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Mision at Dora Seminario

El documento explora la misión de Israel hacia las naciones según el Antiguo Testamento, enfatizando que esta misión se basa en vivir conforme al proyecto divino y en la responsabilidad de cuidar la creación. La familia se presenta como el núcleo de esta misión, donde la enseñanza y la fidelidad a la Palabra de Dios son fundamentales. Además, se destaca la importancia de la justicia social y la inclusión de los marginados en el plan divino, evidenciado a través de relatos como el de Rahab y Naamán.

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Mision at Dora Seminario

El documento explora la misión de Israel hacia las naciones según el Antiguo Testamento, enfatizando que esta misión se basa en vivir conforme al proyecto divino y en la responsabilidad de cuidar la creación. La familia se presenta como el núcleo de esta misión, donde la enseñanza y la fidelidad a la Palabra de Dios son fundamentales. Además, se destaca la importancia de la justicia social y la inclusión de los marginados en el plan divino, evidenciado a través de relatos como el de Rahab y Naamán.

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La misión de Israel a las naciones:

Pentateuco y Profetas anteriores


Todos los libros del Antiguo Testamento nos hablan de la
misión de Israel a las naciones especialmente en el
Pentateuco y los Profetas anteriores, hace resaltar más el
carácter de Israel como testimonio y no como testigo
(Genesis 12:1–3; Deuteronomio 4).

De acuerdo con el plan de Dios para su pueblo, Israel


cumple su misión viviendo de acuerdo con el proyecto
divino más que viajando hacia tierras lejanas para
anunciar ese proyecto.
El proyecto universal de Dios
La afirmación misionológica básica de la
Biblia aparece primordialmente en los
primeros once capítulos del libro de
Génesis.
El primer compromiso misionero humano
es ejercer dominio sobre la creación, del
modo en que Dios lo ejerce.
En primer lugar, porque en la responsabilidad y el privilegio de
ejercer ese señorío, nada ni nadie se interpone entre Dios y el ser
humano, su representante aquí en la tierra.

En segundo lugar, la misión consiste en ser responsables de


mantener bien arreglado este «cosmos» (la tierra) que Dios nos ha
dado para guardar y cuidar. Misión en la Biblia significa
mayordomía ecológica, cuidado del medio ambiente.

En tercer lugar, el señorío que Dios ejerce y comunica al ser


humano es sobre todo por la palabra, la misión que recibe por
encargo el ser humano no puede permitir la injerencia de ninguna
otra palabra que no sea la de Dios.
La misión coloca a la familia y el hogar como la
base indiscutible de la sociedad.
La misión de educar al ser humano como imagen
de Dios se realiza desde el hogar y hacia el hogar.
El sujeto y objeto de la misión, como entidad
humana, no es el individuo sino la familia.
«…Yavé, nuestro Dios, Yavé es uno/único»
«Oye, Israel, Yavé nuestro Dios, Yavé es uno. Y amarás a
Yavé tu Dios con toda tu capacidad cognoscitiva y volitiva,
con todo lo que eres y con todo lo que tienes»

Este es el primer principio teológico, y el más importante,


que otorga singularidad a la fe bíblica y al pueblo de Dios.
La misión, desde la perspectiva del éxodo, es tener del
lado del pueblo misionero a Yo soy y considerar como
principal objetivo de misión la liberación de los
marginados, oprimidos y vulnerables.

Con el éxodo no sólo nace Israel, sino que se inician y


desencadenan todas las posibilidades para que
individuos y naciones reconozcan que la manera
humana de vivir, de acuerdo con el proyecto divino, no
es ni puede ser la esclavitud o servidumbre.
Somos nosotros, investidos con el
Yo soy divino, los verdaderos
responsables de hacer realidad la
misión divina en la tierra.
Jeroboam I (ca. 922–901 a.C.), un nuevo «Moisés,» libera a su
pueblo de la opresión «salomónica» (1 R. 12:1–24) no sólo es
físicamente liberado, sino que también
experimenta una liberación religiosa. Pero que no vivía en el marco
protector de la alianza.
Pronto desembocó en una nueva opresión: la cananea.
La pugna entre la fe Yavista y la religión de Baal, y el
enfrentamiento del profeta de Yavé, Elías, con la monarquía
idolátrica e injusta de Acab y Jezabel.
La lealtad absoluta a Yavé va de la mano con la práctica de la
justicia social.
Un pueblo peregrino
El éxodo y la alianza, acompañados de las dos demandas centrales
de la fe bíblica: fidelidad absoluta y justicia social.
La orden de Yavé a Abraham y su familia: Vete de tu tierra y de tu
parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y
haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu
nombre, y serás bendición…y serán benditas en ti todas las
familias de la tierra.
Isaías sabía que, a la larga, la lucha era contra aquellos que
gobernaban y en cuyas manos estaban al poder político y el
poder religioso. Ambas fuerzas eran para dominar al pueblo.
La acción de Dios es una acción liberadora que busca redimir al ser
humano de una «mentalidad de fortaleza», del querer sobrevivir
por sus propios recursos.
«…De los tales es el reino de Dios»
Deuteronomio hace fruncir más de una ceja cuando afirma: «Porque
Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande,
poderoso y temible… que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama
también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al
extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto».

Pobres, mujeres, niños, inmigrantes, todos ellos aparecen en la literatura


bíblica como representantes de los vulnerables y débiles hacia quienes
Yavé muestra aprecio concede privilegios especiales. Dios elige a
aquellos a quienes la sociedad margina y denigra, a aquellos a quienes la
mayoría considera indignos; los elige para ser canales de su revelación e
instrumentos para dar salvación y vida a otros.
Es sorprendente reconocer que la sección de relatos en el libro de
Josué (caps. 2–12) empiece con la historia de Rahab, una mujer.
El relato sobre Rahab dice mucho acerca de la teología del libro de
Josué, acerca de los postulados teológicos de la historia
deuteronómica, acerca de la visión de la conquista de una tierra
pagana y acerca de la misión de Israel a las naciones.
No sería nada exagerado concluir que Rahab se vio obligada a
practicar la prostitución para proveer alimento y abrigo a su
familia, tal como ocurre en varios países de nuestra América
Latina.
La salvación de Rahab y de su familia es concebida como un nuevo
éxodo. La acción contra Jericó es calificada como una acción de
éxodo, a la manera de la liberación de Israel de Egipto.
Con Naamán, el comandante sirio de la historia de 2
Reyes 5, la salud y la salvación vienen por el camino de
«hacerse niño».
He aquí de nuevo la extraña lógica del reino de Dios: un
extranjero, miembro de una nación adversa a Israel,
recibe salud y vida del Dios de Israel y aprende la gran
lección de hacerse niño, «porque de los tales es el reino
de los cielos».
El mundo de los niños es el mundo del juego, es el
espacio donde tienen cabida la
creatividad, la expectativa y la libertad.
Serás bendición a todas las naciones
En efecto, el testimonio bíblico final afirma que el propósito divino
es que Dios «sea conocido en la tierra… y en todas las naciones tu
salvación» (Sal 67:2, RV). Pero lo que llama de inmediato la
atención es que ese universalismo de la misión y la fe bíblica, al
Canaán.
Las historias de Rahab y de los gabaonitas resaltan el propósito
más especial de la misión divina: dar espacio de vida a los
marginados y vulnerables, en este caso a los extranjeros
desposeídos, que entran a formar parte de la alianza a fuerza de su
propia astucia y de la gracia ilimitada de Dios y su Palabra.
El hogar y la Palabra de Dios
La familia como lugar primordial de la misión y la Palabra
de Dios como guía y marco de referencia.
Israel, el autor siempre deja en claro que el primer lugar
de pertenencia de esta palabra es el hogar. Aun en el
contexto de la asamblea del pueblo, siempre hay una cita
referente a los padres y los hijos (Ex. 20; Dt. 5; 6:4.; 30) o
a la familia (Jos. 24:15).
Fidelidad a la palabra de Dios y educación en el hogar
van tomados de la mano.
La enseñanza de fidelidad y amor al Señor y a su palabra tienen su
base y centro en el hogar. La misión, de acuerdo con este principio
teológico, debe mantener en buen equilibrio al movimiento
comunidad-individuo y viceversa, con el hogar como eje de ese
equilibrio.
El hogar es siempre el espacio donde la Palabra de Dios es objeto
de enseñanza y práctica.
La misión que encuentra su punto de inicio en el hogar, también
coloca en su centro la Palabra de Dios. La Palabra de Dios cambia
vidas y sociedades, y lo hace sobre todo sí llega en el idioma que la
gente pueda entender.

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