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Estrés: Tipos, Causas y Efectos en Salud

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TEÓRICAS Y

EMPÍRICAS DE
LA
PSICOLOGÍA
DE LA SALUD
Y DEL
BIENESTAR.

Psic. María José Calam Solis.


El estrés.
Se considera estrés al mecanismo que se pone en marcha cuando una persona se ve envuelta por un
exceso de situaciones que superan sus recursos. Por lo tanto, se ven superados para tratar de
cumplir con las demandas que se le exigen para superarlas. En estos casos, el individuo experimenta
una sobrecarga que puede influir en el bienestar tanto físico como psicológico y personal.

El estrés es la reacción de su cuerpo a un desafío o demanda. En pequeños


episodios el estrés puede ser positivo, como cuando le ayuda a evitar el peligro o
cumplir con una fecha límite. Pero cuando el estrés dura mucho tiempo, puede
dañar su salud.

El estrés es un sentimiento normal. Hay dos tipos principales de estrés:

● Estrés agudo. Este es estrés a corto plazo que desaparece rápidamente.


Puede sentirlo cuando presiona los frenos, pelea con su pareja o esquía en
una pendiente. Esto le ayuda a controlar las situaciones peligrosas. También
ocurre cuando hace algo nuevo o emocionante. Todas las personas sienten
estrés agudo en algún momento u otro.
● Estrés crónico. Este es el estrés que dura por un período de tiempo
prolongado. Usted puede tener estrés crónico si tiene problemas de dinero,
un matrimonio infeliz o problemas en el trabajo. Cualquier tipo de estrés que
continúa por semanas o meses es estrés crónico. Puede acostumbrarse tanto
al estrés crónico que no se dé cuenta que es un problema. Si no encuentra
maneras de controlar el estrés , este podría causar problemas de salud.
Causas

Por tanto, el estrés sirve como estímulo frente a situaciones importantes para la persona afectada, como puede
ser la pérdida de un ser querido, la quiebra económica o frente a una boda. También puede servir como
mecanismo de respuesta, según la Sociedad Española para el Estudio del Estrés y la Ansiedad (SEAS), el estrés se
manifiesta en una primera fase de activación o preparación de la persona frente a este estímulo; después hay un
periodo de mantenimiento del estado de alta actividad y, por último, cuando se ha superado la situación, se pasa
a una fase de agotamiento en la que la alta actividad cae bruscamente. para adaptarse a las exigencias o a las
necesidades activamos el proceso del estrés que permite adaptarse y se manifiesta con reacciones como agilizar
el pensamiento, emplear una conducta más enérgica, aumentar la eficacia para superar determinadas situaciones
con éxito.

El estrés puede causar muchos síntomas, tanto físicos, como psicológicos y emocionales. Muchas veces los
afectados no relacionan los signos con el propio estrés, los más frecuentes son:Dolor de cabeza: es el tipo más
frecuente, todo el mundo ha tenido dolor de cabeza alguna vez. El más común es el dolor de cabeza tensional
(provocado por la tensión muscular que ejercemos sobre la cabeza, la mandíbula y el cuello entre otros), generado
por el estrés o la ansiedad de forma habitual.

● Mala memoria.
● Diarrea (exceso de heces acuosas y blandas) o estreñimiento o dificultad para eliminar heces.
● Falta de energía o de concentración: la gente se centra tanto en un tema, que le cuesta prestar atención al
resto de cosas, perdiendo de ese modo parte de la concentración.
● Cambios de la conducta.
● Problemas de salud mental: como ansiedad o depresión.
● Problemas cardiovasculares y musculoesqueléticas: cuando el estrés se prolonga mucho tiempo.
Modelos basados en el estrés como respuesta

El estrés como respuesta se centra en las respuestas individuales que dan las personas durante situaciones
estresantes, es decir, los cambios psicológicos, fisiológicos y metabólicos que se producen en el organismo. Se
activa una gran cantidad de recursos extraordinarios que supone un desgaste para el organismo. Si la intensidad,
la duración y la frecuencia del estímulo estresante son excesivas, la respuesta de estrés que desencadena produce
determinadas alteraciones fisiológicas (asma, hipertensión, sudoración, etc.), metabólicas (hiperglucemia,
hipercolesterolemia, etc.) y psicológicas (depresión, ansiedad, cambios de humor, etc.). El interés se centra en las
respuestas características del estrés (fisiológicas, psicológicas y conductuales) con independencia del estímulo o
estresor.

Modelos basados en el estrés como estímulo

Es conceptualizado como un estímulo o una característica de la situación que desorganiza o tiene una demanda
excesiva sobre el individuo. El interés se centra en la identificación de las situaciones o condiciones estresantes y
su medición. Los sucesos vitales o situaciones estresantes son experiencias objetivas que desorganizan o
amenazan con desorganizar el estilo de vida habitual de la persona, causando un reajuste en su conducta.
Ejemplos de situaciones estresantes que implican una fuerte demanda de recursos personales son: catástrofes
naturales, separación o divorcio, muerte de un ser querido, pérdida de empleo, etc.

Así, se ha relacionado el estrés, valorado por las escalas de sucesos vitales, con diversas enfermedades físicas y
trastornos psicológicos como la depresión, los trastornos de ansiedad, los trastornos de alimentación y el abuso de
sustancias, entre otros
Modelos basados en el estrés como interacción individuo – ambiente

La variabilidad en la respuesta de estrés no puede ser explicada haciendo referencia únicamente a las condiciones ambientales sin tener
en cuenta las características de la persona, ya que lo que es estresante para un sujeto en un momento dado no lo es para otro. En este
modelo el estrés se define en términos de transacciones o interacciones entre la persona y el ambiente acentuando los factores
psicológicos que actúan entre los estímulos (estresores) y las respuestas de estrés.

Primero, la persona valora las consecuencias del suceso para su bienestar. Si la situación no tiene implicaciones para la persona se
valorará como irrelevante y ésta no experimentará reacciones negativas. Si es valorada como positiva, entonces la persona espera
consecuencias positivas logrando un bienestar que genera emociones positivas como alegría, felicidad, tranquilidad.

Por el contrario, si la situación es valorada como estresante, amenazante o desbordante implica la movilización de las estrategias o
recursos de afrontamiento. Así, la persona analiza sus habilidades para hacer frente a la situación estresante mediante las respuestas y
recursos de afrontamiento disponibles. Es una evaluación dirigida a determinar qué puede hacerse. La persona evalúa si puede hacer
frente a la situación con éxito y está condicionada por las capacidades y recursos que tenga.

Modelos de vulnerabilidad al estrés

Los modelos anteriormente expuestos han reconocido que el estrés contribuye al desarrollo y mantenimiento de los trastornos
psicopatológicos, siendo un factor determinante en los mismos. Sin embargo, el hecho de que no todos los individuos que experimentan
sucesos estresantes desarrollan un trastorno psicológico ha conducido al reconocimiento de que hay factores de vulnerabilidad que
predisponen a algunos individuos a la psicopatología cuando se enfrentan a los sucesos estresantes. Estos modelos combinan la
vulnerabilidad y el estrés como procesos que conducen al trastorno en un proceso interactivo.

Así, determinados sucesos son considerados estresantes si el individuo los valora como tal y tienen en cuenta otras fuentes de estrés
como la acumulación de estresores o molestias diarias, sucesos vitales negativos, los factores socioeconómicos, etc. También toman en
consideración otros factores importantes. Uno es que algunos sucesos estresantes que suceden a las personas son resultado de las
conductas y acciones de las propias personas. Por ejemplo, una persona con déficit en habilidades sociales puede tener relaciones
interpersonales difíciles con sus conocidos, compañeros de trabajo o amigos íntimos que genere estrés. Los individuos vulnerables, o
Psiconeuroinmunología.
La enfermedad es, a menudo, el resultado de la interacción de múltiples factores, interacción
que tiene lugar principalmente a través de los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario. Se
aborda la denominada psiconeuroinmunología, como rama de la ciencia que estudia las
complejas interrelaciones entre el sistema nervioso central y el sistema inmunitario.

Durante las últimas décadas se ha ido acumulando bastante información que apoyaba la
hipótesis según la cual los sistemas nervioso y endocrino desempeñan un importante papel
en la fisiopatología de enfermedades que afectan al sistema inmunitario, incluyendo
procesos infecciosos, cáncer y enfermedades autoinmunitarias.

Actualmente se admite que la interacción entre el sistema nervioso central y el organismo es


mucho más dinámica de lo que se creyó en un principio, puesto que hay una serie de
sustancias que, partiendo del sistema inmunitario, son capaces de alterar las funciones
psicológicas y neurológicas, actuando tanto a nivel central como periférico, lo que hace
pensar que la comunicación entre ambos sistemas tiene un carácter bidireccional.
RESPUESTA INMUNITARIA

La inmunidad innata o inespecífica y la inmunidad específica o adquirida son los dos


componentes que, convenientemente comunicados, constituyen el sistema inmunitario.
A su vez, la inmunidad específica incluye dos subtipos: la inmunidad humoral,
representada por los anticuerpos producidos por los linfocitos B, y la inmunidad celular,
mediada por los linfocitos T.
IMPACTO CLÍNICO DE LAS ALTERACIONES INMUNITARIAS GENERADAS POR
ESTRÉS

El estrés grave, tanto si es agudo como si es crónico, influye profundamente en la susceptibilidad y


en la evolución de patologías agudas y crónicas, ya que induce desórdenes en la inmunorregulación,
y específicamente, en las cadenas de citoquinas inmunorreguladoras. Entre los cuadros clínicos que
se asocian al estrés se incluyen infecciones, trauma, cáncer, alergia, autoinmunidad y enfermedades
psiquiátricas.

Como ya se ha mencionado, la comunicación entre sistema inmunitario y sistema nervioso central es


de carácter bidireccional y comienza ya en el propio embrión, en el que aparecen gran cantidad de
moléculas inmunorreguladoras, tales como el factor de necrosis tumoral a. Esta comunicación se
mantiene durante toda la vida, con lo que se demuestran los efectos neuropsicológicos de las
citoquinas, la activación inmunitaria y los efectos inmunomoduladores del sistema neuroendocrino.
Ésta es la razón por la que actualmente existen numerosas investigaciones en curso sobre los efectos
que ejercen las citoquinas en enfermedades inflamatorias, neuropsicológicas y degenerativas, de
modo que el estudio del efecto del estrés en patologías como la depresión, la esquizofrenia, la
enfermedad de Alzheimer o el propio proceso de envejecimiento es una disciplina de máxima
actualidad.

ENTRE LOS CUADROS CLÍNICOS QUE SE ASOCIAN AL ESTRÉS SE INCLUYEN INFECCIONES,


PROCESOS INFECCIOSOS

El estrés induce una inmunodesviación de las citoquinas, proceso que parece influir poderosamente en la evolución de las
enfermedades infecciosas, especialmente en aquellas producidas por gérmenes intracelulares combatidas mediante
inmunidad celular Th1, células citotóxicas natural killer, CD4 y CD8. Se incluyen aquí procesos virales, tuberculosis, lepra,
sífilis, infecciones fúngicas, enfermedades parasitarias y tumores, especialmente los asociados a infecciones. Se sabe que las
infecciones virales, y especialmente las de virus persistentes como los del grupo herpes, muestran reactivación durante el
estrés, junto o simultáneamente con alteraciones inmunitarias funcionales y cuantitativas. También ha sido demostrada una
ineficiente respuesta inmunitaria a vacunas virales administradas a personas en situación de estrés. Mención especial merece
la infección por el VIH, en la que se ha demostrado que las citoquinas están involucradas, por ejemplo, en la progresión de la
infección desde el estado asintomático al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), caquexia, síndrome de desgaste
metabólico y génesis de tumores. Los pocos enfermos que experimentan una mejora espontánea en la infección por VIH la
deben a distintos factores que favorecen el desarrollo de inmunidad específica anti-VIH con células CD8. Actualmente se
dispone de evidencias, tanto biológicas como clínicas, que corroboran las sospechas existentes acerca de la importancia de los
factores estresantes de tipo psicosocial, emocional y traumático, en la aceleración de la progresión hacia el sida.

ENFERMEDADES AUTOINMUNITARIAS Y ALERGIA

El efecto del estrés en los procesos autoinmunitarios es sumamente complejo. Puede exacerbar en unos casos y mejorar en
otros los síntomas de los diversos cuadros autoinmunitarios.

Por otra parte, deben tenerse muy en cuenta los estados hipo e hiperactivos del eje del estrés (eje
hipotálamo/hipófisis/adrenal), que son abundantes en la clínica humana. Se consideran estados hipoactivos la supresión de la
corticoterapia, el posparto inmediato, el síndrome de fatiga crónica, la enfermedad de Addison y la tensión premenstrual, entre
otros. Los sistemas de estrés hiperactivos se aprecian en estrés crónico, alcoholismo y síndrome de abstinencia, depresión,
desnutrición, ejercicio exagerado y primer trimestre del embarazo, entre otrosS
CÁNCER

Determinados estados anímicos como la depresión se han asociado con la génesis y evolución de procesos
malignos. Se ha observado que la respuesta inmunitaria se ha correlacionado con la supervivencia al cáncer.Se
sabe que el estrés favorece el desarrollo de neoplasias, debido fundamentalmente a alteraciones en la
inmunorregulación y en el ADN que afectan a los mecanismos de reparación de éste. Hay evidencias que
demuestran que los sujetos estresados son más vulnerables a los tóxicos ambientales, tanto a nivel inmunitario
como genético.

ENFERMEDADES PSIQUIÁTRICAS

En relación con los trastornos psiquiátricos, las citoquinas parecen desempeñar un importante papel en
patologías tales como la esquizofrenia y la enfermedad de Alzheimer. Respecto a esta última, se ha observado
un aumento de las interleuquinas 1 y 6, que a su vez se han correlacionado con incrementos en la síntesis de
proteínas amiloides, por lo que pueden considerarse uno de los factores determinantes de esta enfermedad.

Al abordar la relación entre trastornos psiquiátricos y sistema inmunitario, se observa que la depresión ha sido
la enfermedad más estudiada en este ámbito, habiéndose observado en su desarrollo una disminución en la
actividad de las células natural killer y en la respuesta a mitógenos. Por otra parte, la severidad de la
depresión, la edad y el sexo del afectado también influyen en el funcionamiento del sistema inmunitario. Las
alteraciones encontradas en los enfermos deprimidos podrían explicarse a partir de la alteración en la
secreción de cortisol, sustancia que desempeña un importante papel en el funcionamiento del sistema
inmunitario.
Estrategias de investigación.
La epidemiología surgió para el estudio de las epidemias en las enfermedades infecciosas —de ahí
su nombre— y fue de gran utilidad para la identificación de sus causas. En el siglo xx los estudios
epidemiológicos se extendieron a las enfermedades no infecciosas, y en el análisis de estos
estudios se empleó el método epidemiológico, valiéndose principalmente de la demografía y la
estadística.

La epidemiología es la disciplina científica que estudia la distribución, la frecuencia, los


determinantes, las asociaciones y las predicciones de los factores relacionados con la salud y
enfermedad en poblaciones humanas, y ocupa un lugar especial en la intersección entre las
ciencias biomédicas y las ciencias sociales; aplica los métodos y principios de estas ciencias al
estudio de la salud y la enfermedad en poblaciones humanas, tomando en cuenta la temporalidad
(evolución en el tiempo).

Se la considera una ciencia básica de la medicina preventiva y una fuente de información para la
salud pública en la elaboración de programas.
La investigación epidemiológica se basa en las funciones de la epidemiología, las
cuales contribuyen a:

1) Identificar los problemas de salud importantes de una comunidad.


2) Describir la historia natural de una enfermedad.
3) Descubrir los factores que aumentan el riesgo de contraer una enfermedad (su
etiología).
4) Aclarar los posibles mecanismos y formas de transmisión de una enfermedad.
5) Predecir las tendencias de una enfermedad.
6) Determinar si la enfermedad o problema de salud es prevenible o controlable.
7) Determinar la estrategia de intervención (prevención o control) adecuada.
8) Probar la eficacia de las estrategias de intervención.
9) Cuantificar el beneficio conseguido al aplicar las estrategias de intervención sobre la
población.
10) Evaluar los programas de intervención.
11) La medicina moderna, especialmente la mal llamada medicina basada en la

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