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Gedeon

El relato de Gedeón en Jueces 6-8 destaca su papel como un juez fiel en un tiempo de apostasía en Israel, donde Dios lo elige a pesar de su debilidad. A través de su humildad y dependencia de Dios, Gedeón es llamado a derribar ídolos y liderar a Israel en una victoria milagrosa contra los madianitas con solo 300 hombres. La historia simboliza la necesidad de confiar en Dios y despojarse de la idolatría para recibir Su poder en nuestras vidas.

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Gedeon

El relato de Gedeón en Jueces 6-8 destaca su papel como un juez fiel en un tiempo de apostasía en Israel, donde Dios lo elige a pesar de su debilidad. A través de su humildad y dependencia de Dios, Gedeón es llamado a derribar ídolos y liderar a Israel en una victoria milagrosa contra los madianitas con solo 300 hombres. La historia simboliza la necesidad de confiar en Dios y despojarse de la idolatría para recibir Su poder en nuestras vidas.

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Gedeón:

Jueces 6:11-12

Gedeón vivió en una de las épocas más desalentadoras de la


historia de Israel. Un tiempo de apostasía y de confusión. Sin
embargo, aun en ella resplandece la gracia de Dios en un hombre
débil, tímido, que se puso en las manos de Dios para dar “la buena
batalla.” La época de Gedeón es muy representativa de nuestra
propia época, y la figura de Gedeón también lo es de quienes
conforman el remanente fiel del presente tiempo.
Caos en Israel

El libro de los Jueces contiene el tramo de la historia de Israel que


media entre Josué y Samuel. Entre ambos profetas, de reconocida
fidelidad, hay un largo período muy oscuro.

Muerto Josué y toda su generación, el pueblo se volvió a los baales,


por lo cual se encendió contra ellos el furor del Señor. La mano de
los enemigos se hizo pesada y fueron despojados y humillados. En
estas circunstancias, el Señor levantó jueces para que los librasen,
pero, pasado el tiempo de un juez, otra vez se apartaban. Trece
jueces fueron levantados para guiar al pueblo en este período, pero
el final era siempre el mismo. Así lo resume el último versículo del
libro: “En estos días no había rey en el Israel; cada uno hacía lo que
bien le parecía” (21:25).
Caos en Israel

Tal vez el más fiel de los jueces fue Gedeón, cuya historia se narra
en los capítulos 6, 7 y 8 de este libro.

Desde el primer versículo del capítulo 6, somos ya introducidos en


lo que eran aquellos tiempos: Jueces 6: 1“Los hijos de Israel
hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en
manos de Madián por siete años.” Los israelitas sembraban y
cosechaban, pero no comían de ello. Criaban ganado, ovejas,
bueyes y asnos, pero no les aprovechaba. Los madianitas venían a
la tierra como langostas, y sus camellos eran innumerables. A su
paso no dejaban nada.
Caos en Israel

Tal como el tiempo de los jueces es nuestro tiempo. La apostasía cunde por
todos lados. El pueblo de Dios se ha olvidado de las misericordias de Dios.
¿Cuál es la causa? ¿Dios se ha olvidado de ellos? No es así. Es por el
pecado, es porque se han dejado los caminos santos del Señor, y han
levantado altares a los ídolos.
La Escritura nos dice que Israel clamó al Señor y Dios le envió un profeta, el
cual les dijo que todo lo que ellos estaban viviendo era consecuencia de la
desobediencia a su voz Jueces (6:8-10).
Y luego, en su misericordia, el Señor envía su ángel, quien se le aparece a
Gedeón Jueces (6:11).
Un valiente, escondido

Dice la biblia que, en ese momento, “Gedeón estaba sacudiendo el


trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas”. Gedeón
sacudía el trigo en el lagar, no en la era, la era es el lugar donde se
sacude el trigo. El lagar es donde se exprime la uva, donde se hace
el vino. para esconderse de los enemigos, porque la era no ofrecía
seguridad. El ángel saluda a Gedeón con estas palabras: “Jehová
está contigo, varón esforzado y valiente” Jueces (6:11-12).
El celo y la humildad de Gedeón

Sin embargo, Gedeón estaba consciente de la caída de Israel,


porque responde al ángel con gran celo: Jueces 6: 13 “Ah, señor
mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido esto?
¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han
contado diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová
nos ha desamparado, y nos ha entregado en manos de los
madianitas.” Gedeón conocía la palabra de Dios, y de sus palabras
brotan como una dramática llamada de auxilio. Entonces Dios, al
ver su corazón angustiado, fue a él para alentarlo a pelear las
batallas de Dios.
El celo y la humildad de Gedeón

Entonces Dios prueba el corazón de Gedeón, diciéndole: Jueces 6:14 “Ve


con tu fuerza, y salvarás a Israel de las manos de los madianitas. ¿No te
envío yo?” El Señor le insta a que use su fuerza, “tu fuerza”, y le ofrece su
respaldo. Si Gedeón confía en sí mismo, dirá: “Sí Señor, yo puedo, yo iré”.
Pero Gedeón conocía su pequeñez y conocía al Señor.

El Señor siempre nos da la posibilidad de echar mano primero de nuestras


fuerzas. Luego, cuando hemos fracasado, echamos mano a lo suyo. Así que
tenemos siempre ante nosotros, en nuestro servicio, dos caminos:
el de nuestras fuerzas
el de los recursos de Dios.
El celo y la humildad de Gedeón

Muchas veces creemos que en nosotros hay capacidad, hay buenas


ideas, y aun los primeros intentos parece que dan resultado. Hay
algún fruto. Hay buen ánimo, emoción –mucha emoción–, cánticos
entusiastas. Luego, a poco a poco, comenzamos a cansarnos, los
cánticos empiezan a parecer aburridos. Reaccionamos, buscamos
culpables, a mitad del año eclesiástico nos derrumbamos Entonces
–solo entonces– acudimos a Dios. Y Él, en su misericordia, nos oye y
nos ayuda y nos anima Entonces disponemos a renunciar a lo
nuestro, para seguir un camino más excelente. Este camino es, a
veces, lento, difícil, y comienza, con una pérdida del yo y una
afirmación de la gloria de Dios. Pero es un camino seguro.
El celo y la humildad de Gedeón

Gedeón no intenta siquiera probar con sus propios medios. Él conoce


a Dios y conoce su propia impotencia, por lo cual dice: Jueces
6:15“Ah, Señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi
familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.”
Y es que Dios. De verdad, “no mira lo que mira el hombre; pues el
hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el
corazón” (1 Sam. 16:7)
Se recuerdan cuando Samuel iba a ungir al futuro rey de Israel

La humildad de Gedeón nos muestra que ante la presencia de Dios


vemos verdaderamente lo que somos. Ante Él apreciamos nuestra
absoluta nulidad. Sólo quien anda delante de Dios puede decir: “¡Ay
de mí!”. Sólo el ver a Dios mata en nosotros el orgullo y vanagloria.
Is. 6:5; Ap.1:17).
La señal: la ofrenda

Gedeón pide una señal Jueces 6: 17-18. Él desconfía de sí mismo,


de su propia percepción espiritual. No quiere equivocarse. Son
tiempos dificiles. Por eso pide una señal..

Gedeón presenta una ofrenda. Jueces 6: 19-20 Él la ofrece


debajo de la encina, pero el ángel le corrige, diciéndole que
la ofrezca sobre la peña. Entonces –y sólo entonces–, el
ángel hizo subir fuego de la peña, que consumió la carne y
los panes sin levadura.
La señal: la ofrenda
Todo esto tiene una significado espiritual. La ofrenda no se puede ofrecer en
cualquier lugar. Sólo en Cristo Dios nos acepta. No hay sacrificio acepto si no es
sobre la base de la justicia, la Roca –que es Cristo– y de su sacrificio.
Entonces, el fuego puede subir de ella. Gedeón podía presentar su ofrenda, pero
sólo Dios podía encenderla. Dios tiene el fuego, y con el fuego la ofrenda es
quemada, y sube a Dios en olor grato. Y entonces la ofrenda es recibida.

De la misma manera ocurriría cientos de años después, con los holocaustos


presentados por Elías ante los sacerdotes de Baal. Elías presentó el sacrificio,
pero Dios lo encendió. Dios sólo derrama su fuego sobre aquello que está
en la Roca. El Espíritu Santo, el fuego de Dios (Lc.3:16), es derramado sobre
aquellos que han recibido al Señor y se han ofrecido a Él en ofrenda grata. La
ofrenda tiene que ser quemada y reducida a cenizas. Así también nosotros,
tenemos que morir para que Dios tenga ganancia.

La ofrenda de Gedeón era sencilla (sólo un cabrito). No se compara a la ofrenda


que presentó, por ejemplo, Abraham, que consistió en una becerra(una chiva),
una cabra, un carnero, una tórtola y un palomino (Gén.15:9). Los tiempos de
Abraham eran de abundancia. Y lo tiempos de Gedeón– son tiempos de escasez.
Nosotros hoy también vivimos días de escasez. Nosotros, como Gedeón,
tenemos poco que ofrecer hoy al Señor porque nuestro testimonio
talvez no es lo mejor. entonces como Gedeón presentamos sólo un cabrito,
pero procuremos que esto poco sea nuestro todo. Así, no importa cuán poco sea,
Él nos podrá usar como lo hizo con Gedeón.
Derribando los ídolos

Luego de ofrecer la ofrenda, Gedeón se da cuenta de que ha


hablado con el Ángel de Jehová y se llena de temor Jueces 6: 22-23.
Pero Dios le dice que no morirá. Entonces, Gedeón edifica allí altar
a Jehová, y lo llama “Jehová-salom” (“Jehová es paz”)Jueces 6: 24
Habiendo hecho la paz con Dios por medio del sacrificio de sangre,
levanta ahora un altar para la comunión personal, indispensable
para quien quiera servir a Dios delante de los hombres.

Esa misma noche, Dios se aparece a Gedeón y le ordena derribar el


altar de Baal, cortar la imagen de Asera que estaba en la casa de
su padre, y levantar altar a Jehová en la cumbre de un peñasco
Jueces 6:25-26.
Derribando los ídolos
¡Había ídolos en la casa de este israelita! ¿Qué quedaba del temor
a Dios y de las claras advertencias de la ley en cuanto a la
idolatría? Esta es la causa de por qué el pueblo estaba en opresión.
Los israelitas tenían ídolos en sus propias casas. ¿Cómo podían ser
librados así? ¿Acaso no sabían que fue Dios, el Dios que no acepta
ser prefigurado en imágenes, el que les sacó de Egipto y les dio la
tierra que poseían?

La idolatría esta condenada y prohibida en los dos primeros


mandamientos, lo cual era suficiente para demostrar su
pecaminosidad.
Un ídolo es toda falsa deidad. Es todo aquello que nos puede hacer
creer que por su virtud seremos salvados o protegidos. Pablo nos
exhorta a huir de la idolatría (1ª Cor.10:14) La idolatría es también
“veneración”, es decir, un amor excesivo y que excluye a lo que no
es Dios. Cuando uno coloca algo antes de Dios, eso es un ídolo.
Derribando los ídolos

El mundo está lleno de ídolos a los cuales es preciso derribar para


que Dios pueda actuar. Si hay un pecado que irrita al Señor, ese es
la idolatría (Éx.32:19-29). El pueblo de Dios tuvo que sufrir 70 años
de cautiverio en Babilonia para aprender esto.
Derribando los ídolos

El primer altar había sido levantado para adoración personal


este segundo altar fue dirigido para testimonio a toda su familia y
su ciudad.
Lo hecho por Gedeón esa noche, con ayuda de algunos siervos,
causó revuelo al día siguiente Jueces 6: 28-30. Pero, desde
entonces, comenzaron a saber que Dios estaba con él. Porque el
Espíritu de Dios vino sobre él, y al sonido del cuerno, toda su familia
se le unió. Su testimonio había sido eficaz. Primero atrajo a su
padre, luego atrajo a toda su familia jueces 6: 31. Más adelante
habría de ser notorio a todo Israel.
El Espíritu sobre Gedeón
Una vez derribados los ídolos, podía Gedeón entrar en batalla. Porque entonces vino
sobre él el Espíritu de Dios*Jueces 6:34 . Hay una estrecha relación entre el
derribar los altares de los ídolos y la recepción del Espíritu Santo, que nos
capacita para el servicio. Este asunto es de fundamental importancia para
un siervo que espera poder agradar a Dios. Si no puede solucionar este
asunto, no podrá recibir la unción del Espíritu Santo para servir ¿Quiénes
pueden entrar en las batallas de Dios? Aquellos que han recibido el Espíritu Santo.
¿Quiénes son aquellos que reciben el Espíritu? Los que han derribado los altares de
los ídolos Si nuestro corazón está libre de idolatría, el Señor podrá ejercer toda
autoridad en nosotros, y Satanás será vencido en todo lugar a través de nosotros. La
prueba de nuestra consagración está en la destrucción de los ídolos.

Luego que se le reunió todo el pueblo, y que vino el Espíritu sobre Gedeón, él
todavía pide una nueva señal. Ahora es la señal del vellón de lana. Esto lo hizo dos
veces Jueces 6: 36-40. Podría parecer excesiva la desconfianza de Gedeón. Puede
hasta sonar como una desconfianza hacia Dios..

De 32.000 a 300
En el capítulo 7
vemos que Israel contaba con treinta y dos mil hombres dispuestos para la
batalla. Pero Dios no necesitaba tantos. “No sea – dijo – que se alabe Israel
contra mí, diciendo. Mi mano me ha salvado” (7:2). Entonces los selecciona
hasta que quedan diez mil, y luego los vuelve a seleccionar hasta que sólo
quedan trescientos. Dios prescinde de los veintiún mil setecientos, porque
sólo necesita trescientos.

La verdad es que Dios no tenía ninguna intención de hacerlos pelear. Ellos


simplemente iban a ser testigos de cómo Dios peleaba por ellos. De todas
maneras, en el campo de batalla, estos trescientos deberían enfrentar a
ciento treinta y cinco mil (8:10).
Por cada israelita habían cuatrocientos cincuenta madianitas. Y es la misma
proporción de Elías con respecto a los profetas de Baal, en el monte
Carmelo (1 Re.18:22). Dios es plenamente glorificado cuando un creyente
confía solamente en Dios al enfrentar a cuatrocientos cincuenta enemigos.
La batalla de Gedeón
La batalla de Gedeón es un tipo de las batallas espirituales de los
hijos de Dios en este tiempo. Veamos algunos aspectos de esta
tipología:

Trescientos vencen para que todo el pueblo de Israel disfrute de la


victoria. “Así fue subyugado Madián delante de los hijos de Israel, y
nunca más volvió a levantar la cabeza. Y reposó la tierra cuarenta
años en los días de Gedeón” (8:28). Los trescientos de Gedeón son
los que están dispuestos a pelear las batallas de Dios llevando en
su corazón a todos los hijos de Dios.
Gedeón, antes de entrar en batalla, tuvo claro testimonio de que la
batalla ya estaba ganada (7:9-15). Dios le habló por boca de sus
propios enemigos, lo cual fue para él una prueba irrefutable de la
victoria que Dios le había dado.!
Las armas de nuestra milicia

Las armas que Gedeón utiliza no son aptas para una batalla como
la que él dio. No sirven para vencer a un enemigo de carne y hueso.
Necesariamente tienen que ser, entonces, armas espirituales (2ª
Cor.10:4). Ellas consistían en:
trompetas
teas ardiendo
dentro de cántaros.
Las armas de nuestra milicia

La trompeta es la Palabra de Dios, anunciadora de victoria. La


trompeta asegura la intervención de Dios. En el Nuevo Testamento,
Pablo menciona la trompeta para referirse a la palabra de Dios
dicha por un profeta, que prepara al pueblo para la batalla (1ª
Cor.14:8). Considerando que la batalla ya estaba ganada, la
trompeta simplemente anunciaba al victoria. Las teas ardiendo nos
hablan de corazones encendidos por el Espíritu Santo, y
consumidos de amor por el Señor. Y los cántaros que habían de
romper son vasos de greda o barro que representan la carne, el yo.
La carne debe ser quebrantada para que brille la tea ardiendo. La
carne encubre y limita la acción del Espíritu, por eso hay que
quebrar el vaso de barro para que brille lo que hay dentro (2ª
Cor.4:7). Nótemos que cada combatiente debía quebrar su propio
cántaro: este es un asunto personal.
Las armas de nuestra milicia

Hay aquí tres aspectos de una consagración que posibilitan las


victorias del Señor. La Palabra poderosa, los corazones llenos del
Espíritu Santo y el yo quebrantado. Tres armas invaluables. Tres
señales seguras de victoria. Esta debe ser necesariamente nuestra
experiencia espiritual. Hemos de saber usar la Palabra de Dios (2ª
Tim.2:15), hemos de ser llenos del Espíritu (Ef.5:18), y hemos de
negarnos a nosotros mismos (Lc.14:26). Sólo así podremos vencer
como hizo Gedeón.
La victoria del Señor
Luego, frente al enemigo, no hay nada más que hacer. Ninguna fuerza,
ninguna violencia. Sólo ser testigos de la victoria del Señor. Ver cómo
Dios confundía a el enemigo y lo ponía en retirada. Cada uno de los
trescientos sólo debía permanecer firme: “Y se estuvieron firmes cada
uno en su puesto en derredor del campamento; entonces todo el
ejército echó a correr dando gritos y huyendo” (7:21). Esta posición
“firmes” nos recuerda los tiempos de normalidad, cuando, en los días
de Moisés, Dios preparaba a su pueblo para cruzar el Mar Rojo: “No
temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con
vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para
siempre los veréis” (Éx.14:13). Este sólo versículo de Jueces 7:21 nos
muestra lo que es el retorno a la normalidad. Esta es la posición del
pueblo de Dios: firmes en la fe, proclamando la victoria de la Cruz y
contemplando su efecto entre los enemigos de Dios. ¡Cómo nos
recuerdan esas palabras también las divinas exhortaciones de los
apóstoles: ese “Estad, pues, firmes”, de Efesios 6:14, o ese “Estad
firmes en la fe; portaos varonilmente” de 1ª Corintios 16:13; o ese “Al
cual (al diablo) resistid firmes en la fe” de 1ª Pedro 5:9.! ¡Oh cristianos,
esta es vuestra gloriosa posición: firmes, firmes, firmes!
Sólo Jesús es el Señor

Concluida la victoria, los israelitas se acercan a Gedeón y le dicen: “Sé nuestro señor, tú,
y tu hijo, y tu nieto; pues nos has librado de la mano de Madián. Mas Gedeón respondió:
No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre
vosotros.”.Gedeon Podría ser rey él y luego su descendencia. ¡Qué tentación! Él,
siendo un hombre proveniente de una pequeña familia, y ésta, a su vez, de una tribu
poco importante en Israel, podría llegar a ser rey. La imagen de los honores y las riquezas
deben de haber pasado fugazmente por su mente en ese momento, pero se negó a ello.
¿Cómo se habría podido cumplir el propósito de Dios en cuanto a la
descendencia real, que debía ser de la tribu de Judá? Gedeón hizo bien en
renunciar a sus propios intereses para que Dios pudiera establecer su reino eterno sobre
su pueblo.

Luego de la victoria, es fácil ceder a la tentación de ejercer señorío sobre los


demás. Gedeón fue tentado, y así ocurrirá siempre en medio del pueblo de Dios. Los
hijos de Dios suelen ser agradecidos y sumisos con los siervos que son usados
por Dios. Y pueden, eventualmente, hacerles ofrecimientos que son gratos a la carne,
pero que ponen en serio riesgo el reinado del Señor sobre su pueblo. Sólo el Señor
debe reinar y señorear sobre su pueblo. Un hombre de Dios puede ser ejemplo
a los demás, tal como Gedeón, que dijo: “Miradme a mí y haced como yo”
(7:17), pero no puedo ser su señor. “No como teniendo señorío sobre los que
están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1ª Pedro 5:3).

Es, pues, la vida de Gedeón y su época, una figura muy clara de nuestra época
y de quienes pretendemos hoy servir al Señor. Que el Señor nos ayude para

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