BUDISMO
ZEN
Un camino experiencial
I. Consideraciones metodológicas
Como apunta el filósofo orientalista Alan Watts, en su libro El camino del
zen, el budismo zen es un camino de vida, un sendero de liberación, por
lo mismo, no corresponde a noción alguna de filosofía o religión tal
como se concibe en Occidente.
De este modo, podríamos decir que el budismo zen es un camino
experiencial, esto es, un proceso vital existencial en que el desarrollo
integral de una vivencia de la realidad es buscado más allá de cualquier
conceptualización filosófica o teológica.
Alan Watts apunta que una de las dificultades al estudiar el
pensamiento oriental es que nuestras concepciones de consciencia y
métodos de pensamiento son distintos a las de las antiguas
concepciones de India, China o Japón.
Para una mentalidad ancestral en Oriente, por ejemplo, el conocimiento
occidental, al ser un conocimiento conceptual representacional es pensado
como convencional, debido al carácter clasificatorio y cultural de éste.
Para alguien de mentalidad taoísta, la realidad se conoce no tanto en
cuanto a entidades, sino en tanto procesos: las cosas de la realidad,
incluidos los seres humanos, son sucesos que emergen de la realidad.
Hay también una diferencia entre el pensamiento consciente (visión
central), y el misterioso proceso vital de consciencia-realidad que se
encuentra inmiscuido en tal pensamiento (visión periférica).
De este modo, el lenguaje chino, se encuentra más cerca orgánicamente de
este proceso de visión periférica como entramado vital.
Para occidente el conocimiento es representacional, para el oriente antiguo
el conocimiento involucra aspectos más procesuales, no distanciados del
mundo real.
Un ejemplo de un conocimiento integral-experiencial, a diferencia de un
conocimiento entitario-representacional, sería el simbolizado por el
llamado I Ching o libro de los cambios.
En este libro, los procesos rítmicos de realidad vital en el universo se
entrecruzan en diversas combinaciones ying-yang para crear situaciones
simbólicas en que el flujo de acontecimientos envuelve el actuar del ser
humano.
En pocas palabras, una visión separada en sujeto-objeto, un
conocimiento representacional, un lenguaje lógico identitario
caracterizaría la concepción de realidad en occidente.
Una visión holística integral, inmersa en ritmos vitales cósmicos donde
cosas y sujetos son intensidades o procesos de realidad susceptibles de
ser comprendidos sin separarse del todo, es lo que implicaría una visión
más oriental en el sentido de caminos como el taoísmo, hinduismo y
budismo.
II. La experiencia de Buda
El núcleo experiencial que en sus orígenes conforma al zen y a todas las
variedades de budismo es la experiencia de Siddhartha Gautama,
después conocido como Buda.
Hijo del Rey Sudodana, nacido en 563 a.C en una región de Nepal, vivió
una vida de nobleza durante su juventud y se casó a la edad de 16 años
por instrucción de su padre. Algunas leyendas dicen que la predicción de
un sabio asceta (Asita) lo ubicó como un posible iluminado por lo cual su
padre lo recluyó en su palacio para evitar exponerlo a los sufrimientos
del mundo, y así evitar la profecía.
Sin embargo, a una edad madura, Siddhartha decidió salir de su palacio
y en las afueras de éste tuvo 4 experiencias que cambiarían su vida:
una fue la de la vejez, la segunda la de la enfermedad, la tercera la de la
muerte (un funeral con dolientes), y la cuarta y decisiva la de un asceta
mendicante que, a pesar de su mendicidad, traslucía alegría y paz.
Deprimido y consternado por el suceso y después del encuentro con el
mendigo, Siddhartha decide llevar la vida de un asceta deambulando y
practicando yoga por cerca de 6 años con el objetivo de vencer la vejez,
la enfermedad y la muerte. Después de decepcionarse del ascetismo, y
tras recibir alimento de una aldeana al verlo en extremo desmejorado,
decide que ni el ascetismo ni la búsqueda de maestros traerán la
superación de los condicionamientos mundanos.
Tras sentarse bajo un árbol para meditar hasta encontrar la verdad, y
después de 49 días de meditación continua (tres bajo el árbol Bodhi),
aproximadamente a los 35 años de edad, logra entrar en un estado de
discernimiento extremo o Despertar, en el cuál comprendió las causas
del sufrimiento y cómo eliminarlo.
Al hallazgo del Buda se le conoce como “camino medio”, por
encontrarse en el intermedio entre el ascetismo y la búsqueda de la
realización de los placeres o lujos, en tal “camino” se pueden observar 4
verdades:
1.-La primera verdad, dukkha (sufrimiento), implica que el descontento
es la enfermedad del mundo: el mundo está lleno de sufrimiento. En
otras formulaciones, el sufrimiento es una de las consecuencias del
devenir (bhava), siendo otras dos anitya (impermanencia) y anatman
(ausencia de un Yo substancial: “el verdadero yo es el no-yo”).
2.- La Segunda Noble Verdad, es aquella de trisna o apegarse,
aferrarse: la raíz del sufrimiento es el apego, que implica no sólo el
perseguir deseos para ser satisfechos, sino la autocontradicción de
controlar la vida cuando ésta es impermanencia.
3.- La Tercera Noble Verdad, implica el desapego (nirhoda) o cesación de
los procesos de consciencia mental que llevan al aferrarse a las cosas,
para de este modo, no alcanzar el nirvana o iluminación búdica, sino ser
conscientes de nuestra naturaleza esencial, que es la de la iluminación.
4.-La Cuarta Noble Verdad describe el dharma de Buda, es decir, el
sendero o método para poner fin a la autofrustración de trisna, es el
óctuple sendero:
I. Samyak-drishti, o visión completa.
II Samyak-samkalpa, o entendimiento completo.
III Samyak-vak, o lenguaje completo (es decir,veraz).
IV Samyak-karmanta, o acción completa.
V Samyagajiva, o vocación completa.
VI Samyag-vyayatna, o aplicación completa.
VII Samyak-smriti, o recogimiento completo.
VIII Samyak-samhadi, o contemplación completa.
Nociones asociadas a la práctica budista y que se vinculan a su
experiencia de iluminación son, entre otras: smriti (recogimiento),
samadhi o contemplación, y la más importante de éstas, dhyana que en
términos generales implica meditación, y que pasaría al chino como
chan y al japonés como zen.
Nociones previas de doctrinas hindúes como maya, samsara,nama rupa,
nirvana, atman, Brahma también fueron importantes como
antecedentes de la práctica budista.
Para algunos budistas zen, el mensaje de las nobles verdades y toda la
doctrina de Buda que ha sido trasmitida como verbalizada por él, es
menos importante que su experiencia de iluminación, llamada así
anuttara samyak sambodhi, "el completo e insuperado despertar“.
Toda comunicación del insuperado despertar pertenecería, en este
sentido, al ámbito de maya o entramado ilusorio generador de nombre y
forma (nama rupa).
En esta representación del budismo
tibetano, encontramos una
interesante simbolización de la rueda
de la vida, en que se ejemplifica la
relación del ámbito mundano de los
apegos, con las posibilidades
trascendentes de iluminación
proporcionadas por la vía media:
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III. Antecedentes del budismo zen
Diversas fuentes coinciden en que el Budismo Zen es una práctica cuyos
antecedentes más inmediatos son, por un lado, el llamado budismo
mahayana, y por el otro, el camino del Tao o Taoísmo.
El budismo mahayana es una suerte de budismo especulativo
proveniente de la India, en que la experiencia fundamental de buda,
más los resabios de categoría metafísicas del hinduismo, darían lugar a
un budismo preocupado por indagar sobre la naturaleza del despertar y
su trasfondo de realidad fundamental (sunyata).
Varios indicios sugieren que una de las primeras nociones del Mahayana
fue su concepción del Bodhisattva no simplemente como un Buddha
potencial sino como alguien que por renunciar al nirvana se encuentra
en un nivel espiritual más alto que quien lo ha alcanzado y que por
tanto se ha retirado del mundo del nacimiento y de la muerte.
El Bodhisattva es aquel que se da cuenta de que existe una profunda
contradicción en un nirvana obtenido por y para sí mismo.
Desde un punto de vista más profundo resultó evidente que la idea del
Bodhisattva está implícita en la lógica budista, que fluye naturalmente del
principio del no aferrarse y de la doctrina de la irrealidad del ego.
Una intuición profunda que se deriva de la noción de bodhisattva, es la de
que en el fondo, samsara, que simboliza los ciclos de nacimiento y muerte
en la doctrina reencarnacional budista-hinduista, y nirvana, como la final
liberación de tales ciclos a través de un despertar al no-ego y el vacío
fundamental, no están separados de manera fundamental.
Según un Sutra del budismo mahayana: Aquellos que, temerosos de los
sufrimientos que surgen de la discriminación de "el nacer y el morir“
(samsara), buscan el Nirvana, ignoran que "el nacer y el morir" y el Nirvana
no están separados; y, viendo que todas las cosas sujetas a discriminación
carecen de realidad, imaginan que el Nirvana consiste en la futura
aniquilación de los sentidos y de sus campos.”
Nirvana es Samsara, Samsara es Nirvana.
La doctrina dharmadhatu (la dimensión del dharma o absoluta
realidad), parte del budismo mayahana, nos dice que la percepción de que
cada forma singular, tal como es, es el vacío, y que, además, la peculiaridad
de cada forma surge del hecho de que existe en relación con todas las demás
formas.
Dicha percepción de las cosas tal cuales son implica que el trasfondo de la
realidad como fundamento es el sunyata o vacuidad.
Para el pensador Nagarjuna, la vacuidad implica la verdadera naturaleza de
todo lo existente, el vacío engendrador de todas las formas, pero al mismo
tiempo la aniquilación de formas, clasificaciones, deseos y ego.
El sunyata no debe tomarse en un sentido occidental de nihilismo o ausencia,
sino que probablemente significa la indiferenciación iluminada sin mediación
ni clasificación, una suerte de inmanencia metafísica como fuente originante
de todo sin medida ni presencia visible.
La noción de vacío será fundamental para la concepción no-egoica y anti-
linguística del budismo zen.
La segunda influencia para la fermentación que daría lugar al zen, es la del
Taoísmo, un pensamiento de espontaneidad integral, acorde con ritmos
intrínsecos del universo, cuya creatividad polar ying-yang nutre todos los
procesos del mundo sin regirlos.
Uno de los representantes más importantes del taoísmo es Lao Tze, autor del
célebre libro Tao-Te-King, en que intenta exponer la naturaleza del tao y su
relación con la vida de los seres vivos.
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Otra de las ideas que más dan una idea de la naturaleza del tao es la de
crecimiento: el tao como fuerza generadora de vida, hace crecer orgánicamente
todo lo que existe, sin teleología ni poder, más bien con una espontaneidad
íntegra como la del cauce de un río el viento que mece a los árboles.
Nos dice Lao Tze que el Tao: “Ama y nutre todas las cosas, pero no las señorea.”
En otro lugar nos dice que “el tao que puede nombrarse no es el verdadero tao”.
Espontaneidad, integridad y carácter de innombrable son parte de las cualidades
de este Tao.
Otra noción fundamental del pensamiento taoísta, que de igual manera
permeará al budismo para dar lugar al zen, es la de wu wei, que podría
traducirse como el hacer del no hacer, el sin-esfuerzo. Una suerte de
intención paradójica o incluso de desasimiento en que la espontaneidad
fundacional del tao atraviesa la existencia libre del monje taoísta.
Tal camino del no-hacer vivencial, tiene como consecuencia una suerte
de no-mente, en que la consciencia despierta suelta nociones
preconcebidas de esfuerzo, ambición y sentido, dando lugar a un natural
despertar o sintonía con la fuerza del tao, que será fundamental para la
concepción del zen en que la iluminación no procede por esfuerzo sino
por desasimiento o contacto con la mente del buda.
Finalizando, Alan Watts nos dirá: “El Taoísmo es, pues, el camino de
liberación original de la China que se combinó con el Budismo
mahayana de la India para producir el Zen. Es una liberación de la
convención —en el sentido de librarse de ella— y del poder creador de
te, en el sentido de dejarla en libertad para que actúe.”
IV. Atisbos nocionales del budismo zen
Resulta difícil exponer al budismo zen en términos de pensamiento,
religión o enseñanza espiritual. Si hay un camino que es experiencial
por excelencia es el budismo zen.
El budismo zen de suyo, a diferencia de otros budismos más
especulativos o espiritualmente complejos, tiene una gran desconfianza
ante dogmas, conceptos o fórmulas del despertar, así como una
tendencia a pensar el despertar como algo directo y sin mediaciones.
Según Watts: “el Zen existe siempre la sensación de que el despertar es
algo muy natural, algo sorprendentemente obvio, que puede ocurrir en
cualquier momento. Si implica alguna dificultad, es que resulta
demasiado simple. El Zen es también directo en su manera de enseñar,
porque apunta directa y abiertamente a la verdad sin perder el
tiempo en símbolos.”
Para el monje cristiano Thomas Merton: “La experiencia Zen es una
aprehensión directa de la unidad de lo visible y lo invisible, de lo
nouménico y lo fenoménico, o, si ustedes prefieren, un descubrimiento
vivencial de que no hay en tales divisiones más que pura ilusión.”
La experiencia fundamental del zen, llamada satori, algo así como
Iluminación o Despertar (a la consciencia del buda), implica una
intuición integral o total directa, sin mediaciones, del vacío fundante de
las cosas, y /o de la naturaleza irreal del Ego ante la budeidad o
raigambre en la paz del buda interior.
Hay que tomar conciencia del nirvana mediante un solo relámpago
intuitivo, que se llama en chino tun wu o, en japonés, satori, que es el
término zen corriente para designar el súbito despertar.
Como actitud vital súbita, que cobra consciencia del fondo cotidiano de
la realidad última, el zen es destructor del pensamiento racional, al ser
éste, mediante la memoria y la clasificación, un fuerte impedimento
para ser la experiencia misma sin objeto ni ego.
Una anécdota que ilustra el carácter efectivo y súbito de la toma de
consciencia en la experiencia zen es la de Hui-ko y Bodhidharma, quién
míticamente se cree introdujo el budismo a china.
Hui-ko busca sin éxito que Bodhidharma sea su maestro, hasta que un
día se corta el brazo y lo arroja frente a Bodhidharma para convencerlo
de ser su instructor en la sabiduría zen. El Maestro finalmente lo
escucha y tiene lugar el siguiente diálogo:
“No tengo paz en mi espíritu [hsin] —dijo Huik'o—.
Te ruego que lo pacifiques.
—Trae tu espíritu aquí y ponlo ante mí —replicó
Bodhidharma— y te lo apaciguaré.
—Pero cuando busco mi espíritu no lo encuentro
—dijo Hui-k’o.
—Ahí tienes —replicó en seguida Bodhidharma—.
Ya he apaciguado tu espíritu”
Se dice que en ese instante Hui-ko alcanzó la iluminación, de modo que
el diálogo anterior ejemplifica una de las formas de enseñanza zen, en
que el maestro somete al discípulo a una consciencia súbita de la no-
dualidad de la existencia y la inutilidad ilusoria de toda substancia.
El maestro zen siempre hace o dice una cosa sin mediación de símbolo o
moraleja, de tal modo que el “ser tal” de las cosas (thatata) se muestra
a la consciencia como la cosa misma.
Otro ejemplo de diálogo zen es el siguiente:
“—¿Cuál es el método de la liberación?
—¿Quién te tiene atado? —replicó Seng-ts'an.
—Nadie me tiene atado.
—Entonces —preguntó Seng-ts'an— ¿por qué buscas
liberarte?”
Paradójicamente, la verdadera práctica zen no es una práctica, ni un buscar
al Buda ni querer ver el vacío, puesto que en este tipo de anhelos ya se
inmiscuye una dualidad buscador-buscado o sujeto-objeto.
Por eso para el zen “la verdadera mente es la no-mente” y “nuestra
verdadera naturaleza no es ninguna naturaleza”, buscar algo en la realidad
es negar la realidad, porque en ella estamos, lo mismo vale para la budeidad
o consciencia libre de ataduras, ir a buscarlo es alejarse porque ya estamos
ahí.
Hay episodios del zen en que incluso la meditación realizada en el zendo y
llamada za zen, resulta despreciada como una inútil búsqueda y una trampa
más que obstaculiza el despertar:
“—Su reverencia —preguntó Huai-jang—: ¿qué objeto
tiene meditar sentado?
—Convertirse en un Buddha —contestó Ma-tsu.
Entonces Huai-jang tomó una baldosa y comenzó a
pulirla sobre una roca.
¿Qué hace usted, maestro? —preguntó Ma-tsu.
—La estoy puliendo para hacer un espejo —dijo
Huai-jang.
—¿Y cómo va a hacer que una baldosa pulida se
convierta en un espejo?
—¿Y cómo va a hacer que meditando sentado se
convierta en un Buddha?”
Podemos ver en el ejemplo anterior la espontaneidad vital que en el zen
interviene para la intuición de la realidad sin mediaciones. Tal
espontaneidad no debe ser confundida con una suerte de pereza
espiritual en que no existe vía purgativa que ponga a prueba al ego.
La vía o camino experiencial del zen implica precisamente una sintonía
tal con el trasfondo real de lo cotidiano, en que la afectación y la
ceremonia pomposa no harían más que desvirtuar la iluminación súbita
del satori.
V. Expresiones y prácticas
Detrás de las prácticas y expresiones zen, se encuentran experiencias fundamentales
de intuición súbita, tales como: la ausencia de un ego que “tenga una experiencia”,
la imposibilidad de buscar algo porque en ese momento se introduce dualismo y la
espontaneidad fundante de la realidad como el florecimiento del ser-tal o talidad.
Watts nos dirá a cerca de esto que:
“...el Zen comienza donde ya no hay nada más que buscar, nada que ganar. Hay que
subrayar con toda energía que el Zen no debe considerarse como un sistema para
mejorar al propio yo o un método para convertirnos en un Buddha. Como decía Lin-chi:
"Si un hombre busca al Buddha, ese hombre pierde al Buddha.“
La cualidad espontánea de una mente indivisa es el signo más sincero de naturalidad, y
por lo tanto el modo de trascender divisiones y dualismos.
La práctica del zen no proviene de la idea de buscar ser Buda o realizar una
budeidad esencial, sino de dar constancia de la experiencia de que ya se es buda
y ya se vive en esa espontaneidad esencial o mente original.
El zazen es una práctica que implica la meditación para que la mente egoica deje
ir sus maquinaciones y el ser humano se ponga en contacto con la mente
esencial, alcanzando así el despertar.
“Es sencillamente una quieta conciencia, sin comentario, de todo lo que pasa aquí
y ahora. Esta conciencia va acompañada de una sensación muy vivida de "no
diferencia" entre uno mismo y el mundo exterior, entre la mente y sus contenidos:
los diferentes sonidos, formas, colores y otras impresiones del mundo
circundante.” (Alan Watts)
El zazen es practicado en una sala de meditación llamada zendo.
Otra práctica muy importante y fuente de mucho interés exótico es el llamado
koan, al parecer creado para volver más eficiente la elección de discípulos ante
la creciente demanda en las escuelas zen.
El koan consiste en una suerte de acertijo, anécdota o enigma planteado al
estudiante para romper su razón y empujarlo a la visión intuitiva del zen
llevándolo al extremo de la duda.
Uno de los koan consiste en preguntarle al estudiante cuál era su rostro original
antes de nacer, en otro se le pregunta al participante porqué Chao-Chou
contestó “wu” cuando se le preguntó si el perro también tiene naturaleza
búdica. Al ser “wu” nada, se le pide al estudiante que muestre esa nada.
Uno más es el clásico del monje Hakuin (1685-1768) en que pide que conteste la
pregunta: “¿Cuál es el sonido de una mano?”
Otros koan incluyen:
"Saca de tu manga las cuatro divisiones de Tokyo."
"Detén aquel barco que va por el distante océano."
"Detén el sonido de la distante campana."
"Una niña cruza la calle. ¿Es la hermana menor o la mayor?
Algunos dividen en escuelas las prácticas de koan (rinzai) y zazen (soto). Otros
piensan que la mente aquietada por el zazen es el terreno fértil para que una
mente indivisa obtenga la respuesta correcta al koan propuesto.
Una de las críticas que se le hace al koan es que puede predisponer a confundir la
profunda experiencia satori con el mero luchar de la mente hasta los límites de
una respuesta.
Tal respuesta, sin importar la sensación estética profunda que deja, no siempre
resulta en un satori.
Entre las expresiones del budismo zen,
podemos enumerar tres principales: la
pintura, la poesía del haiku y la
ceremonia del té.
En todas estas expresiones la
naturalidad orgánica, la espontaneidad
y la visión del mundo sin ego y cargada
de experiencia, dan lugar a expresiones
originales en que la realidad natural
parece mostrase en su “ser-tal”.
Cuando el momento expresa
soledad y quietud se llama sabi.
Cuando el artista se siente triste
o deprimido y en esta peculiar
vaciedad divisa algo corriente y
modesto en su increíble "ser
tal", este temple se llama wabi.
Cuando el momento evoca una
tristeza más intensa y
nostálgica, relacionada con el
otoño y con la gradual
desaparición del mundo, se
llama aware. Y cuando se ve
súbitamente algo extraño y
misterioso, que sugiere algo
desconocido y que nunca será
descubierto, el estado de ánimo
se llama yugen.
Los poemas haiku deben su desarrollo sobre todo a la obra de Basho
(1643-1694), cuya manera de sentir el zen tendía a expresarse en un
tipo de poesía totalmente afín al espíritu del wu-shih: "nada especial".
Tú enciendes el fuego;
te mostraré algo lindo:
¡Una gran bola de nieve!
El haikú tiene una percepción impersonal e integral del flujo de las cosas
tal como se muestran sin la intervención de una personalidad
identificada con sus afectos. Así, busca mostrar la realidad en su “ser
tal”.
¡Qué admirable,
el que no piensa "La vida es fugaz"
al ver el relámpago!
De acuerdo a Luis Racionero: “El zen busca la inmediatez, la experiencia
aquí-ahora. Inmediatez que sólo se logra con la mente totalmente limpia
de deseos.” De ahí que la cualidad del poeta del haiku saber callar al
expresar:
“Tan lejano...tan tenue...
¿un tordo soñoliento? ¿un ruiseñor que despierta?
Silencio. No sabemos.”
La sensación de un presente que se dilata infinitamente en ninguna
parte es más fuerte en cha-no-yu, el arte del té.
El té ceremonial no es el té corriente que viene en hojas y que se vierte
en agua caliente; es un té verde finamente pulverizado, que se mezcla
con agua caliente mediante un batidor de bambú hasta que se convierte
en lo que un autor chino llamaba "la escarcha del jade líquido”.
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VI. Budismo zen y cristianismo
Si bien el cristianismo, como religión institucional, parte de una verdad revelada
organizada en dogmas, concilios y tratados, quizá la experiencia fundante del
misticismo cristiano guarde similitudes experienciales con la sencillez del zen.
Pensar en conceptos tales como pobreza del espíritu, indiferencia ignaciana o la
vinculación de hermandad con la naturaleza de un San Francisco de Asís pueden
remitirnos a experiencias que tal vez no estén muy alejadas del budismo zen.
Sin embargo, es el místico renano Meister Eckhart (1260-1328) quien ha sido
considerado como alguien tremendamente relacionado con la intuición súbita de vacío o
abismo cuya luz fundamenta nuestra existencia en la trascendencia de la nada:
« Si uno fuera íntegramente esto (es decir, este «Algo» o «Unidad») sería no sólo no-
creado sino también distinto a toda criatura... Si yo me hallara en esta esencia, aun por
un instante, no otorgaría a mi personalidad terrenal más importancia que a un gusanillo
del estiércol»
“Para que salga fuera lo que está dentro, debemos abrir la concha, pues cuando tú
quieres coger la pulpa no tienes más remedio que romper su envoltura. Y, por tanto,
si deseas descubrir la desnudez de la naturaleza debes destruir sus símbolos, y
cuanto más lejos llegues en esto, más cerca vendrás a su esencia. Cuando arribas al
Uno que dentro de sí reúne todas las cosas, ahí te quedas.”
La doctrina del desasimiento o gelassenhait, que implica una especie de desapego
ante todo lo mundano para por un proceso de sustracción tener la voluntad libre
para Dios, recuerda la despreocupación zen que permite captar la budeidad como
algo ya obtenido si el ego desaparece en la intuición del vacío:
“Por eso debe el hombre dedicarse con gran aplicación a desprenderse tanto de sí
mismo como de las criaturas todas y no reconocer más Padre que Dios; y de ese
modo no hay nada que le cause sufrimiento ni le aflija, ni Dios ni la criatura, ni nada
creado ni increado, y todo su ser y su vida, conocimiento, amor y sabiduría es de
Dios, está en Dios y es Dios. “ (Libro del consuelo divino).
VII. Conclusiones: posibles consecuencias para la
existencia
En una sociedad hiperdigitalizada en que la normatividad de la opinión es la única
moral posible, un camino experiencial como el del zen devuelve la espontaneidad
existencial necesaria para que el ser humano esté vivo más allá de nombres y formas,
en sintonía con su ser más propio.
Al lidiar con una experiencia vacía de ego, el budismo zen puede relativizar las crisis
existenciales que el ser humano llega a padecer en relación con sus metas y
preocupaciones, ya que éste postula la felicidad como algo ya obtenido, pero no
consciente a la cual se accede a través del desapego.
La intuición súbita del satori, simbolizada de manera profunda en la poesía haiku de los
poetas antiguos de oriente, permite que el ser humano tenga una percepción aguda de
su relación con el entorno y sus ritmos esenciales. Una suerte de experiencia estética
que lleva a una metanoia del espíritu humano.
Al ser concreto, desconfiado de construcciones culturales, lenguajes y dualismos,
el budismo zen puede ser una disciplina terapéutica que nos devuelva a la
realidad cotidiana magnificando su resplandor: un resplandor de silencio, un
vacío luminoso que incinera las falsas representaciones del misterio en que
vivimos, un ser devueltos al mundo concreto y su belleza a través de la sacudida
poética de un enigma.
El budismo zen, como camino experiencial, nos pone en contacto con los
profundos y desinteresados anhelos de nuestro corazón, nuestro rostro esencial
antes de nacer, nuestra budeidad fundamental, la luminosidad de un espíritu
santo que ilumina nuestra búsqueda y existencia.
BIBLIOGRAFÍA
Watts, Alan. El camino del zen. Edhasa.
Merton, Thomas. El zen y los pájaros del deseo. Kairós.
Racionero, Luis. Filosofías del underground. Anagrama
Eckhart, Meister. Libro del consuelo divino. José de Olañeta
Editor
Arnau, Juan. La palabra ante el vacío. FCE
Wilkinson, Philip/Charing, Douglas (2004) Encyclopedia of
Religion. London: DK Editions