Miguel Rodríguez García (Universidad de La Rioja)

Asomarse al arte medieval se asemeja, a menudo, a contemplar un museo de monstruos con un caleidoscopio: a través de sus lentes prismáticas se perciben colores abigarrados y siluetas extrañas que rara vez resultan ser lo que parecen a simple vista.
Tal es el caso de las liebres venadoras incrustadas como miniaturas en códices ingleses y alemanes, que también recoge el Bosco en su famoso tríptico del Jardín de las Delicias. Si prestamos atención al panel de la derecha alcanzaremos a divisar un variado elenco de figuras grotescas padeciendo horrores inimaginables. Este paisaje, que nada tiene que envidiar en su capacidad sugestiva al infierno descrito por Dante, presenta una pintoresca galería de tipos condenados por la religión: herejes, jugadores, monjas lujuriosas… Entre ellos captará nuestro interés un lepórido de estatura humana que sopla un cuerno de caza mientras transporta —colgada de una lanza— a una persona apiolada.

En comparación con otras de las figuras que adornan la obra, dicho lagomorfo no ha suscitado apenas debate. Cualquier especialista en el medievo o el Siglo de Oro reconocerá en él las huellas de un tópico de larga solera: la impossibilia, el mundo del revés. Este dispositivo pretende transgredir de manera puntual las reglas lógicas que gobiernan el mundo; opera, por tanto, como el carnaval sobre el que disertó Bajtín: se trata de una vulneración de las normas momentánea, paródica y consentida por los de arriba, que no debe interpretarse como un gesto de rebeldía. Para el caso que nos atañe, no quiere decir que las liebres estén autorizadas a asesinar humanos como represalia por haber sido sus presas durante milenios, en una suerte de venganza poética de la naturaleza; más bien, que ante un escenario burlesco o terrible —como el que aquí dibuja el neerlandés— se podría llegar a concebir el castigo de los pecadores de nuestra especie a manos de un conjunto tan aparentemente inofensivo como el de los lepóridos.
Era, en otras palabras, una manifestación de lo absurdo, de lo inverosímil… Pero ¿era solo eso?
El mero hecho de que hubiese creadores que se planteasen qué sucedería si las bestias pagaran al hombre con su misma moneda resulta, a mi juicio, muy revelador. Descubre ansiedades, inquietudes latentes, formuladas como chiste para provocar la risa. Pero ¿acaso no nos carcajeamos para aliviar tensión? ¿No bromeamos con cuestiones que nos preocupan para tranquilizar nuestra conciencia?
El animalismo quizá haya nacido en la época contemporánea; con todo, la incomodidad que nos produce la matanza de otras criaturas deviene un sentimiento atemporal.
Huellas en la tinta
ISSN 3101-5190
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huellas (1 de febrero de 2026). Liebres vengativas o el mundo del revés. Huellas en la tinta. Recuperado 18 de abril de 2026 de https://huellas.hypotheses.org/256

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