• El hombre tiene también la capacidad de conocer
discursivamente. Que el hombre conoce es un hecho; pero no
conoce de cualquier manera: lo hace gradualmente. El
conocimiento es una tarea esencial para el hombre y hace parte
del desarrollo integral del individuo. Si en algo podemos situar la
grandeza del ser humano es precisamente en su capacidad de
conocer, en su afán de saber (“Homo naturaliter scire desiderat”,
sentenció Aristóteles).
• Por naturaleza el hombre se dirige al mundo que lo rodea, lo
interroga, busca interpretarlo, conocer las leyes que regulan sus
procesos. Las cosas despiertan la admiración y el interés del
hombre y frente a ellas el hombre trata de dar respuestas aunque
no siempre sean adecuadas.
• El conocimiento es por tanto obra de la
experiencia del hombre, de la forma como se
relaciona con las cosas y de la manera como
se interrelaciona con los demás hombres; por
ello, el conocimiento es inconcebible sin el
lenguaje; es el producto de la interacción del
hombre con su medio.
• Aunque en principio se habla del
conocimiento como una reproducción
conceptual de la realidad, hay que indicar que
se trata más bien del proceso crítico mediante
el cual el hombre va organizando el saber, su
concepción del mundo, y lo va dotando de
ciertas características que resultan, en primera
instancia, de su experiencia personal.
• El conocimiento es un proceso por el cual el
hombre refleja en su cerebro las condiciones
características del mundo circundante; sin
embargo, éste no es un reflejo simple, inmediato
y completo, y opera en ese proceso la interacción
dinámica de tres elementos en desarrollo y
movimiento: la naturaleza, el cerebro humano y
la forma de reflejo del mundo en el cerebro
humano (los conceptos, las leyes, las categorías)
• El origen del conocimiento está en la misma
actividad práctica del hombre: cuando éste
entra en relación con la naturaleza y la
sociedad, tiene la posibilidad de
aprehenderlas. Esto significa al mismo tiempo
que todas las ideas del hombre son extraídas
de la experiencia y constituyen reflejos falsos y
verdaderos de la realidad.
• Nuestras posibilidades de conocimiento son,
sin embargo, trágicamente pequeñas.
Sabemos muy poco y aquello que sabemos lo
sabemos la mayoría de las veces
superficialmente, sin gran certeza. La mayor
parte de nuestro conocimiento es solamente
probable. Existen certezas absolutas,
incondicionadas, pero éstas son raras.
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