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Profesión de Fe: Un Nuevo Comienzo

La lección aborda la experiencia de fe cristiana, destacando la importancia de la conversión y el nuevo nacimiento como pasos esenciales para unirse a la comunidad de creyentes. Se presentan ejemplos bíblicos de transformación personal, como los de Abraham y Saulo, y se enfatiza que la profesión de fe es un compromiso público con Jesucristo y sus enseñanzas. Además, se subraya que ser parte de la iglesia implica pertenecer a un pueblo en marcha, con una historia y un propósito divino.
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Profesión de Fe: Un Nuevo Comienzo

La lección aborda la experiencia de fe cristiana, destacando la importancia de la conversión y el nuevo nacimiento como pasos esenciales para unirse a la comunidad de creyentes. Se presentan ejemplos bíblicos de transformación personal, como los de Abraham y Saulo, y se enfatiza que la profesión de fe es un compromiso público con Jesucristo y sus enseñanzas. Además, se subraya que ser parte de la iglesia implica pertenecer a un pueblo en marcha, con una historia y un propósito divino.
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Lección

4
NUESTRA EXPERIENCIA DE FE

Texto Bíblico: Tito 3. 4 – 7

Texto básico:
“Si alguien se declara a mi favor delante de los
hombres, yo también me declararé a favor de
él delante de mi Padre que está en el cielo”
(San Mateo 10. 32)

Lecturas diarias:

Lunes: Jacob y su experiencia de fe


Génesis 28. 1 - 17
Martes: Dios nos llama a una nueva vida, Tito 3. 4 – 7; Apocalipsis 3. 20.
Miércoles: La decisión es nuestra Juan 1. 12; Jer. 24. 7; Jer. 31. 18 - 19.
Jueves: Josué escogió lo mejor Josué 24. 14 - 15
Viernes: El nuevo nacimiento Juan 3. 5 – 7
Sábado: Con Cristo hacemos parte de un pueblo, I Pedro 2. 9
Domingo: Con Cristo tenemos un nuevo corazón . Romanos 7. 6; Ezequiel 11. 19
INTRODUCCIÓN:

Comencemos con una pequeña historieta. Antonio


había dejado recientemente la zona rural. Estaba en la
gran ciudad buscando trabajo. Diariamente recorría
las porterías de las fábricas y no lograba conseguir
nada. Siempre le preguntaban lo mismo ¿Qué
experiencia tiene usted? En verdad, Antonio era un
joven muy experimentado, sabía cuidar animales,
limpiar el campo, recoger maíz y café, etc. Pero no era
ese tipo de experiencia la que exigían en las fábricas,
sin embargo, él siguió insistiendo. Logró conseguir un
trabajo como jardinero; después se empleó como
vigilante, finalmente logró ingresar a la línea de
producción, con el paso del tiempo logró convertirse
en un trabajador cualificado para la industria.

En la vida es así, para todo se exige experiencia previa,


además la experiencia es el resultado de la propia vida.
En la medida en que vivimos vamos acumulando
experiencias. De igual manera sucede con el
sentimiento religioso. Desde los tiempos más
antiguos, el ser humano viene acumulando
experiencias religiosas. Hay, en muchas personas,
necesidades que solamente una fe religiosa puede
satisfacer.
Por eso, cuando nos integramos a un grupo
religioso, estamos en realidad, dando
continuidad a una serie de experiencias que
otros ya tuvieron anteriormente.

La transformación que sentimos en nuestra


vida cuando decidimos tomar en serio la fe
cristiana, es continuación de un camino iniciado
con el bautismo que nos fue aplicado en la
niñez.

La iglesia cristiana exige de los que pretenden


volverse sus miembros, apenas una
experiencia: la conversión; es decir, un volverse
a Jesucristo y adherirse a su proyecto, vivir
según sus enseñanzas y la intención de juntarse
conscientemente a un grupo que busca el
crecimiento espiritual. Sin esa experiencia no
tiene sentido participar en la ceremonia
conocida entre los presbiterianos como
profesión de fe .
La Biblia nos cuenta de varios personajes que tuvieron esa experiencia de
transformación de sus vidas. Abraham, quien recibió el nombre de “Padre de
la fe”, un día, tuvo una extraña revelación. Un Dios, hasta entonces
desconocido para él, le dice “Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de
tu padre, para ir a la tierra que te voy a mostrar...” (Génesis 12. 1)
Abraham pasó a sus descendientes esa fe. Uno de sus nietos, Jacob, necesitó
huir de su casa. Se involucró en una guerra con su hermano gemelo y el único
camino que le quedó fue el exilio. El primer día de viaje, después de mucho
andar, se paró a la orilla del camino para dormir y colocó una piedra como
almohada. Durante la noche, soñó que en aquel lugar había una escalera que
llegaba hasta el cielo y por ella los ángeles subían y descendían. Cuando
despertó, estaba muy impresionado y dijo: “En verdad el Señor está en este
lugar, y yo no lo sabía...” (Génesis 28. 16 – 17) A partir de ese momento,
Jacob descubrió que no estaba sólo ni abandonado en una tierra extraña.
Dios estaba con él.
Otros personajes bíblicos también tuvieron su experiencia de
fe. Algunos en el desierto como Moisés y Elías. Otros, en el
templo, como Isaías. En el Nuevo Testamento, el joven Saulo,
muy fanático por la religión de sus padres, estaba en camino
hacia una capital extranjera para perseguir a los cristianos.

Allí a la orilla del camino, cayó y tuvo una visión y un


encuentro con Jesús, su vida fue transformada. Cayó como
perseguidor y se levanto como perseguido, dispuesto a
propagar la Buena Nueva de Jesucristo a quien él perseguía
sin saber.

Esa experiencia es resultado de la iniciativa del propio Dios.


La experiencia de fe que nos trae hasta la comunidad
cristiana y nos estimula a la profesión de fe, es la consecuencia
de una aproximación que tiene su origen en Dios. Por el
Espíritu Santo, somos llamados a la salvación (Tito 3. 4 – 7),
nos toca a nosotros la decisión de aceptar o no el llamado de
Dios (Juan 1. 12; Apc. 3. 20; Jer. 24. 7; 31. 18-19; Hechos 3. 19
¿Por qué hacer profesión
pública de la fe?

Nosotros los Presbiterianos, creemos que la profesión de fe es


una consecuencia natural de nuestra experiencia de fe. Es un
acto público de adhesión a la persona de Jesucristo y a sus
enseñanzas. Al hacerlo, estamos obedeciendo la exigencia del
Maestro de acuerdo con nuestro texto básico (San Mateo 10.
32).

Al respecto de eso Pablo escribió “Sin con tu boca reconoces a


Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó,
alcanzarás la salvación” (Rom. 10. 9).

La profesión de fe, es por lo tanto, expresión de un acto de


compromiso con una persona, con sus enseñanzas y propósitos.
Sin eso, la profesión de fe será apenas una ceremonia, un
bonito ritual, pero vacío de sentido.
Profesar la Fe es escoger una
nueva vida

El pueblo de Israel, en cierta ocasión, fue colocado delante


de un dilema. Escoger entre el proyecto de Dios, el liberador
de la esclavitud de Egipto y los dioses paganos. Josué, líder
de Israel les habló: “...Pero si no quieren servir al Señor, elijan
hoy a quién van a servir...Por mi parte, mi familia y yo
serviremos al Señor” (Josué 24. 15). En otra ocasión, el
redactor de Deuteronomio escribió: ...Escojan, pues, la vida,
para que vivan ustedes y sus descendientes (Deuteronomio
30. 19)

En la Biblia no hay otro camino.


O escogemos el proyecto del Espíritu o el proyecto de la
carne para organizar nuestra vida. Escoger el primero, es
optar por la vida de amor a Dios y al prójimo, a nosotros
mismos y a la integración de nosotros con la naturaleza
creada por Dios. Vivir “según la carne” es escoger la
muerte, la destrucción y la esclavitud (Romanos 6. 23; 7. 14
– 25)
En ese sistema de muerte, la carne, los bienes
materiales y el egoísmo ocupan un lugar
destacado. Un hombre que organizaba su vida
de acuerdo con esos criterios fue llamado por
Jesús “loco”, “necio” (Lucas 12. 20)

La palabra CARNE en la Biblia, posee un


sentido especial, no es carne, en el sentido
literal. Es usada muchas veces en sentido
figurado, para referirse al ser humano que se
niega a hacer la voluntad de Dios.. La carne es
lo opuesto al Espíritu de Dios y sus obras son
el pecado y la impiedad (Gálatas 5. 16 – 24).

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva


criatura es, las cosas viejas pasaron he aquí
todas son hechas nuevas…”
II Corintios 5.17
La entrada a la nueva vida se da por medio de lo que Jesús
llamó, el “nuevo nacimiento” (Juan 3. 3). Ese nacer del
Espíritu no es una simple adopción de un credo o una reforma
superficial de las costumbres. La persona “nacida de nuevo”
presenta un “corazón nuevo”, un “espíritu nuevo” (Romanos
7. 6; Ez. 11. 19; 36. 26) Quien se decide por la vida nueva
abandona la vida vieja marcada por la muerte, maldades y
pecados (Ef. 2.1). La persona nacida de nuevo se lanza a la
vida nueva con mucha pasión por Dios, por su prójimo y por sí
mismo (Mateo 22. 37)
Hay otra palabra empleada para ese renacimiento a
la vida, “conversión”, ese concepto designa el regreso
de los desviados del camino, el enderezamiento de lo
que esté torcido, el cambio de la meta de vida.
Conversión y arrepentimiento siempre andan juntos.
Aún a los mismos líderes religiosos, Jesús les decía,
tal como Juan el Bautista “Ninguno puede entrar al
Reino de Dios si no es nacido de nuevo...el que no
naciere del Agua y del Espíritu” (Juan 3. 5 – 7).
Convertirse implica arrepentimiento y fe (Hechos 3.
19; 11. 21; 20. 21)

El despertar a la nueva vida es, para algunas


personas, un acontecimiento dramático y
espectacular, así sucedió con Saulo, Cornelio y tantos
otros. Otras personas lo hacen poco a poco y
muchos no pueden decir de una hora, día o
momento especial, ¿Cómo fue tu despertamiento a
PROFESAR LA FE ES ADHERIR A UN PUEBLO EN MARCHA

Nadie nace o vive solo en el mundo, somos seres


sociales. Por eso, decidirse por una fe es escoger
ser parte de un pueblo, de una gran familia. Rut,
extranjera, cuando decidió mudarse a la tierra de su
suegra le dijo: “...Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios
mi Dios será...” (Rut 1. 16). Cuando profesamos
nuestra fe en Cristo, nos estamos adhiriendo al
grupo de personas que a lo largo de los tiempos
optaron por Jesús de Nazaret. El autor de I Pedro 2.
9 expresó lo siguiente: “Pero ustedes son una
familia escogida, un sacerdocio al servicio del Rey,
una nación santa, un pueblo adquirido por Dios...”
Nosotros nos hacemos miembros de ese pueblo a
través del bautismo y de la profesión de fe,
expresiones rituales del arrepentimiento, de la
conversión y del largo proceso de educación
cristiana al que los hijos e hijas de los creyentes son
sometidos.
Cuando escogemos una familia, nos
encontramos con un grupo ya
estructurado, organizado, con una
historia y unas tradiciones. Lo mismo
sucede con nuestra entrada al pueblo
de Dios. Ese pueblo nos antecedió en
la historia y continuará su marcha
aún después de nuestra muerte.

A través de la profesión de fe, usted


se está uniendo a un pueblo que,
como cualquier otro pueblo, tiene sus
defectos y limitaciones, con una
diferencia, es un pueblo que busca
ajustarse a las determinaciones de
Dios, en el camino hacia el futuro
(Fil. 3. 12)

Dios nos exige que seamos fieles


hasta la muerte (Apc. 2. 10)
Para estudio en casa

1. ¿Qué piensa usted de la siguiente frase: Todas las religiones son buenas,
pues todas llevan a Dios? Escriba su opinión y compártala con la clase en el
próximo encuentro.

2. Escriba su experiencia de conversión a Cristo y comparta su testimonio con


el resto de la clase.
3. Lea San Juan 3. 1-12 y responda: Si Nicodemo era muy religioso, líder entre
los maestros de Israel, ¿por qué Jesús le dice que le era necesario nacer de
nuevo?

4. Lea II Corintios 5.17-21 y reflexione sobre el significado del texto para su


propia vida.

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