Infografía de
Las tantawawas
Día de los muertos
El primero de noviembre, día de los muertos, es una fiesta
grande en Cerro de Pasco. Desde todos los rincones del Perú,
desde las polvorientas ciudades de la costa, desde los
caniculares pueblos de la selva, desde la campiña de
Huancayo, los pasqueños suben a visitar a sus deudos. Es la
única semana durante la cual es difícil conseguir alojamiento.
En Cerro de Pasco no crecen flores; precisamente por eso, los
deudos se empecinan en ofrendar a sus difuntos el insólito
lujo de las coronas. Cartuchos, rosas, geranios, azucenas y
varitas de San José llegan por camionadas desde las tierras
calientes.
El primero de noviembre una multitud invade el cementerio. Durante una
mañana, el camposanto recupera su antigua grandeza, la del tiempo en que
Cerro se jactaba de 12 viceconsulados. La multitud reza y solloza ante las
tumbas; al mediodía sale a consolarse en las picanterías desparramadas en
un Kilómetro. Se come, se bebe y se baila a la salud de los inolvidables hasta
el anochecer. Encantado por la varita mágica del recuerdo el cementerio se
transforma, por un día, en una ciudad. Los trescientos sesenta y cuatro días
restantes lo visita su único huésped: el viento.
TANTA WAWA
Es tradición ya en nuestros hogares recordar una costumbre de
principio andino, empieza el uno de noviembre, cuando ya se
colocan las velas y un sin fin de insumos (comida, frutas, caña,
refrescos, ají de arbeja), para invocar a las personas y sus almas
que ya se han ido al más haya, o como para que la familia se
coloque nostálgica y recuerde a sus seres mas queridos,
también en los rituales preparados existen personas que visitan
por momentos la mesa puesta para “rezar”, y alabar a las almas
—ajayu— que ya les ha dejado.
Ya en la recta final del mes de octubre las personas se aprestan a
realizar arte y bellísimos productos con harina, se dirigen a los
hornos de los panaderos para realizar de las masas panes, biscochos,
empanadas y tantawawas, y para las señoras que son buenas en el
arte culinario en manipular la harina, hasta pueden llegar hacer
bellezas de la repostería, como: galletitas de mantequilla y leche con
levadura, unas riquísimas empanadas de queso, los deliciosos
biscochuelos y los infaltables maicillos (condimentado con maizena).
Un dato aproximado, en un dialogo con un panadero, en las fiestas de
Todos Santos, la gente compra especialmente “una fanega de
harina”, esto equivale a seis arrobas de 25 libras.