LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA
La profesión de fe, también llamada “símbolo”, es un
signo de reconocimiento propio de los bautizados; en
ella se expresa el contenido central de la fe y se
recogen sintéticamente las principales verdades que
un creyente acepta y de las que da testimonio en el
día de su bautismo y comparte con toda la
comunidad cristiana para el resto de su vida.
CREO EN EL ESPÍRITU SANTO
Jn 7, 38–39
Creer en el Espíritu Santo es estar convencidos
de que él va a renovar permanentemente nuestra
vida, haciendo que de nuestro interior broten
«ríos de agua viva»
“CREO EN LA SANTA IGLESIA
CATÓLICA”
167 "Creo" (Símbolo de los Apóstoles): Es la
fe de la Iglesia profesada personalmente
por cada creyente, principalmente en su
bautismo.
LA IGLESIA ES UNA, SANTA,
CATÓLICA Y APOSTÓLICA
811 "Esta es la única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica"
(LG 8). Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí (cf. DS 2888), indican rasgos esenciales de la
Iglesia y de su misión. La Iglesia no los tiene por ella misma; es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia
el ser una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades.
812 Sólo la fe puede reconocer que la Iglesia posee estas propiedades por su origen divino. Pero sus
manifestaciones históricas son signos que hablan también con claridad a la razón humana. Recuerda el Concilio
Vaticano I: "La Iglesia por sí misma es un grande y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio irrefutable de
su misión divina a causa de su admirable propagación, de su eximia santidad, de su inagotable fecundidad en
toda clase de bienes, de su unidad universal y de su invicta estabilidad" (DS 3013).
Misión apostólica
858 Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de
su ministerio, "llamó a los que él quiso [...] y vinieron
donde él. Instituyó Doce para que estuvieran con él y para
enviarlos a predicar" (Mc 3, 13-14). Desde entonces, serán
sus "enviados" [es lo que significa la palabra griega
apóstoloi]. En ellos continúa su propia misión: "Como el
Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21; cf. Jn 13,
20; 17, 18). Por tanto su ministerio es la continuación de la
misión de Cristo: "Quien a vosotros recibe, a mí me
recibe", dice a los Doce (Mt 10, 40; cf, Lc 10, 16).
859 Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como "el Hijo no
puede hacer nada por su cuenta" (Jn 5, 19,30), sino que todo lo recibe
del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no
pueden hacer nada sin Él (cf. Jn 15, 5) de quien reciben el encargo de la
misión y el poder para cumplirla. Los Apóstoles de Cristo saben por tanto
que están calificados por Dios como "ministros de una nueva alianza" (2
Co 3, 6), "ministros de Dios" (2 Co 6, 4), "embajadores de Cristo" (2 Co 5,
20), "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1
Co 4, 1).
860 En el encargo dado a los Apóstoles hay un aspecto
intransmisible: ser los testigos elegidos de la Resurrección del Señor
y los fundamentos de la Iglesia. Pero hay también un aspecto
permanente de su misión. Cristo les ha prometido permanecer con
ellos hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28, 20). "Esta misión divina
confiada por Cristo a los Apóstoles tiene que durar hasta el fin del
mundo, pues el Evangelio que tienen que transmitir es el principio de
toda la vida de la Iglesia. Por eso los Apóstoles se preocuparon de
instituir [...] sucesores" (LG 20).
LOS OBISPOS SUCESORES DE LOS APÓSTOLES
861 "Para que continuase después de su muerte la misión a
ellos confiada, [los Apóstoles] encargaron mediante una especie
de testamento a sus colaboradores más inmediatos que
terminaran y consolidaran la obra que ellos empezaron. Les
encomendaron que cuidaran de todo el rebaño en el que el
Espíritu Santo les había puesto para ser los pastores de la Iglesia
de Dios. Nombraron, por tanto, de esta manera a algunos
varones y luego dispusieron que, después de su muerte, otros
hombres probados les sucedieran en el ministerio" (LG 20; cf.
San Clemente Romano, Epistula ad Corinthios, 42, 4).
862 "Así como permanece el ministerio confiado
personalmente por el Señor a Pedro, ministerio que
debía ser transmitido a sus sucesores, de la misma
manera permanece el ministerio de los Apóstoles de
apacentar la Iglesia, que debe ser ejercido perennemente
por el orden sagrado de los obispos". Por eso, la Iglesia
enseña que "por institución divina los obispos han
sucedido a los apóstoles como pastores de la Iglesia. El
que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los
desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió" (LG 20).
EL APOSTOLADO
863 Toda la Iglesia es apostólica mientras permanezca, a
través de los sucesores de San Pedro y de los Apóstoles,
en comunión de fe y de vida con su origen. Toda la Iglesia
es apostólica en cuanto que ella es "enviada" al mundo
entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de
diferentes maneras, tienen parte en este envío. "La
vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también
vocación al apostolado". Se llama "apostolado" a "toda la
actividad del Cuerpo Místico" que tiende a "propagar el
Reino de Cristo por toda la tierra" (AA 2).
864 "Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen
del apostolado de la Iglesia", es evidente que la
fecundidad del apostolado, tanto el de los ministros
ordenados como el de los laicos, depende de su unión
vital con Cristo (AA 4; cf. Jn 15, 5). Según sean las
vocaciones, las interpretaciones de los tiempos, los dones
variados del Espíritu Santo, el apostolado toma las formas
más diversas. Pero la caridad, conseguida sobre todo en la
Eucaristía, "siempre es como el alma de todo apostolado"
(AA 3).
869 La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos
cimientos: los doce Apóstoles del Cordero (Ap 21, 14); es
indestructible (cf. Mt 16, 18); se mantiene infaliblemente
en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro y los
demás Apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y
el colegio de los obispos.