aumentando la sensación de
terror. “¡No podemos parar!”, gritó él, con voz urgente, mientras los tentáculos se
movían más rápido, casi alcanzando al equipo. “Si llegamos al portal, aún tenemos una
oportunidad.”
Konnor tomó una decisión rápida. “Viktor, cúbrenos. Mira, prepara el código para cerrar
el portal tan pronto como pasemos.” Viktor asintió, activando su arma de plasma y
posicionándose frente a los pasillos por donde venía la entidad. Disparaba contra los
tentáculos que se acercaban, pero sabía que su arma no sería suficiente para detener
algo de esa magnitud. Aun así, lucharía hasta el último momento para dar tiempo a los
otros. “¡No paren por mi culpa!”, gritó él, concentrado en los disparos.
Los tentáculos de la entidad se movían con una velocidad aterradora. Cada vez que
Viktor alcanzaba uno, parecía disiparse por un instante, solo para reformarse
inmediatamente después. Era como intentar luchar contra la propia oscuridad, algo que
no podía ser destruido por medios físicos. Sin embargo, el esfuerzo de Viktor le dio a
Konnor y a Mira el tiempo que necesitaban para alcanzar el portal. Mira comenzó a
teclear rápidamente los códigos de seguridad, con las manos temblorosas, tratando de
no cometer ningún error fatal. "Puedo... puedo cerrar el portal... pero solo después de
que pasemos", murmuró, mientras gotas de sudor corrían por su rostro.
De repente, Viktor fue golpeado. Uno de los tentáculos lo agarró de las piernas y lo
arrastró violentamente hacia el suelo. “¡Mierda!” gritó, intentando liberarse. Konnor
corrió a ayudarlo, pero los tentáculos lo envolvían rápidamente, como si la entidad
estuviera decidida a no dejarlo ir. Viktor sentía imágenes sombrías invadir su mente:
visiones de destrucción, caos y su cuerpo siendo consumido por la oscuridad. “¡No
puedes tenerme!” Viktor gritó con una fuerza inesperada, usando su rifle de plasma
para cortar el tentáculo que lo mantenía prisionero. Sabía que no resistiría mucho
tiempo, pero necesitaba darle a los otros una oportunidad de escapar.
Konnor logró tirarlo hacia atrás, y juntos corrieron los últimos metros hasta el portal. La
entidad, ahora completamente a su alrededor, llenaba el espacio con su presencia
aplastante. El aire era tan pesado que respirar se volvía casi imposible, y las voces en
sus mentes eran ensordecedoras, como un coro de tormento ancestral. “¡Mira, ahora!”
gritó Konnor, mientras Viktor empujaba al Capitán hacia el portal, intentando apartar los
tentáculos con los últimos disparos de su arma.
Mira activó el comando final, y el portal brilló con una última explosión de luz. Un
campo de energía estalló, creando una barrera momentánea que empujó los tentáculos
de la entidad hacia atrás. Konnor, Mira y Viktor saltaron al portal en el último segundo,
sintiendo el calor de la energía pulsar a su alrededor mientras la puerta se cerraba
detrás de ellos. El impacto de atravesar el portal fue brutal —como si sus mentes y
cuerpos hubieran sido arrastrados a través de un abismo de puro terror.
El Capitán Konnor se levantó lentamente, aún sintiendo el peso del terror reciente.
Sabía que Mira tenía razón. La entidad había tocado sus mentes, y ahora conocía a la
humanidad. La Tierra estaba a salvo por ahora, pero no por mucho tiempo. “Sabe
dónde estamos”, dijo Konnor, con la voz baja y sombría. “Y ahora... vendrá.”
El silencio que siguió al cierre del portal fue casi tan ensordecedor como los gritos y
susurros que habían perseguido al equipo dentro de la estación. Ahora, en el centro de
control terrestre, Konnor, Mira y Viktor permanecían inmóviles, tratando de procesar lo
que acababa de suceder. El calor artificial de la base envolvía sus cuerpos exhaustos,
pero la sensación de seguridad parecía frágil, como si el eco de la presencia de esa
entidad aún estuviera con ellos. El Capitán Konnor observaba las puertas selladas del
portal con una expresión vacía. "Cerramos el portal", repitió, más para sí mismo que
para los demás. "Pero... ahora es consciente de nosotros."
Konnor le puso una mano en el hombro, solidario. "Tienen que creernos. Vimos... y eso
es todo lo que importa. Nuestra misión ha cambiado. Ahora, debemos preparar a la
Tierra para lo que puede venir. Si esa entidad realmente escapa... no habrá forma de
detenerla." Miró a Viktor, que asintió en silencio, la dureza habitual de su mirada ahora
suavizada por el miedo. "Necesitamos poner al planeta en alerta máxima. Esto va más
allá de una amenaza alienígena. Es algo... cósmico."
Mientras los científicos y oficiales discutían, Mira no podía apartar una idea que crecía
en su mente desde el momento en que escaparon de la estación. "¿Y si... ya está
aquí?" La pregunta fue casi un susurro, pero resonó en la sala de comando, dejando a
todos en silencio. Viktor, que la escuchó, frunció el ceño. "¿Qué quieres decir con eso?"
Ella lo miró, y luego a Konnor. "¿Y si, al tocar esa entidad, al estar expuestos a ella, de
alguna forma... ya la trajimos aquí? No físicamente, pero mentalmente."
Las palabras de Mira generaron una tensión inmediata. Konnor sabía que era una
posibilidad; después de todo, habían sentido la presencia de la entidad dentro de sus
mentes, penetrando en sus conciencias. "¿Crees que puede estar en nosotros?"
preguntó, con la voz pesada. "Eso explicaría... esa sensación de que aún está con
nosotros." El pensamiento era aterrador. Si la entidad había dejado una marca en ellos,
podría estar esperando el momento adecuado para actuar.
"La Tierra aún está segura... por ahora", dijo Konnor, su voz sombría. "Pero esa cosa
sabe dónde encontrarnos. Ahora, es solo cuestión de tiempo."
En las horas que siguieron al regreso del equipo, se realizaron numerosos exámenes,
tanto físicos como psicológicos. Científicos y médicos analizaban los signos vitales del
equipo, tratando de encontrar cualquier anomalía. A pesar de que sus cuerpos
parecían intactos, las cicatrices psicológicas eran profundas. Viktor, que siempre había
sido un soldado resistente, ahora evitaba el contacto visual, siempre mirando de reojo,
como si esperara ver algo en las sombras. Mira, por su parte, parecía ajena al mundo a
su alrededor, sumida en pensamientos oscuros, cuestionando si algún fragmento de la
entidad se había infiltrado en sus mentes.
Konnor sabía que el peligro no había terminado, pero como líder, tenía que mantener la
calma. "Necesitamos estar preparados", dijo en una reunión con los superiores de la
base. "Esto no es solo una amenaza física. Esa cosa invade mentes, distorsiona
realidades. No sabemos cuándo o cómo, pero vendrá. Y la Tierra necesita estar lista."
Sin embargo, por más firmes que fueran sus palabras, la realidad de cómo combatir
algo tan inmaterial, tan más allá de su comprensión, seguía indefinida.
El impacto del encuentro con la entidad también comenzó a afectar las capas más
profundas de la psique del equipo. Mira, que siempre había sido una científica racional,
ahora cuestionaba la propia realidad. "Está en nosotros, Konnor", dijo, su voz débil y
asustada. "Lo siento. Tal vez... tal vez ya hemos traído algo de vuelta. No hay forma de
saber si lo que vimos allí quedó atrapado al otro lado." Esta idea atormentaba a todos,
especialmente a Konnor, que siempre había sido firme y decidido. Ahora, por primera
vez, se encontraba consumido por una duda existencial.
Viktor, siempre el más físico y práctico del grupo, comenzaba a perder el control. Se
despertaba por la noche, sudando, jurando que sentía los tentáculos de la entidad
agarrándolo de nuevo. "Nunca voy a poder deshacerme de esto", le confesó a Konnor
en un raro momento de vulnerabilidad. "Esa cosa... no sale de mi cabeza." El Capitán,
que siempre había mantenido una postura de liderazgo, no tenía palabras de consuelo.
Sabía que Viktor tenía razón — ninguno de ellos estaba libre. "Solo tenemos una
opción, Viktor. Seguimos luchando. No vamos a dejar que nos destruya sin intentar."
Las semanas pasaron y, mientras la vida en la Tierra continuaba de forma normal para
la mayor parte de la población, aquellos que conocían la verdad vivían con una sombra
sobre sus cabezas. Las operaciones relacionadas con el portal se interrumpieron
indefinidamente, y la comunidad científica estaba bajo órdenes estrictas de no divulgar
nada al público. Pero había un sentimiento creciente de que era solo cuestión de
tiempo. La entidad, ahora consciente de la humanidad, podría estar esperando el
momento adecuado para actuar.
Finalmente, Konnor, Mira y Viktor, a pesar del trauma, fueron convocados a decidir qué
harían a continuación. "Tenemos que seguir viviendo", dijo Konnor, con la voz pesada.
"Pero nunca olvidaremos. Mantendremos los ojos en el cielo, atentos a cualquier señal
de que ella se está acercando." Mira, antes una exploradora apasionada por lo
desconocido, ahora vivía con la carga de saber que el mayor misterio del universo
podría significar el fin de la humanidad. "Podemos haber cerrado el portal... pero la
puerta del cosmos se ha abierto para ella", dijo con amargura.