Economía III
Los diez principio de la economía.
LUDMILA REYNOSO
1. Las personas enfrentan disyuntivas
Las personas en la vida diaria enfrentan disyuntivas
constantemente, ya que los recursos son limitados y
los deseos son ilimitados. Esto significa que para
obtener algo, debemos renunciar a otras cosas. Este
principio destaca que tomar decisiones económicas
implica elegir entre varias opciones, y siempre hay un
costo asociado con la opción que no elegimos. El
costo de oportunidad es lo que se sacrifica al elegir
una alternativa sobre otra. Por ejemplo, si decides
gastar tu tiempo estudiando, el costo de oportunidad
podría ser el tiempo que podrías haber pasado
trabajando o descansando. Este principio es
fundamental para comprender cómo los individuos
toman decisiones en un mundo de recursos escasos.
2. El costo de una cosa es aquello a lo que se
renuncia para obtenerla
El costo de oportunidad es el valor de la mejor
alternativa no elegida. Cada vez que tomamos una
decisión, no solo debemos considerar el costo directo
de la opción elegida, sino también lo que estamos
sacrificando al no elegir las demás alternativas
disponibles. Este principio nos ayuda a comprender
que, en la economía, el costo no se mide únicamente
en términos de dinero, sino en términos de los
recursos limitados, como tiempo y esfuerzo, que se
utilizan en una elección. Por ejemplo, si decides
gastar dinero en un viaje en lugar de ahorrarlo, el
costo de oportunidad es lo que habrías podido hacer
con ese dinero si hubieras elegido la alternativa de
ahorrar.
3. Las personas racionales piensan en términos
marginales
El principio de la racionalidad en la toma de decisiones
implica que las personas toman decisiones considerando
los beneficios y costos marginales, es decir, los cambios
adicionales que traerá una acción. En otras palabras, las
personas no toman decisiones en bloques grandes, sino
que analizan cómo cambiará su situación al hacer algo un
poco más o un poco menos. Por ejemplo, una empresa que
evalúa si contratar a un nuevo trabajador no solo considera
los costos fijos de la contratación, sino los beneficios
marginales adicionales en términos de producción que este
nuevo empleado podría generar. Este principio resalta la
importancia de analizar cada opción en su contexto
específico y cómo las pequeñas decisiones pueden tener
grandes impactos en el resultado final.
4. Las personas responden a los incentivos
Los incentivos juegan un papel crucial en la toma de
decisiones económicas. Las personas tienden a cambiar su
comportamiento cuando cambian los incentivos, ya sean
estos de naturaleza económica (como el precio de un bien
o servicio) o no económica (como recompensas sociales o
castigos). Un cambio en los incentivos puede influir de
manera significativa en el comportamiento de
consumidores y productores. Por ejemplo, si el precio de un
producto sube, los consumidores tienden a comprar menos,
mientras que los productores tienen un incentivo para
producir más. Del mismo modo, si el gobierno aumenta los
impuestos sobre los cigarrillos, el incentivo para fumar se
reduce, y es probable que los consumidores cambien su
comportamiento en consecuencia. Los incentivos son una
herramienta poderosa en la economía para guiar las
decisiones individuales y colectivas.
5. El comercio puede mejorar el bienestar de todos
El comercio entre individuos, empresas o países puede
aumentar el bienestar general al permitir que las partes
se especialicen en lo que hacen mejor y luego
intercambien lo que producen. Este principio se basa en
la teoría de la ventaja comparativa, que sugiere que
incluso si una parte es menos eficiente en la producción
de todos los bienes, aún puede beneficiarse del
comercio si se especializa en los bienes que produce
con relativa mayor eficiencia. A través del comercio, las
partes pueden obtener acceso a productos y servicios
que no podrían producir por sí mismas a precios más
bajos. Así, tanto los consumidores como los productores
se benefician al acceder a una mayor variedad de
bienes a precios más bajos, lo que mejora el bienestar
general.
6. Los mercados normalmente son un buen
mecanismo para organizar la actividad económica
En una economía de mercado, los precios juegan un papel
fundamental al coordinar la actividad económica, ya que
reflejan la oferta y la demanda de bienes y servicios. Los
mercados descentralizados permiten que las decisiones
económicas se tomen a través de la interacción de
millones de consumidores y productores que actúan en su
propio interés, lo que, en la mayoría de los casos,
conduce a una asignación eficiente de los recursos. Este
sistema basado en la oferta y la demanda generalmente
asegura que los bienes y servicios se distribuyan a
quienes más los valoran. Aunque los mercados no son
perfectos y pueden presentar fallos como monopolios o
externalidades, en general, el mercado libre es una forma
eficaz de organizar la producción y distribución de bienes
y servicios.
7. El gobierno puede mejorar algunas veces los
resultados del mercado.
Aunque los mercados son generalmente eficientes, a veces
el gobierno debe intervenir para corregir fallos del mercado
o para promover el bienestar social. Los fallos del mercado
pueden incluir situaciones como monopolios, externalidades
negativas (por ejemplo, contaminación) o la provisión de
bienes públicos que no pueden ser proporcionados
adecuadamente por el mercado (como la defensa nacional).
En estos casos, el gobierno puede intervenir para regular la
actividad económica, crear incentivos para reducir los
efectos negativos o proporcionar directamente ciertos
bienes y servicios. La intervención gubernamental busca
garantizar que los beneficios de una economía de mercado
se distribuyan de manera justa y que el bienestar social no
se vea comprometido por los fallos del mercado.
8. El nivel de vida de un país depende de la capacidad
que tenga para producir bienes y servicios.
El nivel de vida de un país está estrechamente vinculado a
su capacidad de producción, lo cual está determinado por
la productividad. Cuanto más eficiente sea un país en la
producción de bienes y servicios, mayor será su nivel de
vida, ya que podrá generar más riqueza con los mismos
recursos. La productividad depende de varios factores,
como el capital humano (educación, habilidades), el capital
físico (infraestructura y maquinaria) y los avances
tecnológicos. Los países con economías más productivas
son capaces de generar mayores ingresos y ofrecer a sus
ciudadanos una mejor calidad de vida. Por lo tanto, las
políticas que fomentan la educación, la innovación y las
inversiones en infraestructura son cruciales para aumentar
la productividad y, en última instancia, mejorar el
bienestar de una nación.
9. Cuando el gobierno imprime demasiado dinero los
precios se incrementan.
La inflación es el aumento generalizado de los precios, y
una de sus principales causas es la expansión excesiva
de la oferta monetaria. Cuando un gobierno imprime más
dinero para financiar su gasto sin que haya un aumento
proporcional en la producción de bienes y servicios, esto
genera más dinero persiguiendo la misma cantidad de
bienes, lo que eleva los precios. Un ejemplo claro es la
hiperinflación, que ocurre cuando los gobiernos emiten
grandes cantidades de dinero para cubrir déficits fiscales.
Esta inflación reduce el poder adquisitivo de la moneda y
puede tener efectos devastadores en la economía, ya
que las personas pierden confianza en la moneda y en
los precios estables, lo que desestabiliza la economía.
10. La sociedad enfrenta una disyuntiva a corto plazo una
disyuntiva entre inflacion y desempleo
A corto plazo, existe una relación inversa entre inflación y
desempleo, conocida como la curva de Phillips. Cuando el
gobierno adopta políticas expansivas para reducir el
desempleo, como el aumento del gasto público o la
reducción de tasas de interés, puede generar un aumento
en la demanda de bienes y servicios, lo que, a su vez,
puede elevar los precios (inflación). Por otro lado, las
políticas que buscan controlar la inflación, como la
reducción del gasto o el aumento de las tasas de interés,
pueden generar un aumento en el desempleo al reducir la
demanda agregada. Así, la política económica a menudo
debe equilibrar estos dos factores: mantener la inflación
bajo control mientras se minimiza el desempleo.