Doxa
(Opinión)
Primero:
¿Qué es
una
opinión?
(del griego δόξα, doxa, procedente del verbo
δοκἑω, dokeo, opinar, creer)
Se traduce por opinión. La opinión o doxa es una
creencia que puede sostenerse más o menos
motivadamente pero que no ofrece pruebas ni
garantías de su validez (no está demostrada) y,
por tanto, puede estar sometida a discusión y a
duda.
En el ámbito de la filosofía, se entiende como
doxa al conocimiento que no brinda una certeza
absoluta. La doxa, por lo tanto, es un saber
aparente y no un dato objetivo. Dicho de otro
modo: la doxa no constituye un verdadero
conocimiento de la realidad.
¿Qué dicen los filosofos sobre la
opinion?
Como se puede observar en la cita con la que se inicia este apartado, el término dóxa
en griego clásico equivale al castellano “opinión, manera de ver, idea, parecer,
creencia”. En los orígenes de la lengua griega el término aludía a “fama, estimación,
celebridad, gloria”, signiicado que perdura en el Nuevo Testamento. En los primeros
escritos encontramos el término en oposición a otras nociones:
•En Jenófanes de Colofón, si hacemos caso a Popper, el concepto se opone a σαφής (safés, lo evidente, claro, maniiesto,
verdadero). La noción de dóxa es entendida en un sentido conjetural, el problema es que el conjunto de ensayos en el que K.
Popper expone esto (El mundo de Parménides), no es lo suicientemente riguroso y es un intento de hallar el falsacionismo en los
presocráticos, o en lo que él da en llamar la “Ilustración presocrática”, la cual culmina por obra de Aristóteles.
•En Parménides se opone a αλήθεια (alétheia, verdad, y etimológicamente “develamiento”). La intención de los siguientes
apartados (3-4) será analizar cómo se debe entender el término dóxa, quelos traductores identiican con “opinión”. La única
excepción de los traducciones empleadas la constituye la de Leonardo Tarán, en la cual se elige el término “belief” (creencia) en
lugar de “opinion”. Acepción compatible.
•En Protágoras de Abdera se opone la dóxa, como el conocimiento correspondiente al campo de lo humano, al conocimiento del
campo divino, el conocimiento de las deidades del Olimpo.
•Por último, tenemos a Platón quien contrapone la dóxa a la επιστήμη (epistéme, ciencia, conocimiento cientíico). A diferenci de
otros filósofos y debido fundamentalmente a su teoría de las ideas, al signiicado gnoseológico o epistemológico del término se
añade uno ontológico: el de apariencia. Para comprender esto es necesario hacer un breve repaso por el libro VI de la obra la
República del autor ateniense. En dicho libro, hace una divisiónmediante una alegoría, la de la lecha, en la cual divide el
conocimiento y sus objetos en dos campos: el visible (ορατον γένος, horatòn génos) y el inteligible (νοητον γένος, noetòn génos) a
estos corresponden dos tipos de conocimientos la opinión (το δοξαυτόν, tò doxautón) y el conocimiento propiamente dicho (το
γνωστόν, tò gnostón). Como veremos la opinión tiene valor cognitivo aunque está reducido únicamente a la imaginación (imágenes)
y la creencia (objetos visibles) y por tanto con ella es imposible reconocer las cosas tal cual son, sino sólo su apariencia. No se
capta la idea, sino su imagen, su copia y como toda copia es deicitaria se tiene un conocimiento parcial, incompleto.
Siguiendo con la filosofía platónica, la doxa
sería una opinión (conocimiento sensible)
producto de la imaginación y de las creencias.
La episteme, en cambio, aparece como ciencia
(conocimiento inteligible) creado por intuición y
razonamiento. Por eso la episteme se acerca al
conocimiento verdadero, algo que no puede
lograr la doxa.
Platón llamaba doxóforos a aquellos individuos
que buscaban ascender socialmente y lucrar
mediante conocimientos falsos. La doxa de
estos sujetos solo aparentaba un saber, pero
no era un conocimiento real.
El sociólogo francés Pierre Bourdieu, por su parte,
utilizó la idea de doxa en el marco de su teoría de
los campos. Para Bourdieu, un campo es una red
de relaciones sociales que se desarrolla en un
espacio de acción. La doxa, en este contexto, son
las motivaciones o ideologías que se presentan
como inherentes a una actividad y que, por lo
tanto, no son sometidas a cuestionamiento.
En la teoría de Bourdieu, se define a la doxa como
esos esquemas de la vida cotidiana que se
consideran naturales y, por lo tanto, no se
cuestionan sino que se admiten tal y como son. La
doxa es, en otras palabras, el habitus colectivo que
se vuelve predominante en una sociedad y época
determinadas, y que no exige la reflexión.
Después de leer las anteriores
definición, surgen algunas cuestiones:
¿todas las opiniones son validas?
¿todas las opiniones debe aceptarse y
respetarse tal y como son?
¿una persona puede cambiar de
opinión?
¿Todas Las Opiniones Son Validas?
si la verdad existe y la conozco, entonces las opiniones no deben ser respetadas sino corregidas (pues aquel
que está equivocado no debe ser escuchado sino enseñado). En efecto, en los Estados más totalitarios no
existe libertad de expresión porque la verdad ya está prefijada y encontrada. Todo lo que se desvía de esa
verdad absoluta y esa concepción del mundo ya no tiene sentido en la sociedad; al contrario, se contempla
como un elemento sospechoso y perturbador de la "cohesión" social. La verdad actúa aquí como factor
limitante de la libertad.
Sin embargo, el caso contrario no es mucho más feliz. Según el escepticismo la verdad no puede ser conocida o
no existe y por tanto está abierto a una variedad de opiniones todas igualmente válidas. Aparentemente esta
postura es más tolerante y abierta ante la libertad de expresión y las opiniones ajenas pero esconde una
versión un poco siniestra en su interior: en el fondo respetamos todas las opiniones porque todas son igual de
irrelevantes. En el momento en el que admito que la verdad no existe y no se puede hallar, ¿qué incentivo
existe para emitir o creer una opinión? Si todas las opiniones son igual de válidas, ¿cómo valorar y
recompensar aquellas tentativas más serias frente a las que no lo son? ¿Cómo recompensar el estudio y la
investigación frente a la demagogia y el populismo?
Si queremos proponer un estudio serio y filosófico de la opinión (una auténtica doxología) debemos admitir
que la búsqueda de la verdad es siempre ardua e incompleta. Debemos conceder a los escépticos que esa
verdad no siempre es comunicable o fácilmente comunicable (si todo fuese perfectamente comunicable el arte
no tendría ningún sentido en nuestra cultura) pero al mismo tiempo no podemos conformarnos con estas
visiones acríticas y simplistas. Existen verdades sencillas, existen verdades complejas, pero también hay grados
de aproximación a esas verdades y está claro que un ingeniero o un físico nuclear está más cualificado que yo
para emitir opiniones sobre los materiales de una central nuclear. No todas las opiniones tienen el mismo peso
específico, no todas las opiniones son igual de válidas, no todas las opiniones están igualmente
fundamentadas.
Y, sin embargo, todos tenemos el derecho inalienable a verbalizarlas y hacerlas públicas. Opinar y criticar son
actos propios de una sociedad libre y nos permiten progresar y mejorar, pues solamente mediante la crítica y
la opinión libre detectamos nuestros defectos, pulimos nuestras aristas, alicatamos nuestras posturas.
¿Todas Las Opiniones Debe Aceptarse Y Respetarse Tal Y Como Son?
La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, entidad surgida tras los trágicos desenlaces de la
Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945), establece en su artículo 19 lo siguiente: “…Todo individuo tiene derecho a la
libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de
investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de
expresión…” Frente a esto, ¿Quién no ha escuchado o debido escuchar alguna vez – en sus respectivas relaciones
sociales – la célebre frase que dice: “…bueno, esta es mi opinión y debes respetarla, es igualmente válida que la tuya”?
Suena, por decir lo menos, bastante determinista, ¿no? Al respecto y ante al artículo citado, es necesario precisar al
menos un par de aspectos. Primero. Es totalmente efectivo que todos y todas tenemos el derecho de expresar una
opinión abiertamente como se nos plazca sin ningún tipo de censura de por medio. Sin embargo, ese derecho de
planteamiento de ideas no otorga el automático “deber” a que se nos respete nuestra opinión.
En primer lugar, una cosa es la opinión personal que alguien puede tener sobre alguna cuestión en particular que, para
estar a tono con nuestra legislación, es respetable en el sentido de que nadie tiene derecho a discriminar a sus
semejantes por los puntos de vista personales que alguno de los mismos expresan sobre diversas cuestiones, y otra
muy diferente que dichas opiniones sean correctas, válidas, aceptables o plausibles.
Este principio que cualquier ser humano con capacidad para pensar mínimamente podría descubrir mediante un
básico análisis intelectual, hoy se encuentra gravemente amenazada merced al escaso filtro que reciben por parte de
nosotros diferentes opiniones que son abiertamente falsas, implausibles, irracionales y que fomentan la ignorancia, la
intolerancia, el odio y el resentimiento. Por ejemplo, gracias a la masificación de los medios de comunicación que
prácticamente no tienen ninguna regulación, circulan cantidades astronómicas de información con escasa y/o muy
dudosa evidencia a favor.
adquirir, formar, recibir y aceptar opiniones de diversa índole de forma acrítica es un proceso casi autómata propio de
nuestra naturaleza biológica. Durante los primeros años de vida el ser humano no tiene más opción que asentir y
aceptar lo que los adultos le dicen. Y este proceso es indispensable para que el niño aprenda múltiples saberes que
son fundamentales para poder sobrevivir, entre ellos, el lenguaje. Pero esta situación no tiene por qué extenderse a lo
largo de la vida. Además de adquirir y construir opiniones, insisto, algo que hacemos casi instintivamente, es necesario
someter nuestras opiniones al escrutinio de la razón, esto es, contrastar dichas opiniones con los hechos o estados de
cosas a los que se refieren para determinar si coinciden con los mismos o no, o tratar de reunir razones legítimas que
las apoyen, según sea el caso. Si dichas opiniones no pueden ser demostradas a través de la evidencia empírica o por
medio de razones realmente legítimas, entonces dichas opiniones son falsas, infundadas, gratuitas, incorrectas o
inaceptables. Y haríamos bien en abandonarlas, pues es más razonable poseer opiniones verdaderas o correctas que
puntos de vista falsos o sin ningún apoyo. Dicho de otra manera y contrario a lo que muchos suponen es un truismo,
en general, no es mejor una mentira confortable que una verdad incómoda.
¿Una Persona Puede Cambiar De Opinión?
Bourdieu considera la doxa como el sustento irreflexivo del accionar de los sujetos que viven en
sociedad. La doxa puede atravesar cambios, cuya velocidad está íntimamente ligada a la clase de
sociedad en la que se contextualice: en una conservadora tiende al estatismo, mientras que en una
permeable cambiará con facilidad.
Los cambios de doxa tienen lugar entre dos periodos, pero están vinculados a los hitos, aquellos
sucesos de carácter histórico que marcan a la sociedad y pueden alterar efectivamente su doxa,
incluso de manera negativa (entre los ejemplos más comunes se encuentran los golpes de estado,
los periodos de represión y las guerras).