Profeta Eliséo
Profesor: Franco José Maldonado Gámez
Instituto Bíblico Cuadrangular
No alcanzaban los bueyes para arar. Faltaba uno.
¡Eso no fue obstáculo para un joven agricultor
llamado Eliseo! Simplemente se puso él con
los bueyes, en el lugar del
que faltaba.
Debe de haber
sido un hombre fuerte,
inteligente, y
trabajador.
Mientras Eliseo araba, el
profeta de Dios, Elías,
pasó y le llamó. El joven
dejó su campo para ser
siervo de Dios. Un día,
Dios llevó a Elías al Cielo
en un torbellino.
Ahora Eliseo fue el
profeta de
Dios a Israel.
Aunque Eliseo estaba triste
porque Elías ya no estaba, oró
que Dios le diera poder como el
de Elías. Eliseo levantó el
manto de Elías, y golpeó el
agua del río como lo había
hecho Elías. ¡Se
dividieron las
aguas! Ahora
Eliseo sabía que
Dios estaba con él.
Mientras Eliseo iba a
un pueblo llamado
Betel, algunos
jóvenes se burlaban
de él
gritando,”¡Calvo,
sube!” No les
importaba que Eliseo
era el siervo de Dios.
Les pasó una cosa
asombrosa. Salieron
dos osas del bosque y
despedazaron a
cuarenta y dos de los
jóvenes.
Un día Eliseo conoció a una viuda que debía dinero
que no podía pagar. Para cancelar la deuda, el
acreedor iba a
tomar los dos
hijos de la viuda
como esclavos.
“Ve, pide
prestado vasijas
de todos tus
vecinos. . . . .
vasijas vacías,”
dijo Eliseo.
Dios iba a hacer
algo maravilloso
La viuda tenía sólo una pequeña vasija de aceite en
la casa. Pero de esa pequeña vasija ¡sacó suficiente
aceite para llenar todas aquellas vasijas! Si
hubiesen tenido tinas en aquellos días, ¿piensas que
Dios las hubiese llenado también?
Otra señora y su esposo hicieron un
cuarto especial en su hogar para
que Eliseo se quedara allí cuando
pasaba. En el cuarto
pusieron una cama, una
mesa, una silla,
y una lámpara.
Ese cuarto
estaba siempre
reservado
para Eliseo.
Eliseo se preguntaba cómo podría pagar la
amabilidad de esta pareja. Cuando supo que no
tenían hijos, dijo algo que la señora casi no podía
creer. “Por este tiempo del año que viene,
abrazarás un hijo.” De veras, un año después, nació
el bebé.
Algunos años más tarde este mismo niño estaba en
el campo con su padre. “Mi cabeza, mi cabeza,” lloró
el niño. Cuando lo trajeron a su madre, se sentó en
sus rodillas hasta el mediodía, luego murió. La
madre acostó al muchacho en la cama en el cuarto
de Eliseo.
¿Quién piensas que
la podía
ayudar?
¿Dijiste Eliseo? ¡Correcto! Enalbardó un asno y fue
a toda velocidad para buscarle. Eliseo vino a su
casa, subió sólo y oró al Señor. Dios resucitó al
muchacho. Eliseo llamó a la mujer y dijo, “Toma tu
hijo.”
¡Qué contenta
debe de
haber
estad
o!
En la tierra cercana de
Siria vivía un capitán del
ejército llamado
Naamán. Era valiente y
fuerte, pero tenía una
enfermedad grave de la
piel llamado lepra.
La esposa de Naamán
tenía una pequeña esclava
que había sido capturada
de Israel. Esta niña dijo,
“¡Si sólo Naamán estuviera
con el profeta que está
en Israel! Él podría
sanarlo de su lepra.”
Naamán partió en seguida para ver al profeta.
Llevó plata, oro, y ropa hermosa como regalos.
El siervo de Eliseo salió y dijo, “Ve y lávate en el río
Jordán siete veces y
serás limpio.”
Naamán estaba
furioso.
¿No podía
lavarse en las
aguas limpias y
frescas de los ríos
de su propia tierra,
Siria?
Enojadamente se dio
vuelta y se dirigió a
Afortunadamente
para Naamán, sus
siervos le
convencieron
obedecer la orden
de Eliseo. Así que
Naamán bajó y se
sumergió siete
veces en el río
Jordán. ¡Y
Naamán el leproso
fue sanado!
Entonces Naamán
adoró al Dios
verdadero, al Dios
de Eliseo, al
Señor Que lo
había sanado de
la lepra.
Dios usó a Su siervo
Eliseo aún después
que murió. Un
día, un
hombre fue enterrado en la
cueva donde Eliseo había
sido enterrado hacía mucho
tiempo. Cuando el
cuerpo del hombre
tocó los huesos
del profeta, el
hombre revivió y
se paró.
Verdaderamente,
Dios mostró Su gran
Fin