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Arelis Uribe

Arelis Uribe, autora chilena, presenta en su obra 'Quiltras' una narrativa que explora la desigualdad y la subversión a través de historias de mujeres en contextos periféricos de Santiago, reflejando las luchas en una sociedad neoliberal y patriarcal. La figura de la 'quiltra' se convierte en un símbolo de resistencia y autonomía, mientras que la obra aborda la interseccionalidad de género, raza y clase. Uribe utiliza una escritura coloquial y emocional para dar voz a experiencias de discriminación y pertenencia desde los márgenes.
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Arelis Uribe

Arelis Uribe, autora chilena, presenta en su obra 'Quiltras' una narrativa que explora la desigualdad y la subversión a través de historias de mujeres en contextos periféricos de Santiago, reflejando las luchas en una sociedad neoliberal y patriarcal. La figura de la 'quiltra' se convierte en un símbolo de resistencia y autonomía, mientras que la obra aborda la interseccionalidad de género, raza y clase. Uribe utiliza una escritura coloquial y emocional para dar voz a experiencias de discriminación y pertenencia desde los márgenes.
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ARELIS URIBE

La narrativa chilena contemporánea


Arelis Uribe
◦ Arelis Uribe (Chile, 1987). Estudió Periodismo en la
Universidad de Santiago y una Maestría en Escritura
Creativa en la Universidad de Nueva York. Su debut
Quiltras, publicado y traducido en ocho países, fue
reconocido con el premio Mejores Obras Literarias del
Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de
Chile; nominado a mejor ficción por la Cámara Nacional
de la Industria Editorial Mexicana y destacado como uno
de los libros latinoamericanos del año por The New York
Times. Uribe ha sido profesora de escritura en diversas
universidades e instituciones alrededor del mundo.
Producción narrativa
Quiltras (2017)

Quiltras es un libro marcado, de principio a fin, por las palabras desigualdad y subversión.
Son siete historias narradas por mujeres, donde muchos de los personajes interactúan con
quiltros o quiltras en territorios periféricos de Santiago. La narración de estas historias
surge de escenarios más bien de esfuerzo, lugares donde las cosas parecen costar el doble.
Las voces que conforman estas historias no han nacido con oportunidades, sino que se las
han tenido que ganar. Desde allí, los relatos germinan para dar su propia versión de la vida,
en medio de una sociedad neoliberal, patriarcal e injusta.
En esa época, con mi familia, vivíamos en una villa en Talagante. En ese
tiempo, Talagante era –todavía es– un pueblo pequeño a las afueras de
Santiago. Un pueblo donde los mayores eventos sucedían en la
primavera, cuando se realizaba el desfile de cuasimodo o llegaban circos
con animales desnutridos. Donde el dueño del supermercado, de la radio
y del colegio más elitista, era tan famoso como el alcalde. Donde era
fácil encontrarse con amigas en la micro o en la plaza central, tomando
helado un domingo en la tarde. La villa en la que yo vivía estaba cerca de
un pantano, que a su vez estaba cerca de un bosque de eucaliptos, al
que nos adentrábamos para jugar a que escapábamos de alguna bruja.
Los sábados por la mañana se escuchaban los gritos de mercado de un
hombre viejo que ofrecía su fruta arriba de una carretera arrastrada por
un caballo. Allí crecí, eso creí que era la vida. […]

Mi villa estaba compuesta por varias hileras de


pasajes largos y angostos. Cada pasaje agrupaba,
fácilmente, cuarenta casas que se tocaban como
los dedos de una mano cerrada. Eran casas
pequeñas, en las que, a veces, vivía más de una
familia. Mi casa era blanca y mis papás le habían
construido un segundo piso con balcón. Era una
casa que destacaba. Éramos los “millonarios” de
la calle. Hasta que a mi papá lo echaron de su
trabajo
Lectura interseccional
perspectiva interseccional que considere:
Género

racializac
clase
ión

lectura crítica de las condiciones sociales que


atraviesan los cuerpos femeninos en contextos
neoliberales.
Kimberlé Crenshaw

◦ Describir la situación de las mujeres de color en los sistemas


simultáneos de subordinación y que están en los márgenes tanto
del feminismo como del antirracismo. El esfuerzo por politizar la
violencia contra las mujeres no ayuda a abordar las experiencias
de las mujeres que no son blancas, y de hecho necesitamos que
se reconozcan las implicaciones fruto de la estratificación racial
entre las mujeres. Al mismo tiempo, la agenda antirracista no
avanzará a través de la supresión de la realidad de la violencia
intrarracial que viven las mujeres de color. El efecto de ambas
marginaciones es que las mujeres de color no tienen forma de
conectar sus experiencias con las de otras mujeres. Esta
sensación de aislamiento agrava los efectos de politizar la
violencia de género dentro de las comunidades de color, y
permite que continúe un silencio mortal sobre estos temas (115).
Neoliberalismo y precarización
Quiltras revela cómo Se desnuda la
el modelo neoliberal violencia estructural
chileno afecta la normalizada y su
vida cotidiana de vínculo con las
mujeres jóvenes, dinámicas
especialmente las de familiares, laborales
sectores populares. y educativas.
Si en algo se parecían nuestras mamás era en la presión con la que nos criaron. Tú en Buin y
yo en San Bernardo, crecimos separadas y sin embargo a la distancia nos quedábamos
dormidas escuchando las mismas historias de terror: que si no estudiábamos la íbamos a
tener igual de difícil que nuestros papás y que no ir a la universidad sería la peor deshonra
para la familia” (81).
El Francisco quería celebrar el cumpleaños ese día como fuera y como sus papás alemanes
venidos a menos le decían todo que sí, lo celebró nomás. A nosotras, en cambio, nuestras
mamás con apellidos tan repetidos que terminaban siendo anónimos nos decían todo que no
(77).
La figura de la "quiltra"

La "quiltra" (perra
mestiza) se
transforma en símbolo La autora explora
de marginalidad, cómo este término
resistencia y dialoga con el cruce
autonomía, en entre raza, clase y
contraposición a las género.
expectativas sociales
de femineidad.
En la familia de mi mamá eran siete hermanos. Tres hombres y cuatro mujeres. Los
hombres vivían como los hermanos que eran. Habían estudiado ingeniería en la
misma universidad, les gustaba el mismo equipo de fútbol y se juntaban a hablar de
vinos y relojes. Las cuatro mujeres eran un caos. Una se fue a trabajar a Puerto
Montt. Con suerte la veíamos para Navidad. Otra se fue siguiendo a un pololo y
ahora tenía muchos hijos y vivía en Australia. Casi no existía. Las dos que quedaban
—mi mamá y la mamá de mi prima, mi tía Nena— eran esposas de hombres brutos.
Mi papá era una bestia y también el papá de mi prima. De esa gente que se cura
para año nuevo y hace llorar a los demás. […] Una vez fuimos a la parcela de uno de
los tíos y en el patio había pavos reales. En nuestra casa apenas cabía la Pandora,
una quiltra enorme que mataba a los gatos de los vecinos. Nunca entendí por qué
Camino
vivíamoslatan
primera cuadra
diferentes, si y escucho
éramos deque alguien
la misma me sigue.
familia Puedo adivinar que es una
(13-14).
banda de flaites con cuchillas de doble filo o el viejo del saco masturbándose con los
pantalones abajo. Me doy vuelta y lo que encuentro es un quiltro (25).

Me agacho para hacerle cariño y él me muestra la guata. Entonces descubro que le


cuelgan las tetas de recién parida. Es de madrugada y anda sola, pienso. Imagino que
sale de noche a buscar algo que darle de comer a sus cachorros durante el día. La invito a
que me siga y ella se suma. Ahora somos dos trasnochadoras haciendo soberanía por las
calles de Gran Avenida (26).
Vamos llegando al ciber del Gustavo y aparece un pastor alemán (o una mezcla de
él) y se le tira encima a la madre perra. Al cuello, como si la perra fuera una
antílope y el quiltro alemán un jaguar. Y yo grito: SUÉLTALA PERRO DE MIERDA,
ALEMÁN DE MIERDA, NAZI DE MIERDA. El pastor se la trata de montar y también
le muerde el lomo y la perra chilla y hace mucho que no siento tanto miedo y me
pongo a llorar. Agarro una piedra grande de la vereda y se la tiro. El alemán se me
lanza encima y me agarra el pantalón y siento sus dientes pero más siento cómo me
miran los ojos de la perra herida (28-29).

Me acuerdo que lloré, pero no de pena. No había alcanzado a encariñarme tanto con
la perra. Lloré porque sabía que había perdido algo mío y a los doce años ya tenía
esa noción de propiedad. Lo que más me dolió de perder a la Cholita es que todos
los niños y niñas del pasaje tenían su peluche vivo en el patio delantero. Yo no tenía
nada (26-27).
Manifiesto de las especies de
compañía

texto articula autoficción y

Autoficción y denuncia testimonio para subvertir


discursos dominantes.

Uribe construye personajes


femeninos complejos que
relatan experiencias de
Me acuerdo del comedor lleno de caca de paloma. discriminación, deseo y
Me acuerdo de las manchas, eran como la mezcla pertenencia desde sus
de blanco y gris en la paleta de un pintor, pero propios márgenes.
secas y poniéndose verde oscuro, fosilizándose en
el techo, en el suelo, en las ventanas, en la mesa Uribe elige una escritura
al lado de nuestros tapers con arroz con huevo o coloquial, íntima y directa,
que interpela al lector desde
porotos con rienda, calentándose en el único lo emocional y lo corporal.
microondas del casino. Me acuerdo que todo era
cemento o tierra. […] Me acuerdo que había que
entrar al baño aguantando la respiración o Hay una intencionalidad
respirando por la boca” (71). política en dar voz a cuerpos
silenciados por el canon
literario tradicional.
Actividad
◦ Leer el cuento Italia e los primeros capítulos de Cárcel de mujeres. Responder

◦ ¿De qué manera se manifiestan los afectos?


◦ Describa a las mujeres que aparecen en el relato
◦ En cuanto al estilo narrativo y la forma ¿Qué diferencia a los relatos y qué los
asemeja?
◦ Redacte un comentario crítico de la importancia de leer a las autoras: Bombal,
Brunet, Echeverría, Geel, Uribe, Cox señalando los principales aportes a la
narrativa chilena.

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