Tema 2: la
Generación del 98
Características. Principales autores y
obras
Definición. El término: Generación o Grupo del 98
Grupo de escritores que, dentro de la misma generación históricas del
Modernismo, tienen con este ciertos puntos en común y notables diferencias.
EN COMÚN DIFERENCIAS
Espíritu de protesta Gen 98: prefieren la narrativa y
el ensayo.
Modernismo: prefiere la lírica.
Rechazo del Realismo y de la Gen 98: mayor sobriedad
objetividad en literatura. estilística.
Se prefiere la intuición y la Gen 98: preocupación intelectual
subjetividad en la búsqueda de por los problemas concretos y
verdades profundas. materiales de España.
Nuevo lenguaje más claro y bello.
El nombre de Generación del 98 fue propuesto por Azorín en
unos artículos de 1913 para referirse a un grupo de escritores
españoles (Unamuno, Baroja, Maeztu, Valle-Inclán, Benavente,
Rubén Darío y él mismo) con un espíritu de protesta y un
profundo amor al arte.
Algunos escritores como Unamuno o Baroja rechazaron esta
denominación, pero el término acabó triunfando.
Por otro lado, es discutible que todos los escritores cumplan todos
los requisitos para ser considerados generación. Sí cumplen:
nacimiento en pocos años distantes, participación en actos
colectivos (homenaje a Larra), la existencia de un acontecimiento
generacional como fue la pérdida de las colonias, ideología
progresista en la juventud, preocupación por España y visión
subjetiva de la realidad. Pero no cumplen con la formación
intelectual semejante o un lenguaje generacional común. Por ello,
Características principales del
Grupo o Generación del 98
1- Evolución similar: en su juventud, todos eran procedentes de
las clases medias y se hallaban marcados por doctrinas
revolucionarias (PSOE, anarquistas…). Unamuno pertenece al
PSOE durante varios años y escribe en revistas “subversivas”.
Maeztu comparte “los anhelos socialistas” y expone sus ideas
revolucionarias en Hacia otra España (1899). Azorín se declaró
anarquista. Baroja también mostró afecto por el anarquismo.
En 1901, firmando como el grupo de Los Tres, Baroja, Maeztu y Azorín,
publican un Manifiesto, con el deseo de cooperar en la “generación de
un nuevo estado social en España”. Diagnostican la descomposición
del ambiente espiritual y el hundimiento de las certezas filosóficas.
Vienen nuevos aires. Ideológicamente, se han alejado de los
compromisos políticos iniciales y dan un giro hacia el reformismo de
Aunque en los últimos años del XIX y primeros del XX las fórmulas realistas y
naturalistas (autor omnisciente, importancia de la descripción…) siguen
contando con el favor del público, en 1902 se publican cuatro novelas: La
voluntad (Azorín), Camino de perfección (Baroja), Amor y pedagogía (Unamuno)
y Sonata de otoño (Valle), que presentan una ruptura con el Realismo-
Naturalismo.
Sonata de otoño (Valle): está protagonizada por el Marqués de Bradomín.
Un donjuán feo, católico y sentimental, con descripciones impresionistas
idealizadas, ritmo poético y lenguaje modernista.
Amor y pedagogía (Unamuno): protagonizado por un señor grotesco y
absurdo, sátira del pensamiento positivista del XIX burla de la falsa cultura y
de la incultura general.
La Voluntad (Azorín): está protagonizada por el propio Antonio Azorín,
personaje que analiza tanto las situaciones que al final no actúa por la
imposibilidad de decidirse entre una idea y otra. Destaca el anticlericalismo.
Camino de perfección (Baroja): está protagonizada por Fernando Osorio,
alter ego (persona en quien se reconoce o se identifica a otra) del autor. Está
plagda de diálogos y discusiones filosóficas. Es una narración rápida y ágil,
sintaxis clara y párrafos cortos. Se plasma la preocupación social.
En su madurez, a partir de 1902 o 1905, pasado ya el radicalismo juvenil, se
configura lo que se ha considerado la “mentalidad del 98” y que corresponde a
la madurez de los autores. Destacan notas comunes: neorromanticismo,
preocupaciones existenciales y el tema de España se enfoca en el plano de los
valores, ideas y creencias.
Signo inverso: trayectorias ideológicas de Antonio Machado y Valle. En el
Machado de Campos de Castilla (1912) pueden verse afinidades con el 98. Pero
la afinidad en los temas es superficial: la evolución ideológica de Machado le
lleva cada vez más a la izquierda, con lo que se distancia de los típicos
noventayochistas. Semejante es el caso de Valle-Inclán, quien, hacia 1917, pasa
de su tradicionalismo inicial hacia posiciones progresistas cada vez más
radicales.
2- Temática semejante: preocupación por los problemas de España
(denuncian el atraso, analfabetismo, caciquismo… y ofrecen soluciones), la
intrahistoria (la historia que está debajo de la oficial, de la de los libros, es decir,
la vida humilde de las personas que trabajan cada día) y las preocupaciones
existenciales y los conflictos religiosos (se preguntan sobre el sentido de la
existencia humana y la presencia de Dios).
3- Estética, lenguaje y estilo común con diferencias: aunque en los
últimos años del XIX y principios del XX las fórmulas realistas y naturalistas
(observación de la realidad, importancia de la descripción, autor omnisciente…)
siguen contando con el favor del público, a partir de 1902, con la publicación de
las cuatro novelas señaladas anteriormente, se observan las siguientes
características:
a. Frente la estructura perfectamente diseñada de la novela realista
(presentación, nudo y desenlace) y las descripciones, los autores de la
Generación del 98 prefieren lo que ellos llaman “estructura abierta” o
“novela en libertad”.
b. La realidad se tiñe de subjetivismo, de sensibilidad personal. Ya no
interesa reproducir fielmente la realidad, sino su reflejo en el individuo.
c. Desplazamiento del punto de vista: son varios protagonistas los que
cuentan los hechos. Se pasa de la 1ª a la 3ª persona y viceversa.
d. Es el propio personaje el que se autoanaliza. Lo conocemos a
medida que se manifiesta en diferentes momentos de su vida.
e. Importancia del diálogo.
f. Es frecuente, ahora, la divagación intelectual.
g. Las novelas tienen ahora una clara preocupación artística; es
decir, hay un propósito de renovar el estilo y las técnicas
narrativas. En esa renovación con frecuencia los límites entre los
géneros literarios se vuelven difusos.
En el estilo, podemos observar rasgos comunes también:
rechazo de todo barroquismo y retoricismo, tendencia la lirismo-
subjetivismo, lenguaje sobrio, preciso y claro, tenencia a la
innovación en los géneros literarios (las nivolas de Unamuno), el
uso del ensayo…
La prosa (narrativa y ensayística): Pío
Baroja, Azorín y Miguel de Unamuno
José Martínez Ruiz, Azorín (1873-1967). Fue uno de los grandes renovadores de la narrativa.
En sus obras el argumento no tiene importancia, más bien solo parece un pretexto para
desarrollar pinturas de ambientes y galerías de personajes desazonados existencialmente.
Entre sus novelas, destacan: La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un
pequeño filósofo. Las tres son de carácter autobiográfico y con un protagonista que le
proporcionó al autor el seudónimo. Más tarde, escribirá novelas basadas en tipos literarios
como Don Juan, Doña Inés, etc.
Temáticamente, encontramos: importancia de lo autobiográfico, reflexión sobre el paso
del tiempo, fugacidad de la vida y la muerte, el paisaje de Castilla y la nostalgia evocada, el
pasado de España y de sus protagonistas, el anticlericalismo y las preocupaciones sociales.
En cuanto al estilo de las novelas, el lenguaje pasa a ser fundamental. El estilo es lento,
lírico, preciso y claro.
Sus ensayos se dedican a la contemplación del paisaje castellano (Alma castellana) y a la
indagación sobre la literatura española clásica (Ruta de don Quijote, Clásicos y
Pío Baroja (1872-1956)
Baroja tiene una concepción de la novela abierta, pues piensa que es un “género multiforme” en el que
caben narraciones, descripciones o reflexiones, filosofía, psicología, aventura…bajo el denominador común
de una visión subjetiva del mundo por parte del protagonista inadaptado.
Baroja estaba en contra de los novelistas que parten del argumento cerrado y definitivo. Sus novelas tienen
muchos cambios. La invención, imaginación y observación eran para Baroja las cualidades del novelista. De
su concepción abierta se deriva la tendencia a la fragmentación, característica de sus novelas.
Sus narraciones, por otro lado, se caracterizan por su pesimismo en la concepción de la vida y el
hombre. La temática es la soledad, amargura, pesimismo o escepticismo religioso y político. Es
recurrente la presencia de las clases más bajas de la sociedad en ciudades como Madrid y la recreación de
ambientes y situaciones cotidianas.
Estilo: lleva al extremo la tendencia antirretórica de los del 98. Su prosa es rápida y nerviosa, con un
tono agrio, aunque no exento de páginas llenas de invocaciones líricas y de ternura.
Su obra es muy extensa. Además de novelas cortas, cuentos, ensayos (Juventud, egolatría), biografías,
publicó más de sesenta novelas, de las cuales la mitad se agrupan en trilogías:
-Tierra vasca: La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz y Zalacaín el aventurero (1909).
-La lucha por la vida: La busca (1904), Mala hierba y Aurora roja.
-La raza: El árbol de la ciencia (1911), La dama errante y La ciudad de la niebla.
A partir de 1931, escribe novelas centradas en un antepasado suyo, cuyo título es Memorias de un
hombre de acción.
Miguel de Unamuno (1864-
1936)
Se esforzó en convertir la novela en un instrumento de profunda
reflexión sobre la condición humana. Le concede más importancia a las
ideas transmitidas que a la acción propiamente dicha o a la descripción
de personajes o lugares.
Su primera novela, Paz en la guerra (18987) trata sobre la guerra
carlista en Bilbao con fórmulas realistas. Pero en 1902 publica Amor y
pedagogía, empleando técnicas nuevas. Esto le lleva a tener críticas.
Por ello, acuñó el término nivola para denominar al tipo heterodoxo
(fuera de los principios de una doctrina o fuera de la norma) de novela
que él componía.
Características de la nivola:
Renunciar a cualquier preparación previa e “ir insertando de todo lo
que se presenta”.
Concentración de la acción y ausencia de descripciones. Lo
importante es el desarrollo de los conflictos íntimos de los personajes.
Adquiere relevancia el diálogo y el monólogo por ser la forma directa
de plasmar las ideas e inquietudes de los personajes.
Carácter autobiográfico. Los personajes son el “alter ego” del autor. En ellos vierte sus
angustias, inquietudes y problemas.
Participación del lector, que Unamuno exige al proponer en prólogos y post-prólogos,
epílogos, etc., interpretaciones contradictorias de las obras o al polemizar sobre diversos
aspectos de ellas.
Niebla (1914) aborda los problemas existenciales y de identidad de su protagonista, Augusto
Pérez, que, como personaje de ficción, decide matar al propio Unamuno, su autor, que también
aparece como personaje real.
La tía Tula (1921) trata sobre el sentimiento de maternidad.
En San Manuel Bueno, mártir (1931) afronta el problema de la incertidumbre de la fe a
través de la historia de un sacerdote de pueblo que carece de fe, pero finge tenerla en aras de
la felicidad de su pueblo.
Lengua: no busca la elegancia, sino la expresividad y la intensidad afectiva. Busca una
lengua “seca, precisa, rápida, caliente”. Rescató también numerosas palabras
“turruñeras”.
Unamuno también vuelca sus preocupaciones filosóficas y religiosas en ensayos como La
agonía del Cristianismo o Del sentimiento trágico de la vida (plantea la vida del hombre
como un combate entre fe y razón). Su preocupación por España y la búsqueda de sus valores
eternos se plasman en ensayos como En torno al casticismo y Vida de don Quijote y
Sancho. En ellos analiza los males de España: el falso patriotismo, el militarismo, la
En un principio, propone modernizar España
europeizándola, pero luego expone lo contrario:
“españolizar Europa”.
También escribió Unamuno obras poéticas. Se alejó
del Modernismo y se influyó por los metros
tradicionales: romances, coplas…En sus primeras
composiciones intentó eliminar la rima, pero más
tarde recurrió a ella. Destacan: Rosario de sonetos
líricos (1911), El Cristo de Velázquez (1920),
Andanzas y visiones españolas (1922), Rimas de
dentro (1923) y Romancero del destierro (1928).