LA TEMPLANZA
LA TEMPLANZA Y LA AUTO POSESIÓN
• La virtud de la templanza que “modera la atracción de los
placeres” (CIC 1809) a veces tiene una mala reputación.
Muchas personas hoy en día se oponen a tal noción:
¿Qué hay de malo en buscar placer?, Experimentar placer no
está mal. “¡no estoy lastimando a nadie!” “¿No debería ser
capaz de perseguir tanto placer como pueda?
• Incluso para algunos cristianos devotos, la templanza, con su
llamado al autocontrol y la moderación, puede parecer una virtud
aburrida o incluso sombría que nos dice: “No disfrutes demasiado
de la comida. No bebas demasiado. No experimentes placere
sexual excepto dentro del matrimonio. Desde esta perspectiva
negativa, la templanza puede parecer un gran no.
• En la tradición católica, sin embargo, el enfoque de la templanza
no se trata de negarnos a nosotros mismos el placer; más bien,
se trata de darnos la capacidad de deleitarnos en los bienes más
grandes de la vida. Como veremos, la templanza no es un gran
no sino más bien un sí a los más altos placeres de la vida.
HECHOS PARA MÁS
• Un hombre estás hecho para algo más que el placer, Está
hecho para dar lo mejor de mismo en sus relaciones. La falta
de templanza impide que un hombre ame a su Dios, a su
cónyuge, a sus hijos y a sus amigos tan bien como pueda.
• Cuando un hombre carece de autocontrol se convierte en
esclavo de su deseo de placer, siempre centrándose
egoístamente en complacerse a sí mismo.
“¡LO QUIERO! ¡LO QUIERO!
• Aristóteles llama a la falta de templanza “una falta infantil”
ya que hace que una persona actúe como un niño de varias
maneras.
• Primero lo hace en términos de los que desea. Un niño
pequeño no busca lo mejor de acuerdo con una buena razón;
busca lo mejor según su estómago. Tan pronto como
experimenta un estruendo en su barriga grita: “Tengo mucha
hambre” En el momento en que siente sed grita: “¡Bebida!
Por favor, mami, dame de tomar” No Importa si esto sucede
en cualquier lugar que sea.
• Los adultos actuamos como niños cuando cedemos a la
concupiscencia que es la inclinación hacia el deseo resultado de
nuestra naturaleza humana caída. La concupiscencia que no se
controla es como un niño desenfrenado dentro de nosotros gritando:
Lo quiero, lo quiero.
• Hay dos lecciones practicas importantes que podemos extraer de esta
analogía del niño rebelde. Por un lado, la persona que carece de
templanza es como un niño indisciplinado. Cuanto más obtiene lo que
quiere, más voluntarioso se vuelve. Del mismo modo, cuanto más
satisfacemos nuestros deseos caídos y concupiscentes, más fuerza
ganan sobre nosotros. Antes de su conversión San Agustín descubrió
que cuanto más se entregaba a su deseo lujurioso menos poder tenía
para resistirlo: “cuando cedi a la lujuria el hábito nació y cuando no
me resistí al habito, este se convirtió en una necesidad.
• Por otro lado, cuanto más se comprueba la voluntad de un
niño, más disciplinado se vuelve. Del mismo modo, cuanto
más se restringe la concupiscencia, más moderados se
vuelven los deseos teniendo menos control sobre la persona.
Esta es una buena noticia para aquellos que luchan por
liberarse de su esclavitud a los deseos concupiscentes.
Aunque la lucha al principio puede ser extremadamente
difícil e incluso sentirse imposible de ganar, cuanto más
tiempo uno continue resistiendo, más fuerte se vuelve la
voluntad de uno y más débil será el control que esos deseos
tienen sobre el alma.
EL PECADO MÁS DESHUMANIZANTE
• Santo Tomas de Aquino llama a la intemperancia el más
vergonzoso de los vicios dándonos dos razones:
• En primer lugar se opone más a nuestra dignidad como
personas humanas; al igual que los animales, también
tenemos deseos de comida, bebida y sexo, sin embargo, a
diferencia de los animales, no estamos destinados a ser
esclavizados a estos deseos. Dios nos dio Inteligencia y
voluntad por la cual somos capases de elevarnos por encima
de nuestras pasiones
• En segundo lugar, la intemperancia en muy vergonzosa
porque oscurece nuestra razón desde las cual realizamos
todos los buenos actos. Cuando carecemos de autocontrol de
la templanza una serie de virtudes pueden verse socavadas
por el niño concupiscente dentro de nosotros gritando: Lo
quiero, Lo quiero. Y esa voz concupiscente es tan fuerte que
no escuchamos la voz de la razón con claridad.
TEMPLANZA Y EL ARTE DE COMER
YO… ¿UN GLOTÓN?
• Gregorio Magno describió a la glotonería como un "enemigo entre nosotros" que debe adiestrase si
uno quiere triunfar en otras batallas espirituales. Dijo "si no se domina el vientre, éste mata todas las
virtudes".
• La glotonería es un deseo desordenado de comida y bebida. Algunas personas que no tienen
sobrepeso, podrían pensar que no tienen que preocuparse por este vicio, sin embargo, personas
delgadas que no comen demasiado podrían en efecto ser más glotonas que una persona obesa.
Hay muchas maneras de caer en la gula además de la sobrealimentación. Santo Tomás de Aquino
explica que para no caer en las trampas de la gula, uno debe preocuparse no sólo por la cantidad de
comida, sino también qué, cómo y con cuánta frecuencia come.
¿CUÁNTO COMO ?
Hay dos preguntas que debemos hacernos en este sentido:
• Primero, ¿como con demasiada gula —más que mi porción— de modo tal que impido que los demás
en la mesa o en un evento social se sirvan la misma cantidad que yo? Tal como nos lo recuerda el
Eclesiástico, "no extiendas la mano a todo lo que veas, para no tropezar con tu vecino en el plato" (Ecl
31, 14).
• Segundo, ¿como más de lo que necesito? No está mal satisfacer el hambre hasta cierto punto y recibir
una alimentación adecuada. Sin embargo, ¿me resulta fácil dejar la mesa sin estar completamente
lleno? Muchas veces, el hecho de llenar el estómago hasta su máxima capacidad es signo de mi apego
excesivo a la comida y es otra forma de gula.
¿QUÉ COMO?
• ¿Tiendo a comer solamente comidas costosas y elegantes? ¿Soy maniático con la comida? ¿Como sólo determinados tipos de
alimentos o marcas? ¿Quiero que mis comidas se preparen de una determinada manera? Cuando me sirven comida que no es de
mi preferencia ("¡No es orgánica!", "¡Es una comida extranjera extraña que nunca antes había probado!", "¡Ay! ¡No! . . .
¡Demasiados vegetales!"), ¿intento comerla con alegría y expresar mi gratitud hacia la gente que la preparó? O, por el contrario,
¿me quejo por la comida en un restaurante o en casa? Incluso cuando no digo nada en voz alta, ¿me quejo interiormente porque
no es el tipo de comida que me gusta?
• Sin la templanza, tendemos a estar malhumorados y enojados o a ser bruscos con los demás porque nuestro deseo de placer no se
ha satisfecho.
• Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es afirmativa, probablemente sea un signo de que estoy demasiado apegado a
determinado tipo de comida y que el vicio de la gula controla mi alma.
• De más está decir que muchas personas tienen necesidades nutricionales especiales. Aquellos que padecen afecciones cardíacas,
por ejemplo, deben evitar los alimentos ricos en colesterol y los que tienen una alergia al maní tan fuerte que pueden sufrir un
shock anafiláctico muchas veces deben alertar a sus anfitriones sobre esta afección potencialmente mortal. Sin embargo, cuando
se trata de mis gustos personales, ¿tengo la voluntad de olvidarme de mí mismo en ciertas ocasiones para hacer caso a las
preferencias de los demás o para honrar a quienes me sirven?
• Piensen en cómo se sienten otras personas cuando perciben nuestra actitud quisquillosa. Si nuestros cónyuges, padres o
anfitriones nos preparan una comida y llegan a percibir que nuestros gustos requieren "elevados gastos de mantenimiento", se
sentirán incómodos o disgustados. Pueden sentirse estresados en el intento de lograr adaptarse a nuestras exigencias. Nuestras
manías pueden incluso hacerlos sentir que no comparten con nosotros las mismas “normas elevadas” respecto de la comida.
¿CÓMO COMO?
• ¿Como demasiado rápido? Desde una perspectiva católica, la hora de la comida es más que una oportunidad
para satisfacer el hambre y nutrir a nuestros cuerpos. La hora de la comida es un tiempo para compartir la vida
con otros y para mantener una conversación. Sin embargo, cuando las personas comen a toda prisa, se
concentran tanto en llenar sus estómagos que les cuesta mucho estar atentos a los demás. En un nivel básico,
no piensan en las necesidades de los demás que están compartiendo la mesa. En vez de anticiparse
amablemente a los deseos de los demás, por ejemplo, si quieren más agua, vino o pan, el glotón se preocupa
por llenar su plato con todo lo que quiere. Aún más, cuando alguien está tan concentrado en llenarse la boca, es
muy difícil que pueda mantener una conversación con las personas que comparten su mesa. La cena para ese
tipo de personas pasa a ser más un tiempo para gratificar su propio apetito que una forma de comunión con los
demás. En vez de compartir verdaderamente una comida y de compartir una vida juntos en la mesa tal como se
supone que deben hacer los seres humanos, algunos comen como animales que, simplemente y por casualidad,
ocupan el mismo comedero, mirando su comida, llenando sus bocas y sin hacer jamás contacto visual con el
otro.
• Además, cuando una persona come tan rápido, ni siquiera disfruta mucho la comida. Dios hizo que la buena
comida fuese placentera, entonces ¡debemos comer la comida lentamente para que podamos disfrutarla! La
persona que siempre come con rapidez no es capaz de disfrutar verdaderamente el placer de la buena comida.
EL AYUNO
• Es una virtud que necesitamos para liberar nuestra voluntad de la esclavitud de nuestros apetitos.
Como dice Santo Tomás, el ayuno domina los deseos de la carne. Al abstenernos de comida y bebida
en forma regular, entrenamos a nuestra voluntad para que diga "no" al hambre y a la sed. Como
consecuencia, nuestros deseos se refuerzan y es menos probable que caigan bajo el control de
nuestros apetitos o que nos frustremos cuando no se satisfacen de inmediato.
• Cuando nos negamos a ceder ante nuestros apetitos por pequeñas cosas, tales como el chocolate
durante la Cuaresma o la carne los viernes, logramos un mayor autocontrol. Este es uno de los
motivos por el que la Iglesia designa ciertos tiempos o días, tales como la Cuaresma y los viernes,
como días especiales de penitencia: a fin de que tengamos oportunidad de practicar el auto-control y
así crecer en templanza.
EMBRIAGUEZ Y SOBRIEDAD
• Por último, haremos un comentario sobre la embriaguez y la sobriedad: la sobriedad es la virtud que
modera nuestro consumo de alcohol. Tomar alcohol en sí no es inmoral, pero la embriaguez sí lo es. De
hecho, la embriaguez –tomar al punto que no nos es posible razonar y perdemos el control– es un
pecado mortal, según Santo Tomás. San Pablo incluye a la embriaguez en la lista de los pecados que nos
alejan del reino de Dios (1 Cor 6, 10; Gal 5, 21).
• Santo Tomás explica que cuando un hombre es consciente de estar tomando una bebida alcohólica sin
moderación y prefiere estar ebrio en vez de dejar de tomar, su embriaguez es pecado mortal "porque en
este caso el hombre se priva conscientemente del uso de su razón, que le hace practicar la virtud y
apartarse del pecado. Peca, pues, mortalmente porque se pone en peligro de pecar".1 Como me dijo un
estudiante en una clase "¡Ya es suficientemente difícil ser un buen cristiano cuando estamos sobrios!".
Pues bien, la búsqueda de la virtud es difícil cuando estamos en pleno uso de nuestras facultades
mentales. Ponernos voluntariamente en un estado que nos impide utilizar la razón –tal como sucede
cuando estamos ebrios– compromete aún más nuestra capacidad de hacer el bien y de resistir el
pecado.
LA IRA VIRTUOSA, LA IRA PECAMINOSA
• ¿alguna vez está bien estar enojado?
• En el sermón de la montaña compra el castigo por la ira con
el juicio que enfrentan los asesinos: “Habéis oído que se dijo
a los antepasados: No mataras; y aquel que mate será reo de
tribunal. Pues yo os digo: todo aquel que se encolerice contra
su hermano será reo ante el tribunal”
• La ira es un deseo de castigar. Cuando hay una injusticia uno
desea corregir las cosas. Como una pasión la ira en si misma
no es ni buena ni mala. Pero es una pasión poderosa que
necesita ser moderada por la templanza razón por la cual
Aquino la clasifica de la siguiente forma:
• Primero puede ser noble noble si está dirigida a mantener la
justicia y corregir el vicio.
• Estar enojado por las cosas correctas y de la manera correcta
es virtuoso, pero evitar la ira en todo momento es un signo
de debilidad. Santo Tomas de Aquino como es un vicio “no
enojarse por las cosas que uno debería. EL lo llama
“paciencia irrazonable”
IRA PECAMINOSA
• cuando estamos enojados por las cosas que no son injustas y
por lo tanto no son dignas de castigo.
• En nuestras intenciones. Cuando alguien nos lastima o nos
molesta podemos ser impulsados por una actitud negativa
que quiere ver a esa persona sufrir.
• Si es demasiado feroz. Esto puede suceder de dos maneras
sin decir nada o solo pesando o actuar de forma no modera
en nuestros actos.
•
LA MANSEDUMBRE
• Es la virtud que modera la pasión de la ira evitando que nos
enojemos por las cosas equivocadas o que nos enojemos
incluso demasiado por las cosas correctas. Nos ayuda a
evitar caer en la ira pecaminosa, la mansedumbre no es una
debilidad. De hecho, a veces se necesita una tremenda
fuerza interior para contener la pasión de la ira,
especialmente cuando alguien ha cometido una injusticia
grave o te a lastimado.
•
LA HUMILDAD Y EL ORGULLO
Humildad: Virtud que resulta del sentimiento de nuestra
bajeza. Virtud reguladora que atempera las acciones del ser
humano. Una persona que se rebaja voluntariamente, de
poca apariencia, brillantez o importancia.
• Humildad no es desvalorizarse, al contrario se debe dar valor
a si mismo pero no darse mas valor de lo que se vale.
• El tomar conciencia de las habilidades y capacidades
propias, es totalmente compatible con la humildad.
EL HUMILDE:
- Da toda la gloria a Dios
- Dependemos de Dios
- Para el fuimos creados
NO aspira a la grandeza personal y
Va tras otros tesoros ( La verdadera Felicidad)
A. La Salvación
B. La Salvación de otros
C. El amo a Dios
ORGULLO= SOBERBIA
• Soberbia- Excesiva elevación y grandeza inmoderada de
alma; el apetito desordenado de la propia excelencia.
Presunción, vanidad, sentimiento elevado de la dignidad
personal.
• Deseo desordenado de prestigio, fama, admiración de los demás
CARACTERÍSTICAS DE UN ORGULLOSO
• Se cree mas que Dios
• Exige que los demás reconozcan su superioridad (Lc. 16,15)
• Vanidad frente a los demás
• Se sirve solo a si mismo
• Confia solo en su propio saber
• Es juez de todos
• Juzga todo según su punto de vista
• Caprichoso
• No es razonable
QUE BUSCA UN SOBERBIO
• EL Soberbio/orgulloso busca poder terrenal
• Soberbio- no busca el Reino de Dios
• No quiere deber nada a nadie sino solo a si mismo y a su
propio esfuerzo= malagradecido.
• Por eso rechaza la GRACIA de Dios- quiere salvarse a si mismo, no por
Cristo.
LUJURIA
• El deseo desordenado por el placer sexual. Los deseos y
actos son desordenados cuando no se conforman al propósito
divino, el cual es propiciar el amor mutuo de entre los
esposos y favorecer la procreación.
• Es un pecado contra el Sexto Mandamiento y es una ofensa
contra la virtud de la castidad.
• Dios bendijo al hombre y a la mujer con atracción mutua. Mientras ambos viven
bajo el amor de Dios, sus corazones buscan el amor divino que es ordenado hacia
darse buscando ante todo el bien del otro. El placer entonces es algo bueno pero
muy inferior. En comunión con Dios se ama verdaderamente y se respeta a la otra
persona como hijo o hija de Dios y no se le tiene como objeto de placer. En el
orden de Dios se puede reconocer la necesidad de la castidad para que el amor
sea protegido. Es necesario entonces conocer y obedecer el sentido que Dios ha
dado a la sexualidad.
• La lujuria se vence cuando guardamos la mente pura (lo cual requiere guardarse
de miradas, revistas, etc. que incitan a la lujuria) y dedicamos toda nuestra
energía a servir a Dios y al prójimo según nuestra vocación. Si nos tomamos en
serio nuestra vida en Cristo podremos comprender el gravísimo daño que la lujuria
ocasiona y, aunque seamos tentados estaremos dispuestos a luchar y sufrir para
liberarnos. Un ejemplo es San Francisco, quien al ser tentado con lujuria se arrojó
a unos espinos. Así logró vencer la tentación.
CASTIDAD
• Es la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual
según los principios de la fe y la razón. Por la castidad la
persona adquiere dominio de su sexualidad y es capaz de
integrarla en una sana personalidad, en la que el amor de
Dios reina sobre todo.