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Crisis económica y fin de la convertibilidad

El documento analiza las políticas económicas de la Alianza durante la crisis de 2001 en Argentina, destacando el impacto de la recesión, el desempleo y la crisis de deuda externa en la economía. Se describe cómo las políticas fiscales contractivas y la falta de inversión llevaron a un colapso de la convertibilidad y a un deterioro social y económico. Finalmente, se menciona la recuperación económica bajo el gobierno de Kirchner, impulsada por un superávit comercial y un aumento en la actividad productiva.

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Crisis económica y fin de la convertibilidad

El documento analiza las políticas económicas de la Alianza durante la crisis de 2001 en Argentina, destacando el impacto de la recesión, el desempleo y la crisis de deuda externa en la economía. Se describe cómo las políticas fiscales contractivas y la falta de inversión llevaron a un colapso de la convertibilidad y a un deterioro social y económico. Finalmente, se menciona la recuperación económica bajo el gobierno de Kirchner, impulsada por un superávit comercial y un aumento en la actividad productiva.

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De la Rúa: Parte 1

Las políticas económicas y el fin de la convertibilidad

La Alianza asumió en recesión (el producto tenía una caída del 3.4% desde 1998), la demanda agregada estaba reprrimida, el atraso
cambiario impedía el aumento de exportaciones yel alto desempleo limitaba el consumo. La crisis de deuda externa amenazaba la
convertibilidad y subordinaba la política económica , desincentivaba la inversión y las políticas de reactivación. Las políticas fiscales
contractivas aceleraron el círculo vicioso de ajustes y mayores contracciones. La idea de profundizar la deflación para reducir el atraso
cambiario terminó operando más por cantidades que por percios. De hecho el IPM subió en 2000 empujado por una suba de precios
internacionales. La combinación de políticas de oferta, recetas y acuerdos con el FMI que afectaban la economía real y crisis
internacionales (en países emergentes). La crisis local se complic{o porque se combinó con una fuga de capitales que era el punto débil
de la convertibilidad. El resultado fue una caída del PBI y los componentes de la oferta y demanda global desde 2000 (los descensos más
importantes se verifican a partir del tercer trimestre de 2001 y durante todo 2002).

Drenaje de reservas implicaba caída de la base monetaria. Este hecho obligaba a la toma de deuda externa pública que era fugada por el
sector privado. La suba de la tasa de inter{es interna (para contener al dólar) afectaba la actividad económica, el consumo y la inversión. El
superávit comercial no alcanzaba para el pago de intereses y la remisión de utilidades al exterior. Una brusca caída de depósitos (en especial
durante 2001) acompañó la caída de reservas. El “corralito” que determinaba una bancarización forzosa que impedía el retiro de depósitos
implicaba el fin de facto de la convertibilidad. Sin embargo, la crisis más profunda era a largo plazo: deterioro del capital físico, crisis
social, endeudamiento asfixiante y derrumbe del sistema político.
La crisis social se originó por una drástica contracción de los ingresos por la vía de reducciones de salarios públicos y privados y la suba de
la desocupación. Con los recortes del gasto primario se reducía la recaudación y el déficit primario no bajaba.
La salida de la convertibilidad yel default de deuda externa profundizaron la caída de 2001. El ajuste externo demandaba mayor caída de la
actividad para contener las importaciones. Si bien el “corralito” contenía la salida de fondos del sistema financiero, contraría el consumo y
afectaba la economía informal subiendo el desempleo. La contracción del consumo y la incertidumbre sobre los precios y el tipo de cambio
aceleraron la caída de la inversión y las importaciones.
La devaluación de 2002 (si bien aumentaba las exportaciones) obligó a liberar el mercado cambiario (situaciòn agravada por la demanda de
divisas). El nivel de precios acompañó en forma rezagada los aumentos del dòlar lo que (en un contexto de slarios congelados) erosionó el
poder de compra de los sectores populares (lo que ponía un límite al traslado a precios). El costo del equilibrio externo fue la explosión de la
miseria y pobreza. Se iría configurando un nuevo esquema de precios relativos: franjas de la producción local se tornaron más
competitivas, se aplicaron retenciones a exportaciones de petróleo crudo y soja (hacia marzo de 2002) y se introdujeron regulaciones
cambiarias.
Durante 2002 el déficit se achicó por las retenciones, la mayor recaudación nominal, el impuesto al chque y los combustibles: el gasto se
achicaba en términos reales aunque estaba congelado en términos nominales. La política fiscal empezó a actuar como mecanismo
antiinflacionario: ya en el segundo trimestre de 2002 se alcanzó superávit primario.
De la Rúa: Parte 2
Las políticas económicas y el fin de la convertibilidad

La suba de precios y la cotización del dólar alcanzaron techo en junio de 2002. La salida de los depósitos por los amparos y los pagos de
organismos internacionales ayudaron a sostener la demanda de divisas que cayeron U$S 5000 millones desde diciembre de 2001. El
superávit comercial se recuperó ya que se combinó una fuerte restricción de importaciones y ventas masivas de cosechas agropecuarias a
pesar de que los precios internacionales no mejoraban (situación que comenzó a ocurrir recién en 2003). Se sustituyeron importaciones, se
aplicaron retenciones y se esterilizaron las expansiones de base monetaria para aliviar la presión sobre la demanda de divisas. Todos estos
factores contribuyeron a estabilizar el dólar y los precios lo que determinó que los saldos monetarios se dirigiera a otros destinos más
rentables. Se logró el refinanciamiento de los pagos con organismos internacionales. La economía empezaba a estabilizarse:
• La tendencia recesiva se suavizó.
• Se eliminó el «corralito» y se liberó en forma progresiva el «corralón»
• Los aumentos de salarios registrados privados y la tenue caída del desempleo iniciaron la recuperación del consumo (impulsado por
sectores beneficiados con la devaluación y los nuevos programas sociales).
• La industria lideró la recuperación de la mano de ramas sustitutivas y con inserción exportadora. La incidencia de rubros intensivos en
mano de obra redujo los niveles de desempleo.
• A pesar de las retenciones, el aumento de excedentes agropecuarios estimuló la incorporación de maquinaria agrícola.

En este contexto asumió el gobierno Kirchner con una recuperación de la actividad productiva y mejores indicadores económicos: el PBI
creció 8,8% en 2003 y 9% en 2004 junto con repuntes en el consumo, inversión y comercio exterior.

El origen de la crisis 2001 y posibles explicaciones

La apertura comercial, la liberalización del movimiento de capitales, la desregulación económica y un tipo de cambio sobrevaluado
terminaron transformando la estructura productiva durante la década del 90: desindustrialización, predominio del capital financiero sobre la
economía real, extranjerización de la producción y creciente dependencia de capitales externos, IED orientada a la compra de firmas locales y
fuerte endeudamiento externo para sostener la monetización de la economía, el crédito interno y el esquema de precios relativos. El flujo de
fondos se revirtió en 1998 originando un desequilibrio externo que obligaba en recesión a generar saldos exportables y comprimir
importaciones (nueva entrada en stop-go). Desde 1995 se aceleró el endeudamiento externo público para financiar sus propios desequilibrios
y sostener el desequilibrio privado. Las crisis financieras posteriores a 1997 agravaron a la economía. Durante 1999 la devaluación del real y
la apreciación del dólar agravaron el retraso cambiario y el desequilibrio externo. Se sumó el fuerte déficit público durante el cuarto trimestre
de 1999. El riesgo país marcaría el costo del endeudamiento del gobierno y el sector privado.
De la Rúa: Parte 3
El origen de la crisis 2001 y posibles explicaciones

Las explicaciones ortodoxas (a favor de la dolarización como salida) y las heterodoxas (devaluacionistas) intentaron explicar la crisis.
• La explicación ortodoxa hace hincapié en la falta de voluntad política para hacer ajuste fiscal (menos indoloro en períodos expansivos
o doloroso en períodos contractivos). Se adopta una postura de no alternative. La postura propone como único mecanismo el
achicamiento estatal y el avance con «reformas estructurales» en el estado (baja del gasto público y reforma del sistema tributario
para mejorar el precio relativo del trabajo versus el capital) y los mercados de bienes y trabajo (avanzando en la flexibilización de
precios y salarios para adaptarse al impacto de shocks exógenos sobre el producto). La vulnerabilidad externa estriba en la estructura
del balance comercial (con exportaciones muy concentradas en productos primarios y de bajo valor agregado y dependientes de precios
internacionales e importaciones con alta elasticidad ingreso y de mayor valor agregado). La vulnerabilidad financiera estriba en la
dolarización de facto que expone a los bancos a riesgos crediticios ante perspectivas de devaluación. En caso de no cumplir estas
recomendaciones la «puerta de salida» sería la dolarización de hecho de la economía.
• La explicación heterodoxa apunta a la apertura externa con sobrevaluación cambiaria, la apertura irrestricta a los capitales externos, la
venta de activos públicos (en especial sobre recursos naturales estratégicos) y la extranjerización de sectores productivos, la banca y
redes comerciales. El desfinanciamiento estatal se originó por la reforma previsional, la reducción de aportes patronales y la política
tributaria regresiva. La vulnerabilidad externa se origina en el atraso cambiario, la fuga de capitales y los desbalances de cuenta
corriente. Se combinó peligrosamente apertura comercial y financiera con estabilización basada sólo en el tipo de cambio. Este hecho
hacía depender a la actividad interna sólo del masivo ingreso de capital externo. Además buena parte de la inversión externa no generó
exportaciones porque se concentró en sectores no transables. El alza de la tasa de interés para atraer capitales no resultó efecto: no
detenía la fuga de capitales y deterioraba la actividad local y el crédito interno. La desaceleración del crecimiento y los shocks externos
generaron una espiral perversa. El estado abandonó funciones indelegables y desconoció que el gasto público es importante para
sostener el nivel de actividad así como ésta última retroalimenta la recaudación. La caída de la convertibilidad se explica por su matriz
distributiva caracterizada por una redistribución regresiva del ingreso Las recomendaciones son: redistribución progresiva e inmediata
del ingreso, retorno a un modelo productivo competitivo con sostenimiento del mercado interno e inserto a nivel mundial al incorporar
conocimiento y valor agregado a los productos exportables. La recuperación del rol del estado (retomando el control de la política
fiscal, cambiaria, monetaria y con una mayor oferta de bienes y servicios públicos) y el aumento de actividad económica serían los
alicientes para la atracción de inversión externa. El peso debía volver a ser central en la política monetaria (restableciendo los circuitos
de crédito y la banca pública) y el tipo de cambio volvería a ser instrumento para mejorar la competitividad (en vez de usarse sólo
como instrumento de estabilización). Se requeriría una renegociación integral de los compromisos externos y una mejor inserción en
los mercados mundiales (con énfasis en el Mercosur).
De la Rúa: Parte 4
• Otros autores apuntan a las pujas entre sectores de poder económico (grupos económicos locales, empresas extranjeras y bancos
transnacionales) que al adoptar posiciones en la estructura económica usan los capitales externos para valorizar su posición financiera y
completar el ciclo fugando dichos capitales al exterior. El tema fue que el «consenso» en los inicios de la convertibilidad cambió hacia
mediados de la década ya que los grupos locales se deshicieron de sus posiciones en las empresas privatizadas (activos fijos) para obtener
ganancias patrimoniales y fugar esos capitales al exterior. Los grupos locales concentraron posiciones en la producción agroexportadora y
empresas líderes con poder de mercado. Los grupos extranjeros se concentraban en sectores no transables. De allí que ante el atraso
cambiario surgieran posiciones encontradas: dolarización para los grupos extranjeros y devaluación para los grupos locales. Hubo
inconsistencias entre el modo de regulación y el régimen de acumulación.
El valor de la producción real argentina no era el que indicaba el peso convertible ya que el capital externo «inflaba» el valor financiero por sobre
el valor real de la actividad económica generando distorsiones de precios relativos en la estructura económica.

La Alianza: Ajuste y recesión: Machinea y López Murphy

Machinea estaba convencido de la imposibilidad política de hacer una devaluación. Para el equipo económico, la alternativa era una deflación para
aumentar la productividad, bajar los costos , aumentar la competitividad y acercarse al equilibrio externo sin devaluar. Se agregaba al programa una
férrea disciplina fiscal. Se buscaba mantener el statu quo alrededor de la convertibilidad en medio de un proceso de deterioro del modelo
evidenciado en un desequilibrio fiscal y de cuenta corriente y una incipiente recesión. Se aplicaba una recetada ortodoxa para superar la crisis
basada en un programa de ajuste que sólo complicaría la recesión. La idea era que la reducción del déficit y la demanda de crédito reduciría la tasa
de interés y aumentaría la inversión. De esta manera se bajaría la prima de riesgo de deuda y el aumento de la producción permitiría hacer frente a
los compromisos externos. Los resultados fueron distintos: el ajuste fiscal debilitaba la demanda, afectaba la recaudación y agravaba la crisis. Las
cuentas nacionales mostraban caídas del consumo y la inversión bruta. Además se habían incrementado otros gastos corrientes durante 1999
Otro error de diagnóstico consistió en entender el ajuste fiscal por la vía del gasto público sin considerar la reducción de la base imponible por la
recesión y el efecto de los recortes impositivos y previsionales durante los 90. Además se agregó el problema del incremento de los vencimientos
de deuda pública reprogramados en el plan Brady y el inicio del pago de los Bonex: el rubro renta e intereses del balance de pagos pasó de $3289
millones en 1998 a $5727 millones durante 2000.
Se aplicó un paquete de medidas para aumentar la recaudación con una recategorización hacia arriba de los tramas del impuesto a las ganancias, se
redujeron las deducciones y se aplicó por única vez un impuesto a los ingresos de personas físicas mayor a los $10000 mensuales. Se daba mayor
progresividad a la estructura tributaria pero el peso del ajuste recaía sobre los sectores medios.
En febrero de 2000 se promovió una reforma laboral que acentuaba la flexibilización de los contratos: se descentralizaban negociaciones laborales,
se creaban los servicios de mediación y arbitraje, se autorizaban acuerdos de trabajo en casos en que la estabilidad de la empresa estuviera en
riesgo, se extendía el período de prueba, se racionalizó el registro de trabajadores y se modificó la tributación de microempresas para extenderla a
cuentapropistas de bajos ingresos.
De la Rúa: Parte 5

La Alianza: Ajuste y recesión: Machinea y López Murphy

La reforma laboral buscaba bajar el costo laboral para incentivar las exportaciones. El problema es que el costo laboral como
porcentaje de las exportaciones es bajo y la medida terminó generando mayor pérdida de poder de compra que ganancias de
competitividad.. En el caso de la recaudación pasaba algo similar: la estructura tributaria argentina es regresiva y está asentada
en impuestos al consumo que se afecta fuertemente alte cada aumento impositivo y se afecta en forma directa el nivel de
actividad.
En mayo de 2000 se anunció un nuevo ajuste fiscal: reducción del 13% de los salarios públicos superiores a $1000 mensuales con
la intenci{on que el recorte se extendiera la sector privado como “efecto demostración”. Se disminuía en el mismo porcentaje
jubilaciones superiores a $500 mensuales y se reducían un 30% los contratos del estado. SE buscaba forzar la deflación para
mejorar el tipo de cambio real sin tocar el tipo de cambio nominal.
En octubre de 2000 se presentó un programa de incentivos para la inversión privada: se redujeron los costos para el
endeudamiento empresario, se establecieron facilidades para los créditos hipotecarios y se promovieron incentivos sectoriales
específicos. Se establecieron reducciones de aportes patronales para empresas nuevas de servicios informáticos y tecnología y se
establecieron incentivos para el sector de hidrocarburos y minería.
La ley de presupuesto 2001 reflejó la misma lógica de ajuste: reducción de subsidios a sectores promovidos, partidas al PAMI,
reducción del 13% a salarios públicos y una reestructuración de orgnaismos en la APN.
La renuncia del vicepresidente en octubre de 2000 agregó un problema financiero: se elevó la prima de riesgo país un 14% que
dejaba al país fuera del mercado voluntario de capitales.
El gobierno negoció con el FMI un blindaje financiero a través de un préstamo especial del FMI y otras instituciones y países de
casi U$S 40000 millones. El blindaje pretendía anticiparse a lestallido de la crisis y garantizar a los acreedores externos el pago
de la deuda externa, permitiendo el descenso temporario del riesgo país y la tasa de interés. El sector privado accedería más
fácilmente al sistema bancario y al mercado de capitales y se reanudaría el flujo de capitales productivos externos. Los resultado
no fueron de nuevo los esperados: no se logró impulsar la reactivación económica , la recaudación era menor a la esperada y
se incumplieron las metas con el FMI del primer trimestre de 2001.
La combinación de dificultades económicas y políticas derivó en la renuncia de Machinea y su reemplazo por López Murphy en
marzo de 2001. Este hecho ocasionó una ruptura en la coalición de gobierno.
De la Rúa: Parte 6

Alianza: Ajuste, recesión: Machinea y López Murphy

El nuevo ministro ideó unplan de ajuste fiscal ortodoxo con un recorte del gasto público de $2000 millones a través de recortes de
transferencias a las provincias, eliminación de exenciones impositivas y subsidios al tabaco y al consumo de combustibles. Se
eliminaba el incentivo docente ($500 millones) y se reducía en $360 el presupuesto para universidades y $200 en infraestructura. Se
proponía el despido de 100000 empleados públicos. El ministro renunció a menos de dos semanas de haber asumido.

El retorno de Cavallo

En marzo de 2001 se designó a Cavallo como nuevo ministro de economía. Se anunció el lanzamiento de planes de competitividad
para distintos sectores como metalmecánica, textil, indumentaria y calzado para estimular las inversiones y aumentar la productividad
vía la reducción de aportes aptronales a la seguridad social y en aranceles a la importación de bienes de capital. Se acordaron
exenciones impositivas y un aumento en las tarifas de bienes de consumo importados. El conjunto de medidas aplicadas (reducción de
las tasas de interés, cargas laborales y costos impositivos) apuntaban a mejorar las condiciones de oferta pero las “oportunidades de
inversión” no aparecían por falta de demanda. La demanda doméstica estaba frenada porque el consumo estaba deprimido por el
círculo vicioso de déficit fiscal-recesión-ajuste fiscal. La recesión parecía el único mecanismo para ajustar la balanza comercial. Los
retoques se vieron contrarrestados por la apreciación del dólar que impediría impulsar las exportaciones. A pesar de las
contradicciones, los intereses creados por la convertibilidad postergaban la salida. Cavallo dispuso la ampliación del régimen
monetaria con un nuevo respaldo del peso incorporando al euro en una canasta de monedas con el dólar en un tipo de “convertibilidad
ampliada”. El resultado tampoco fue el esperado: la medida contribuyó a grandar las expectativas de devaluación y (aún cuando
hubiera sido aceptada) la evolución posterior del euro hubiera determinado una mayor apreciación del peso.
La actividad económica volvió a caer en el primer trimestre de 2001. El deterioro fiscal y los inminentes compromisos con los
acreedores externos urgían la toma de medidas fiscales: se implementó el impuesto a las transacciones bancarias y se eliminaron
exenciones al IVA. La mayor probabilidad de una devalaución y la cesación de pagos indujo un nuevo aumento de la prima de riesgo
país que originó la fuga de dinero del sistema bancario.
De la Rúa: Parte 7

El retorno de Cavallo

Se inició una operación de canje de deuda a través de un conjunto de bancos extranjeros estableciendo como garantía los activos públicos
que se obtendrían en futuras recaudaciones impositivas. El megacanje se concretó a principios de junio de 2001 computando el pago de
altas tasas de interés, una valuación ficticia de los bonos canjeados y comisiones leoninas para los bancos intermediarios. El proyecto de ley
finalmente aprobó el acuerdo sin la garantía requerida.
El relativo alivio para el corto plazo se conseguía al costo de encarecer las obligaciones futuras. No se resolvía el problema de fondo que
era la recesión por lo que resurgieron las expectativas devaluatorias, las burbujas especulativas y una nueva suba de la prima de riesgo
país.
El gobierno intentó nuevamente recrear la confianza de los inversores con un programa de déficit cero dando prioridad sólo al pago de
deuda pública y transferencias a las provincias mientras el pago de salarios, jubilaciones y deudas con proveedores quedaban condicionados
a la disponibilidad excedente reduciéndose la brecha entre ingresos y gastos. La profundización de la caída de la recaudación derivada de
la recesión esterilizaba los esfuerzos por contener el gasto público.
En el tercer trimestre de 2001 se aceleró la caída de la actividad económica y la corrida de depósitos bancarios. En agosto de 2001 el
gobierno logró una asistencia extraordinaria de U$S 5000 millones porque el alivio logrado con el megacanje había desaparecido.
El conflicto con las provincias se tensó a nivel financiero por sus dificultades para financiar sus gastos mientras el gobierno les reclamaba
compromisos de ajuste fiscal. El conflicto fue aliviado por la emisión de cuasimonedas que permitieron a las provincias incrementar la
liquidez (muy reducida ya por la escasez de dólares en respaldo del régimen convertible). Los gobernadores encontraban así una vía de
solución para los problemas financieros en el corto plazo. Con la emisión de cuasimonedas el régimen de convertibilidad se rompió de
hecho.
La recesión se agravó de acuerdo a los datos del cuarto trimestre de 2001: el PBI, el consumo y la inversión cayeron 10.5%, 11.3% y 28.6%
respectivamente a nivel interanual. En noviembre de 2001, el equipo económico lanzó una nueva propuesta de reestructuración de deuda e
intentó alentar la actividad con una rebaja del IVA para la compra con tarjetas de crédito y la emisión de una tarjeta para la compra de
alimentos hasta $150 destinadas a los menores recursos. Las nuevas medidas eran el reconocimiento del error del ajuste permanente que
había transformado la recesión en depresión.
De la Rúa: Parte 8
El retorno de Cavallo

A nivel financiero, durante todo 2001 se aceleró la fuga de capitales a través del sistema bancario y sin regulación d el BCRA: U$S 29913
millones durante todo el año. La contracara de la fuga de capitales fue el colapso del sistema financiero y la depredación de las reservas en
divisas ya que los depósitos eran covertidos en dólares y fugados al exterior acelerando la caída. A su vez, el gobierno seguía endeudándose
con los organismos internacionales lo que a su vez proveía las divisas para la fuga de capitales. Este hecho se vio en el desembolso de
septiembre de 2001: el gobierno recibió U$S 6000 millones y en noviembre las reservas habían retrocedido a los niveles de agosto de 2001.
El drenaje de depósitos y reservas obligó al gobierno a sancionar una “ley de intangibilidad de depósitos” y luego a partir del 3 de diciembre de
2001 el “corralito” (que impuso restricciones semanales de $250 al retiro de fondos de las cuentas corrientes y cajas de ahorro y un tope de
U$S 1000 de transferencias a l exterior). Se ofreció al mismo tiempo la opción de dolarizar los depósitos en pesos. La bancarización forzada
permitió la implementación virtual de un control de cambios y el gobierno se apropió de los saldos de cuenta corriente para hacer frente a los
compromisos externos. El superávit externo era resultado de caída del 14% en las importaciones . Los recursos no fueron suficientes ya que la
recesión contraía la recaudación.
En las semanas siguientes, el gobierno no logró reestructurar la deuda y el FMI anunció que no seguiría con el desembolso de fondos
proyectados. Las manifestaciones negativas de los sectores productivos, el enfrentamiento del gobierno con los sectores sindicales y el estallido
social determinaron la renuncia de Cavallo y la caída del gobierno de la Alianza.

El endeudamiento externo y las relaciones con el FMI

La ortodoxia de los planteos profundizó la recesión desde 1999. El deterioro de las finanzas públicas durante 1999 empeoró las perspectivas
sobre el repago de la deuda. El gobierno insistía en la reducción del déficit fiscal de acuerdo a la Ley de Responsabilidad Fiscal. El 2000 cerró
con una deuda externa de U$S 85000 millones que subió a U$S 91000 millones en 2002 y U$S 116000 millones en 2004 (54% de la deuda
externa pertenecía al sector público a fines de 1999 y sería 68% a fines de 2004). La deuda externa de grandes empresas comenzó a descender
desde 2001 mientras la deuda externa del sector financiero se redujo durante todo el período. A partir de 2000 el gobierno canceló pasivos
tributarios con títulos de deuda pública. A nivel externo se ganaría competitividad con una reducción de costos y precios mejorando la
productividad y la competencia. Se avanzaría sobre el aumento del impuesto a las ganancias, la suba de impuestos al comercio exterior,
combustibles, bienes personales y ampliación del IVA y Ganancias. Se aumentaría la edad de retiro de las mujeres, la base contributiva de
autónomos, la consolidación de obras sociales, las reformas en PAMI, el endeudamiento de las provincias, la reducción de transferencias y la
puesta de techos a los déficits provinciales. Se continuarían vendiendo activos públicos, se modificaría la carta orgánica del BCRA y se
realizaría la reforma laboral. En la práctica se avanzó en la reforma laboral, otras propuestas tenían dificultades técnicas, legales y
políticas. Al primer semestre de 2000 se cumplieron las metas fiscales y se redujo el gasto vía recorte de salarios a empleados públicos,
jubilaciones normales y de privilegio, reducción de transferencias a las provincias, reestructuración de entidades públicas y un canje de deuda
por U$S 486 millones.
De la Rúa: Parte 9

El endeudamiento externo y las relaciones con el FMI

Como no se podía avanzar con nuevos aumentos impositivos, se avanzó con el recorte del gasto público. La renuncia
del vicepresidente aumentó el riesgo país.
En noviembre de 2000 se anunció el blindaje financiero: un paquete de ayuda por U$S 39700 millones. El paquete
dependería de las reformas estructurales pendientes y no implicaba la disposición de los fondos de manera inmediata.
El stand by del FMI de U$S 13700 millones se completaba con U$S 4800 millones del Banco Mundial y el BID en
dos años (destinado a proyectos específicos y no a la baja de la tasa de interés), U$S 1000 del gobierno de España,
U$S 10000 millones a través de la refinanciación de vencimientos y emisión de nuevos títulos de bancos privados
(financiamiento eventual y no firme), U$S 3000 de compra de deuda de AFJP. En concreto, el FMI sólo ponía a
disposición U$S 2000 millones.
Luego de la renuncia de Machinea, la situación fiscal empeoraba y las metas fiscales se hacían cada vez más difíciles
de complir: el gobierno ya no tenía fuerza política para imponer un nuevo ajuste. La crisis continuaba, se contenía el
déficit fiscal y la situación se agravó con la fuga de depósitos bancarios. En junio de 2001 se concretó el megacanje
que reducía capital e intereses por U$S 16000 millones por 5 años pero a partir de allí con un aumento por ambos
conceptos por U$S 53281 millones.
El FMI realizaba desembolsos proveyendo las divisas para la fuga de depósitos del sistema bancario y asegurando a
los acreedores continuar con sus negocios financieros. El estado se endeudaba para financiar la toma de ganancias
en el marco de un proceso de especulación financiera.
Las metas del cuarto trimestre de 2001 no pudieron ser cumplidas lo que determinó la puesta en vigencia del
«corralito» por lo que el FMI suspendió sus desembolsos. Sin la asistencia del FMI, la convertibilidad mostró su
vulnerabilidad y se declaró el default en diciembre de 2001.
De la Rúa: Parte 10
Conclusiones

La crisis argentina no se debía al régimen monetario exclusivamente ya que tenía raíces estructurales: las actividades
dentro de la estructura productiva se comportaban de manera heterogénea. El gobierno se fue deteriorando a medida que
contaba con menos apoyo social.
El drenaje de divisas hacia el final de la convertibilidad culminó con una fuga de capitales durante la década del 90 que
totalizó U$S 82869 millones (los capitales fugados pasaron de U$S 54936 millones en 1991 a U$S 137805 millones en
2001). Durante 2001, los bancos perdieron el 20% de sus depósitos.

Según la Comisión Investigadora de Fuga de Divisas de Diputados durante 2002:

La alta concentración de excedentes financieros en el exterior es un problema estructural de práctica de particulares y


sectores empresarios. Previo al corralito, se conformó un aceitado mecanismo para favorecer y facilitar la fuga de
divisas que incluyó la participación de bancos en vinculación con entidades off shore en el exterior lo que era de
conocimiento de operadores y participantes del sector financiero.

Los datos mostraban el deterioro social entre 1999 y 2001 donde los procesos más inequitativos se desatan como
consecuencia de crisis profundas:
• Baja de la tasa de actividad: pasó de 42,7% a 42,2%.
• Tasa de empleo: pasó de 36,8% a 34,5%.
• Tasa de desempleo: pasó de 13,8% a 18,3%.
• Tasa de subocupación: pasó de 14,3% a 16,3%.
• Tasa de desempleo + tasa de subocupación: 28,1% a 34,6%.
• Personas por debajo de la indigencia: pasó de 6,7% a 12,2%.
• Personas por debajo de la pobreza: pasó de 26,7% a 35,4%.
• Participación de la masa salarial en el PBI: según Ceped: pasó de 37,92% en 1999 a 36,30% en 2001.
De la Rúa: Parte 11

Conclusiones
• En materia sanitaria, la mitad de la población no tenía cobertura de obra social, mutual ni prepaga y las ventas de
laboratorios habían caído 64%. Este hecho afectaba al primer y segundo quintil de ingresos.
• El censo 2001 mostraba déficit habitacional en 26,21% de los hogares relevados.

Otros indicadores macro:


• Riesgo país a diciembre 2001: 3196 puntos básicos.
• Depósitos en el sistema financiero: durante 2001 pasaron de 89195 millones a 69488 millones.
• Dólar futuro a diciembre 2001: $1,6.
• Reservas internacionales: cayeron durante 2001 de U$S 27341 millones a U$S 20247 millones.
• Caída del PBI a precios del productor: -5,76% en 2001. La industria cayó en el mismo año -7,36%, la construcción
cayó -11,6%, agricultura-caza-sil subió 0,37%, minería subió 4,65%, servicios cayó -3,22%.

Indicadores Macro 1999 2001


Saldo de Cuenta Corriente -11943 -3780
Saldo de balanza Comercial -795 7385
Tasa de desempleo 14,3 17,4
Tasa de subempleo 16,7 18,9
Deuda Externa 152563 166272
Evolución PBI Total (en % ) -3,4 -4,4
Inversión Bruta Interna (en % del PBI) 12,9 16,7
Inflación (IPC) -1,8 -1,5
Resultado Fiscal Primario (en % del PBI) -0,2 0
Resultado Fiscal Total (en % del PBI) -3,1 -4

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