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La Nación y el Estado: Historia y Evolución

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE PIURA

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y EDUCACIÓN

DEFENSA NACIONAL

LA NACIÓN Y EL ESTADO

MGTR. EDWIN TOMAS MICHUE YAMO


LA NACIÓN
El elemento constitutivo de la Nación
• La comunidad de nacimiento y de desarrollo, el idioma común, no
convierten a un pueblo en una nación.
• Un pueblo sólo se convierte en nación porque se da cuenta
conscientemente de su propio valor político cultural y afirma sensiblemente
su existencia como una totalidad independiente concreta.
• Cuando un pueblo se afirma como sujeto de la Historia, o como se ha dicho
también, «como portador de una historicidad existencial» está entonces
justificado el hablar de una nación.
• En el caso de Asia y en África en el siglo XX sus pueblos en medida cada
vez mayor, afirman su propia persistencia histórica, por lo que día en día se
haga más difícil distinguir sensiblemente entre pueblo o nación.
La nación como producto de la Historia

• Y así se explica por qué además la nación, en oposición a


pueblo, no es algo dado por naturaleza, sino algo que se origina
históricamente.
• Los pueblos más bien se van desplegando lentamente en
nacionalidades, y no es raro que se tarde siglos hasta que se
forme la conciencia nacional en un proceso que se consuma casi
inconscientemente y el pueblo se torne en nación mediante la
afirmación de su existencia política.
• Inconscientemente, se forma un sentimiento de estrecha
solidaridad, una idea de la unidad del pueblo permite crear la
evolución histórica y originar la nación.
Diversos representantes de la nación
en la Historia
• El fenómeno de la nación y del Estado nacional se trata de un producto de
la Historia y no de la naturaleza.
• En el siglo XVIII en las naciones más importantes se identificaba
completamente la nobleza y la nación.
• Como consecuencia de la Revolución Francesa, fue el estamento burgués el
que le imprimió su huella decisiva al Estado nacional del siglo XIX.
• Finalmente, como consecuencia del proceso radical de igualización y
democratización, las capas sociales inferiores han venido formando parte
en medida creciente del proceso formativo de la nación.
• De ese modo una nación puede asumir un carácter muy diverso tanto
política como sociológicamente, según que la nobleza, la burguesía, la
clase campesina o la obrera le hayan impreso una huella aristocrática,
burguesa o socialista.
Nación y Estado
• Es posible que un pueblo haya estado ya organizado de forma pre-estatal
y que su desarrollo en nación haya ido convirtiendo en una evolución
orgánica más o menos en un Estado nacional.
• Por otra parte, no es necesario que los pueblos que han podido
desarrollarse en naciones tengan que organizarse políticamente en una
unión estatal; porque no satisfaría a la idea del Estado nacional si la
nación y el Estado no forman una unidad.
• No hay que olvidar tampoco que los pueblos pudieron haberse convertido
en nación mediante un acto de su voluntad y de su conciencia.
• Es también posible que partes sólo de una nación más amplia hubieran
conseguido vivir en una unidad política propia, mientras que a otras
partes de la misma nación les ha impedido el destino la satisfacción de
ese anhelo.
Naciones estatales y naciones
culturales
• Naciones-Estados, en las que un pueblo desplegado en Nación
encontró a la vez su forma política de organizarse en Estado.
• Naciones culturales, que preferentemente estriban en la posesión de
una cultura en algún modo sentida como común.
• En tales casos es el mismo Estado entonces el que, mediante su
existencia histórica, funda la nación, y mediante su gobernación pone
al pueblo del Estado en condiciones de afirmar su propio valor
histórico-político.
Nación, minorías nacionales y Estado
nacional
• Según esto un Estado no nacionalmente homogéneo es una
anomalía. Si su población se compone de grupos minoritarios por ser
de diverso origen, de diferente cultura y quizá también de un distinto
destino histórico.
• Después de la primera guerra mundial, la mayoría de la población del
Estado pretendía la supremacía frente a las minorías con autonomía
cultural. Pero esto fracasa por el surgimiento de en un Estado
nacional puro.
• Hitler exacerbo las nacionalidades de los estados motivándolos a
poner a cubierto su homogeneidad nacional.
LA ÉPOCA DEL
ESTADO NACIONAL
Estado nacional y soberanía

• Las diversas comunidades de que formamos parte hay una que


pretende para sí la primacía y que ha encontrado en el Estado la
forma política de organización que le es adecuada.
• El Estado, la nación y el pueblo, exigen para sí la suprema
potestad, el poder supremo, la soberanía.
• Realmente, en la época del Estado nacional, el poder y la
soberanía están íntimamente ligados entre sí. Por eso
entendemos por Estado soberano aquel en el que las autoridades
pueden tomar decisiones de suprema y definitiva obligatoriedad
para toda la nación hacia el exterior y el interior.
El Estado nacional y los contactos
político religiosos en los siglos XVIII y
XIX
• Desde el siglo XVIII en Europa tanto los conservadores y los liberales
encendieron el debate sobre el accionar de la revolución de 1879, unos
satanizándola y los otros glorificándola de acuerdo a sus intereses .
• También en todas las partes del mundo tanto católicos como protestantes se
declaran solidarios de sus correligionarios cuando se lesionan los principios de
la fe y se les persigue.
• En la época del Estado nacional, siempre que surgió un conflicto entre
ideología y poder, la lealtad del individuo escuchaba ante todo a su país, a su
pueblo, a su nación, a su Estado.
• Esto es, la lealtad nacional tenía la primacía sobre todos los otros lazos
procedentes de la fe en ciertos principios interestatales, políticos y religiosos.
El Estado nacional después de la
primera y segunda guerra mundial
• Después de la primera guerra mundial se creyó poder perseverar la idea
del Estado nacional. Surgiendo así la Sociedad de Naciones basada en el
clásico concepto de soberanía del Estado nacional, donde ningún Estado
podía ser compelido contra su voluntad a empeñarse en una acción.
• Durante la segunda guerra mundial se invocó el principio de la igualdad
soberana de los Estados amantes de la paz, se declaró que el principio
de la igualdad soberana de todos los Estados nacionales era sobre el
que habría de cimentarse el futuro orden internacional,.
• Se creía que el principio del Estado nacional había de ser en el futuro el
principio político decisivamente determinante de las relaciones
internacionales.
La idea de seguridad, la del Estado
nacional y las Naciones Unidas
• La idea de seguridad nacional es dependiente de las grandes potencias
soberanas, por lo cual los Estados no debieran de sentirse en modo alguno
amenazados en su seguridad.
• Esa concepción permitió la organización de las Naciones Unidas pues el
mundo se había transformado fundamentalmente y llevado a cabo una
evolución que había desligado de su condicionalidad de Estado nacional.
• Se rompió con el principio de la unanimidad y se pretendió introducir el
principio de la mayoría en la nueva constitución internacional y que el
Consejo Mundial de Seguridad habría de tener la última palabra en todas
las cuestiones atañentes a la paz y la guerra
• De ese modo la aspiración de tener internacionalmente en cuenta en las
Naciones Unidas la situación política modificada por la introducción del
principio mayoritario, ha capitulado ante la necesidad de respetar la
soberanía de las grandes potencias.
LA SUPERACIÓN DE
LA ÉPOCA DE LOS
ESTADOS
NACIONALES
Tendencias hacia la unificación del mundo

• Hoy sabemos que en la actualidad no sólo los países, sino los


continentes, dependen económicamente unos de otros, y que las
catástrofes económicas de un continente tienen también como
secuela consecuencias catastróficas sobre los demás.
• Cualquier sitio del mundo es hoy alcanzable en brevísimo tiempo
por el aire. Cualquier cosa que ocurre, y dondequiera que sea, se
pone en la misma hora en conocimiento de todo el mundo.
• Mediante este progreso, hoy el mundo realmente se ha
convertido en gran parte en un solo mundo, este progreso
unificador se ha realizado independientemente de la voluntad
humana y hasta casi se puede decir que contra ella.
Los principios del Estado nacional en la
actualidad
• En este contexto los pueblos habrían de renunciar a su
soberanía política que a entrar en una tercera guerra mundial
que no conocería ni vencedores ni vencidos
• La actual situación los pueblos preferirían la unificación
política a una eventual tercera guerra mundial con sus
aniquiladoras consecuencias.
• En otros términos: los principios del Estado nacional por sí
solos ya no poseen hoy vigor para evitar a la larga una
creciente unificación europea y por encima de ella, la del
mundo en el ámbito político.
La escisión político ideológica del mundo
• La intranquilidad del mundo no se debe hoy tanto a que
los Estados no se hallen dispuestos a renunciar a su
soberanía nacional.
• Se debe a la escisión y desgarramiento ideológico del
mundo, asestado un golpe mortal a la época del Estado
nacional en su forma tradicional.
• Hoy en un conflicto entre la lealtad al Estado nacional y
los lazos políticos ideológicos, los deberes procedentes
de la obediencia a una nación determinada no tienen ya
la natural primacía, como en la época del Estado
nacional.
Consecuencias del dilema ideológico de
la actualidad

• Las profundas transformaciones históricas que se han verificado


ante nuestra vista son más fuertes que los hombres que creyeron
en la idea del Estado nacional y que este podía influir
decisivamente en ellas.
• La disposición a sacrificar la soberanía, y con ella la
independencia del Estado nacional, subsiste sólo sobre todo por
las nuevas armas conocidas.
• Hoy los pueblos parecen estar dispuestos a asumir el riesgo de
una nueva y terrible guerra, antes que querer renunciar a los
fundamentos ideológicos de su propia existencia política y
someter su estilo de vida a un cambio coactivo.
La función ideológica de las Naciones
Unidas en la actualidad
• Hoy vivamos en una época de transición donde preponderan
decisivamente los principios ideológicos, lo que explica por qué
las Naciones Unidas ha tenido que cesar de cumplir con las
funciones que originariamente se le atribuyeron.
• A consecuencia de la desintegración ideológica del mundo, el
principio de la soberanía desempeña hoy funciones que no le
competían en la época del Estado nacional.
• Hoy el derecho de veto se utiliza para proteger la independencia
política de las grandes potencias, que para lograr objetivos
ideológicos, y mediante esa ideología, alcanzar coactivamente
La coexistencia y la escisión ideológica
del mundo
• Además, esas concepciones del mundo opuestas entre sí chocan unas
con otras con tan inexorable dureza porque carecen de ese mínimum
de homogeneidad sin el que una comunidad no puede existir ni política
ni moralmente.
• Si las interpretaciones acerca del mundo y la manera de la convivencia
humana divergen tan fundamentalmente podrían muy bien darse
determinadas concesiones recíprocas de consideración táctica entre
esas ordenaciones tan diferentes.
• En una época tal de coexistencia se viviría con la esperanza de que
hiciese posible una asimilación de los diversos sistemas ideológicos.
• Esto no sucederá mientras las mismas continúen aferradas a sus
supuestos fundamentales, determinantes de su creencia política.
El principio de la no intervención en
una época primordialmente ideológica
• El principio de la no intervención proviene, en el fondo, del
respeto a la soberanía del Estado nacional, ni las Naciones
Unidas pueden ocuparse de los asuntos internos de cualesquiera
de sus miembros.
• Los Estados en esta época primordialmente ideológica ya no
pueden permitirse el permanecer desinteresados ante la
situación jurídica constitucional de otro país.
• El estatuto de las Naciones Unidas trata de modo significativo de
los asuntos que competen a los Estados, y en los que no pueden
inmiscuirse.
• En una época primordialmente ideológica está justificada la
intervención para el control de los asuntos internos de los países
en cuanto que los Estado nacionales.
MUCHAS GRACIAS

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