Antología
poética del
Siglo de Oro
Preguntas teóricas
1. Principales tipos de estrofas, composiciones, series poéticas y versos de
la poesía italianizante: desde el soneto o la octava real y la lira a la silva.
2. Los grandes tópicos y temas de la poesía áurea: el bucolismo, el
platonismo, el carpe diem, el estoicismo de raíz horaciana (fray Luis de
León).
3. El simbolismo de la poesía de San Juan de la Cruz: las tres vías místicas.
4. El llamado “culteranismo” y el conceptismo (Góngora frente a Lope y
Quevedo).
5. El resurgimiento de la poesía tradicional: villancicos, canciones, romances,
letrillas y otras composiciones de tipo tradicional.
El Renacimiento
Contexto histórico y social
El Humanismo
La lírica culta italianizante: Garcilaso de la Vega y
Boscán (pregunta 1)
Poemas de la antología
Contexto europeo
La poesía
española en el
Renacimiento
[Link]
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Contexto italiano
Métrica renacentista
Temas y tópicos renacentistas
El petrarquismo
Garcilaso de la Vega (1501-1536)
SONETO XXIII
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
coged de vuestra alegre primavera
enciende al corazón y lo refrena;
el dulce fruto, antes que el tiempo airado 10
cubra de nieve la hermosa cumbre;
y en tanto que el cabello, que en la vena 5
del oro se escogió, con vuelo presto,
marchitará la rosa el viento helado.
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
Todo lo mudará la edad ligera
el viento mueve, esparce y desordena:
por no hacer mudanza en su costumbre.
El ideal de belleza femenina
CANCIÓN V. ODE AD FLOREM GNIDI
Si de mi baja lira por quien los alemanes,
tanto pudiese el son que en un momento el fiero cuello atados,
aplacase la ira y los franceses van domesticados;
del animoso viento mas solamente aquella
y la furia del mar y el movimiento, fuerza de tu beldad sería cantada,
y en ásperas montañas y alguna vez con ella
con el süave canto enterneciese también sería notada
las fieras alimañas, el aspereza de que estás armada,
los árboles moviese y cómo por ti sola
y al son confusamente los trujiese: y por tu gran valor y hermosura,
no pienses que cantado convertido en vïola,
seria de mí, hermosa flor de Gnido, llora su desventura
el fiero Marte airado, el miserable amante en tu figura.
a muerte convertido, Hablo d’aquel cativo
de polvo y sangre y de sudor teñido, de quien tener se debe más cuidado,
ni aquellos capitanes que ’stá muriendo vivo,
en las sublimes ruedas colocados, al remo condenado,
en la concha de Venus amarrado.
Por ti, como solía, yo puedo ser testigo,
del áspero cabello no corrige que ya del peligroso
la furia y gallardía, naufragio fui su puerto y su reposo,
ni con freno la rige, y agora en tal manera
ni con vivas espuelas ya l’aflige; vence el dolor a la razón perdida
por ti con diestra mano que ponzoñosa fiera
no revuelve la espada presurosa, nunca fue aborrecida
y en el dudoso llano tanto como yo dél, ni tan temida.
huye la polvorosa No fuiste tú engendrada
palestra como sierpe ponzoñosa; ni producida de la dura tierra;
por ti su blanda musa, no debe ser notada
en lugar de la cítera sonante, que ingratamente yerra
quien todo el otro error de sí destierra.
tristes querellas usa Hágate temerosa
que con llanto abundante el caso de Anajárete, y cobarde,
hacen bañar el rostro del amante; que de ser desdeñosa
por ti el mayor amigo se arrepentió muy tarde,
l’es importuno, grave y enojoso: y así su alma con su mármol arde.
Estábase alegrando las entrañas heladas
del mal ajeno el pecho empedernido tornaron poco a poco en piedra dura;
cuando, abajo mirando, por las venas cuitadas
el cuerpo muerto vido la sangre su figura
del miserable amante allí tendido, iba desconociendo y su natura,
y al cuello el lazo atado hasta que finalmente,
con que desenlazó de la cadena en duro mármol vuelta y transformada,
el corazón cuitado, hizo de sí la gente
y con su breve pena no tan maravillada
compró la eterna punición ajena. cuanto de aquella ingratitud vengada.
Sentió allí convertirse No quieras tú, señora,
en piedad amorosa el aspereza. de Némesis airada las saetas
¡Oh tarde arrepentirse! probar, por Dios, agora;
¡Oh última terneza! baste que tus perfetas
¿Cómo te sucedió mayor dureza? obras y hermosura a los poetas
Los ojos s’enclavaron den inmortal materia,
en el tendido cuerpo que allí vieron; sin que también en verso lamentable
los huesos se tornaron celebren la miseria
más duros y crecieron d’algún caso notable
y en sí toda la carne convertieron; que por ti pase, triste, miserable
Soneto V Soneto X
Escrito está en mi alma vuestro gesto
¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
y cuanto yo escribir de vos deseo:
dulces y alegres cuando Dios quería,
vos sola lo escribistes; yo lo leo
juntas estáis en la memoria mía
tan solo que aun de vos me guardo en esto.
y con ella en mi muerte conjuradas!
En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos
¿Quién me dijera, cuando las pasadas
veo,
horas qu’en tanto bien por vos me vía,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
que me habiades de ser en algún día
tomando ya la fe por presupuesto.
con tan grave dolor representadas?
Pues en una hora junto me llevastes
Yo no nací sino para quereros;
todo el bien que por términos me distes,
mi alma os ha cortado a su medida;
lleváme junto el mal que me dejastes;
por hábito del alma misma os quiero;
si no, sospecharé que me pusistes
cuanto tengo confieso yo deberos;
en tantos bienes porque deseastes
por vos nací, por vos tengo la vida,
verme morir entre memorias tristes.
por vos he de morir, y por vos muero.
Fray Luis de León (1527-1591)
Fray Luis de León (1527-1591)
ODA I - VIDA RETIRADA No cura si la fama
¡Qué descansada vida canta con voz su nombre pregonera,
la del que huye el mundanal ruïdo ni cura si encarama
y sigue la escondida la lengua lisonjera
senda por donde han ido lo que condena la verdad sincera. 15
los pocos sabios que en el mundo han sido! 5
Que no le enturbia el pecho ¿Qué presta a mi contento
de los soberbios grandes el estado, si soy del vano dedo señalado,
ni del dorado techo si en busca de este viento
se admira, fabricado ando desalentado
del sabio moro, en jaspes sustentado. 10 con ansias vivas y mortal cuidado? 20
¡Oh campo, oh monte, oh río! Vivir quiero conmigo,
¡Oh secreto seguro deleitoso! gozar quiero del bien que debo al cielo
roto casi el navío, a solas, sin testigo,
a vuestro almo reposo libre de amor, de celo,
huyo de aqueste mar tempestuoso. 25 de odio, de esperanzas, de recelo. 40
Un no rompido sueño, Del monte en la ladera
un día puro, alegre, libre quiero; por mi mano plantado tengo un huerto,
no quiero ver el ceño que con la primavera
vanamente severo de bella flor cubierto,
de quien la sangre ensalza o el dinero. 30 ya muestra en esperanza el fruto cierto. 45
Despiértenme las aves Y como codiciosa
con su cantar süave no aprendido, de ver y acrecentar su hermosura,
no los cuidados graves desde la cumbre airosa
de que es siempre seguido una fontana pura
quien al ajeno abritrio está atenido. 35 hasta llegar corriendo se apresura. 50
Y luego sosegada La combatida antena
el paso entre los árboles torciendo, cruje, y en ciega noche el claro día
el suelo de pasada se torna; al cielo suena
de verdura vistiendo, confusa vocería,
y con diversas flores va esparciendo. 55 y la mar enriquecen a porfía. 70
El aire el huerto orea, A mí una pobrecilla
y ofrece mil olores al sentido, mesa, de amable paz bien abastada
los árboles menea me baste, y la vajilla
con un manso ruïdo, de fino oro labrada,
que del oro y del cetro pone olvido. 60 sea de quien la mar no teme airada. 75
Ténganse su tesoro Y mientras miserable-
los que de un flaco leño se confían: mente se están los otros abrasando
no es mío ver al lloro en sed insacïable
de los que desconfían del no durable mando,
cuando el cierzo y el ábrego porfían. 65 tendido yo a la sombra esté cantando. 80
A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado. 85
ODA XI - AL LICENCIADO JUAN DE GRIAL
Recoge ya en el seno El tiempo nos convida
el campo su hermosura, el cielo aoja a los estudios nobles, y la fama,
con luz triste el ameno Grial, a la subida
verdor, y hoja a hoja del sacro monte llama,
las cimas de los árboles despoja. do no podrá subir la postrer llama;
Ya Febo inclina el paso alarga el bien guiado
al resplandor egeo; ya del día paso y la cuesta vence y solo gana
las horas corta escaso; la cumbre del collado
ya Éolo al mediodía, y, do más pura mana
soplando espesas nubes nos envía; la fuente, satisfaz tu ardiente gana;
ya el ave vengadora no cures si el perdido
del Íbico navega los nublados error admira el oro y va sediento
y con voz ronca llora, en pos de un bien fingido,
y, el yugo al cuello atados, que no ansí vuela el viento,
los bueyes van rompiendo los sembrados. cuanto es fugaz y vano aquel contento;
escribe lo que Febo
te dicta favorable, que lo antiguo
iguala y pasa el nuevo
estilo; y, caro amigo,
no esperes que podré atener contigo,
que yo, de un torbellino
traidor acometido y derrocado
del medio del camino
al hondo, el plectro amado
y del vuelo las alas he quebrado.
San Juan de la Cruz (1542-1591)
San Juan de la Cruz (1542-1591)
En una noche oscura, En la noche dichosa, ¡Oh noche que me guiaste!,
con ansias en amores inflamada, en secreto, que nadie me veía, ¡oh noche amable más que el alborada!,
(¡oh dichosa ventura!) ni yo miraba cosa, ¡oh noche que juntaste
salí sin ser notada, sin otra luz ni guía amado con amada,
estando ya mi casa sosegada. sino la que en el corazón ardía. amada en el amado transformada!
En mi pecho florido,
A oscuras y segura, Aquésta me guïaba que entero para él solo se
por la secreta escala disfrazada, más cierta que la luz del mediodía, guardaba,
(¡oh dichosa ventura!) adonde me esperaba allí quedó dormido,
a oscuras y en celada, quien yo bien me sabía, y yo le regalaba,
estando ya mi casa sosegada. en parte donde nadie parecía. y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
Llama de amor viva
¡Oh llama de amor viva ¡Oh lámparas de fuego
que tiernamente hieres en cuyos resplandores
de mi alma en el más profundo centro! las profundas cavernas del sentido, 15
Pues ya no eres esquiva que estaba oscuro y ciego,
acaba ya si quieres, 5 con estraños primores
¡rompe la tela de este dulce encuentro! color y luz dan junto a su querido!
¡Oh cauterio süave! ¡Cuán manso y amoroso
¡Oh regalada llaga! recuerdas en mi seno 20
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado donde secretamente solo moras,
que a vida eterna sabe 10 y en tu aspirar sabroso
y toda deuda paga! de bien y gloria lleno,
Matando, muerte en vida has trocado. cuán delicadamente me enamoras!
La poesía
española en el
Barroco
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La poesía popular barroca
Luis de Góngora (1561-1627)
Luis de Góngora (1561-1627)
La más bella niña Pues me distes , madre, En llorar conviertan
de nuestro lugar, en tan tierna edad mis ojos de hoy más
hoy viuda y sola tan corto el placer el sabroso oficio
y ayer por casar , tan largo el penar, del dulce mirar,
viendo que sus ojos y me cautivastes pues que no se pueden
a la guerra van, de quien hoy se va mejor ocupar
a su madre dice y lleva las llaves yéndose a la guerra
que escucha su mal: de mi libertad, quien era mi paz,
Dejadme llorar, Dejadme llorar, Dejadme llorar,
orillas del mar… orillas del mar… orillas del mar…
No me pongáis freno Dulce madre mía,
Váyanse las noches,
Ni queráis culpar; ¿quién no llorará,
pues ido se han
que lo uno es justo, aunque tenga el pecho
los ojos que hacían
como un pedernal,
lo otro por demás. los míos velar;
y no dará voces
Si me queréis bien váyanse, y no vean
viendo marchitar
no me hagáis mal; tanta soledad
los más verdes años
harto peor fue después que en mi lecho
de mi mocedad?
morir y callar. sobra la mitad.
Dejadme llorar,
Dejadme llorar, Dejadme llorar,
orillas del mar...
orillas del mar… orillas del mar…
Ándeme yo caliente y ríase la gente
Traten otros del gobierno Cuando cubra las montañas Pase a medianoche el mar
del mundo y sus monarquías, de blanca nieve el enero, y arda en amorosa llama
mientras gobiernan mis días tenga yo lleno el brasero Leandro por ver su dama,(7)
mantequillas y pan tierno; de bellotas y castañas, que yo más quiero pasar
y las mañanas de invierno del golfo de mi lagar
naranjada y aguardiente,(1) y quien las dulces patrañas
y ríase la gente. del Rey que rabió me cuente,(4) la blanca o roja corriente,(8)
y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel
Coma en dorada vajilla que de Píramo y su amada
Busque muy en hora buena hace tálamo una espada, 40
el Príncipe mil cuidados, el mercader nuevos soles,(5) do se juntan ella y él,(9)
como píldoras dorados;(2) sea mi Tisbe un pastel
que yo en mi pobre mesilla yo conchas y caracoles y la espada sea mi diente,
quiero más una morcilla(3) entre la menuda arena, y ríase la gente.
que en el asador reviente, escuchando a Filomena (6)
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente. y ríase la gente.
Referencias mitológicas
● Leandro: amante de Hero, sacerdotisa de Venu.
Leandro pasaba cada noche a nado el estrecho de
Dardanelos para encontrarse a su amada Hero, hasta
que una noche muere ahogado y ella se suicida
tirándose al mar también. Góngora se burla de estos
desgraciados amantes y de los que vienen a
continuación.
● Píramo y Tisbe: Las ropas ensangrentadas de Píramo
hacen suponer a Tisbe que ha muerto, por lo que se
suicida clavándose una espada, en la que también se
ensarta él cuando la ve. Por eso la espada es el lecho
conyugal (tálamo) de los amantes. Góngora se burla
de ello en la conclusión del poema.
● Filomena: protagonista de la metamorfosis en
ruiseñor, junto a su hermana Procne.
● Amor: genio mediador identificable con Cupido;
tálamo: lecho nupcial.
“Amarrado al duro banco de una galera turquesca…”
Amarrado al duro banco Pues eres tú el mismo mar
vencer en lucientes perlas.
de una galera turquesca, que con tus crecientes besas
Dame ya, sagrado mar,
ambas manos en el remo las murallas de mi patria,
a mis demandas respuesta,
y ambos ojos en la tierra,
coronadas y soberbias,
que bien puedes, si es verdad
un forzado de Dragut
tráeme nuevas de mi esposa,
que las aguas tienen lengua;
en la playa de Marbella
y dime si han sido ciertas pero, pues no me respondes,
se quejaba al ronco son
las lágrimas y suspiros sin duda alguna que es muerta,
del remo y de la cadena:
que me dice por sus letras; aunque no lo debe ser,
"¡Oh sagrado mar de España,
porque si es verdad que llora pues que vivo yo en su ausencia.
famosa playa serena,
teatro donde se han hecho mi captiverio en su arena,
cien mil navales tragedias! bien puedes al mar del Sur
¡Pues he vivido diez años
sin libertad y sin ella, Este poema, en la línea popular de Góngora, se relaciona claramente con
el Romancero, al menos en la forma y en el componente narrativo.
siempre al remo condenado,
Turquesca: turca; forzado: retenido por la fuerza; Dragut: corsario del siglo
a nadie matarán penas!"
XVI, nacido en Asia Menor; captiverio: cautiverio; comitre: persona que en
En eso se descubrieron las galeras dirigía las maniobras y a cuyo cargo estaba el castigo de
forzados.
de la Religión seis velas,
y el comitre mandó usar
al forzado de su fuerza.
SOLEDAD PRIMERA
Era del año la estación florida —Breve tabla— delfín no fue pequeño
En que el mentido robador de Europa Al inconsiderado peregrino
—Media luna las armas de su frente, Que a una Libia de ondas su camino 20
Y el Sol todo los rayos de su pelo—, Fió, y su vida a un leño.
Luciente honor del cielo, 5 Del Océano, pues, antes sorbido,
En campos de zafiro pace estrellas, Y luego vomitado
Cuando el que ministrar podía la copa No lejos de un escollo coronado
A Júpiter mejor que el garzón de Ida, De secos juncos, de calientes plumas 25
—Náufrago y desdeñado, sobre ausente—, —Alga todo y espumas—
Lagrimosas de amor dulces querellas 10 Halló hospitalidad donde halló nido
Da al mar; que condolido, De Júpiter el ave.
Fue a las ondas, fue al viento
Besa la arena, y de la rota nave
El mísero gemido,
Aquella parte poca 30
Segundo de Arïón dulce instrumento.
Que le expuso en la playa dio a la roca;
Del siempre en la montaña opuesto pino 15 Que aun se dejan las peñas
Al enemigo Noto Lisonjear de agradecidas señas.
Piadoso miembro roto
Desnudo el joven, cuanto ya el vestido Entre espinas crepúsculos pisando,
Océano ha bebido 35 Riscos que aun igualara mal, volando,
Restituir le hace a las arenas; Veloz, intrépida ala, 50
Y al Sol le extiende luego, —Menos cansado que confuso— escala.
Que, lamiéndole apenas
Vencida al fin la cumbre
Su dulce lengua de templado fuego,
—Del mar siempre sonante,
Lento lo embiste, y con suave estilo 40
De la muda campaña
La menor onda chupa al menor hilo.
Árbitro igual e inexpugnable muro—, 55
No bien, pues, de su luz los horizontes Con pie ya más seguro
—Que hacían desigual, confusamente, Declina al vacilante
Montes de agua y piélagos de montes— Breve esplendor de mal distinta lumbre:
Desdorados los siente, 45 Farol de una cabaña
Cuando —entregado el mísero extranjero Que sobre el ferro está, en aquel incierto 60
En lo que ya del mar redimió fiero— Golfo de sombras anunciando el puerto.
Lope de Vega (1562-1635)
Lope de Vega (1562-1635)
--Mira, Zaide,(1) que te digo que eres gallardo ginete, a que quisiere llevarte
que no pases por mi calle, que danzas, cantas y tañes, un alcázar en los pechos
no hables con mis mujeres,(2) gentilhombre, bien criado y en los labios un alcaide.(6)
cuanto puede imaginarse; Mucho pueden con las damas
ni con mis cautivos trates, blanco, rubio por extremo, los galanes de tus partes,(7)
no preguntes en qué señalado entre linajes, porque los quieren briosos,
entiendo(3) el gallo de los bravatos, que hiendan y que desgarren;
ni quién viene a visitarme, la nata de los donaires; mas con esto, Zaide amigo,
qué fiestas me dan contento que pierdo mucho en si algún banquete les hacen
ni qué colores me aplacen; perderte del plato de sus favores
basta que son por tu causa y gano mucho en ganarte, quieren que coman y callen.
los que(4) en el rostro me salen, y que si nacieras mudo Costoso me fue el que heciste;
Corrida(5) de haber mirado fuera posible adorarte; qué dichoso fueras, Zaide,
moro que tan poco sabe. mas por ese inconviniente si conservarme supieras
Confieso que eres valiente, determino de dejarte, como supiste obligarme.
que hiendes, rajas y partes, que eres pródigo de lengua Mas no bien saliste apenas
y que has muerto más y amargan tus liviandades; de los jardines de Atarfe,
cristianos habrá menester ponerte cuando heciste de la mía
que tienes gotas de sangre;
y de tu desdicha alarde.
A un morillo mal nacido
he sabido que enseñaste
la trenza de mis cabellos
No puedo admitir disculpa,
que te puse en el turbante.
otra vez tomo [a] avisarte
que ésta será la postrera
No quiero que me la vuelvas,
que te hable y que me hables--.
ni que tampoco la guardes,
mas quiero que entiendas, moro,
Dijo la discreta Zaida
que en mi desgracia la traes.
al gallardo Abencerraje,
y al despedirse replica
También me certificaron
--Quien tal hace, que tal pague.--
cómo le desafiaste
por las verdades que dijo,
que nunca fueran verdades.
De mala gana me río;
Zaide: Uno de los nombres poéticos de Lope
¡qué donoso disparate!
No guardaste tu secreto Zaida: Elena Osorio, la gran pasión juvenil de Lope.
¿y quieres que otro lo guarde?
“Suelta mi manso, mayoral extraño” Si pides señas, tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
Suelta mi manso, mayoral extraño, como durmiendo en regalado sueño.
pues otro tienes de tu igual decoro; Si piensas que no soy su dueño, Alcino,
deja la prenda que en el alma adoro, suelta y verásle si a mi choza viene,
perdida por tu bien y por mi daño. que aun tienen sal las manos de su dueño.
Ponle su esquila de labrado estaño
y no le engañen tus collares de oro;
toma en albricias este blanco toro
que a las primeras yerbas cumple un
año.
Mayoral extraño: Francisco Perrenot Granvela, que
cortejaba o era amante de Elena Osorio.
“Ir y quedarse y, con quedar, partirse”
Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena, hablar entre las mudas soledades,
oír la dulce voz de una sirena pedir prestada sobre fe paciencia,
y no poder del árbol desasirse; y lo que es temporal llamar eterno;
arder como la vela y consumirse, creer sospechas y negar verdades,
haciendo torres sobre tierna arena; es lo que llaman en el mundo ausencia,
caer de un cielo, y ser demonio en pena, fuego en el alma, y en la vida infierno.
y de serlo jamás arrepentirse;
[Link]
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o-del-barroco/soneto-126_1252143.mp4
“Un soneto me manda hacer Violante”
Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto; Por el primer terceto voy entrando
catorce versos dicen que es soneto: y parece que entré con pie derecho,
burla burlando van los tres delante. pues fin con este verso le voy dando.
Yo pensé que no hallara consonante Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
y estoy a la mitad de otro cuarteto; que voy los trece versos acabando;
mas si me veo en el primer terceto contad si son catorce, y está hecho.
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Francisco de Quevedo (1580-1645)
El contraste barroco: la sátira
Francisco de Quevedo (1580-1645)
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba, Érase un espolón de una galera,
érase un peje espada muy barbado. érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.
Era un reloj de sol mal
encarado, Érase un naricísimo infinito,
érase una alquitara pensativa, muchísimo nariz, nariz tan fiera
érase un elefante boca arriba, que en la cara de Anás fuera delito.
era Ovidio Nasón más narizado.
El contraste barroco: la angustia
“Fue sueño ayer, mañana será tierra”
Fue sueño ayer, mañana será tierra:
Ya no es ayer, mañana no ha llegado,
poco antes nada, y poco después humo;
hoy pasa y es, y fue, con movimiento
y destino ambiciones y presumo,
que a la muerte me lleva despeñado.
apenas punto al cerco que me cierra.
Azadas son la hora y el momento,
Breve combate de importuna guerra,
que a jornal de mi pena y mi cuidado,
en mi defensa soy peligro sumo:
cavan en mi vivir mi monumento.
y mientras con mis armas me consumo,
menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.
LETRILLA SATÍRICA. “Poderoso caballero es don Dinero”
Madre, yo al oro me humillo, Es tanta su majestad,
Son sus padres principales,
Él es mi amante y mi amado, Aunque son sus duelos hartos,
Y es de nobles descendiente,
Pues de puro enamorado Que aun con estar hecho cuartos
Porque en las venas de Oriente
Anda continuo amarillo. No pierde su calidad.
Todas las sangres son Reales.
Que pues doblón o sencillo Pero pues da autoridad
Y pues es quien hace iguales
Hace todo cuanto quiero, Al gañán y al jornalero,
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero Poderoso caballero
Poderoso caballero
Es don Dinero. Es don Dinero.
Es don Dinero.
Nace en las Indias honrado, Más valen en cualquier tierra
¿A quién no le maravilla
Donde el mundo le acompaña; (Mirad si es harto sagaz)
Ver en su gloria, sin tasa,
Viene a morir en España, Sus escudos en la paz
Que es lo más ruin de su casa
Y es en Génova enterrado. Que rodelas en la guerra.
Doña Blanca de Castilla?
Y pues quien le trae al lado Pues al natural destierra
Mas pues que su fuerza humilla
Es hermoso, aunque sea fiero, Y hace propio al forastero,
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero Poderoso caballero
Poderoso caballero
Es don Dinero. Es don Dinero.
Es don Dinero.
“Miré los muros de la patria mía”
Miré los muros de la patria mía,
Entré en mi casa: vi que amancillada
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de anciana habitación era despojos, 10
de la carrera de la edad cansados
mi báculo más corvo y menos fuerte.
por quien caduca ya su valentía.
Vencida de la edad sentí mi espada,
Salíme al campo: vi que el sol bebía 5
y no hallé cosa en que poner los ojos
los arroyos del hielo desatados,
que no fuese recuerdo de la muerte.
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.