DUELO
Parroquia Santo Tómas Apóstol, Ajusco
COMPLICADO
VS
DUELO
SALUDABLE
INTRODUCCIÓN
El proceso del duelo es una respuesta vital esencial del ser humano ante la inevitable
experiencia de la pérdida. Aunque este se puede aplicar, con distintos grados, a diversos
tipos de pérdidas vitales, ya sea de familiares, amistades, de estructuras o grupos
sociales que han tenido una gran importancia en una etapa de la vida, entre otros; la
intensidad de la repercusión emocional que tiene la separación de un ser querido hace
que el proceso de duelo esté centrado prácticamente en esta circunstancia.
El duelo no es una enfermedad, sino una respuesta normal a un suceso doloroso normal
de la vida como es la muerte de un ser querido. El duelo normal tiene etapas bien
conocidas, que no deben contemplarse de forma rígida, sino más bien como marco de
referencia. El duelo normal tiene una gran variabilidad interpersonal, que no debe
confundirse con el duelo complicado.
El duelo patológico o complicado es la alteración de la elaboración del duelo. Presenta
manifestaciones clínicas conocidas, que con frecuencia son amplificaciones o
distorsiones de reacciones o emociones de duelo normales. Por este motivo, su diagnóstico es con
frecuencia difícil.
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Es importante recordar que el duelo es una respuesta normal a la pérdida, y de algún
modo las personas que lo viven, necesitan una intervención o la guía de un experto para
procesarlo correctamente.
De hecho, dicho duelo en condiciones normales, supone un proceso de maduración
personal, que permite a la persona salir de este proceso, depurado, es decir, fortalecida y
con ideas racionales, muy diferentes a cuando comenzó. Por ello, es un error considerar
que todos los duelos sean perjudiciales.
Esta afirmación, aparentemente obvia, puede ser de gran utilidad para los familiares,
cuidadores y expertos en atención paliativa cuando afrontan a un enfermo, si se tiene en
cuenta el contexto sociocultural en el que vivimos actualmente: una sociedad que prima
por encima de todo el ocio y la diversión, que reniega intensamente de todo lo que
suponga sufrimiento, dolor y, por supuesto, muerte.
En la que se ha perdido como elemento social la resignación, y en la que la muerte de un
ser querido se vislumbra como un obstáculo insalvable.
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EL TABÚ DE LA MUERTE
La muerte forma parte de la vida y, como tal, es lógico que dicha temática
sea abordada desde la educación
Sin embargo, en la realidad social nos encontramos ante un tabú alrededor de
la muerte.
Aunque pueda surgir el tema de la muerte en los colegios en algunas
asignaturas, esta es mencionada de manera transversal y no se trabaja de
manera directa la naturaleza de la misma para su comprensión óptima.
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Nomenclatura española e inglesa del duelo.
Término Término inglés Significado
español
Duelo Bereavement Estado de pérdida resultante de la muerte de un ser
querido.
Duelo Grief Respuesta emocional, en forma de dolor y pena, asociada
a la pérdida.
Luto Mouring Proceso de adaptación a la pérdida, incluidos los rituales
socioculturales
y religiosos.
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EL PROCESO DEL DUELO NORMAL
Aunque el duelo se ha descrito en términos de etapas o tareas a
realizar, la mayoría de los autores destacan de que no se trata de un
proceso rígido, claro y ordenado, sino que está formado por fases que
coinciden entre sí, además de que se mezclan emociones y respuestas
ante ellas.
Incluso cuando la muerte es esperada se puede producir la reacción de
shock que caracteriza a la primera etapa, y que se manifiesta por
emociones de incredulidad, negación de lo que ha sucedido, alivio ante
la muerte, insensibilidad emocional. Todas ellas aparecen de forma
desordenada.
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Etapas del duelo
normal.
Etapa Emociones y experiencias Tareas más importantes
más frecuentes
Shock inicial Incredulidad, alivio, insensibilidad Aceptar la realidad de la
pérdida
Dolor intenso Tristeza, dolor, enfado, culpa, Experimentar el dolor de la
Experimentar el dolor de la
pena, sensación de vulnerabilidad,
pérdida, ansiedad, alucinaciones
hiponagógicas, somatización de
ansiedad, remedo de síntomas del
muerto, intranquilidad, conductas de
búsqueda
Desesperación Pérdida de sentido de la vida Ajustarse a vivir sin la persona perdida
Ajuste y recuperación Desarrollo de nuevas relaciones Recolocar emocionalmente o
intereses a la persona perdida
para que, sin dejar de ser
importante, no ocupe un lugar
central en la esfera emocional y
el doliente pueda seguir viviendo
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MANIFESTACIONES
CLÍNICAS DEL DUELO
COMPLICADO
Tanto las reacciones normales de duelo como el duelo complicado son
un espectro de síntomas, que nunca se presentan con límites claros.
Por lo tanto, la distinguir ente un duelo normal y otro patológico no
siempre es sencilla. Cuando aparecen trastornos nítidos, como una
depresión endógena, o un brote psicótico, el diagnóstico y el
tratamiento son inmediatos. Sin embargo, resulta más difícil cuando
este tipo de duelo se presenta, sin síntomas psicológicos evidentes
por sí mismos.
El duelo complicado se puede sistematizar agrupándolo en varias
presentaciones clínicas diferentes, como:
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Duelo inhibido o retardado.
Se trata de una aplicación patológica del recurso de evitación, que
puede ser normal cuando se emplea al principio del duelo y durante un
tiempo limitado. Su persistencia anormal se asocia con personalidades
hipomaníacas o con dificultades en la relación social y/o con la familia
cercana. Para su valoración es necesario depurar la forma en que
influyen en la inhibición del duelo los factores culturales. Cuando el
duelo se inhibe de forma anormal aparece más tarde (meses o incluso
años después de la pérdida) como un conflicto no resuelto. Según
Kissane (2003), se produce en el 5% de los dolientes.
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Duelo Crónico.
Esta frecuente forma de duelo complicado se produce especialmente en
situaciones en las que el doliente mantenía una intensa dependencia
(económica o afectiva) del difunto.
Para evitar la sensación de desamparo, el doliente mantiene a través de la
memoria del finado intensos vínculos con él o ella. De esta forma, se produce
una situación de bloqueo en la que el llanto por el extinto aparece de forma
inopinada ante cualquier cosa que se lo recuerde al doliente, sin que estos
recordatorios tengan que pasar necesariamente por la esfera consciente. En
estas circunstancias, las fantasías de reunión con el muerto hacen del suicidio
una posibilidad apetecible. La depresión y la anulación social son frecuentes en
este cuadro. El tratamiento se compone de fármacos antidepresivos y terapia
conductual orientada a la resocialización y a romper los vínculos anormales
con el fallecido.
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Duelo traumático.
Cuando la muerte es inesperada o traumática (ver Tabla 3) su integración
y aceptación se puede ver interferida por recuerdos traumáticos que
producen un sufrimiento anormalmente intenso. Ello produce recuerdos
también anormalmente intensos, en forma de pesadillas, stress post-
traumático y recuerdos intrusivos recurrentes; esto distorsiona la
elaboración normal del duelo, agravando o prolongando las sensaciones
de incredulidad, falta de aceptación de la muerte, rabia y enfado. Estas
emociones se acompañan además de trastornos como ansiedad,
insomnio y depresión. Muchos de estos síntomas son subclínicos, y
muchas veces emergen como un complejo de estrés post- traumático
completo, o reaparecen muchos años después como causantes de una
enfermedad grave.
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Factores de riesgo que hacen a las personas vulnerables al duelo
complicado.
Categoría Circunstancias
Naturaleza de la muerte • Muerte a edad temprana
• Muerte súbita o inesperada.
• Muerte traumática
• Muerte estigmatizada
• Evolución traumática de la enfermedad: mal control de síntomas, sobre todo dolor, malas relaciones con el
personal
sanitario, entre otras.
Factores personales. • Muy joven o muy viejo.
• Antecedentes de trastorno psicológico
• Trastornos de personalidad: baja autoestima, ansiedad, alcoholismo.
• Pérdidas acumuladas: fallecimientos repetidos más o menos recientes de familiares muy cercanos.
• Duelos previos no resueltos
Naturaleza de la relación • Intensa dependencia económica o social con el fallecido
• Ambivalente: relaciones conflictivas, violencia, vicios, entre otras.
Factores familiares y sociales • Disfunciones familiares: mala cohesión, relaciones tóxicas, mala comunicación.
• Aislamiento social.
• Falta de recursos económicos.
• Ausencia de un entramado social o familiar de soporte adecuado.
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Criterios diagnósticos del duelo complicado.
Estrés por la separación afectiva que implica la muerte
Presentar, cada día o de forma acusada, 3 de los 4 síntomas siguientes:
1. Pensamientos intrusivos (que entran en la mente sin control) acerca del fallecido.
2. Añoranza del difunto (recuerdo de su ausencia con enorme y profunda tristeza).
3. Conductas de búsqueda de esa persona, aún sabiendo que está muerta.
4. Sentimientos de soledad como consecuencia del fallecimiento.
Estrés por el trauma psíquico que supone la muerte
Presentar, cada día o de forma acusada, y como consecuencia del fallecimiento, 4 de los 8 síntomas
siguientes:
1. Falta de metas y/o tener la sensación de que todo es inútil respecto al futuro.
2. Sensación subjetiva de frialdad, indiferencia y/o ausencia de respuesta emocional.
3. Dificultad para aceptar la realidad de la muerte.
4. Sentir que la vida está vacía y/o que no tiene sentido.
5. Sentir que se ha muerto una parte de uno mismo.
6. Asumir síntomas y/o conductas perjudiciales del fallecido, o relacionadas con él.
7. Excesiva irritabilidad, amargura y/o enfado en relación con el fallecimiento.
8. Tener alterada la manera de ver o interpretar el mundo.
Cronología
La duración de los síntomas mencionados debe ser de al menos 6 meses.
Deterioro
El trastorno causa un importante deterioro de la vida social, laboral o de otras actividades significativas
de la vida de la persona en duelo.
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TRATAMIENTO
Preventivo
Lo único importante para la población es la prevención de los factores que pueden aparecer durante la enfermedad y que, si no se manejan
adecuadamente, pueden suponer un riesgo de elaborar después de la muerte un duelo complicado. Los más importantes son los siguientes:
• Controlar adecuadamente los síntomas de la enfermedad, especialmente el dolor y la dificultad de respirar, para evitar que a los dolientes
les queden recuerdos traumáticos que compliquen el duelo.
• Evitar, en la medida de lo posible, los conflictos con el equipo médico para evitar sentimientos de amargura después de la muerte.
En caso de que ya se haya producido el conflicto se debe contribuir a sanarlo, nunca a alimentarlo.
• Favorecer la comunicación verbal entre los miembros de la familia para que no queden asuntos pendientes o inconclusos que se conviertan
en generadores de ansiedad durante el duelo. Además, esta buena comunicación facilita las despedidas y la expresión de emociones y
sentimientos entre los miembros de la familia. Específicamente, se debe intentar detener las conspiraciones de silencio alrededor del
enfermo, o en su caso, desanimarlas para que no se produzcan.
• Proporcionar a la familia información real y adecuada para que afronte de forma ordenada las diferentes situaciones dolorosas o negativas
que se van a ir presentando: cambios físicos en el paciente durante la enfermedad, aclarar incertidumbres, fantasías y miedos infundados
sobre el momento de la muerte, dar pautas de comportamiento para los individuos de la familia ancianos, niños y adolescentes, facilitar u
orientar sobre los trámites burocráticos, entre otras.
• Prevención de los sentimientos de culpa. Favorecer la participación de todos los miembros de la familia en el cuidado del paciente,
adaptando las tareas a la capacidad emocional de cada miembro, fomenta los sentimientos positivos y reconforta.
• Alentar los elementos de soporte social, cultural o religioso preexistentes. Está demostrado científicamente que las personas con profundas
creencias religiosas resuelven su duelo antes y de forma más completa que las personas sin ninguna creencia religiosa .
• Normalizar pensamientos que puedan generar sentimientos de culpa. El desear que se muera la persona querida para que deje de sufrir no
debe generar ningún sentimiento de culpa durante el duelo, y la familia debe saber por anticipado que este tipo de pensamientos son
completamente normales, al igual que lo es la sensación de alivio que aparece después de la muerte por una larga enfermedad.
• Fomentar todas las actitudes que faciliten aceptación de la muerte, y por lo tanto, la elaboración del duelo: estar presente en el momento de
la muerte, o ver el cadáver, pudiendo despedirse si así se desea, asistir al entierro y a las exequias.
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Curativo
Las intervenciones terapéuticas van dirigidas a los personas que realizan duelos complicados.
No existen acciones severas sobre cómo abordar el tratamiento del duelo complicado. No obstante, es posible reflexionar sobre las directrices de
tratamiento. El método terapéutico de elección es la entrevista psicológica, de forma individual o complementada o con grupos de terapia.
Los principales elementos de intervención en el tratamiento del duelo complicado son los siguientes:
• Revisar los criterios diagnósticos antes de empezar la intervención terapéutica para estar razonablemente seguros de que nos encontramos ante
un duelo complicado y no ante una elaboración más o menos lenta o peculiar del duelo, pero en todo caso normal.
• Intentar identificar, si existen, los elementos desencadenantes o agravantes del duelo complicado, como alcoholismo, disfunciones familiares
graves, trastorno psiquiátrico previo, entre otros; para intervenir específicamente sobre ese elemento.
• Fomentar la aceptación de la realidad de la muerte del ser querido.
• Coadyuvar a la reconstrucción del propio yo después de la pérdida, así como de las relaciones con los otros y el mundo.
• Potenciar las conductas adaptativas adecuadas y desalentar las inadecuadas.
• Proporcionar a la persona de herramientas necesarias para afrontar el duelo y sus complicaciones.
De entre las más importantes destacan:
Técnicas de relajación que alivien o favorezcan el control de la ansiedad y de los trastornos del sueño.
Enseñar técnicas de detención del pensamiento para los casos de pensamientos recurrentes estériles.
Técnicas de autocontrol.
Expresión de las emociones y facilitación del desahogo.
Desarrollo de destrezas sociales que permitan recuperar o establecer amistades y relaciones que favorezcan la resocialización cuando
ésta se haya perdido o deteriorado.
Fomentar la recuperación de actividades de ocio o aficiones del doliente, que generan tranquilidad y facilitan la vuelta a la vida normal.
• El tratamiento farmacológico debe utilizarse siempre que sea necesario. Cuando existen trastornos psicológicos como depresión, psicosis, entre
otros, ya que su empleo es obligado. Cuando no existen trastornos psicológicos no se deben utilizar como tratamiento inicial, pero tiene tan poco
sentido emplearlos de entrada de forma sistemática como no hacerlo cuando pueden resultar útiles. La prescripción de un ansiolítico durante un
tiempo limitado puede resultar extraordinariamente útil para desbloquear una situación en la que la ansiedad es el síntoma predominante y no deja
elaborar el duelo de forma adecuada.
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¿CUÁL ES LA DURACIÓN DEL DUELO Y CUÁNDO
SABEMOS QUE HA FINALIZADO?
No hay duración determinada. En promedio se ha visto que puede durar de 1 a 3 años
Un punto de referencia de un duelo acabado es cuando la persona escapaz de pensar
sin dolor en el fallecido, cuando la persona puede volver a invertir sus emociones en la
vida y en los vivos.
El adaptarse a pérdida consume grandes cantidades de energía física y mental.
APRENDIZAJE
LAS ETAPAS DEL DUELO
CRISIS ACEPTACIÓN
NEGACIÓN
ENFADO
DEPRESIÓN 16
RECOMENDACIONES COLECTIVAS
• Brindar apoyo en tareas operativas
• Permitir el espacio que la persona requiera.
• No juzgar, no interpretar .
• No minimizar o descalificar la expresión
• No evadir temas de conversación en relación a la persona fallecida
• Ayúdale a mantener sus medidas de autocuidado.
• Sugiérele y ayúdale con rituales en casa o virtuales.
• Reconoce el dolor de todos sin importar su relación con la persona ausente.
• Brindar comprensión y apoyo.
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RECOMENDACIONES INDIVIDUALES
• Comparte como te sientes.
• Comparte recuerdos.
Si necesitas un momento de recogimiento, permítetelo.
• Reúnete con aquellas personas con las que sientas mayor comodidad.
• Ordena las llamadas y mensajes para irlos respondiendo poco a poco.
• Escribir, leer, ver películas relacionadas con el duelo.
No te sobre-esfuerces cognitivamente.
• Plantea objetivos a corto plazo.
No tomes decisiones importantes.
• Fortalécete espiritualmente.
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CONCLUSIONES
No es fácil enfrentar la propia mortalidad, y tal vez sea mucho más
difícil imaginar perder a un ser querido. Por esos motivos, muchos de
nosotros simplemente evitamos el tema.
Ya sea que su desconfianza provenga de la ansiedad, de la
superstición religiosa o del miedo a abordar el tema, los expertos
aconsejan que se hable sobre la muerte lo antes posible, incluso
cuando se es joven y se goza de una buena salud. Algunos
psicólogos alientan a las parejas recién comprometidas a hablar
sobre la planificación de la atención por anticipado antes de su boda,
y a revisar el tema cuando nazca un hijo o en otros eventos del ciclo
de vida.
Ocuparse del tema de la muerte realza el carácter sagrado de la vida.
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REFERENCIAS
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ed). Doyle D, Hanks G, Cherny N, Calman K (eds.). Oxford University Press. New York, 2003.
• Sheldom F. ABC of palliative care. Bereavement. BMJ 1998; 316: 456-8.
• Parkes CM. Doping with loss. Bereavement in adult life. BMJ 1998; 316: 856-9.
• Raphael B. Preventive intervention with the recetly bereaved. Arch Gen Psychiatry. 1977; 34: 1450-4.
• Parkes C. Bereavement in adult life. BMJ. 1998;316: 856-9.
• Lacasta Reverte MA, Soler Sáiz MA. El duelo: prevención y tratamiento del duelo patológico. Cuidados
después de la muerte. En: Manual SEOM de Cuidados Continuos. Camps Herrero C, Carulla Torrent J,
Casas Fdez. de Tejerina A, González Barón M, Sanz Ortiz J, Valentín V (eds.). Sociedad Española de
Oncología Médica (SEOM). 2004.Lichtenthal WG, Cruess DG, Prigerson HG. A case for establishing
complicated grief as a distinct mental disorder in DSM-V. Clin Psychol Rev. 2004 Oct; 24 (6): 637-62.
• Zisook S, Schuchter S. Depresión through the first year alter the death od a spouse. Am J Psychiatry 1991;
148: 1346-52.
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