La vida en
las aulas
ALONDRA JAZMÍN OROZCO HERNANDEZ
EVENECER LEONEL DOROTEO DELGADO
FABIOLA GUDALUPE GUTIERREZ
BALBANEDA
DALEY JACQUELINE CRUZ PEREZ
VALERIA ORTIZ PALAFOX
LA VIDA EN LAS AULAS
Cada mañana de los días laborables de agosto, unos 35
millones de norteamericanos se despiden con un beso de sus
seres queridos, recogen la bolsa con el almuerzo y los libros y
parten a pasar el día en esa serie de recintos (que suman
aproximadamente un millón) conocidos como aulas de la
escuela primaria. Este éxodo masivo del ho- gar a la escuela se
realiza con un mínimo de alboroto y fastidio. Son es- casas las
lágrimas (excepto quizá de los muy pequeños) y pocos los gritos
de júbilo.
LA VIDA EN LAS AULAS
La escuela es un lugar donde se aprueban o suspenden
exámenes, en donde suceden cosas divertidas, en donde se
tropieza con nuevas perspectivas y se adquieren destrezas. Pero
es también un lugar en donde unas personas se sientan,
escuchan, aguardan, alzan la mano, entregan un papel, forman
cola y afilan lápices. En la escuela hallamos amigos y enemigos;
allí se desencadena la imaginación y se acaba con los
equivocos.
LA VIDA EN LAS AULAS
La cantidad de tiempo que los niños pasan en la escuela puede
ser señalada con una precisión considerable, aunque el
significado psicológico de los números en cuestión sea materia
enteramente distinta.
LA VIDA EN LAS AULAS
Lo que hace diferente a las escuelas de otros lugares no es
solamente la parafernalia de la enseñanza y el aprendizaje y el
contenido educativo de los diálogos que allí se producen,
aunque éstas sean características que habitualmente se
destacan cuando se trata de representar lo que es realmente la
vida en la escuela.
LA VIDA EN LAS AULAS
La tarea de distribuir los recursos materiales se halla
estrechamente relacionada con la de otorgar privilegios
especiales a alumnos que los me- recen. En las escuelas
primarias es normalmente el profesor quien asigna deberes
ambicionados como el de participar en el grupo de seguridad
del tráfico, manejar el proyector cinematográfico, sacudir los
borradores o distribuir material.
LA VIDA EN LAS AULAS
Existen aquí cuatro rasgos de la vida escolar que no se
mencionan: demora, rechazo, interrupción y distracción social.
Cada uno está determinado en parte por las condiciones de
hacinamiento de la clase
LA VIDA EN LAS AULAS
Mucho antes de llegar a la edad escolar, cada niño experimenta
el dolor del fracaso y el júbilo del éxito; pero sus logros, o la
ausencia de éstos, no se hacen oficiales hasta que ingresa en el
aula. A partir de entonces se acumula poco a poco un registro
semipúblico de su progreso y, como estudiante, tiene que
aprender a adaptarse al espíritu continuado y ре- netrante de la
evaluación que dominará en sus años escolares.
LA VIDA EN LAS AULAS
Cuando el profesor se reúne a solas con el estudiante para
hablar de su trabajo se produce una forma menos pública de
evaluación. Unas veces el docente le llama a su mesa y otras
pasea por el aula y charla sucesivamente con diversos chicos
mientras el resto trabaja en su sitio.
LA VIDA EN LAS AULAS
Las reuniones formales comienzan a menudo pasando lista. Esta
iden tificación oficial de las personas presentes tiene un
significado tanto ce- remonial como práctico. Como ceremonia,
resalta la importancia de la reunión y contribuye a crear un
sentido de unidad haciendo a cada miembro consciente de la
existencia de los demás.
LA VIDA EN LAS AULAS
La inmediatez de los acontecimientos en el aula es algo que
nunca podrá olvidar cualquiera que haya estado a cargo de una
clase llena de estudiantes. Existe una exigencia del aquí y ahora
y una cualidad de espontaneidad que aporta interés y variedad
al trabajo del profesor
LA VIDA EN LAS AULAS
Aunque los pequeños signos de la atención del alumno y de su
participación son, sin duda, gratificantes para el docente, no
constituyen las mayores satisfacciones que puede ofrecer la
vida en el aula. Las alegrías de la enseñanza son numerosas; y,
al menos para este grupo de profesionales de gran dedicación,
alegrías», es un término más adecuado que satisfacciones