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Lectio Divina

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Lectio

Divina
Lectio
Divina
Proverbios 13, 14
La enseñanza del sabio es fuente de vida y libra de los lazos de la muerte .

Presentación
La Lectio Divina es una práctica muy importante, que fue empleada durante muchísimo tiempo en la
Iglesia Católica, y que ha sido muy recomendada por los últimos Papas. Esta práctica te permite
adentrarte en las Sagradas Escrituras, conociendo cómo Dios te habla personalmente a través de ellas.
El objetivo de las presentes guías es facilitarte la realización de las primeras Lectio Divina propuestas
para que sirvan como ejemplo para el resto. Estas guías están basadas en la sabiduría del Magisterio de
la Iglesia Católica y, por supuesto, en las Sagradas Escrituras. Pues nuestra Santa Madre la Iglesia
Católica es muy sabia, y gracias a ella he progresado mucho, daré gloria a quien me ha dado la
sabiduría (Eclesiástico 51, 17).
Invocación al Espíritu Santo
Para empezar la Lectio Divina hagamos la señal de la cruz
y recemos el himno Veni Creator Spiritus. De esta forma
pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a comprender y
poner por obra esta Palabra que vamos a escrutar.

Ven, Espíritu creador, visita las almas de tus fieles y llena


de la divina gracia los corazones que Tú mismo creaste. Tú
eres nuestro Consolador, Don de Dios Altísimo, fuente
viva, fuego, caridad y espiritual unción. Tú derramas sobre
nosotros los siete dones; Tú, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre; Tú, que pones en nuestros
labios los tesoros de tu palabra. Enciende con tu luz
nuestros sentidos; infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra débil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto la paz, sé Tú
mismo nuestro guía y, puestos bajo tu dirección,
evitaremos todo lo nocivo. Por Ti conozcamos al Padre, y
también al Hijo; y que en Ti, espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo. Gloria a Dios Padre, y al Hijo
que resucitó, y al Espíritu Consolador, por los siglos
infinitos. Amén
Primer paso del Lectio Divina

Vamos a leer la lectura despacio, intentando escuchar lo que Dios nos está tratando de decir con ella. Para comprender
mejor la lectura es necesario mencionar el nombre de Dios: “Yahvé”, que significa “yo soy el que soy” o “el que es”.

Deuteronomio 6, 4-9
Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón,
con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a
tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un
signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.

Esta lectura tiene un importantísimo paralelo en el evangelio según San Mateo, donde le preguntan a Jesús cual es el
mandamiento mayor de la Ley. Hay que destacar que Jesús vivía entre los judíos y estos no ven la Ley como un
conjunto de normas impuestas con sus respectivos castigos, sino como una Palabra de vida de parte de Dios que les
indica el camino de la Vida. Este paralelo dice lo siguiente:

Mateo 22, 36-39


«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas»
MEDITACION

Esta lectura nos habla del mayor y primer mandamiento de la Ley. Es decir,
nos habla de la principal guía que tenemos para recorrer el camino de la
Vida: amar a Dios sobre todas las cosas. El significado es claro: si quieres
ser feliz sólo Dios puede ser tu Dios, nada ni nadie más, y a Él sólo has de
amar. Sin embargo, esto no es una imposición, sino una respuesta al amor de
Dios y a su Palabra. Por ello, la lectura empieza diciendo algo fundamental:
¡Escucha! Escucha a Dios, escucha su Palabra, bebe de sus consuelos, deja
que te guíe por el buen camino, acepta la corrección, observa en tu vida el
amor de Dios; y cuando reboses de agradecimiento a Dios por todo ello
decídete por Él y solo por Él.

Pero esta Palabra... ¿Significa que debemos dejar de lado todas nuestras
relaciones? No. En el paralelo Jesús nos lo muestra bien claro: hay un
segundo mandamiento semejante al primero que consiste en amar al
prójimo, pues si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un
mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a
Dios, a quien no ve (1 Juan 4, 20). Y que sea un mandamiento semejante
solo puede significar una cosa: que el segundo sin el primero no puede
subsistir y viceversa. Por lo tanto, debemos tener ambos mandamientos
siempre presentes, sin separarlos, ya que constituyen la guía principal para
recorrer el camino de la Vida.
Sin embargo, amar a Dios es el primer mandamiento por un motivo: si primero van las personas nos hacemos
dependientes de su afecto, de que nos consideren, de que nos respondan bien, de que se lleven bien con nosotros, etc.
Y sin darnos cuenta hemos pasado de amar a las personas a amar lo que las personas nos hacen sentir (afecto,
consideración, fama, amistad, etc.). Y eso nos puede, eventualmente, hacer esclavos de ellas por el miedo a perder esas
cosas. Sin embargo, si amamos a Dios primero con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, no querremos en
exceso nada de lo que nos puedan dar los demás, y por lo tanto seremos libres para amarlos y buscar su bien sin temor
a perder nada.

No nos olvidemos tampoco de la importancia que tiene mantener estos dos mandamientos en nuestro corazón,
teniéndolos presentes durante todos los momentos del día. También es de vital importancia transmitir la Fe, que
incluye de forma especial estos dos mandamientos, a nuestros hijos y a todos los que estén dispuestos a escuchar esta
buena noticia del amor de Dios.
Una vez terminada la meditación, permanezcamos cinco
minutos en oración silenciosa, meditando a la luz de la Palabra
la siguiente pregunta: “¿Qué me dice Dios a mi vida concreta
con esta Palabra?” Cuando más práctica, concreta y aplicada a
nuestra vida sea la respuesta, mejor. Porque con esta Palabra
Dios te esta hablando hoy personalmente a ti.

Oración
Continuemos la Lectio Divina con una oración personal a
nuestro Padre celestial, pidiéndole lo que necesitamos para
llevar a nuestra vida esta Palabra, y dándole gracias por
habernos ayudado a comprenderla. A continuación, recemos el
Padre Nuestro y no nos olvidemos de nuestra madre María
saludándola con un Ave María. Terminemos, finalmente,
realizando la señal de la cruz con la intención de llevar esta
Palabra con perseverancia a nuestra vida diaria, sin dudar nunca
de que... ¡Dios nos ama!
Ciertamente, Cristo vive en las
Escrituras, eso lo sabe muy bien la
Iglesia y por eso les ha tributado siempre
una veneración parecida a la dedicada al
mismo Cuerpo del Señor. La Lectio
Divina hará que te encuentres con Él en
la Biblia y que aprendas a «pensar con
los pensamientos de Cristo» y a tener
«los mismos sentimientos de Cristo
Jesús» (Flp 2, 5). De ese modo, la Biblia
se convertirá en la brújula y el mapa de
tu vida, indicándote el camino a seguir
en cada paso.
La Palabra de Dios es para la Iglesia
(comunidad de los discípulos de Jesús) el
alimento que la sostiene.
La Iglesia es convocada por la Palabra, sin
Palabra no hay Iglesia, pues vive de la
Palabra de Dios y de ella depende.
Al tratar la Lectio Divina en la historia de
la Iglesia, reconocemos las glorias y
los exilios que la Sagrada Escritura ha
enfrentado.
Los cristianos hemos nacido de ella y a
ella requerimos volver nuevamente.

PREGUNTAS?
¡GRACIAS!

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