• Alrededor de 1905 el médico Joseph H.
Pratt
(figura 1) implantó un sistema terapéutico de
clases en grupos para el tratamiento de los
pacientes con tuberculosis sin recursos para
afrontar un tratamiento interno en los
sanatorios médicos (Pratt, 1906, 1907a,
1907b, 1908, 1922a).
• Estos grupos, de hasta veinte personas, tenían
un carácter educativo y de apoyo psicológico
en los que semanalmente se impartían clases
formales, que incluían normas de
alimentación, higiene, descanso, sueño y
estilo de vida, seguidas de comentarios en
grupo y del análisis de registros conductuales
de diverso tipo, por ejemplo, de las
actividades al aire libre y de ganancia de peso
• Durante las siguientes décadas, este tipo de
atención psicoterapéutica en grupo fue
cambiando su foco de atención haciendo cada
vez menos énfasis en los aspectos físicos de
las enfermedades e incrementando el énfasis
en las emociones y en su influencia sobre las
enfermedades somáticas, así como en los
aspectos psicológicos de los grupos y en la
interacción entre los miembros de cada grupo.
• Para Pratt el tratamiento en grupo se convirtió
en el elemento terapéutico más importante, a
la vez que amplió su utilización a enfermos de
otras dolencias médicas, incluyendo también
pacientes psiquiátricos, dada la notable
mejora del estado emocional de los pacientes
(Pratt, 1922b, 1945).
• La aportación de Pratt a la psicoterapia de grupo consiste en
haber establecido el primer sistema de atención
psicoterapéutica continua en pequeños grupos y en haber
puesto de manifiesto la importancia de varios aspectos
específicos de esta modalidad de tratamiento: la influencia de
unos pacientes en otros al convertirse en modelos
esperanzadores para otros pacientes, la importancia del
apoyo mutuo y del refuerzo social de los logros de los
pacientes, así como la eficacia del tratamiento en grupos
homogéneos en los que los pacientes establecen un vínculo
común al estar afectados por una enfermedad o dificultad
común.
• Las sesiones o “clases” (a las que concurrían más de 50
pacientes) comprendían una breve conferencia del
terapeuta sobre la higiene o problemas del
tratamiento de la tuberculosis, que era seguida de
preguntas de los enfermos o una discusión con el
médico. Lo importante es que en estas reuniones los
pacientes más interesados en las actividades o que
mejor cumplían con el régimen pasaban a ocupar las
primeras filas del aula, estableciéndose un escalafón
jerárquico bien definido, conocido y respetado por
todos..
• El mérito de Pratt, en este sentido, consiste en la utilización
sistemática y deliberada de las emociones colectivas con una
finalidad terapéutica. Por un lado, activaba en forma controlada
la aparición de sentimientos de rivalidad, emulación y
solidaridad en el grupo; por el otro, el terapeuta asumía el papel
de una figura paternal idealizada. El método incentivaba un
fuerte enlace emocional del médico con el enfermo, un sistema
de promociones que premiaba “al buen paciente” permitiéndole
que se sentara en las reuniones cada vez más cerca del médico-
líder-padre: es decir, una identificación, una transferencia (de la
figura paterna idealizada); una estructura y funcionamiento
grupales similares a los de algunos grupos religiosos