Derecho Penal III
Ignacio Castillo Val
[email protected] El Homicidio Simple (art. 391 n
2)
C) El resultado: la muerte del ofendido
Iter criminis: de la tentativa a la consumación (muerte)
Problema:
relación de causalidad entre el hecho y el resultado (cuando media tiempo)
Solución: Imputación objetiva (para los casos problemáticos)
Resultados extraordinarios (causas concomitantes o preexistentes)
“El que simplemente empuja o golpea levemente a otro, quien cae al suelo
producto de su estado de embriaguez y muere días después por el TEC que le
causa la caída, causa esa muerte, pero sólo en el sentido de la conditio”
“si aplicamos los criterios de la imputación objetiva, podemos señalar que, si bien
la conducta del autor no estaba permitida, el riesgo que ella creó (de lesionar) no
se materializó en el resultado, sino que lo hizo otro completamente
extraordinario. Dicho resultado, por su propio carácter d extraordinario e
imprevisible, y por tanto fuera del control del autor (quien, por lo mismo, no
puede quererlo ni evitarlo), no le es imputable objetivamente”
El Homicidio Simple (art. 391 n
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“Cómo juzgamos la situación si, por ejemplo, la amante conoce la alergia que padece su
pareja –porque ha recibido una notificación al respecto que éste desconoce-, o el que
rasguña tuviese noticia de la hemofilia de su víctima. En estos casos, el saber especial del
autor elimina el carácter extraordinario del resultado y permite su imputación a título de
homicidio, aunque la acción no aparezca a simple vista como "matadora" ni represente, en
términos generales, un "riesgo mortal".
Intervención de terceros (y de la propia víctima)
Caso de la ambulancia (Ambulancia choca cuando traslada al hérido).
la intervención del conductor excluye la imputación objetiva del resultado
mortal a quien disparó: “aunque la conducta realizada se encontrase
prohibida y el riesgo puesto fuese ciertamente mortal, ese riesgo no se
realizó en el resultado, sino otro muy diferente”
“Quien, encontrándose herido, rehusa voluntariamente la ayuda de sus
agresores, y se deja desangrar a la vereda del camino. El riesgo producido
por la herida, no necesariamente mortal, fue llevado a ese grado por una
actuación voluntaria de la víctima (impedir la asistencia oportuna), no
imputable objetivamente a sus autores”
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2)
“Es un hecho de la experiencia diaria que a la conducta
homicida no le sigue necesariamente la muerte del ofendido y
que ésta se puede retardar, a pesar de los esfuerzos
infructuosos practicados por terceros. Pero si el riesgo no
permitido puesto por la conducta del autor era el que se realizó
en el resultado, el transcurso del tiempo entre esa puesta real
en peligro y el resultado producido es irrelevante: se ha
cometido un único delito de homicidio”.
Causa de Justificación: Eutanasia en el Homicidio:
lectura personal
El Homicidio Simple (art. 391 n
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El contenido del dolo homicida
Novoa Monreal: la ley chilena no exige un dolo de matar o animus
necandi:
basta con intención genérica e indeterminada de herir, golpear o
maltratar. Se le atribuye a esa intención todos los resultados, previstos e
imprevistos.
Críticas: elimina de la diferencia entre homicidio y lesiones (nivel subjetivo)
Transforma a todas estas figuras “prácticamente” en delitos calificados por el
resultado
Doctrina Mayoritaria:
en general dolo de matar o animus necandi
Se permite el dolo eventual “quien se representa el resultado
mortal, pero realiza su conducta con indiferencia hacia su
producción”
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El error en el homicidio (dolo de Weber)
un error inesencial en el curso causal no excluye la punibilidad a título
de homicidio. Caso problemático
Acto posterior a la conducta homicida, generalmente de ocultamiento de
la misma, en la creencia de haber dado muerte a la víctima, la que sólo
fallece producto de ese acto de encubrimiento
Garrido Montt: 1er paso dolus generalis (ver si siempre tuvo intención
homicida)
2do paso: revisar los dos supuestos diferentemente (homicidio doloso
frustrado en concurso real con homicidio culposo consumado);
Matus: propone resolver no por la vía de admitir un dudoso dolus generalis,
sino por la del dolo eventual, cuando corresponda:
“Quien se representa la posibilidad de la sobrevivencia de su víctima y decide enterrarla de
todos modos, responderá por el homicidio doloso consumado y no por un hecho culposo. Pero si
nada indica en la causa la presencia de un dolo eventual, la solución debiera ser el juzgamiento
del hecho secundario separadamente del primero.”
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El homicidio preterintencional.
“quien, queriendo lesionar a otro, causa con esas lesiones una muerte no
querida, pero previsible”
Posición casi unánime en doctrina: “en tales circunstancias, probada la falta
de dolo homicida no puede atribuirse al autor el homicidio a título doloso, sino
a lo más culposo, si el resultado era previsible”.
Como un mismo hecho constituiría dos o más delitos (las lesiones dolosas más
la muerte culposa), solución propuesta regla del art. 75 CP, concurso ideal.
Politoff et al: la cuestión de fondo es el contenido del dolo homicida – y
particularmente del ámbito del dolo eventual-, y del de lesionar. La solución
dominante es la correcta, pues si bien quien quiere la muerte de otro ha de
querer necesariamente las lesiones producidas para ello; quien quiere
solamente lesionar a otro, no ha de querer en modo alguno su muerte y
tampoco, representándose dicha posibilidad, ha de actuar con indiferencia
hacia su consumación.
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Dificultades: Distinguir entre un homicidio culposo o doloso,
particularmente con dolo eventual, es una cuestión compleja.
¿Cómo puede resolver el tribunal?
atendiendo preferentemente a los hechos objetivos probados en la
causa: "los medios empleados para la comisión del delito, la región
del cuerpo en que se infirió la lesión, las relaciones existentes entre
el ofensor y la víctima, las amenazas o manifestaciones hechas por
el culpable; si el homicidio se realizó con arma de fuego, la clase y
el calibre del arma, la dirección y la distancia a que se hizo el
disparo, etc.".
Otro Problema del Concurso: ¿Concurso con qué tipo de
lesiones?
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En la jurisprudencia, un fallo de apelación relativamente
reciente de la Corte de Apelaciones de Punta Arenas (Rol N° 84-
2007, de 15 de septiembre de 2007 contra Jaime Juvenal
Calbuyahue Cheuquepil, N° ID LegalPublishing: 37283) aplica el
Art. 75 del CP a un caso de delito preterintencional de lesiones
menos graves dolosas con resultado de muerte imprudente,
argumentando que "de acuerdo a nuestra jurisprudencia
mayoritaria se castiga como un concurso ideal de
delitos".
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El error en la persona: el objecto y la aberratio ictus
Se trata de un problema de parte general
Según Politoff et al el texto del inc. 3a del art. 1 del CP hace
referencia únicamente a la identidad de la víctima del delito, y
no a los casos de aberratio ictus o error en el golpe
Aberratio ictus o error en el golpe:
se entiende la situación en que el agente dirige su conducta contra
un objeto determinado, pero el resultado, en virtud de una
desviación del curso causal previsto, se realiza en un objeto
distinto, como ocurre, por ejemplo, cuando le dispara a un sujeto
que se encuentra a su izquierda y, por impericia, por un
movimiento inesperado o por un defecto del arma, termina hiriendo
o matando a uno que está a su derecha.
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Cuando el resultado previsto y el resultado efectivamente provocado
no son equivalentes (muerte de uno vs. lesión de otro)
Se niega el dolo respecto del resultado provocado y eventualmente se considera un
concurso (ideal) entre un delito doloso no consumado y un cuasidelito (en caso de
darse los requisitos de la culpa y estar tipificada especialmente la realización culposa).
Se discute, en cambio, la solución cuando los resultados son
equivalentes. Si bien el agente ha previsto matar o herir a otro y es
precisamente lo que ha hecho, una posición que parece ser mayoritaria
en la literatura entiende que debe darse valor al objeto concreto de la
conducta, que no puede ser reemplazado para estos efectos por
cualquier objeto equivalente, y aceptarse que el objeto afectado
(nótese: no su identidad, sino el objeto mismo) no es aquél contra el
que se dirigió la conducta dolosa del agente, de modo que la solución
debería ser la misma esto, por cierto, a condición de que no se pueda
afirmar dolo también respecto del resultado efectivamente provocado
El Homicidio Simple (art. 391 n
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Otro sector de la doctrina está por la negación del error de tipo, la
consiguiente afirmación del dolo y la punición a título de delito consumado,
haciendo valer el carácter genérico y abstracto de la determinación del
objeto en los tipos penales
“En todo caso el sector ampliamente mayoritario de la literatura entiende
que el asunto no viene resuelto legalmente por la regla del art. 1 inc 3 regla
que regiría sólo para el error in persona, esto es, para una variante específica
del error sobre la identidad del objeto (error in persona vel objecto) y que, en
cuanto dicha identidad suele ser irrelevante para los tipos penales (matar a
Pedro creyendo que es Pablo, robarle a Juan pensando que es Diego), es por
regla general también irrelevante, y no para el aberratio ictus”
Jurisprudencia: dominante la tesis de la irrelevancia del aberratio ietus, con o
sin invocación del inciso tercero del Art. 1°.
Pero en varios casos es posible compartir la conclusión de los mismos por parecer
plausible una imputación del resultado provocado a título de dolo eventual .
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Iter criminis
El resultado de muerte determina la consumación del delito
Siempre debe verificarse no sólo el nexo de causalidad entre acción y resultado, sino también
la relación de imputación objetiva.
Delito de resultado: son posibles las formas imperfectas de ejecución,
castigar como tentativa o frustrado.
Importante problema de prueba a la hora de indagar la intención del sujeto: si
pretendía lesionar a la víctima (animus laedendí) o si tenía la intención de acabar con
su vida (animus necandi).
Jurisprudencia española: criterios (STS de 8 de enero de 2009):
«la dirección, el número y la violencia de los golpes, las condiciones de espacio y tiempo, las
circunstancias conexas con la acción, las manifestaciones del propio culpable, anteriores y
concomitantes a la agresión, y comportamiento anterior y posterior al delito, las relaciones
previas entre el agresor y la víctima y sus respectivas personalidades, la clase, características y
dimensiones del arma utilizada, y si es apta para causar la muerte, zona del cuerpo afectada por
la agresión y si es o no vital, la intervención posterior del agresor, auxiliando o desatendiendo a la
víctima, pese a ser consciente de la gravedad del acto. Son indicios realmente importantes, la
naturaleza del arma empleada, la zona anatómica atacada y la intensidad del golpe».
El Homicidio Simple (art. 391 n
2)
Si el primer disparo deja ciega a la víctima, y sólo el segundo le da
muerte, se puede condenar al inculpado por lesiones graves-
gravísimas en concurso (real) con homicidio simple?
Por qué nos resistimos a aplicar las reglas concúrsales comunes
(concurso real o ideal, según el caso)?
Razón: estamos ante un caso de consunción, donde la intensidad criminal
del homicidio es mayor que la de las lesiones, de manera que éstas pueden
verse como actos meramente acompañantes (anteriores o propiamente
acompañantes copenados) de aquél.
Si esa mayor intensidad desaparece en el hecho concreto que se juzga:
no tiene sentido seguir afirmando esa consunción y podemos admitir el
resurgimiento de la ley en principio desplazada, cuya propia entidad no
puede ser copenada en el acto en principio principal.
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Hay casos en que el legislador valora:
como un hecho más grave que el simple homicidio frustrado la causación de
ciertas lesiones
la causación de cualquier lesión si, por cualquier razón (como sucede
particularmente con el desistimiento en la tentativa) no es punible el hecho
que, en principio, absorbería el menos grave.
La solución a los problemas planteados ha de encontrarse en la
valoración de los hechos concurrentes (Matus):
i) Cualquiera sea la naturaleza de las lesiones causadas, el desistimiento
en la tentativa o en la frustración excluye la punibilidad por el homicidio
tentado, resurgiendo la correspondiente a las lesiones causadas;
ii) Resurgen las lesiones causadas, cuando estas merezcan una mayor
valoración para el legislador que el homicidio tentado o frustrado que se
trate.
Se da un concurso ideal entre el homicidio tentado o frustrado y las lesiones del
art. 397;
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iii) no hay resurgimiento de las lesiones, si todavía pueden considerarse
copenadas en el delito de homicidio frustrado o tentado (siempre en las
lesiones menos graves del art. 399).
En cuanto a las lesiones simplemente graves, hay que considerar
la magnitud de éstas (su intensidad)
al grado de desarrollo en que queda el delito de homicidio,
Solo ahí se debe decidir si pueden o no esas lesiones considerarse sólo como
actos acompañantes copenados del homicidio frustrado o tentado de que se trate.