SINODALIDAD
Seminario de
problemas de
Teología II
Parte I.
EL ROSTRO DE UNA IGLESIA SINODAL
1. La sinodalidad:
experiencia y
comprensión
Convergencias
• Dimensión sinodal de la Iglesia El Concilio Vaticano II las “actualizó” y el Papa Francisco anima
a la Iglesia a renovarlas aún. Un fruto inestimable es la acrecentada consciencia de nuestra
identidad de Pueblo fiel de Dios, en cuyo interior cada uno es portador de la dignidad derivada
del Bautismo y está llamado a la corresponsabilidad en la común misión de evangelización.
• Deseo de una Iglesia que sea casa y familia de Dios. Justo a esta experiencia y a este deseo de
una Iglesia más cercana.
• Ser constructores de paz.
• Esperanza, sanación, reconciliación y la restauración de la confianza entre los muchos dones que
el Espíritu ha derramado sobre la Iglesia en este proceso sinodal. La apertura a la escucha y al
acompañamiento de todos.
• Sinodalidad es una expresión del dinamismo de la Tradición viva.
• Sinodalidad puede entenderse como el caminar de los cristianos con Cristo y hacia el Reino,
junto con toda la humanidad.
Cuestiones que afrontar
Partiendo del trabajo de reflexión ya realizado, se requiere precisar el significado de
sinodalidad en diversos niveles, desde el uso pastoral al teológico y canónico,
superando el riesgo de que suene demasiado vago o genérico, o que aparezca como
una moda pasajera. Al mismo tiempo, se ve necesario aclarar la relación entre
sinodalidad y comunión, así como el de sinodalidad y colegialidad.
Ha surgido el deseo de valorar las diferencias prácticas y la comprensión de la
sinodalidad entre las tradiciones del Oriente cristiano y la tradición latina, incluso en
el proceso sinodal en curso, favoreciendo el encuentro entre ellas.
En particular, se han hecho manifiestas las muchas expresiones de la vida sinodal en
contextos culturales en los que las personas están habituadas a caminar juntas como
comunidad. En esta línea, se puede afirmar que la práctica sinodal forma parte de la
respuesta profética de la Iglesia al individualismo que se repliega sobre sí mismo, a
un populismo que divide y a una globalización que homogeneiza, eliminando las
diferencias.
Propuestas
• Señalar como prioritaria la ampliación del número de personas implicadas en
caminos sinodales, superando los obstáculos a la participación puestos hasta
ahora.
• Desarrollar modalidades para una más activa implicación de diáconos, presbíteros
y obispos en el proceso sinodal durante el próximo año.
• La necesidad de que la cultura sinodal se convierta en más intergeneracional.
• Parece llegado el momento de una revisión del Código de Derecho Canónico y del
Código de las Iglesias Orientales.
2. Reunidos e
invitados por la
Trinidad
Convergencias
• La Iglesia es “un pueblo reunido en virtud de la unidad
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4).
• El camino sinodal de la Iglesia está orientado hacia el
Reino, que tendrá su pleno cumplimiento.
• La conversación en el Espíritu Santo es un instrumento
que, a pesar de sus limitaciones, resulta fecundo para
permitir una escucha auténtica y para discernir lo que
el Espíritu dice a las Iglesias.
• La gracia lleva a cumplimiento esta experiencia humana:
conversar “en el Espíritu” significa vivir la experiencia del
compartir a la luz de la fe y en la búsqueda del querer de Dios.
• Puesto que la sinodalidad está ordenada a la misión, es necesario
que más comunidades cristianas compartan la fraternidad con
hombres y mujeres de otras religiones, de otras convicciones y
culturas, evitando, por una parte, el riesgo de la auto-
referencialidad y de la auto-conservación y, por otra, el de la
pérdida de identidad. La lógica del diálogo, del recíproco
aprender y de la mutua comunicación debe caracterizar el
anuncio evangélico y el servicio a los pobres, el cuidado de la
Casa común y la investigación teológica, convirtiéndose en el
estilo pastoral de la Iglesia.
Cuestiones que afrontar
Criterios del discernimiento eclesial.
Es fundamental promover visiones antropológicas y espirituales,
capaces de integrar y no yuxtaponer las dimensiones
intelectuales y dimensión emotiva de la experiencia de la fe,
superando todo reduccionismo y todo dualismo entre razón y
sentimiento.
Es oportuno valorar la pluralidad de formas y de estilos, de
métodos y de criterios que el Espíritu Santo ha sugerido en el
curso de los siglos y que forman parte del patrimonio espiritual
de la Iglesia.
Propuestas
• Se propone experimentar y adaptar la conversación en el Espíritu y otras formas
de discernimiento en la vida de la Iglesia, valorando según las culturas y los
contextos, la riqueza de las diversas tradiciones espirituales.
• Que cada Iglesia local se dote de personas idóneas y preparadas para facilitar los
procedimientos de discernimiento eclesial.
• Es importante que la práctica del discernimiento se aplique también en el ámbito
pastoral, en un modo adecuado a los contextos, para iluminar lo concreto de la
vida eclesial.
3. Entrar en una
comunidad de fe: la
iniciación cristiana
Convergencias
• La iniciación cristiana es el itinerario a través del cual el Señor, mediante el ministerio de la
Iglesia, nos introduce en la fe pascual y en la comunión trinitaria y eclesial. El itinerario
catecumenal, con la gradualidad de sus etapas y de sus pasos, es el paradigma de todo caminar
eclesial juntos.
• La iniciación pone en contacto con una gran variedad de vocaciones y de ministerios eclesiales.
• Antes de toda distinción de carismas y ministerios, “todos nosotros hemos sido bautizados
mediante un solo Espíritu, en un solo cuerpo” (1Cor 12,13). Los procesos sinodales valoran este
don y permiten verificar la existencia del consenso de los fieles (consensus fidelium) que
constituye un criterio seguro para determinar si una particular doctrina o praxis pertenece a la fe
apostólica.
• La Confirmación, de alguna manera, hace perenne en la Iglesia la gracia de Pentecostés. Enriquece
a los fieles con la abundancia de los dones del Espíritu Santo y los llama a desarrollar la propia
vocación específica, enraizada en la común dignidad bautismal, al servicio de la misión.
• La celebración de la Eucaristía, sobre todo la dominical, es la primera
y fundamental forma que el Santo Pueblo de Dios tiene para reunirse y
encontrarse, donde ésta no es posible, la comunidad, sin dejar de
desearla, se reúne en torno a la celebración de la Palabra.
• Desde la Eucaristía, aprendemos a articular unidad y
diversidad: unidad de la Iglesia y multiplicidad de las
comunidades cristianas; unidad del misterio
sacramental y variedad de las tradiciones litúrgicas;
unidad de la celebración y diversidad de las
vocaciones, de los carismas y de los ministerios.
Cuestiones que afrontar
Es preciso, ahondar ulteriormente en la comprensión de la sinodalidad que puede
provenir de una visión más unitaria de la iniciación cristiana.
La maduración del sensus fidei requiere no solo haber recibido el bautismo, sino
también desarrollar la gracia del sacramento en una vida de auténtico discipulado,
que habilite a discernir la acción del Espíritu de lo que es pensamiento dominante,
fruto de condicionamientos culturales o, en cualquier caso, sin coherencia con el
Evangelio. Se trata de un tema para profundizar desde una adecuada reflexión
teológica.
La reflexión sobre la sinodalidad puede ofrecer aspectos de renovación para la
comprensión de la Confirmación, con la que la gracia del Espíritu articula, en la
armonía de Pentecostés, la variedad de los dones y carismas.
Propuestas
• Si la Eucaristía da forma a la sinodalidad, el primer paso que hay que dar es
honrar su gracia con un estilo celebrativo a la altura del don y con auténtica
fraternidad. La liturgia celebrada con autenticidad es la primera y fundamental
escuela de discipulado y de fraternidad.
• Un segundo paso se refiere a la exigencia, mayoritariamente señalada, de hacer
más accesible a los fieles el lenguaje litúrgico y más encarnado en las diferentes
culturas.
• Un tercer paso consiste en el empeño pastoral de valorar todas las formas de
oración comunitaria, sin limitarse a la celebración de la Misa.
4. Los pobres,
protagonistas del
camino de la Iglesia
Convergencias
• A la Iglesia, los pobres le piden amor. Respeto y reconocimiento son instrumentos potentes para la
activación de las capacidades personales, de modo que cada uno sea sujeto del propio itinerario de
crecimiento y no objeto de acciones asistenciales de otros.
• La opción preferencial por los pobres está implícita en la cristología: es una categoría teológica.
• No hay una sola manera de pobreza.
• Estar al lado de los pobres significa empeñarse con ellos también en el cuidado de la Casa común:
el grito de la tierra y el grito de los pobres son el mismo grito.
• El compromiso de la Iglesia debe llegar a las causas de la pobreza y de la exclusión.
• Los cristianos tienen el deber de comprometerse en la participación activa para la construcción del
bien común y en la defensa de la dignidad de la vida, tomando la inspiración de la doctrina social
de la Iglesia y obrando de diversas formas (compromiso en las organizaciones de la sociedad civil,
en los sindicatos, en los movimientos populares, en el asociacionismo de base, en el campo de la
política, etc.).
Cuestiones que afrontar
Existe el riesgo, que hay que evitar con mucho cuidado, de
considerar a los pobres con los términos de “ellos” y “nosotros”,
como “objetos” de la caridad de la Iglesia. Poner los pobres en el
centro y aprender de ellos es algo que la Iglesia debe hacer
siempre más.
La denuncia profética de las situaciones de injusticia y la acción de
presión respecto a quienes deciden en política, que requiere
recurrir a formas de diplomacia.
La Iglesia debe ser honesta a la hora de examinar cómo respeta las
exigencias de justicia respecto a quienes trabajan en las
instituciones que le pertenecen, para dar un testimonio íntegro con
su propia coherencia
Propuestas
• La doctrina social de la Iglesia es un recurso muy poco conocido, sobre el cual hay que
retornar. Que las Iglesias locales se comprometan no sólo a hacer más conocidos sus
contenidos, sino a favorecer su apropiación a través de prácticas que pongan en juego la
inspiración.
• Que la experiencia del encuentro, del compartir la vida y el servicio a los pobres y a los
marginados se convierta en parte integrante de todos los recorridos formativos de todas
las comunidades cristianas: se trata de una exigencia de la fe, no de algo opcional. Esto
vale de manera especial para los candidatos al ministerio ordenado y a la vida
consagrada.
• En el campo del re-pensamiento del ministerio diaconal, promuévase una orientación
más decisiva al servicio de los pobres.
• Que se integren de manera más explícita y atenta en la enseñanza, en la liturgia y en las
prácticas de la Iglesia los fundamentos bíblicos y teológicos de una ecología integral.
5. Una Iglesia “de toda
raza, lengua, pueblo y
nación”
Convergencias
• Los cristianos viven dentro de culturas específicas, llevándoles a Cristo en la
Palabra y en el Sacramento.
• Los contextos culturales, históricos y regionales en los que la Iglesia está presente
expresan necesidades espirituales y materiales diferentes.
• Las Iglesias viven en contextos cada vez más multiculturales y multireligiosos, en
los que es esencial el empeño por el diálogo entre religión y cultura, así como con
los grupos que constituyen la sociedad.
• Son necesarias una particular atención y sensibilidad en contextos en los que
“misión” es una palabra cargada de una herencia histórica dolorosa que, hoy,
obstaculiza la comunión
• La Iglesia enseña la necesidad y anima la práctica del diálogo interreligioso como
parte de la construcción de la comunión entre todos los pueblos.
Cuestiones que afrontar
• Es preciso cultivar la sensibilidad frente a la riqueza de la variedad de las expresiones del
ser Iglesia.
• También la Iglesia está golpeada por la polarización y por la desconfianza en ámbitos
cruciales, como la vida litúrgica y la reflexión moral, social y teológica.
• Entre las cuestiones a profundizar, se ha indicado la posible confusión entre el mensaje
del Evangelio y la cultura del evangelizador.
• La extensión de los conflictos, con el comercio y el uso de armas cada vez más potentes,
abre la cuestión, propuesta en diversos grupos, de una más cuidada reflexión y formación
en la gestión de conflictos de manera no violenta.
Propuestas
• Es necesaria una renovada atención a la cuestión de los lenguajes que utilizamos para hablar a las
mentes y corazones de las personas en una gran diversidad de contextos, para hacerlo de un modo
que resulte accesible y bello.
• Por exigencia de coherencia, los procesos de discernimiento en materia de descentramiento deben
hacerse en estilo sinodal, que prevea la implicación y aportación de todos los actores implicados
en los diversos niveles.
• Son necesarios nuevos paradigmas para el compromiso pastoral con las poblaciones indígenas, en
la línea de un camino conjunto y no de una acción realizada a ellos y para ellos.
• Necesitamos conocer mejor nuestras diversas tradiciones para ser claramente una Iglesia de
Iglesias en comunión, eficaz en el servicio y en el diálogo.
• Es igualmente necesario comprometerse en programas de integración de migrantes.
• Recomendamos un renovado empeño en el diálogo y discernimiento en materia de justicia racial.
6. Tradiciones de las
Iglesias orientales y de
la Iglesia latina
Convergencias
• Entre las Iglesias orientales, aquellas que están en plena comunión con el sucesor
de Pedro gozan de una peculiaridad litúrgica, teológica, eclesiológica y canónica,
que enriquece grandemente a la Iglesia entera.
• En el curso de la historia, el nivel de autonomía garantizado a estas Iglesias, ha
pasado por fases diferentes y ha registrado también comportamientos
considerados, hoy, superados, como la latinización.
• La consistente migración de fieles del Oriente católico a territorios de mayoría
latina conlleva cuestiones pastorales importantes. Si
Cuestiones que afrontar
Hay que estudiar la aportación que la experiencia de las Iglesias orientales católicas puede
ofrecer a la comprensión y a la práctica de la sinodalidad.
Persisten dificultades a propósito de la aprobación de parte del Papa a los obispos elegidos por
parte de las Iglesias sui iuris para sus territorios y del nombramiento papal de los Obispos
fuera del territorio canónico. También la propuesta de extender la jurisdicción de los
Patriarcas fuera del territorio patriarcal es objeto de discernimiento en el diálogo con la Santa
Sede.
En las regiones donde viven fieles de Iglesias católicas diversas, se necesita encontrar
modalidades que hagan visible y experimentable una efectiva unidad en la diversidad.
Es preciso reflexionar sobre la aportación que las Iglesias orientales católicas pueden dar al
camino hacia la unidad de todos los cristianos y la función que pueden desarrollar en el
diálogo interreligioso e intercultural.
Propuestas
• Emerge, ante todo, la petición de instituir un Consejo de Patriarcas y Arzobispos
Mayores de las Iglesias orientales católicas junto al Santo Padre.
• Que en los dicasterios de la Curia Romana haya una representación de miembros
de las Iglesias orientales católicas para enriquecer a la Iglesia entera con la
aportación de su perspectiva, favorecer la solución de problemas y participar en el
diálogo a diversos niveles.
• Para favorecer formas de acogida respetuosas del patrimonio de la Iglesias
orientales es oportuno intensificar las relaciones entre el clero oriental en la
diáspora y el latino, y promover el conocimiento recíproco de las respectivas
tradiciones.
7. El camino hacia la
unidad de los
cristianos
Convergencias
• Esta sesión de la Asamblea sinodal se abrió bajo la señal del ecumenismo. De
hecho, tenemos en común “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un Dios
único y Padre de todos, que está sobre todos, entre todos y en todos” (Ef. 4,5.6).
• El bautismo, que es el principio de la sinodalidad, constituye también el
fundamento del ecumenismo.
• El ecumenismo es, ante todo, una cuestión de renovación espiritual y exige
también procesos de arrepentimiento y de sanación de la memoria.
• El testimonio de su martirio es más elocuente que cualquier palabra: la unidad
llega de la cruz del Señor.
Cuestiones que afrontar
• Nuestra Asamblea ha podido percibir la diversidad entre las confesiones cristianas
en el modo de comprender la configuración sinodal de la Iglesia. En sentido lato,
se refiere a la participación activa de todos los fieles en la misión de la Iglesia; no
han faltado referencias a las prácticas en uso en otras comunidades eclesiales, que
han enriquecido nuestro debate. Todo esto necesita de ulteriores profundizaciones.
• Otro tema que profundizar se refiere al nexo entre sinodalidad y primado en los
diferentes niveles (local, regional, universal), en su recíproca interdependencia.
• Se ha solicitado también una reflexión sobre el fenómeno de las comunidades “no
denominacionales” o de los movimientos de “despertar” de inspiración cristiana, a
los que se adhieren en gran número también fieles de origen católico.
Propuestas
• En el 2025 será el aniversario del Concilio de Nicea (325) en el que se elaboró el
símbolo de la fe que une a todos los cristianos.
• En el mismo 2025, providencialmente, la fecha de la solemnidad de la Pascua
coincidirá en todas las denominaciones cristianas. La Asamblea ha expresado el
vivo deseo de llegar a encontrar una fecha en común para la fiesta de Pascua, para
poder celebrar en el mismo día la resurrección del Señor, nuestra vida y nuestra
salvación
• Se desea también continuar involucrando a los cristianos de otras confesiones en los
procesos sinodales católicos, en todos sus niveles.
• Por algunos se ha hecho también la propuesta de convocar un Sínodo ecuménico
sobre la misión común en el mundo contemporáneo.
• Se relanza la propuesta de copilar un martirologio ecuménico
Parte II:
TODOS DISCÍPULOS, TODOS MISIONEROS
8. La Iglesia es
misión
Convergencias
• Mejor que decir que la Iglesia tiene una misión, afirmamos que la Iglesia es
misión. “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20,21): La
Iglesia recibe de Cristo, el Enviado del Padre, la propia misión.
• Los sacramentos de la iniciación cristiana confieren a todos los discípulos de
Jesús la responsabilidad de la misión de la Iglesia. Laicos y laicas, consagradas y
consagrados y ministros ordenaros tienen igual dignidad.
• La familia es columna maestra de toda comunidad cristiana.
• La misión es gracia que compromete a toda la Iglesia. Los fieles laicos
contribuyen de manera vital a realizarla en todos los ambientes y en las
situaciones más ordinarias de cada día.
• Los fieles laicos están siempre muy presentes y activos en el servicio al interior de
las comunidades cristianas. Su aportación es indispensable para la misión de la
Iglesia; hay que cuidar, por tanto, que adquieran las competencias necesarias.
• Los variados carismas de los laicos son dones del Espíritu Santo a la Iglesia que
deben promoverse, reconocerse y valorarse totalmente.
• La práctica de la misión ad gentes supone un enriquecimiento recíproco de
Iglesias, porque no abarca sólo a los misioneros, sino a la entera comunidad, que
se ve estimulada a la oración, al compartir los bienes y al testimonio.
• La misión de la Iglesia continuamente se renueva y se alimenta en la celebración
de la Eucaristía, en particular cuando se pone en primer plano su carácter
comunitario y misionero.
Cuestiones que afrontar
• Es necesario continuar profundizando la comprensión teológica de las relaciones entre carismas y
ministerios en perspectiva misionera.
• El Vaticano II y el magisterio sucesivo presentan la misión específica de los laicos en términos de
santificación de las realidades temporales o seculares.
• En la promoción de la corresponsabilidad para la misión de todos los bautizados, reconozcamos
las capacidades apostólicas de las personas con discapacidades.
• Las estructuras pastorales hay que organizarlas de manera que ayuden a la comunidad a hacer
surgir, reconocer y animar los carismas y ministerios laicales, insertándolos en el dinamismo
misionero de la Iglesia sinodal. Bajo la guía de sus pastores, las comunidades serán capaces de
enviar y sostener a aquellos que han enviado.
• La expresión “una Iglesia toda ministerial”, utilizada por el Instrumentum laboris puede prestarse
a malentendidos
Propuestas
• Se percibe la necesidad de una mayor creatividad en la institución de ministerios
en base a las exigencias de las Iglesias locales, con una particular implicación de
los jóvenes. Se puede pensar en ampliar posteriormente las tareas del ministerio
de lector, ya instituido, que ya hoy no se limitan a la función desarrollada durante
la liturgia. De este modo se podría configurar un verdadero y propio ministerio de
la Palabra de Dios que, en contextos apropiados, podría incluir también la
predicación. Explórese también la posibilidad de instituir un ministerio que
pudiera conferirse a parejas casadas para apoyar la vida familiar y para acompañar
a las personas que se preparan para el sacramento del matrimonio.
• Se invita a las Iglesias locales a determinar formas y ocasiones en las que dar
visibilidad y reconocimiento comunitario a carismas y ministerios que enriquecen
a la comunidad. Esto podría hacerse en una celebración litúrgica dentro de la cual
se confía el mandato pastoral
9. Las mujeres en la
vida y en la misión de
la Iglesia
Convergencias
• a) Hemos sido creados hombre y mujer, a imagen y semejanza de Dios. La Sagrada Escritura da
testimonio de la complementariedad y reciprocidad de mujeres y hombres.
• b) En Cristo, mujeres y hombres están revestidos de la misma dignidad bautismal y reciben en
igual medida la variedad de dones del Espíritu Santo (cfr. Gal 3,28). Hombres y mujeres están
llamados a una comunión caracterizada por una corresponsabilidad no competitiva, para
encarnarla en todo nivel de la vida de la Iglesia.
• La larga historia de mujeres misioneras, santas, teólogas y místicas es una potente fuente de
inspiración y alimento para las mujeres y los hombres de nuestro tiempo.
• El clericalismo y el machismo son un uso inadecuado de la autoridad que continúan ensuciando el
rostro de la Iglesia y dañando la comunión. Es necesaria una profunda conversión espiritual como
base para cualquier cambio estructural. Abusos sexuales, de poder y económicos continúan
pidiendo justicia, sanación y reconciliación. Preguntémonos cómo la Iglesia pueda convertirse en
un espacio capaz de proteger a todos.
Cuestiones que afrontar
• Las Iglesias de todo el mundo han formulado claramente la petición de un mayor reconocimiento
y valoración a la aportación de las mujeres y de un aumento de las responsabilidades pastorales
que se les confían en todas las áreas de la vida y de la misión de la Iglesia.
• Han sido diversas las posturas con relación al acceso de las mujeres al ministerio diaconal.
Algunos consideran que este paso sería inaceptable, porque está en discontinuidad con la
Tradición. Otros, sin embargo, consideran que conceder el diaconado a las mujeres retomaría una
práctica de la Iglesia de los orígenes. Otros ven en este paso una propuesta necesaria y apropiada a
los signos de los tiempos, fiel a la Tradición y capaz de encontrar eco en el corazón de muchos que
buscan una renovada vitalidad y energía en la Iglesia. Otros expresan su temor de que esta petición
denotaría una peligrosa confusión antropológica, acogiendo la cual, la Iglesia se alinearía con el
espíritu del tiempo.
• El debate al respecto está en conexión con la más amplia reflexión sobre la teología del diaconado
(cfr. Infra cap. 11, h-i)
Propuestas
• Es urgente garantizar que las mujeres puedan participar en los procesos de decisión y asumir roles
de responsabilidad en la pastoral y en el ministerio. El Santo Padre ha aumentado
considerablemente el número de mujeres en posiciones de responsabilidad en la Curia Romana.
• Que siga adelante la investigación teológica y pastoral sobre el acceso de las mujeres al diaconado,
ayudándose de los resultados de las comisiones instituidas a este propósito por el santo Padre, y de
las investigaciones teológicas, históricas y exegéticas ya efectuadas. Si es posible, los resultados
deberían presentarse en la próxima Sesión de la Asamblea.
• Es necesario ampliar el acceso de las mujeres a los programas de formación y a los estudios
teológicos.
• Que los textos litúrgicos y los documentos de la Iglesia estén más atentos al uso de un lenguaje que
tenga en cuenta por igual a los hombres y a las mujeres, así como a la incorporación de una gama
de palabras, imágenes y recapitulaciones que toquen con más vitalidad la experiencia femenina.
• Proponemos igualmente que mujeres, adecuadamente preparadas, puedan ser jueces en todos los
procesos canónicos.
10. La vida consagrada y
los movimientos laicales:
un signo carismático
Convergencias
• La dimensión carismática de la Iglesia tiene una manifestación particular en la
vida consagrada, con la riqueza y variedad de sus formas. Su testimonio ha
contribuido en todo tiempo a renovar la vida de la comunidad eclesial,
revelándose como un antídoto respecto a la frecuente tentación de la mundanidad.
• Su valor consiste en la promoción de la comunión entre las diferentes vocaciones,
en el impulso con el que anuncian el Evangelio, en la proximidad a quienes viven
una marginalidad económica o social, y en el compromiso por la promoción del
bien común. Son con frecuencia modelos de comunión sinodal y de participación
en vistas a la misión.
• Los casos de abuso de distinto género que dañan a las personas consagradas y a
los miembros de las asociaciones laicales, apunta a un problema en el ejercicio de
la autoridad y requiere intervenciones decididas y apropiadas.
Cuestiones que afrontar
• El magisterio de la Iglesia ha desarrollado una amplia enseñanza sobre la
importancia de los dones jerárquicos y de los dones carismáticos en la vida y en la
misión de la Iglesia, que requiere una mejor comprensión en la conciencia eclesial
y en la misma reflexión teológica.
• Se necesita profundizar en qué modo la vida consagrada, las asociaciones laicales,
los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades puedan poner sus carismas
al servicio de la comunión y de la misión en las Iglesias locales, contribuyendo a
hacer progresar hacia la santidad, gracias a una presencia que es profética.
Propuestas
• Nos parece que el tiempo está maduro para una revisión de los “criterios sobre las relaciones entre
los Obispos y los Religiosos en la Iglesia”, propuestas en el documento Mutuae Relationes del 1978.
Proponemos que tal revisión se haga con estilo sinodal, incluyendo a todos los que están implicados.
• Con la misma finalidad, las Conferencias Episcopales y las Conferencias de las Superioras y de los
Superiores Mayores de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica
pongan en marcha lugares e instrumentos adecuados para promover encuentros y formas de
colaboración con espíritu sinodal.
• A nivel de las Iglesias locales o de sus reagrupaciones, la promoción de la sinodalidad misionera
exige la institución de una configuración más precisa de las Consultas y de los Consejos en los que
convergen los representantes de Asociaciones laicales, Movimientos eclesiales y nuevas
Comunidades, para promover relaciones orgánicas entre estas realidades y la vida de las Iglesias
locales.
• En los itinerarios de formación teológica en todos los niveles, sobre todo en la formación de los
ministros ordenados, verifíquese la atención prestada a la dimensión carismática de la Iglesia y,
donde sea necesario, refuércese.