EL BAUTISMO
El Bautismo es el sacramento, por
medio del cual, el hombre nace a la
vida espiritual, por medio del agua y
la invocación a la Santísima Trinidad:
“El Bautismo es el fundamento de
toda la vida cristiana, es la puerta que
nos abre el acceso a los otros
sacramentos.
Por el Bautismo, somos liberados del pecado
y regenerados como hijos de Dios, llegamos a
ser miembros de Cristo, y somos
incorporados a la Iglesia, haciéndonos
partícipes de su misión”. (CCE Nº 1213)
(Catechismus Catholicæ Ecclesiæ)
“BAUTIZAR” (en griego) significa
“sumergir”, “introducir dentro del
agua”, la “inmersión”.
La “inmersión”, significa la bajada del cristiano al
sepulcro muriendo al pecado con Cristo, para así
junto con Él, obtener una nueva vida en su
resurrección.
Dice San Pablo: “Fuimos, pues, con El
sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de
que, al igual que Cristo resucitamos de entre los
muertos por medio de la gloria del Padre, y así
también nosotros vivamos una nueva vida”. (Ef.
5:26).
BAPTISTERIO (Siglo V) Arte bizantin
Prefiguraciones en EL Antiguo
Testamento
En las Sagradas Escrituras se encuentran
muchas prefiguraciones de este
sacramento. De estos pasajes se hace
memoria en la Vigilia Pascual cuando se
bendice el agua bautismal. Así por
ejemplo en el libro del Génesis nos habla
del agua como fuente de la vida y de la
fecundidad. La Sagrada Escritura dice
que el Espíritu de Dios “se cernía” sobre
El paso del Mar Rojo, verdadera liberación de Israel
de la esclavitud de Egipto, es donde se anuncia la
liberación obrada por el bautismo, se entra como
esclavos en el agua y salen liberados. (CCE Nº
1217-1222).
El mismo Cristo recibe el bautismo. Desciende el
Espíritu sobre Él y el Padre manifiesta a Jesús
como su Hijo amado: “Bautizado Jesús, salió luego
del agua; y una voz que salía de los cielos decía:
“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.
(Mt 3,16-17).
Jesús, después de su Resurrección confía la misión de
bautizar a sus apóstoles: “Me ha sido dado todo poder
en el cielo y en la tierra; vayan pues, enseñen a todas
las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo”.
Desde el día de Pentecostés, la Iglesia ha administrado
el bautismo siguiendo los pasos de Cristo. San Pedro,
en ese día, hace un llamado a convertirse y bautizarse
para obtener el perdón de los pecados. El Concilio de
Trento declaró como dogma de fe que el sacramento
del Bautismo fue instituido por Cristo.
La Materia y la Forma
En cuanto a la materia y la forma, la Iglesia a partir del Concilio de
Trento declaró como dogma de fe, que la materia del Bautismo es:
El agua natural. El Bautismo puede llevarse a cabo por infusión -
cuando se derrama el agua sobre la cabeza- o por inmersión -
sumergiendo al bautizado en el agua-.
Las palabras que constituyen la forma son: “Yo te bautizo en el
nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. En estas
palabras están representadas las partes que son esenciales, tales
como: el ministro “Yo”, el sujeto “te”, bautizo, la acción que se
realiza, la mención de la Santísima Trinidad y la clara distinción de
las Tres Personas divinas.
El bautismo, tiene muchos signos, que se expresan a lo largo del
rito, además del signo esencial, constituido por la materia y la
forma:
1. La celebración comienza con la señal de la cruz, que nos indica la
marca de Cristo sobre el que le va a pertenecer y significa la
gracia adquirida por la Cruz de Cristo.
2. El agua bautismal es consagrada mediante una oración que se
utilizar la noche pascual. La Iglesia pide a Dios que, por medio de
su Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre esta agua, a
fin de que los que sean bautizados con ella “nazcan del agua y del
Espíritu” (Jn 3:5).
3. El bautismo es realizado de la manera
más significativa mediante la triple
inmersión en el agua bautismal, o
derramando tres veces agua sobre la
cabeza del candidato. Al mismo tiempo
que se pronuncia la forma.
4. La unción con el santo crisma, óleo perfumado y
consagrado por el obispo, significa el don del
Espíritu Santo al nuevo bautizado. Ha llegado a
ser un cristiano; es decir, “ungido” como
Sacerdote, Profeta y Rey. Literalmente ungido
significa “persona consagrada” y, en este caso, a
Dios.
En la Liturgia de las Iglesias de Oriente, esta unción pos-
bautismal es el sacramento de la crismación (Confirmación).
5. La vestidura blanca simboliza que el bautizado se ha
revestido de Cristo, como lo expresa San Pablo: “En
efecto, todos los bautizados en Cristo se han revestido de
Cristo” (Gal 3:27); que ha resucitado con Cristo a la vida
de la gracia.
6. El cirio que se enciende en el “cirio pascual”, significa
que Cristo ha iluminado al neófito. El nuevo bautizado es
ahora hijo de Dios. Por lo tanto, ya puede decir la oración
de los hijos de Dios: “el Padrenuestro”.
La bendición solemne cierra la celebración del
“bautismo”.
Efectos del Bautismo
1. Un nuevo nacimiento. Somos regenerados: "En
verdad te digo, nadie puede ver el Reino de Dios si
no nace de nuevo, de lo alto" (Jn 3,3).
2. Nos libera del pecado. Al ser bautizados, somos
liberados automáticamente del pecado original o
cualquier otro pecado, si el bautizado es adulto.
3. Nos hace Hijos de Dios y hermanos de Cristo.
4. Somos templos del Espíritu Santo
La divinización del hombre es obra del Espíritu Santo. No hemos
sido bautizados tan solo en agua, sino en agua y Espíritu Santo.
Por eso nuestros cuerpos son sagrados.
5. Nos hace miembros de la Iglesia
Por el Bautismo, somos agregados al Pueblo de Dios, a la
Asamblea de los Santos, Cuerpo Místico de Cristo.
6. Imprime en el alma un carácter
El alma queda marcada para siempre con el carácter de
hijo de Dios, aunque posteriormente renegáramos de la
Fe Cristiana. El Bautismo es el “sello del Señor con que
el Espíritu Santo nos ha marcado para el día de la
redención” (San Agustín).
Ministro y Sujeto
Son ministros ordinarios del bautismo: el obispo y el
presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono. En
caso de peligro de muerte, cualquier persona, incluso no
bautizada, si tiene la intención de hacer lo que hace la
Iglesia al bautizar y dice la fórmula bautismal, puede
bautizar.
El sujeto de este sacramento es toda persona viva que
aún no ha sido bautizada, y sólo ella.