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Las 7 Copas de la Ira en Apocalipsis

LIbro de Apocalipsis
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Las copas

de la ira de
Dios

Apocalipsis 16
Introducción
El capítulo anterior trató sobre la preparación de las siete plagas
postreras, y lo que sigue ahora es la consumación de ellas.
Tenemos, por lo tanto, una nueva serie de siete juicios. Esta es la tercera
si tenemos en cuenta los sellos y las trompetas.
Sin embargo, a diferencia de las anteriores, éstas afectan a todo el
mundo sin restricción alguna. Además, su ejecución se lleva a cabo
rápidamente, casi sin interrupción alguna.
Por otro lado, en las dos series de juicios anteriores, al llegar al sexto
juicio, se hacía un paréntesis y comenzaba otra serie de plagas, pero
aquí vamos a ver que la serie se completa, no dejando nada pendiente.
Se trata por lo tanto de las plagas postreras en las que es consumada la
ira de Dios (Ap 15:1).
La orden para ejecutar los juicios

“Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles:
Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.”
Ap. 16:1

Aquí cabe señalar que, aunque los ejecutores de los juicios son una vez
más los ángeles, la orden es dada por una gran voz que provenía del
templo. Juan dice que escuchó una gran voz, lo que sugiere autoridad y
firmeza.
La orden dada fue: “Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira
de Dios”. Notemos el alcance universal de los juicios de las copas.
• Por lo tanto, este libro contiene, por así
La Ruta decirlo, la “hoja de ruta” de aquellos
acontecimientos proféticos finales que

de la ira han de acontecer en los últimos tiempos,


y que tienen como meta el
establecimiento del reino de Dios en este
de Dios mundo; un plan que de ninguna manera
va a fracasar.
Un libro con siete sellos

La acción que
comienza con la
apertura del primer
Y a que las 7 copas sello no termina
de la ira de Dios hasta cuando en
sean derramadas Apocalipsis 21:6, es
Da lugar al toque
anunciado “Hecho
de las 7 trompetas
está”
La apertura de los 7
sellos

Es fácil perderse dentro del libro de Apocalipsis viendo como la


apertura de los siete sellos da lugar después al toque de las
siete trompetas y a que las siete copas de la ira de Dios sean
derramadas sobre la tierra.
La primera copa
“Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera
maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la
bestia, y que adoraban su imagen.”
El primer juicio consistió en “una úlcera maligna y pestilente”, una
plaga terrible y repulsiva que dañaba sólo a los hombres.
Además del aspecto repugnante de las llagas, estaría también un
fuerte olor desagradable. Esta es una forma de decir cómo ve Dios
al pecador.
El profeta Isaías usó una descripción similar: (Is 1:6) “Desde la
planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida,
hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni
suavizadas con aceite.”
El pecado daña gravemente la imagen de Dios
en el hombre.
Podríamos decir que lo que esta plaga estaba
haciendo era sacar al exterior lo que había en
el interior de sus corazones y pensamientos.
El pecado desvirtúa al ser humano.
Originalmente había sido creado a la imagen
de Dios, pero prefirió cambiarla por la marca
El pecado de la bestia.
Había sido creado para tener comunión y
adorar a Dios, pero prefirió adorar a una
bestia. Esto es un auténtico cáncer que
destruye la verdadera humanidad, y Dios no
puede callar ante una perversión así.

Isaías 59:2. El pecado hace separación entre


Dios y nosotros.
La segunda copa
“El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en
sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar.” Ap.
16:3

Anteriormente ya habíamos visto un juicio similar cuando sonó la segunda


trompeta y un tercio de las aguas se convirtió en sangre y murió un tercio de los
seres vivientes (Ap 8:8-9).
Sin embargo, en este nuevo juicio no hay ningún tipo de proporción, sino que
“murió todo ser vivo que había en el mar”. Esto sugiere el carácter completo y final
de estos juicios.
No obstante, Juan quiere transmitirnos también la impresión que este juicio le
produjo: “el mar se convirtió en sangre como de muerto”.
La idea parece ser la de un hombre muerto en medio de un gran charco formado
por su propia sangre.
La tercera copa
“El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes
de las aguas, y se convirtieron en sangre.” Ap. 16:4

Este nuevo juicio guarda relación también con el juicio que vino con el
toque de la tercera trompeta (Ap 8:10-11).
Entonces la tercera parte de los ríos y de las fuentes de las aguas se
convirtieron en ajenjo y muchos hombres murieron. Pero una vez más, la
plaga que ahora estamos estudiando no conoce límite y llega a abarcar a
toda la tierra. Y otra diferencia entre ambas plagas es que en esta ocasión
las aguas se convertirán en sangre.
Es una plaga muy severa y dramática, porque la vida sin agua es inviable.
La acumulación de las tres primeras plagas provocará una destrucción sin
precedentes de toda forma de vida.
La cuarta copa
“El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con
fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que
tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.” Ap. 16:8-9

La cuarta plaga afecta al sol. Esto ya había ocurrido en ocasiones anteriores: “El sol se puso
negro como tela de cilicio” (Ap 6:12); “Fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de
las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera
parte del día, y asimismo de la noche” (Ap 8:12).
Pero nuevamente vemos que esta plaga es definitiva y se aplica sin restricciones sobre todos
los hombres. El sol, que siempre ha suministrado al hombre luz, calor y energía, se convertirá
en un agente destructivo y mortal.
Los hombres no encontrarán la forma de protegerse de un calor tan ardiente que parecerá
fuego. Pero un aumento tan importante de las temperaturas también afectará a los glaciares,
llegando a derretirlos. Esto ocasionará la subida del nivel de los océanos en unos cuantos
metros, la desaparición de los puertos y la inundación de muchas importantes ciudades.
Lo anunció Malaquías
Un juicio similar fue anunciado por el profeta Malaquías:
“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los
soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día
que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les
dejará ni raíz ni rama.” Mal 4:1.

Difícilmente podemos imaginarnos el intenso dolor que la acumulación de


estas primeras plagas tendrá sobre los hombres: úlceras malignas y
pestilentes; el agua de los mares convertida en sangre como de muerto; los
ríos y las fuentes también convertidas en sangre; y finalmente un calor
ardiente como fuego.
Pensemos en la sensación de estar muertos de sed por el intenso calor y no
tener nada para beber o con que refrescarse.
La quinta copa
“El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y
su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, y
blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus
úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.” Ap.16:10-11.
La quinta copa se derramó directamente “sobre el trono de la bestia”. Es
un juicio sobre Satanás y su reino.
Anteriormente vimos que toda la tierra se iba en pos de la bestia y la
adoraban. Entonces todos hacían la misma pregunta: “¿Quién como la
bestia, y quién podrá luchar contra ella?” Ap. 13:3-4.
Ahora, el arrogante desafío de la bestia, que había establecido su trono
en imitación del trono de Dios, va a ser juzgado para siempre. El
esplendor de su trono se apagará con la plaga de las tinieblas, sin que la
bestia pueda hacer nada para impedirlo.
“El sexto ángel derramó su copa sobre
el gran río Eufrates; y el agua de éste
se secó, para que estuviese preparado
el camino a los reyes del oriente. Y vi
salir de la boca del dragón, y de la
boca de la bestia, y de la boca del
falso profeta, tres espíritus inmundos
La sexta a manera de ranas; pues son espíritus
de demonios, que hacen señales, y

copa
van a los reyes de la tierra en todo el
mundo, para reunirlos a la batalla de
aquel gran día del Dios Todopoderoso.
He aquí, yo vengo como ladrón.
Bienaventurado el que vela, y guarda
sus ropas, para que no ande desnudo,
y vean su vergüenza. Y los reunió en
el lugar que en hebreo se llama
Armagedón.” Ap. 16:12-16
1. El gran río Éufrates es secado El juicio de la
sexta copa se derrama sobre el río Éufrates
de tal modo que se seca y queda preparado
el camino para los reyes del oriente. Este
juicio también está relacionado con el de la
sexta trompeta (Ap 9:13-16). En esa ocasión,
cuando la trompeta sonó, fueron soltados los
cuatro ángeles que estaban atados junto al

La sexta gran río Éufrates. Una vez desatados


mataron a la tercera parte de los hombres

copa 2. La trinidad diabólica convoca a los reyes de


la tierra para luchar contra el Todopoderoso
Seguramente lo que tenemos ante nosotros
es una campaña de propaganda diabólica: “Y
vi salir de la boca del dragón, y de la boca de
la bestia, y de la boca del falso profeta, tres
espíritus inmundos”. El asunto parece
importante porque la “trinidad diabólica” al
completo está implicada en ella: el dragón, la
bestia y el falso profeta.
La sexta copa
3. “He aquí, yo vengo como ladrón” En ese momento, cuando
nadie lo espera, el Señor viene para la batalla final.
Tan sorprendente e inesperada será su venida que dice: “Yo
vengo como ladrón”. No quiere decir que venga a robar, sino a
tomar lo que legítimamente le pertenece. Pero su venida será de
tal modo que será imposible de predecir o calcular por
adelantado. Veamos lo que el apóstol Pedro dijo al respecto:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche;


en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los
elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las
obras que en ella hay serán quemadas.” 2 Pedro 3:10
Puesto que no sabemos el momento de su
venida, hay aquí una exhortación a estar
vigilantes en todo momento:
“Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas,
para que no ande desnudo, y vean su
vergüenza”. Ap. 16:15
Probablemente la figura usada aquí es la de un

La sexta soldado que está en el frente haciendo guardia.


Tiene que estar despierto y alerta. No puede
quitarse sus ropas para dormir, porque en ese
copa caso, si el enemigo atacara, sería vencido y
sufriría un terrible ridículo.

4. El lugar de la batalla La reunión de los


ejércitos se lleva a cabo “en el lugar que en
hebreo se llama Armagedón”. Esto significa
“montaña de Meguido”. Allí fue donde
Débora y Barak derrotaron a las huestes de
Jabín, rey de Canaán (Jue 5:19-20)
“El séptimo ángel derramó su copa por
el aire; y salió una gran voz del templo
del cielo, del trono, diciendo: Hecho
está. Entonces hubo relámpagos y voces
y truenos, y un gran temblor de tierra,
un terremoto tan grande, cual no lo
La hubo jamás desde que los hombres han
estado sobre la tierra. Y la gran ciudad
fue dividida en tres partes, y las
séptima ciudades de las naciones cayeron; y la
gran Babilonia vino en memoria delante

copa de Dios, para darle el cáliz del vino del


ardor de su ira. Y toda isla huyó, y los
montes no fueron hallados. Y cayó del
cielo sobre los hombres un enorme
granizo como del peso de un talento; y
los hombres blasfemaron contra Dios
por la plaga del granizo; porque su plaga
fue sobremanera grande.” Ap 16:17-21.
La séptima copa
El anuncio de la sentencia final
Al llegar a la séptima copa nos encontramos ante un momento culminante.
En primer lugar, notamos que, al ser derramada la copa por el aire, “salió una
gran voz del templo del cielo y del trono”, lo que nos da a entender que Dios
mismo desde su trono estaba interviniendo para poner el broche final a sus juicios.
En segundo lugar, encontramos la expresión: “Hecho está”, con la que se
culminan sus juicios.
En tercer lugar, debemos observar también cómo este juicio viene acompañado
por ciertos elementos que enfatizan la solemnidad del momento: “Entonces hubo
relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan
grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra”.
Y, en cuarto lugar, vemos que Juan describe esta plaga con una palabra que no
usa en ninguna otra parte de este libro: “su plaga fue sobremanera grande” (Ap
16:21).
El juicio divino
Parece que la caída de esta gran ciudad provoca también la caída de
otras ciudades por todo el mundo: “Y las ciudades de las naciones
cayeron”. Estamos aquí ante el colapso de la sociedad organizada tal
como la conocemos ahora.
Los juicios sobre Babilonia y las ciudades de las naciones serán
acompañados de terribles cataclismos: “Y toda isla huyó, y los montes no
fueron hallados. Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo
como del peso de un talento”.
A esto hay que añadir lo que se dijo anteriormente: “relámpagos y voces
y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no
lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra” (Ap
16:18).
Los hombres serán
conscientes de que están
asistiendo al juicio final de
La respuesta Dios sobre su cultura, pero
de los lejos de arrepentirse o pedir
perdón, repiten la actitud
hombres que ya habían manifestado
ante este en los juicios anteriores: “Y
los hombres blasfemaron
último juicio contra Dios por la plaga del
granizo; porque su plaga
fue sobremanera grande”.

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