La oratoria
¿Qué es Oratoria?
• La Oratoria es una forma
particular del fenómeno social
de la comunicación, es la ciencia
de la persuasión oral, dicho de
otra manera, es el arte de
comunicar y persuadir a los
demás por medio de la palabra.
• La oratoria no es sólo el arte
del bien decir, sino también el
arte de la demostración en
donde el orador domina las
voluntades y abre luz al criterio,
valiéndose de la ciencia, de la
poesía, de la dialéctica y del
inmenso poder de la elocuencia.
Elocuencia
• Etimológicamente la palabra
Elocuencia deriva del verbo latín:
elocutor, que significa hablar
claro y distintamente, como decía
•
• Quintiliano: “Manifestar
nuestros pensamientos con
claridad por medio del lenguaje.”
Según Cabanella, es la “facultad
de expresarse de modo
persuasivo y de
• manera que deleite a quien oye.
Elocuencia
• El tono de voz, la imagen
personal, los movimientos,
el perfume, las manos y
sus movimientos. El público
va más allá del mensaje
verbal estricto y se forma
una imagen mental más
amplia. Tras una
intervención oral de una
hora, el público sólo
recuerda un 30% del
mensaje total
Requisitos para una adecuada
Oratoria
•Para que nuestra oratoria
sea más eficaz y que los
interlocutores logren
captarla adecuadamente es
necesario tomar en cuenta
los siguientes requisitos:
Claridad
• En términos generales
significa pensamiento
diáfano, conceptos bien
definidos, exposición
coherente, es decir, una
sintaxis correcta y un
vocabulario al alcance de la
mayoría. En otras palabras,
un estilo es claro cuando el
pensamiento del que emite el
mensaje penetra sin esfuerzo
en la mente del receptor.
Concisión
• Significa que se deben de emplear únicamente
palabras significativas, indispensables para
expresar lo que se quiere decir. La concisión es
enemiga de la verborrea, la redundancia y el
titubeo, elementos que obstruyen la
comunicación; el mensaje no llega
adecuadamente y en muchos casos ni siquiera
llega.
Coherencia
• Las relaciones entre las ideas
expuestas deben de ser lógicas y
las contradicciones evitadas.
Cuando el emisor, orador o
conferenciante esté expresando
puntos de vista personales y
puntos de vista de otra persona,
debe de prevenir a quienes lo
escuchan, porque de lo contrario
provocará incomprensión y
distorsión en lo que está diciendo.
Además, emplear un vocabulario
que se adapte al nivel de los
oyentes, es requisito importante
para la claridad de la exposición.
Sencillez
• Es una cualidad necesaria
para la expresión oral y la
oratoria. La sencillez es para
Martín Vivaldi “huir de lo
enrevesado, de lo artificioso,
de lo complicado, de lo
barroco”. Ser sencillo no es
tan fácil, porque cuando nos
situamos ante un público que
está pendiente de nuestras
palabras, hay un sentimiento
natural que nos lleva a tratar
de hablar mejor.
Naturalidad
• El orador se sirve de su
propio vocabulario, de su
habitual modo expresivo. La
naturalidad no está reñida
con la elegancia. El orador
debe conjugar lo natural con
lo preciso, procurando aunar
la sencillez y la exactitud. Ser
uno mismo, sin artificios, no
disfrazar la voz, ni emplear
palabras ni frases
rebuscadas.
Los elementos de la persuasión
Instruir y Convencer
El orador está obligado al conocimiento claro y
determinado de los medios que habrá de emplear, el
discurso oratorio debe ser fruto de una meditación
profunda, del cálculo y de la reflexión; por cuyo motivo
además del cúmulo de conocimientos reunidos, estudiará el
arte de hacerlos penetrar en la mente de los que ignoran,
dudan o niegan.
Todo discurso tiende a probar una verdad, para esto se
debe instruir al auditorio, analizando frente a ellos,
experimentando, juzgando, abstrayendo, calculando, es
decir que la instrucción se vuelve el alma de la oración.
Aristóteles pedía al mismo disertante defendiera y atacará
el mismo tema.
Agradar y conmover
• Si el orador es virtuoso, causa virtuosa es la que
con su verbo defiende. La primera condición para
conmover a los demás es “estar conmovido”. Si
exageras haces el ridículo.
• En el discurso, no solamente es lícito concitar
las pasiones, sino que así debe hacerse siempre
que el asunto lo permita, porque este es el medio
más seguro de hacerle interesante y de manejar
la voluntad de los oyentes.
PRECAUCIONES ORATORIAS
• La prudencia y el tacto piden al orador
respeto a las instituciones veneradas;
respeto a la vejez, a la dignidad, al saber y a
la virtud. No debes insistir obstinadamente
en los efectos sublimes, ardientes e
impetuosos, porque toda insistencia
desgasta y cansa; si el entusiasmo se hace
rutina, deja de impresionar; si la insistencia
atosiga cierra los conductos de la emoción y
como aquí hablamos de agradar y
conmover, recordemos la palabra transición.
Los autores en el teatro usan la transición
para interesar y hacer descansar el cerebro.
Transición es pasar de un estado a otro,
cambiar de tema o ambiente sin olvidar
donde estuvimos. Si manejamos esto,
podemos llegar a manejar el mundo.
EL ORADOR
• Se le llama orador al profesional de la
palabra, que se dedica a la aclaración de
la verdad y a la hermenéutica de la
razón.
• Se ha creído que el orador sólo se
propone seducir a los que lo escuchan,
dándoles a beber un brebaje que turbe su
razón. No es esto absolutamente exacto;
el orador que preste sus servicios a una
mala causa, prostituye los dotes brillantes
de que le ha colmado el cielo. Lo primero,
es estar penetrados de la verdad y justicia
de la causa que se defiende. Sin esto el
orador no es orador; será a lo más un
detestable sofista.
La capacidad de hablar en
público, ¿Es innata o adquirida?
• La controversia existe desde que hay oradores y
gente que habla en público, hay quienes ponen el
acento en lo adquirido, otros en lo innato.
• Si el arte de la palabra, como las demás artes,
se beneficia de ciertos dones naturales, también
puede enseñarse y aprenderse como todas las
demás artes. Si el arte de hablar en público se
aprende, veamos como puede forjarse un orador.
• Ante todo diremos que para ser
conferenciante u orador son necesarias tres
condiciones fundamentales:
• Tener una personalidad bien definida.
• Tener algo que decir acerca de un tema.
• No padecer de un defecto grave de palabras.
La preparación del orador
• Como en las otras artes nada puede hacerse sin un trabajo
perseverante. Sin el conocimiento adecuado del tema a tratar, no
puede haber oratoria, ya que siendo el conocimiento, la forma o ropaje
de las ideas, si ésta falta, todos los esfuerzos para parecer elocuente
se reducen a una vana charlatanería, es decir hablar mucho, y poseer
poco conocimiento del tema que se aborda que nunca puede ser fruto
de la inspiración del momento, sino de la anterior preparación y
conocimiento del orador.
• “Confiar totalmente en la inspiración del momento,” es la fatal idea
que ha arruinado muchísimas carreras prometedoras. El camino más
seguro para llegar a la inspiración es la preparación. Para expresar
adecuadamente las propias ideas, hay que trabajar tanto como para
captarlas. Ahora bien., ¿en qué consiste la preparación? Lo esencial es
reunir y ordenar los pensamientos propios, las ideas propias y las
convicciones propias, en relación al tema que es motivo de la
conferencia, discurso o debate.
Preparación Remota
• Las condiciones antes
enumeradas son necesarias pero no
suficientes. El orador necesita tener
una provisión de recuerdo, de
imágenes y de conceptos para poder
recurrir a ellos en el momento
necesario. En otros términos, el
orador no puede prescindir de una
cultura general. Para ser orador hay
que tener un subconsciente fecundo,
esquemas mentales numerosos y
bien ordenados, y una elocuencia
que ha sido fácilmente adiestrada.
Preparación inmediata
• Cuando se ha decidido
una capacitación más
específica e inmediata
en el arte de la
comunicación con
grandes grupos, es
menester procurarse
por: LOS OJOS; LOS
OIDOS; LA ACCION.
Cuidado Personal
• Demuestra consideración hacia el público, a quien no
debemos ofender con un aspecto descuidado o sucio. La
persona limpia, aseada, bien presentable, atrae
simpatías.
Obstáculos Psicológicos a la
Comunicación
• El sentimiento de miedo o de timidez que paralizan u obstaculizan la
comunicación de un individuo con los grandes
• grupos, no deben de desalentar a nadie. La historia enseña que de los tímidos
han surgido los más grandes oradores.
• El gran enemigo del orador es el temor o el miedo, esto paraliza la lengua, seca
la garganta, produce transpiración, engendra movimientos torpes del cuerpo, los
brazos y las piernas, traba la articulación y la voz y lo que es peor, obnubila o
turba la mente. En otras palabras es un fenómeno psíquico paralizante.
• No se conoce ningún remedio contra el temor al auditorio, aun cuando se hayan
pronunciado miles de conferencias, ante los auditorios más diversos, se suele
sentir miedo, que llegan en alguno de los casos hasta el malestar físico. No
obstante hay algunos paliativos que permiten superar este fenómeno. Lo
primero que puede ayudar a quitar el susto, es saber cabalmente el tema que
uno va a tratar. Por ello hay que hablar de un tema que pertenezca al propio
ámbito de conocimiento y experiencia.
La Expresión Corporal
• Nos comunicamos con nuestros
oyentes por medio de las palabras y
de lo que evocan sus entonaciones,
ritmos, pero además con ese
elocuente lenguaje mudo que es la
expresión corporal. El cuerpo con sus
movimientos o con la ausencia de
ellos, interviene decisivamente en la
comunicación oral, de tal manera que
no es fácil concebir una comunicación
a través de la palabra hablada en la
que no entre en juego todo el ser del
que la pronuncia.
Gestos
• La función del cuerpo es la expresión, el gesto se
entiende como un complemento de la palabra y sólo en
raros casos un subtitulo de ella. Es mejor que la
palabra se diga con naturalidad, y espontaneidad del
gesto.
Manos y brazos
• Los ademanes que presentan
problema, tanto a los grandes
oradores como a los que no lo son,
se hacen acompañados del brazo.
Las manos son un problema, sobre
todo para los que no están
acostumbrados a presentarse en
público. Al inicio del discurso el
orador no sabe que hacer con ellas y
le constituyen un verdadero
estorbo, por ello sugerimos que
eviten poner las manos en sus
bolsillos y actuar con naturalidad,
pero sin abusar de éstas.
Algunos ejemplos de
ademanes
• -Juntar el dedo índice con el pulgar significa
perfección o que algo está muy bien. Que se está
de acuerdo con algo.
-Juntarel dedo índice con el pulgar significa
perfección o que algo está muy bien. Que se
está de acuerdo con algo.
- Mover la mano con los dedos
extendidos demuestra que se efectuará
un repaso rápido y general.
Cualidades generales del
Orador
• Las cualidades oratorias se
estudian como ideal a
alcanzar, pero sin significar
que para ser orador, se haya
de poseer todas en igual
grado, que es lo excepcional.
Ha habido célebres oradores,
que carecían de algunas de
las cualidades indicadas y a
pesar de ello alcanzaron
fama, por poseer otras de
modo relevante. Estas
cualidades varían según los
Integridad
• El romano Quintiliano insistía
en que un buen orador debe
ser ante todo, un hombre
bueno, luego aclara que los
oyentes no separan aquello
que se dice de la persona que
lo dice y la impresión causada
por el orador influye en ellos
tanto como la exhortación que
éste puede dirigirles.
Sinceridad
• La virtud propia del orador consiste en el
acuerdo perfecto entre el pensamiento y
la palabra y dentro de lo posible, entre la
palabra y los actos. No diga nunca nada
que no crea; no adelante nada de lo que
no esté seguro; no afecte una actitud
exterior que no esté de acuerdo con lo
interior. Que la elocuencia tome fuerza
de la energía de tu convicción. Aunque
hable con torpeza, un orador sincero
despierta la emoción de aquellos que lo
escuchan, ya que la sinceridad profunda
es casi tangible.
Conocimiento
• El conocimiento profundo del
tema, es decir, el dominio del
tema, confiere a la palabra
una fuerza expresiva que a
veces se vuelve contagiosa,
que procura una buena
conciencia al que habla y
ayuda a aumentar el aplomo.
Seguridad en si mismo
• Esta seguridad debe de ser
tanto intelectual como
psicológica, ya que guardan
una estrecha relación entre
sí. Mientras esta confianza
no se logra, existe el temor
de hablar, temor que se
agudiza sobre todo en los
instantes mismos de
comenzar a hablar. La
confianza en si mismo es la
principal acción de sostén
para hablar en público.
Voluntad firme y decidida
• Para dominar la oratoria
como cualquier otra
disciplina, hay que aplicar sin
desmayo la voluntad con
toda su intensidad; voluntad
y perseverancia durante el
periodo de estudio y
preparación. Aunque parezca
que el estudio es lento, que
no progresamos, no hay que
darse por vencidos; el
estudio de la oratoria no es
cosa de un instante sino de
Destrezas
• El orador experto se caracteriza por la facilidad de
palabras, equilibrio y control de la voz y la
coordinación de los movimientos corporales.
Dicho de otra manera consiste en la habilidad
para encontrar palabras apropiadas, organizarlas
en frases correctas y disponerlas, enlazándolas
unas con otras, en un cierto
•
• modo o estilo personal, con el fin de comunicar
ideas y sentimientos. Estas cualidades junto con
la integridad, conocimiento y confianza en si
mismo, realza la eficacia del orador y le permite
comunicar sus ideas en forma clara y atractiva.
Esta facilidad de expresión se adquiere leyendo y
haciendo ejercicios, como si se pronunciara un
discurso, aun estando solo.
Claridad de ideas
• Las ideas deben de ser fácilmente entendibles
por los oyentes. Por lo tanto se deben de
articular las ideas de una manera lógica y
coherente. Los que hablan de manera oscura,
incomprensible y esotérica es simplemente
porque no tienen ideas claras.
Memoria
• Una excelente memoria ayuda a
la oratoria, pues asegura en
cualquier momento un manantial
de ideas, a las que se puede
recurrir en un discurso. Cicerón
llama a la memoria “tesoro de
todas las cosas,” pues la
consideraba como una de las
facultades que más favorece al
orador puesto que la buena
memoria permite evocar en
cualquier instante todos los
pormenores del asunto.
Sensibilidad
• Un orador razonador y frío que
pronuncia un discurso puramente
intelectual es seco y deshumanizado y
deja indiferentes a los oyentes. La
sensibilidad es la capacidad de
conmover ante el espectáculo de la vida
y de los hombres, de experimentar
emociones y pasiones en relación con
las cosas, de comunicarnos mediante el
corazón. Todo orador ha de saber que
los hombres se relacionan más por el
corazón que por el cerebro. Un discurso
sin emoción no conmueve.
EL DISCURSO
• El buen orador no sólo dice cosas sino que revela su
actitud hacia esas cosas que dice .
• Los oradores de mayor éxito son hombres de gran
vitalidad, hombres que poseen en grado extraordinario la
capacidad de transmitir vivencias y convicciones. Todos
los oradores reconocen que no hay que leer nunca un
discurso cuando se habla a una multitud. Una cosa es la
lectura pública y otra la elocuencia. Cuando se leen los
textos, se interpone “algo” entre el orador y el auditorio,
impidiendo ese encuentro misterioso y vital que
constituye la sustancia de la elocuencia. La lectura de un
discurso quita a las palabras mucha de su fuerza vital.
El Estilo en el Discurso
• El estilo escrito se dirige a los ojos, el
estilo oratorio se dirige a los oídos. El
género literario de la elocuencia
posee sus leyes propias, como la
poesía lírica o el teatro cómico. No
cometamos el error de confundir los
géneros. La lengua hablada tiene sus
propias leyes que no son las mismas
de la lengua escrita. El lenguaje oral
permite – y aun más, necesita –
repeticiones, suspenso,
interrogaciones, exclamaciones y
toda una serie de procedimientos que
son totalmente desaconsejables en la
composición escrita.
El estilo oratorio
debe reunir algunos
requisitos a saber:
Claro
• Se apoya en el más
elemental sentido
común: hablamos para
comunicarnos con el
prójimo y esta
comunicación es
imposible si no nos
expresamos con
claridad.
Fuerte y Vital
• Es necesario transmitir vida
ya que un auditorio tiende a
la somnolencia colectiva o a
la dispersión en pequeños
grupos, hacen falta oradores
existenciales, que
simplemente transmitan
vida. La vivacidad, el calor,
la fuerza, el entusiasmo y el
buen humor son virtudes
fundamentales de la
oratoria.
Variado
• Hay que evitar la monotonía y esto se logra
alternando el ritmo fuerte con el débil, o sea
variando el estilo.
Ritmado
• Toda palabra toma su ritmo a la vez del acento y
de la respiración “la prosa oratoria tiene un ritmo
que está a mitad de camino entre el verso y la
prosa escrita.”
Adaptado
• El conferenciante u orador
debe de adaptarse a su
tema y a su público. Es
obvio que el estilo será
diferente ya se trate de una
oración fúnebre o de un
brindis, se hable de un
héroe muerto o de un
vencedor deportivo; y
además el orador debe
preparar su discurso en
función del público, pues
uno habla para ser
La Elocuencia del Silencio
• Una buena oratoria no sólo es hablar
sino también utilizar silencios
oportunos y expresivos como las
palabras. No sólo nos referimos a
los silencios de la puntuación
(pausas) sino a detener el discurso
en ciertos momentos en los que el
silencio se hace más expresivo que
las palabras. El silencio sirve para
llamar la atención del que escucha e
invitarle a la reflexión, además de
servirle a usted para ordenar sus
pensamientos y reemprender la
comunicación.
La Elocución
•Es la manera de expresarse
y está relacionada con la
emisión de la voz. Dentro
del fenómeno de la emisión
de la voz se distinguen
cuatro elementos:
1. Tono
• Es la dimensión de las
cuerdas vocales. La voz
debe de tener un tono
variado como en la
conversación, pero no ha
de caer ni en la monotonía
ni en las disonancias. La
impresión producida es
fuerte, cuando se ejecuta
bien la maniobra.
2. Intensidad
• Es la fuerza de la emisión de la voz. Ésta tiene
por origen la potencia de la aspiración del aire
contenido en la caja toráxica.
3. Timbre
• Es el matiz personal de la voz ,
constituye la originalidad de un
instrumento musical y la
personalidad de una voz. Hay voces
bien timbradas, netas, armoniosas,
casi reducidas a lo fundamental,
roncas y chillonas; sin embargo
usted debe hablar por la boca. No
todos poseen una voz agradable,
pero es posible cultivarla, extender
su registro, desarrollarla, dulcificar
asperezas, darle brillo y finalmente
construirla a fuerza de estudio y
practica constante.
4. Dicción
• Este vocablo designa el acto mismo de decir,
considerado en su materialidad. La dicción es la
sirvienta de la elocución.
El Guión
• El Guión es el esquema que el orador debe preparar para su
disertación. El Guión se elabora en base a toda la información que se
pueda documentar y las ideas que el orador tiene en su cabeza. Con
todo el material seleccionado y a la vista debe de hacerse un plan-
esquema en el cual esté implícitamente contenido todo lo que haya
de decirse o por lo menos las ideas básicas que constituyen la parte
principal del mensaje que se pretende trasmitir. Lo primero en
importancia que hay que fijar en el Guión es la idea central, o sea el
objetivo que persigue el orador, es decir, ¿Qué diré? Este objetivo
debe de ser claro, concreto, preciso y susceptible de un enunciado
muy breve. Es una idea que inspira al mensaje que está siempre
presente en él. Es lo que respondería a la pregunta ¿Qué?, pregunta
que el auditorio se hace en relación al discurso, cuya respuesta no
debe de escamotear el orador.
Elementos Básicos del Guión
• La buena estructura de un Guión ayuda mucho a
la claridad. No hay que olvidar que lo más
importante para el que emite un mensaje verbal
es ser escuchado y mantener a toda costa el nivel
de atención supuestamente conseguido con la
introducción, para lo cual debe emplearse una
gran variedad de recursos según casos y
circunstancias. Estos recursos pueden ser:
Amenidad
• El orador debe de hacer entrar en juego la
imaginación y fantasía para que se produzca una
activa participación en el proceso del discurso.
Hay que procurar que las ideas de algún modo se
encarnen y tengan vida en la mente de todos.
Sentimiento
• Es decisivo para una buena expresión oral. La
esencia de la oratoria es hacer pensar y también
hacer sentir; pero esto no sería posible si el
orador no siente vivamente lo que está diciendo y
así no se identifica con su propio mensaje.
Emoción
• No significa desbordamiento y
pérdida del control afectivo sino
más bien su encauzamiento. La
emoción ha de recaer sobre asuntos
que por su naturaleza sean
apropiados a este recurso oratorio.
La emoción y sus síntomas han de
ser verdaderos sin exageración ni
artificio alguno, por eso el estilo
patético rechaza la prolijidad de los
razonamientos y las digresiones que
tienden a frenar el desenvolvimiento
de la pasión una vez movida.
Humor
• Es uno de los mejores ingredientes
para una oratoria eficaz. El que habla
frente al público es en cierto modo, un
animador, una persona más o menos
eufórica de buen talento y de buen
humor. El humor fino, auténtico, es un
excelente vehículo de persuasión, una
fuente inagotable de tretas y ardides
para salirse airoso sobre cualquier
situación, aunque uno no tenga el don
de la palabra brillante. El humor
permite improvisar salidas airosas en
momentos de apuros.
Ironía
• Es un recurso que empleado con
moderación y con oportunidad
hacen más amena y atrayente la
oratoria. Este consiste en decir
con rostro serio algo jocoso o
evidentemente inexacto y
exagerado, es decir con palabra
lo contrario de lo que realmente
se quiere expresar. Se requiere
de mucha inteligencia y
agudeza, matizar mucho y bien,
esto se advertirá en el tono de
voz. Es necesario no exagerar.