LA PRUDENCIA
Aristóteles compara al ser humano con un arquero
apuntando al blanco; de la misma forma que el
objetivo de éste es dar en el blanco, el fin del
hombre es el de ser feliz, alcanzar una vida buena.
No todos piensan que el contenido de la felicidad
sea el mismo. Aristóteles nos presenta, al menos, 3
modelos:
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1. Los que piensan que la felicidad está en el
placer, la riqueza o los honores.
2. Aquellos que argumentan que la felicidad
consiste en la satisfacción de una carencia
personal: así, la felicidad sería la salud para el
enfermo, la riqueza para el pobre, la cultura para el
ignorante…
3. Los que no están de acuerdo con ninguna de las
anteriores, y creen que, si las anteriores son
positivas, es precisamente porque contribuyen a
otro fin, a otro bien que hace que los anteriores
sean buenos.
Aristóteles se identifica con la tercera opción, que, desde su punto de
vista, es la única autárquica. Los placeres y las riquezas son
accidentales en nuestra vida. La felicidad no puede ser una sensación
o un disfrute pasajero, sino, más bien, una forma de vida, que será
necesariamente estable y duradera. Tampoco puede ser únicamente
la satisfacción de una carencia. Evidentemente el hombre feliz no
puede tener carencias, pero es necesario añadir algo más para lograr
ser feliz. Este algo más es la
VIRTUD.
Así, Aristóteles nos ofrece una primera definición de felicidad:
actividad del alma dirigida por la virtud. Sólo el hombre virtuoso,
aquel que no sólo conoce las virtudes sino que las pone en práctica
(pues la felicidad es actividad) en su vida cotidiana, puede ser feliz.
Pero si la felicidad nos remite a la virtud, la pregunta inicial (¿Qué es
la felicidad?) se convierte ahora en una nueva pregunta: ¿Qué es la
virtud?
La virtud para Aristóteles es una disposición permanente del alma a
obrar bien. El hombre virtuoso es aquel que está predispuesto a
En la Masonería perseveramos en la práctica de la Virtud
y poseemos las cuatro virtudes cardinales representadas
en las borlas del cuadro simbólico: la Prudencia, la
Templanza, la Fortaleza y la Justicia
La primera virtud cardinal es la Prudencia, que es una
virtud de la razón, no especulativa, sino práctica: es un
juicio ordenado a una acción concreta que permite abrir la
puerta para la realización de las otras virtudes.
La prudencia es tan discreta que pasa inadvertida ante
nuestros ojos. Nos admiramos de las personas que
habitualmente toman decisiones acertadas, dando la
impresión de jamás equivocarse; sacan adelante y con
éxito todo lo que se proponen; conservan la calma aún en
las situaciones más difíciles, percibimos su comprensión
hacia todas las personas y jamás ofenden o pierden la
compostura. Así es la prudencia, decidida, activa,
El valor de la prudencia no se forja a través de
una apariencia, sino por la manera en que
nos conducimos ordinariamente. La prudencia
nos hace tener un trato justo y lleno de
generosidad hacia los demás, edifica una
personalidad recia, segura, perseverante,
capaz de comprometerse en todo y con
todos, generando confianza y estabilidad en
quienes nos rodean, seguros de tener a un
guía que los conduce por un camino seguro.
La Prudencia no es aquella pusilanimidad o
indiferencia que nos aconseja no arriesgarnos
cuando debemos, sino que debe ser la virtud que
conduce a las demás virtudes, indicando las reglas
que están en juego.
Prudencia es dominar las emociones y las pasiones
para ajustar nuestro comportamiento a los dictados
de nuestra razón, teniendo en cuenta, con total
discernimiento, la motivación y consecuencia de
nuestros actos y su correspondencia con las
Virtudes que practicamos y Principios que
sustentamos.
Observa tus 'Pensamientos,' Se convertirán en palabras.
Observa tus 'Palabras', Se convertirán en acciones.
Observa tus 'Acciones', Se convertirán en hábitos.
Observa tus 'Hábitos', Se convertirán en carácter.
Observa tu 'Carácter', Se convertirá en tu 'Destino'
Antes de Rezar…PERDONA
Antes de Hablar…ESCUCHA
Antes de Escribir…PIENSA
Antes de Gastar…GANA
Antes de Criticar…ESPERA
Antes de Rendirte…PRUEBA
POR ESO:
Conclusiones
Nadie nace prudente, y además todos dependemos de los
condicionamientos de la familia con cual nos criamos, del grado de
educación que recibimos y de la sociedad donde nos desenvolvemos:
pero tenemos la disposición natural para adquirir hábitos tanto como la
virtud, como el vicio: los dos son hábitos voluntarios que requieren de
conciencia, elección reflexiva y decisión;
El hombre prudente decide y ordena su conducta aplicando los
principios morales a cada caso y superando las dudas que puedan surgir
respecto del bien que se debe hacer y el mal que se debe evitar. Es por lo
tanto la Prudencia, la virtud por excelencia que guía directamente el
juicio que efectúa la consciencia.
“La virtud propone el fin recto y la prudencia los medios conducentes”
Es mi palabra.