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Tema 4 Cernuda

El documento explora la influencia del surrealismo en la obra de Luis Cernuda, destacando sus primeras lecturas y conexiones con poetas contemporáneos. Se analizan sus obras iniciales y el desarrollo de su estilo poético, así como su relación con el deseo y la sensualidad. Cernuda busca expresar la belleza efímera del mundo a través de su poesía, enfrentando el conflicto entre apariencia y verdad.
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Tema 4 Cernuda

El documento explora la influencia del surrealismo en la obra de Luis Cernuda, destacando sus primeras lecturas y conexiones con poetas contemporáneos. Se analizan sus obras iniciales y el desarrollo de su estilo poético, así como su relación con el deseo y la sensualidad. Cernuda busca expresar la belleza efímera del mundo a través de su poesía, enfrentando el conflicto entre apariencia y verdad.
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La llegada del

surrealismo:
Los placeres prohibidos
de Luis Cernuda
Blanca Ripoll Sintes
Universitat de Barcelona
Bibliografía
• Luis Cernuda, Estudios sobre poesía española
contemporánea, Madrid, Guadarrama, 1957.
• ___, Poesía y literatura, I y II, Barcelona, Seix Barral,
1971.
• Delgado, Agustín, La poética de Luis Cernuda, Madrid,
Editoria Nacional, 1975.
• Harris Derek, Luis Cernuda. El escritor y la crítica, Madrid,
Taurus, 1984.
• Manuel Ulacia, Luis Cernuda: escritura, cuerpo y deseo,
Barcelona, Laia, 1986.
• Luis Antonio de Villena, Luis Cernuda, Barcelona, Omega,
2002.
Primeros aprendizajes
• Lecturas tempranas de Bécquer
• Estudios de Derecho en Sevilla por deseo familiar – profesor:
Pedro Salinas:

“Difícil de conocer. Delicado, pudorosísimo, guardándose su intimidad


para él solo, y para las abejas de su poesía que van y vienen trajinando
allí dentro -sin querer más jardín- haciendo su miel. La afición suya, el
aliño de su persona, el traje de buen corte, el pelo bien planchado,
esos nudos de corbata perfectos, no es más que deseo de ocultarse,
muralla del tímido, burladero del toro malo de la atención pública. Por
dentro, cristal. Porque es el más Licenciado Vidriera de todos, el que
más aparta a la gente de sí, por temor de que le rompan algo, el más
extraño” (cito por Delgado, 1975: 25).
• Luis Cernuda, Estudios sobre poesía española
contemporánea (45):
“Tras un letargo extraño de más de siglo y medio, la poesía
española despierta en las Rimas de Bécquer. No había sido
nuestra lírica, como sí lo había sido la francesa, de pobre caudal;
pero inexplicablemente, después de Calderón, parece cesar de
existir. Es difícil imaginarse hoy a alguien que lea por puro placer
poético los versos bucólicos de Meléndez o las odas de Quintana
(primero escritas en prosa y luego puestas en verso por su
autor) como se leen las églogas de Garcilaso o las canciones de
San Juan de la Cruz. Igualmente, difícil parece imaginar a alguien
que por gusto lea a Zorrilla o a Espronceda, digan lo que quieran
algunos recalcitrantes. La poesía neoclásica española, así como
la romántica, no viven hoy, por vivas que pudieran parecer a sus
contemporáneos; ninguna chispa las anima y constituyen un
peso muerto en nuestra literatura, pero que esta sobrelleva,
juntamente con otros semejantes, como puede.”
• Lecturas de poesía simbolista francesa
(Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé…)
• Redes personales y poéticas: Juan Ramón
Jiménez, Federico García Lorca, Vicente
Aleixandre, Manuel Prados y Manuel Altolaguirre
(Litoral, imprenta Sur, Málaga)…
• 1927: Perfil del aire
• 1928: Égloga, Elegía, Oda
(ca. 1927)
“El instinto poético se despertó en mí gracias a la
percepción más aguda de la realidad,
experimentando, con un eco más hondo, la
hermosura y la atracción del mundo circundante.
Su efecto era, como en cierto modo ocurre con el
deseo que provoca el amor, la exigencia dolorosa a
fuerza de intensidad, de salir de mí mismo,
anegándome en aquel vasto cuerpo de la creación.
Y lo que hacía aún más agónico aquel deseo era el
reconocimiento tácito de su imposible satisfacción.”

Cernuda, “Palabras antes de una lectura (1935)”, Poesía y


Literatura, pp. 601-606
Ortega, “Ensayo estético a modo de prólogo”,
en José Moreno Villa, El pasajero (1914)
“Pero reservemos nuestro amor de lectores para los verdaderos
poetas, es decir, para los hombres que traen un nuevo estilo,
que son un estilo. Porque estos hombres enriquecen el mundo,
aumentan la realidad. La materia, se decía antes, ni crece ni
mengua; ahora dicen los físicos que se degrada, que disminuye.
Sigue siendo verdad que no aumenta. Esto significa que las
cosas son siempre las mismas, que de su material no puede
venir ampliación ninguna. Pero he aquí que el poeta hace entrar
a las cosas en un remolino y como espontánea danza. Sometidas
a este virtual dinamismo las cosas adquieren un nuevo sentido,
se convierten en otras cosas nuevas.”
“La peculiar manera que en cada poeta hay de desrealizar las cosas es
el estilo. Y, como, mirado por la otra cara, la desrealización no se logra
si no es por una supeditación de la parte que en la imagen mira al
objeto a la parte que ella tiene de subjetiva, de sentimental, de
porciúncula de un yo, se comprende que haya podido decirse: el estilo
es el hombre.
Pero no se olvide que esa subjetividad sólo existe en tanto que se
ocupe con cosas, que sólo en las deformaciónes introducidas en la
realidad aparece. Más claro: el estilo procede de la individualidad del
yo, pero se verifica en las cosas.
El yo de cada poeta es un nuevo dicccionario, un nuevo idioma al través
del cual llegan a nosotros objetos, como el ciprés-llama, de quien no
teníamos noticia. En el mundo real podemos tener las cosas antes que
las palabras en que nos son aludidas, podemos verlas o tocarlas antes
de saber sus nombres. En el orbe estético es el estilo, a la vez, palabra y
mano y pupila: sólo en él y por él venimos a noticia de ciertas nuevas
criaturas. Lo que un estilo dice no lo puede decir otro. (…) Cada poeta
verdadero, cuantioso o exiguo, es, por tal razón, insustituible. Un
científico es superado por otro que le sigue: un poeta es siempre
Debates en torno a la poesía pura

• Paul Valéry, Le cimetière marin, 1920


• Valéry, conferencia sobre la poesía pura en la
Academia Francesa, octubre de 1925
• Henri Brémond, De la poésie pure, 1926
• Paul Souday, crítico en Le Temps – debate con
Brémond en defensa de Valéry
• Fernando Vela y Jorge Guillén, en Revista de
Occidente, 1926
• JRJ: poesía desnuda
Primeras poesías (La Realidad y el
Deseo, Madrid, Cruz y Raya, 1936)
III VII
Desengañado indolente Existo, bien, lo sé,
Y una calma vacía, Porque le transparenta
Como flor en la sombra, El mundo a mis sentidos
El sueño fiel nos brinda. Su amorosa presencia.
Los sentidos tan jóvenes Mas no quiero estos muros,
Frente a un mundo se abren Aire infiel a sí mismo,
Sin goces ni sonrisas, Ni esas ramas que cantan
Que no amanece nadie. En el aire dormido.
El afán, entre muros Quiero como horizonte
Debatiéndose aislado, Para mi muda gloria
Sin ayer ni mañana Tus brazos, que ciñendo
Yace en un limbo extático. Mi vida la deshojan.
La almohada no abre Vivo un solo deseo,
Los espacios risueños; Un afán claro, unánime;
Dice sólo, voz triste, Afán de amor y olvido.
Me alientan allá lejos. Yo no sé si alguien cae.
El tiempo en las estrellas. Soy memoria de hombre;
Desterrada la historia. Luego, nada. Divinas,
El cuerpo se adormece La sombra y la luz siguen
Aguardando su aurora. Con la tierra que gira.
“-Permítame –le interrumpí, distrayendo su atención hacia
el segundo libro que era Cántico-. ¿Qué fecha lleva esta
primera edición del libro de Guillén?
-1928.
-¿Y qué fecha lleva Perfil del Aire?
-1927.
-¿Y qué le dicen esas fechas?”

(Cernuda, “El crítico, el amigo y el poeta”, Poesía y Literatura,


607-624)
“A partir de 1924 había comenzado a escribir los
poemitas que aparecerían en Perfil del Aire, mi
libro primero. Mas en él, juntamente con la huella
de algunos de los poetas que he mencionado
[Góngora, Fray Luis, Baudelaire, Rimbaud…], debo
indicar la de Pierre Reverdy, cuyo nombre descubrí
en un comentario nada favorable a su obra.”

Cernuda, “Historial de un libro (La Realidad y el Deseo)”, Poesía


y Literatura, 625-661.
• Salinas le consigue, tras el fallecimiento de sus
padres, una plaza de Lector en la Universidad de
Toulouse
• Lecturas del surrealismo francés (Éluard, Aragon,
Breton…) y de André Gide (deseo, cuerpo,
vitalismo)
• 1929: Regreso a Madrid; trabajo en una librería;
colaboraciones en prensa periódica (Heraldo de
Madrid)
• 1929: Un río, un amor
Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar
verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el
funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del
pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a
toda preocupación estética o moral.
André Breton, Manifeste du surréalisme, 1924

Primera publicación
en España en la
Revista de Occidente
(1924)
Un río, un amor (1929)
“Remordimiento en traje de noche “

Un hombre gris avanza por la calle de niebla;


No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío;
Vacío como pampa, como mar, como viento,
Desiertos tan amargos bajo un cielo implacable.
Es el tiempo pasado, y sus alas ahora
Entre la sombra encuentran una pálida fuerza;
Es el remordimiento, que de noche, dudando,
En secreto aproxima su sombra descuidada.
No estrechéis esa mano. La yedra altivamente
Ascenderá cubriendo los troncos del invierno.
Invisible en la calma el hombre gris camina.
¿No sentís a los muertos?
Mas la tierra está sorda.
Un río, un amor (1929)
“Todo esto por amor”

Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente,


derriban los instintos como flores,
deseos como estrellas
para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.
Que derriben también imperios de una noche,
monarquías de un beso,
no significa nada;
que derriben los ojos, que derriben las manos como estatuas vacías,
acaso dice menos.
Mas este amor cerrado por ver sólo su forma,
su forma entre las brumas escarlata,
quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas hojas
hacia el último cielo,
donde estrellas
sus labios dan a otras estrellas,
donde mis ojos, estos ojos,
se despiertan en otro.
“De regreso en Toulouse, un día, al escribir el poema
«Remordimiento en traje de noche», encontré de pronto
camino y forma para expresar en poesía cierta parte de
aquello que no había dicho hasta entonces. Inactivo
poéticamente desde el año anterior, uno tras otro,
surgieron los tres poemas primeros de la serie que luego
llamaría Un Río, un Amor, dictados por un impulso similar
al que animaba a los superrealistas. Ya he aludido a mi
disgusto ante los manierismos de la moda literaria y acaso
deba aclarar que el superrealismo no fue sólo, según creo,
una moda literaria, sino además algo muy distinto: una
corriente espiritual en la juventud de una época, ante la
cual yo no pude, ni quise, permanecer indiferente.”

Cernuda, “Historial de un libro”


“Antes había tenido cierta dificultad en usar del verso
libre; con el impulso que entonces me animaba, la
dificultad quedó vencida, llegando a veces, tanto en Un
Río, un Amor como en la colección siguiente, Los Placeres
Prohibidos, a utilizar versos de extensión considerable, en
realidad versículos. Prescindí de la rima, consonante o
asonante y apenas si, desde entonces, he vuelto a usar la
primera. Lo curioso es que, a pesar de ambas cosas, verso
libre y ausencia de rima, en ocasiones sea visible en alguna
de tales composiciones una intención análoga a la de la
canción; creo que siempre ha sido constante en mis versos,
aunque a intervalos, la aparición del poema-canción.”

Cernuda, “Historial de un libro”


“En 1931 comencé Los Placeres Prohibidos. Los poemas (…) los
escribí, cada uno, de una vez y sin correcciones; la versión que
años más tarde publiqué de ellos era la misma que me deparó el
impulso primero.”

Cernuda, “Historial de un libro”

“Y se me dirá, ¿cuál es el propósito del poeta? Permítaseme que


refiera ahora la poesía a mi experiencia personal, lo cual supone
no poca presunción, aunque el poeta, si es que se me puede
llamar así, tiene fatalmente que referir a su propia persona las
experiencias poéticas que con sus medios limitados percibe; y al
fin y al cabo, acaso las experiencias del poeta, por singulares que
parezcan, no lo sean tanto que no puedan encontrar eco, en sus
líneas generales, a través de diferentes existencias.”

Cernuda, “Palabras antes de una lectura”


“Contando con esa experiencia preliminar en torno a lo que yo estimo como
móvil de la actividad poética, al menos de la mía, podemos preguntarnos
ahora: dicho conflicto entre apariencia y verdad, que el poeta pretende
resolver en su obra, ¿qué fases y qué posibilidades ofrece a través de la vida
del poeta?”

“La poesía fija a la belleza efímera. Gracias a ella lo sobrenatural y lo humano


se unen en bodas espirituales, engendrando celestes criaturas, como en los
mitos griegos del amor de un dios hacia un mortal nacieron seres semi-divinos.
El poeta, pues, intenta fijar la belleza transitoria del mundoque percibe,
refiriéndola al mundo invisible que presiente, y al desfallecer y quedar vencido
en esa lucha desigual, su voz (…) llora enamorada la pérdida de lo que ama.
Pero ese llanto no excluye que de la contemplación de la hermosura, aunque
efímera, nazca en el poeta una alegría terrible, porque los sentimientos rara
vez dejan de presentarse mezclados con sus contrarios en nuestra vida: sólo en
la unión de los extremos podemos intuir una armonía superior a los poderes
de la comprensión humana.”

Cernuda, “Palabras antes de una lectura”


“¿Cómo expresar con palabras cosas que son
inexpresables? Las palabras están vivas, y por lo tanto
traicionan; lo que expresan hoy como verdadero y
puro, mañana es falso y está muerto. Hay que usarlas
contando con su limitación, y procurar que no falseen
demasiado, al traducirla, esa verdad intuida que a
través de ellas intentamos expresar. Al menos, una
parte de aquélla acaso puedan recibirla, y quedar
impregnadas del significado que sólo al poeta le es
dado insinuar: el misterio de la creación, la
hermosura oculta del mundo”

Cernuda, “Palabras antes de una lectura”


El amor y el deseo desde el cuerpo
• Sensualidad de raíz pagana clásica
• André Gide – aprendizajes morales
• Neoplatonismo en la experiencia amorosa
y en la expresión del deseo
• Surrealismo y neorromanticismo
• Verso y prosa poética (incluida en la
edición de La Realidad y el Deseo de 1958,
México, FCE)
Donde habite el olvido (1934)
IV XII

No es el amor quien muere,


Yo fui. Somos nosotros mismos.

Inocencia primera
Columna ardiente, luna de primavera,
Abolida en deseo,
Mar dorado, ojos grandes. Olvido de sí mismo en otro olvido,
Ramas entrelazadas,
¿Por qué vivir si desaparecéis un día?
Busqué lo que pensaba;
Pensé, como al amanecer en sueño lánguido, Sólo vive quien mira
Lo que pinta el deseo en días adolescentes. Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Sólo vive quien besa
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.
Canté, subí,
Fui luz un día Fantasma de la pena,
A lo lejos, los otros,
Arrastrado en la llama. Los que ese amor perdieron,
Como un recuerdo en sueños,
Recorriendo las tumbas
Como un golpe de viento
Otro vacío estrechan.
Que deshace la sombra,
Caí en lo negro, Por allá van y gimen,
En el mundo insaciable. Muertos en pie, vida tras de la piedra,
Golpeando impotencia,
Arañando la sombra
He sido. Con inútil ternura.
Invocaciones (1934-1935)
Soliloquio del farero por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
Cómo llenarte, soledad, limpios de otro deseo,
sino contigo misma... el sol, mi dios, la noche rumorosa,
De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
quieto en ángulo oscuro,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
buscaba en ti, encendida guirnalda,
y sobre todo ellos,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
cuerpo oscuro y esbelto,
y en ti los vislumbraba, te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
naturales y exactos, también libres y fieles, y tú me das fuerza y debilidad
a semejanza mía, como el ave cansada los brazos de la piedra.
a semejanza tuya, eterna soledad. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
Me perdí luego por la tierra injusta oigo sus oscuras imprecaciones,
como quien busca amigos o ignorados amantes; contemplo sus blancas caricias;
diverso con el mundo, y erguido desde cuna vigilante
fui luz serena y anhelo desbocado, soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente por quienes vivo, aun cuando no los vea;
quería una verdad que a ti te traicionase, y así, lejos de ellos,
olvidando en mi afán ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
cómo las alas fugitivas su propia nube crean. roncas y violentas como el mar, mi morada,
Y al velarse a mis ojos puras ante la espera de una revolución ardiente
con nubes sobre nubes de otoño desbordado o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos, cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
te negué por bien poco;
Tú, verdad solitaria,
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
por los viejos placeres prohibidos
la oscuridad, la estepa,
como los permitidos nauseabundos,
el hombre y su deseo,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
la airada muchedumbre,
en bocas de mentira y palabras de hielo.
¿qué son sino tú misma?
Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
Por ti, mi soledad, los busqué un día;
que yo fui,
en ti, mi soledad, los amo ahora.

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