DERECHO DE LAS
OBLIGACIONES
TÍTULO I. OBLIGACIONES
DE DAR PRIMERA PARTE
LOGRO DE LA SESIÓN
Al final de la sesión, el estudiante señala el
concepto básico sobre el Título I.
obligaciones de dar.
UTILIDAD DE LOS TEMAS DE HOY
El estudiante de derecho conocerá los
aspectos básicos y mas importantes para así
poder recabar, gestionar, analizar y elaborar
información sobre los elementos necesarios
para resolver problemas jurídicos en el
contexto del Derecho y la realidad social.
TÍTULO I. OBLIGACIONES DE DAR
Las obligaciones con prestaciones de dar son, a grandes rasgos,
aquellas que implican la entrega física o jurídica de un bien. El
tratamiento que el Código brinda a las obligaciones de dar no es un
tratamiento único, porque las reglas que van a ser aplicables
dependerán de las características del bien que constituye objeto de
la prestación, el cual puede ser un bien cierto o determinado, un
bien incierto o determinable, o un bien fungible.
I. OBLIGACIONES DE DAR BIENES CIERTOS
Entendemos por bien cierto a aquel que al momento de generarse
la obligación, se encuentra total y absolutamente determinado o
individualizado; vale decir, que se ha establecido con precisión qué
deberá entregarse.
Es así que las obligaciones de dar bienes ciertos consisten en la
entrega de un bien determinado.
1.1. PRINCIPIO DE IDENTIDAD
Al empezar la explicación de los bienes ciertos, es indispensable
mencionar uno de los principios fundamentales del derecho de
obligaciones; a saber, el principio de identidad que se encuentra
regulado en el artículo 1132 del Código.
El principio de identidad supone que el deudor no puede obligar o
forzar al acreedor a aceptar un bien distinto al acordado, sin que
importe que ese bien valga más.
1.1. PRINCIPIO DE IDENTIDAD
De esta manera, si el deudor le ofreciera a su acreedor un bien
mucho más costoso que el que (según lo acordado) debería
entregarle, el acreedor podría aceptarlo o podría rechazarlo, según
lo que considere conveniente y sin necesidad de justificar su
decisión.
1.1. PRINCIPIO DE IDENTIDAD
Dentro del principio de identidad va implícito el derecho del
acreedor a exigir el cumplimiento de la prestación, tal cual aquella
fue pactada, así como el derecho del deudor de no estar obligado a
pagar entregando un bien diferente.
Debemos advertir que este principio resulta común a toda clase de
obligaciones. Así, podemos leer este principio de la siguiente
manera: «El acreedor de una prestación, no puede ser obligado a
aceptar otra, aunque esta sea de mayor valor».
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
Uno de los principales problemas derivados del hecho de que el
bien a entregar sea un bien determinado, es el relativo a su
conservación, cuando su entrega se produce en un momento
posterior al nacimiento de la obligación.
Y es que el principio de identidad no solo implica entregar el bien
acordado, sino, además, que el bien se encuentre en las
condiciones en las que se obligó a entregarlo el deudor.
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
Las reglas que rigen esa problemática están recogidas en el artículo
1134 del Código. En el primer párrafo de dicha norma se impone
al deudor la obligación de conservar el bien hasta su entrega, esto
es, de realizar todos los actos conducentes a que el bien conserve,
en el momento en que se efectúe la tradición al acreedor, todas las
características que tenía al tiempo en que se generó la obligación;
en el caso de los contratos, al momento de su celebración.
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
En el segundo párrafo se recoge el antiguo principio jurídico de
que lo accesorio sigue la suerte de lo principal, de modo tal que si
un deudor se halla obligado a entregar un bien cierto, deberá
hacerlo junto a sus accesorios. La ley establece como excepciones
si lo contrario resultase de la propia ley, del título de la obligación
o de las circunstancias del caso.
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
Aunque el artículo 1134 establece quién debe adoptar las medidas
orientadas a la conservación del bien, es el artículo 1141 el que
determina a quién le corresponde asumir los gastos vinculados a
esa conservación.
Según lo previsto en el citado artículo 1141 del Código, «Los
gastos de conservación son de cargo del propietario desde que se
contrae la obligación hasta que se produce la entrega. Si quien
incurre en ellos no es la persona a quien correspondía efectuarlos,
el propietario debe reintegrarle lo gastado, más sus intereses».
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
La norma, al referirse explícitamente al propietario y no al
acreedor o al deudor, parte de una premisa que no constituye una
idea universal en el ámbito del derecho de obligaciones, sino
propia de los derechos reales.
Así, se sustenta en la idea de que quien se obliga a entregar un
bien, a su vez, asume una obligación de dar en propiedad.
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
Esto, sin embargo, no ocurre siempre en el ámbito obligacional. En
el campo del derecho de obligaciones interesa la obligación de
entregar el bien; ello es lo relevante, más allá de que con esa
entrega se transfiera o no (según lo convenido por las partes) la
propiedad del bien.
A pesar de lo dicho, el artículo 1141, en última instancia, sí ofrece
una regulación apropiada respecto de la problemática de la
obligación de asumir los gastos de conservación del bien.
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
Siguiendo lo regulado en tal norma, la obligación de asumir los
gastos que origina la conservación del bien se encuentra siempre a
cargo de quien es el propietario del bien desde que nació la
obligación y hasta que el bien es entregado.
En algunos casos el propietario podría ser el deudor, en otros, en
cambio, podría ser el acreedor. Ello dependerá de la naturaleza del
bien (si el mismo es mueble o inmueble) y de la manera en que se
pactó la obligación.
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
Al advertir que existen ocasiones en las cuales las circunstancias
conllevan que los gastos de conservación del bien sean sufragados
de primera mano por la persona que no es el propietario del bien,
el legislador estableció como regla que este pueda exigir su
derecho a ser reembolsado.
1.2. LA CONSERVACIÓN DEL BIEN
Sintetizando lo visto en esta parte, tenemos que la obligación de
conservación siempre le corresponde al deudor, aunque los gastos
de conservación le corresponden al propietario del bien, el cual
puede ser deudor o acreedor, dependiendo del caso concreto.
Si los gastos de conservación son asumidos por la persona a quien
no le correspondía sufragarlos, sencillamente, tendrá derecho al
reembolso, como lo establece esa misma norma.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Lo habitual es que cuando un sujeto (deudor) se obliga a entregar
un bien, únicamente se obliga a entregar ese bien a una persona.
Sin embargo, en ocasiones un sujeto (deudor), ya sea por mala fe o
por error, se obliga a través de actos jurídicos independientes, a
entregar el mismo bien no a una persona, sino a varias.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
En este cuadro, todas estas personas tendrían, en principio,
derecho a recibir ese bien en virtud de la obligación que cada una
celebró con el deudor.
La existencia de más de un acreedor, sin embargo, no ocasiona a
priori un conflicto que deba resolverse por las reglas propias de la
concurrencia de acreedores.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Únicamente habría concurrencia de acreedores cuando dos o más
de ellos se disputan la entrega del mismo bien.
Dentro de tal orden de ideas, las normas sobre concurrencia de
acreedores no tienen por finalidad determinar quién es el
propietario de un bien, no regulan la transferencia de propiedad; lo
que determinan es quién tiene el mejor derecho para que el bien le
sea entregado.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Las reglas varían dependiendo de la naturaleza del bien. La
concurrencia de bienes inmuebles se encuentra regulada en el
artículo 1135 y la de bienes muebles, en el 1136 del Código. En
uno y otro caso, esas reglas operan siempre dentro de un proceso
judicial o arbitral.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Según el artículo 1135, el orden de prelación que deberá seguirse
cuando concurran dos o más acreedores respecto de un mismo
inmueble es el siguiente:
Se prefiere al acreedor de buena fe cuyo título ha sido
primeramente inscrito.
De no haber inscripción, se prefiere al acreedor cuyo título sea de
fecha cierta anterior.
De no haber inscripción y si ninguno de los títulos es de fecha
cierta, se prefiere al de fecha más antigua.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Como se infiere, la concurrencia de acreedores de un bien
inmueble no reviste problemas, pues simplemente debe seguirse el
orden de prelación previsto. Al ser todos los inmuebles bienes
registrables, esto es, susceptibles de inscripción en los Registros
Públicos, resulta lógico que se le dé preeminencia a quien
inscribió, con buena fe, pues en este caso la ley protege a aquel
que cuida con mayor diligencia sus derechos.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
En el caso de los bienes muebles, el tema encuentra su sustento
normativo en el artículo 1136, en el cual se establecen las
siguientes reglas:
En primer lugar será preferido el acreedor de buena fe a quien el
deudor hizo tradición (entrega) de él.
De no haber habido tradición, se preferirá al que tenga título de
fecha cierta más antiguo.
Si no ha habido tradición y si ninguno de los títulos es de fecha
cierta, se prefiere al de fecha más antigua.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Así, el legislador prescribe que si ya hubo tradición del bien, el
acreedor a quien este ha sido entregado tiene preferencia y, en
consecuencia, puede quedarse con el bien y ejercer el derecho que
le corresponde según su título.
La solución asumida tiene la virtud de no contradecir lo dispuesto
en el artículo 947, que regula la transferencia de propiedad de
bienes muebles.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Recordemos que, salvo disposición legal diferente, la transferencia
de propiedad de una cosa mueble determinada se efectúa con la
tradición a su acreedor.
Delineadas las reglas, debemos precisar que entendemos a la
buena fe a la que hacen referencia tanto el artículo 1135 como el
artículo 1136, como sinónima de desconocimiento o ignorancia,
pero siempre y cuando en ellos no haya mediado un actuar
negligente por parte del acreedor.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
De lo contrario, ese acreedor no podría participar en la
concurrencia. Por otra parte, del análisis efectuado se desprende
que siempre habrá un solo acreedor que sería preferido para la
entrega del bien. Sin embargo, consideramos necesario distinguir
según el título o causa eficiente del acreedor preferido.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Si el acreedor preferido recibe el bien a título de propietario, dicho
acreedor no tendrá problema en el futuro; pero los demás
acreedores verán frustradas sus expectativas referentes a la
adquisición de sus respectivos derechos relativos al bien objeto de
la prestación de dar.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Consideramos lógico que el deudor de dicho bien deberá responder
por una indemnización de daños y perjuicios, al haber inejecutado,
culposa o dolosamente, las obligaciones que contrajo respecto de
tales acreedores.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
En el supuesto de que el acreedor preferido en la concurrencia
tuviese un título que implicase únicamente el derecho de posesión,
uso o disfrute temporal del bien, y otro de los acreedores (de los no
preferidos) tuviese un título que le diese derecho a la propiedad del
bien, al finalizar el plazo de posesión, uso o disfrute del bien (tal
como fue establecido en la obligación) por parte del acreedor
preferido, este deberá entregar el bien al acreedor no preferido,
quien desde este momento lo poseerá como le corresponde; es
decir, en calidad de propietario.
1.3. CONCURRENCIA DE ACREEDORES
Para concluir, queda aclarar que la aplicación de las normas
contenidas en los artículos 1135 y 1136 no excluye que el o los
acreedores que se vean perjudicados por el incumplimiento del
contrato que celebraron, puedan demandar al deudor cuya
conducta ocasionó que padecieran esos daños y perjuicios.
Además de la responsabilidad civil que podría configurarse, no se
descarta (de tipificarse el delito de estafa) que puedan accionar
también por la vía penal.
ESPACIO PRÁCTICO
Se deberán organizar en grupos para
realizar una análisis puntual sobre las
puntos claves.
¡COMIENCEN!
QUE APRENDÍ
HOY
BIBLIOGRAFÍA
Manuel de Derecho Civil María del Carmen
Gonzales Piano Walter Howard - Karina Vida
- Carlo Bellon
El Derecho subjetivo Consideraciones en
torno a su esencia y estructura Freddy Escobar
Raza
La legitimación en el proceso civil peruano
Rafael Prado Bringas Orestes Francisco
Zegarra Valencia
Manuel de Derecho Civil María del Carmen
Gonzales Piano Walter Howard - Karina Vida
- Carlo Bellon