Serena aceptación
Un sendero de paz
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Aceptar es asumir con amor
la realidad, aunque te pese.
Aceptación es no hacer resistencia y
evitar conflictos estériles y un
desgaste estresante.
La vida está en la paz interior que brota
de la aceptación serena.
La vives si de verdad estás con Dios.
Simplemente cree que lo que llega es
para tu bien, aunque lo veas como “malo”.
Con la aceptación tu ser
descansa; te sientes unificado
con lo que es, dónde y como es.
Todo es como debe ser. No
hay injusticias y cada ser
tiene lo que se merece.
Ganas mucho si
eres flexible y
eliges adaptarte.
Borra la idea traicionera de
cómo “debe ser” la realidad.
Es como es y punto.
Acepta lo que no puedes controlar
porque todo depende de tu actitud,
de tu reacción.
Ilumina todo con la
luz del amor.
Nadie es malo ni
bueno.
Cada cual hace lo
mejor que puede en
su estado de
consciencia.
Ante todo acéptate a ti mismo.
Pide a Dios serenidad para aceptar lo
que no puedes cambiar.
Este es un día radiante si caes
en la cuenta de que no puedes
cambiar a los demás.
Asume ya mismo
un compromiso:
Me acepto y todo
lo acepto.
Todo cambia cuando
cambias en tu interior.
Con Dios en el alma no
forcejeas con la realidad
y fluyes en paz.
La aceptación te da quietud
y gozo; te da Vida.
La aceptación te da una
quietud inocente que se
confunde con la misma
felicidad.
Repite este compromiso:
Elijo aceptarme y aceptar
a los otros tal como son.
Tomado del libro
MUY BUENOS DÍAS
de Gonzalo Gallo G
En la aceptación hay vida y hay paz.