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Inteligencia Emocional y Racional

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INTELIGENCIA

EMOCIONAL VS
INTELIGENCIA
RACIONAL
U.D: Comportamiento ético
V semestre
Doc: Daniela Arias Palomino
INTELIGENCIA RACIONAL

■ Todos tenemos cualidades innatas que de alguna manera residen en nosotros.


Habilidades que de forma natural poseemos y que no nos cuesta desarrollar.
■ Cada Estrategia de Comportamiento o tipo de personalidad de cada profesional, tiene
una habilidad innata con una presencia más fuerte que las demás.
■ Estas son las habilidades Innatas de las Estrategias de Comportamiento asociadas a la
Inteligencias Racional:
TIPOS DE ESTRATEGIAS

■ ESTRATEGIA ENTUSIASTA:
• Imaginación: La imaginación aplicada a las soluciones es clave en la evolución de
cualquier empresa, sobre todo a la hora de considerar diferentes opciones que a priori no
son evidentes.
• Positivismo: Una actitud positiva es contagiosa dentro de un grupo de trabajo
fomentando el buen ambiente laboral y la motivación de los demás miembros.
■ Gestión Multitarea: La habilidad de ser capaz de llevar diferentes temas a la vez dota
al profesional de dinamismo y flexibilidad.
ESTRATEGIA INTELECTUAL

• Capacidad de Análisis: Estos profesionales suelen tener una gran capacidad de


visualización y análisis de hechos y datos. Esta habilidad les permite abstraer con cierta
facilidad y filtrar la información con valor a la hora de tomar decisiones.
• Documentación: Tienen tendencia a documentarse, siguiendo una necesidad de tener la
máxima cantidad de información posible. Eso les permite sentirse seguros y poderosos.
• Enfoque: Su capacidad de abstracción les permite poner foco en cualquier proyecto
llegando a un nivel de profundidad alto y sin despistarse.
ESTRATEGIA PRUDENTE

• Colaboradores: Generan como pocos un sentido de unidad porque nunca quieren


destacar y prefieren mover los hilos en la bambalinas. Impactan positivamente en la
cohesión del grupo.
• Abogado del Diablo: Su tendencia prudente suele dotarles de habilidades para analizar
posibles aspectos negativos de un proyecto, un acuerdo o un planteamiento. Esa
capacidad de previsión puede ahorrar algún disgusto.
• Lealtad: Esa tendencia de identidad grupal les dota de un sentido de lealtad muy alto.
Son confiables y constantes.
CARACTERÍSTICAS

■ Las personas racionales no son muy comunes, porque a fin de cuentas lo que hoy
entendemos por racionalidad es un invento reciente. Y es que normalmente la existencia de
estos individuos depende de dónde se ha nacido y en qué lugar se ha recibido la educación
durante la infancia y la juventud. Incluso hoy en día, las personas adultas de buena parte
del planeta Tierra siguen guiándose por creencias totalmente irracionales y supersticiones.
■ Sin embargo, a pesar de su rareza, cuando estamos ante una persona racional se la
reconoce de inmediato… si sabemos prestar atención a las señales adecuadas.
■ A continuación puedes ver un listado de rasgos que definen a las personas racionales en su
manera de pensar y de relacionarse con las demás. Ten en cuenta, sin embargo, que a pesar
de los estereotipos que corren acerca de la gente con una mentalidad analítica, no se trata
de robots. Alguien racional puede ser también muy emocional en determinadas ocasiones;
la diferencia está en la manera en la que se regulan las emociones.
1. Esperan al mejor momento para tomar decisiones
importantes

■ Es muy frecuente que, a la práctica, el primer momento en el que debemos realizar una elección
o tomar una decisión coincida con un momento en el que nos activamos mucho
emocionalmente.
■ Pensemos, por ejemplo, en el que se nos comunica que hemos sido aceptados en una
universidad de prestigio ubicada fuera de nuestro país: si nos dejamos llevar por la euforia,
quizás aceptemos la plaza y empecemos a realizar gastos para el traslado antes de considerar si
tenemos los ahorros suficientes para optar por esa vía, o si hay otras responsabilidades que
atender en nuestra ciudad de residencia.

■ Es por eso que las personas racionales no se precipitan a la hora de tomar decisiones relevantes,
al menos si creen que hay un estado emocional que les está sesgando la interpretación de los
hechos.
2. Saben que la emoción y la racionalidad son
indesligables

■ Incluso las personas más racionales son conscientes de que los seres humanos no
pueden pretender ser robots, entidades puramente objetivas que analizan los hechos
fríamente y distanciándose de los hechos. Creer lo contrario supondría no tener defensas
para prevenir los sesgos cognitivos y caer en un dogmatismo según el cual nada es
discutible.
■ Así pues, al tener en cuenta que las emociones influyen tanto en el lugar en el que se
centra nuestra atención como en las conclusiones a las que se llega al analizar esa
información seleccionada, las personas racionales tienen la oportunidad de volver sobre
sus pasos y preguntarse si cometieron algún error en su forma de razonar.
3. Creen en el poder del consenso

■ Por muy objetivos y racionales que pretendamos ser, no tenemos un acceso inmediato a
la verdad. Es por eso que el consenso nos ayuda a comprender mejor lo que está
ocurriendo. ¿Por qué? Porque al combinar ideas y puntos de vista, aparecen nuevas
explicaciones y soluciones a preguntas.
■ Así pues, la racionalidad implica, a la fuerza, intercambio de puntos de vista y debate.
No se trata de un proceso de pensamiento lineal llevado a cabo por una única persona,
por un motivo muy simple: ser humano significa tener acceso a una cantidad muy
limitada de información y no tener tiempo para aprenderlo todo acerca de la realidad.
Siempre habrá alguien que sepa más que nosotros sobre un tema particular, y lo más
razonable es escuchar lo que tiene que decir.
4. Experimentan sus relaciones sociales
de un modo constructivo
■ Tender hacia la racionalidad hace que, ante la posibilidad de pelearnos con un amigo o
familiar, no se actúe desde el rencor y las ganas de venganza.
■ Así pues, la manera en la que se gestionan esas disputas parte de la base de que el
objetivo no es hacer que nuestras acciones se correspondan con lo que se está sintiendo,
sino con lo que debería ser. Es un matiz importante que, si bien no implica que no se
vaya a hacer sufrir al otro (si se asume que un castigo ejemplar hará que una situación
similar) evita muchos dramas innecesarios, ya que una reacción emocional hace que
suban las posibilidades de que aparezca una respuesta emocional por parte del otro.
5. Intentan prever los riesgos

■ Otra de las características definitorias de las personas racionales es que no ceden


fácilmente a sus impulsos, ya que antes de realizar acciones que pueden comprometer el
bienestar de alguien, consideran los riesgos y los beneficios.
■ Por supuesto, esta es una característica relativa, ya que no hay ningún ser humano capaz
de pararse a pensar constantemente en cuáles pueden ser las consecuencias de sus
acciones a medio y largo plazo. Sin embargo, las personas racionales lo hacen con
mucha mayor frecuencia que el resto, y se muestran especialmente hábiles a la hora de
detectar esos momentos en los que merece la pena detenerse a pensar y no ceder ante los
deseos más inmediatos.
INTELIGENCIA EMOCIONAL

■ La inteligencia emocional es la capacidad para identificar, entender y manejar las emociones


correctamente, de un modo que facilite las relaciones con los demás, la consecución de metas
y objetivos, el manejo del estrés o la superación de obstáculos.
■ Ante cualquier acontecimiento que suceda en tu vida, las emociones, tanto positivas como
negativas, van a estar ahí, y pueden servirte de ayuda y hacerte feliz o hundirte en el dolor más
absoluto, según cómo sea tu capacidad para manejarlas.
■ Las personas con una alta inteligencia emocional no necesariamente tienen menos emociones
negativas, sino que, cuando aparecen, saben manejarlas mejor. Tienen también una mayor
capacidad para identificarlas y saber qué es lo que están sintiendo exactamente y también una
alta capacidad para identificar qué sienten los demás. Al identificar y entender mejor las
emociones, son capaces de utilizarlas para relacionarse mejor con los demás (empatía), tener
más éxito en su trabajo y llevar vidas más satisfactorias.
Habilidad 1: autocontrol, el dominio de
uno mismo
■ En un experimento muy elocuente, un grupo de voluntarios debía realizar ejercicios físicos en una
sala, dirigidos por un ayudante que, en realidad, era cómplice del investigador y se limitaba a
insultarlos y a provocarlos de múltiples formas. Al terminar la actividad, los voluntarios tenían la
posibilidad de descargar su cólera, evaluando las aptitudes del ayudante para una eventual
contratación laboral. Como era de esperar, los ánimos estaban caldeados y las calificaciones que
el sujeto obtuvo fueron bajísimas.
■ En una segunda aplicación del experimento se introdujo una variante: cuando terminaban los
ejercicios, entraba una mujer con los formularios y el ayudante, que en ese momento salía, se
despedía de ella de forma despectiva. Ella, sin embargo, parecía tomarse sus palabras con buen
humor y luego les explicaba a los asistentes que su compañero estaba pasando por muy mal
momento, sometido a intensas presiones por un examen al que se sometería pronto. Esa pequeña
información bastó para modular el enfado de los voluntarios, quienes en esta ocasión calificaron
de forma mucho más benévola las aptitudes del ayudante.
Habilidad 2: Manejar las emociones

■ Si comparamos a dos personas con unas capacidades innatas equivalentes, una de las cuales se
encuentra en la cúspide de su carrera, mientras la otra se codea con la masa en un nivel de
mediocridad, encontraremos que su principal diferencia radica en aspectos emocionales: por
ejemplo, el entusiasmo y la tenacidad frente a todo tipo de contratiempos, que le habrán
permitido al primero perseverar en la práctica ardua y rutinaria durante muchos años.
■ Diversos estudios han trazado la correlación entre ciertas habilidades emocionales y el
desempeño futuro de una persona. Delante de un grupo de niños de cuatro años de edad se colocó
una golosina que podían comer, pero se les explicó que si esperaban veinte minutos para hacerlo,
entonces conseguirían dos golosinas. Doce años después se demostró que aquellos pequeños que
habían exhibido el autocontrol emocional necesario para refrenar la tentación en aras de un
beneficio mayor eran más competentes socialmente, más emprendedores y más capaces de
afrontar las frustraciones de la vida.
Habilidad 3: Automotivación

■ La motivación es el tercer componente de la Inteligencia Emocional. Esta es un proceso


psicológico que comprende la habilidad de dirigir nuestros estados emocionales hacia
una meta u objetivo determinado, siempre con un foco positivo y con mucha energía.
Gracias a la motivación, también nos podemos recuperar más fácilmente de
contratiempos de la vida, encontrar soluciones rápidamente y volver a encaminarnos
hacia nuestras metas, siendo más persistentes y enfáticos.
■ Por ejemplo, si nuestra meta es conseguir un buen trabajo, es posible que no lo
consigamos a la primera, pero gracias a la motivación, jamás olvidaremos cuál es nuestra
meta y seguiremos buscando el mejor camino hasta poder alcanzar el objetivo deseado.
■ La falta de motivación se traduce en aburrimiento, cansancio, rutina entendida de una
forma negativa, tristeza… En cambio, tener una razón para luchar se transforma en un
motor para vivir.
Habilidad 4: Reconocer las emociones de
los demás
■ La palabra empatía proviene del griego empatheia, que significa “sentir dentro”, y denota la capacidad de percibir
la experiencia subjetiva de otra persona. El psicólogo norteamericano E.B. Titehener amplió el alcance del término
para referirse al tipo de imitación física que realiza una persona frente al sufrimiento ajeno, con el objeto de evocar
idénticas sensaciones en sí misma. Diversas observaciones in situ han permitido identificar esta habilidad desde
edades muy tempranas, como en niños de nueve meses de edad que rompen a llorar cuando ven a otro niño caerse,
o niños un poco mayores que ofrecen su peluche a otro niño que está llorando y llegan incluso a arroparlo con su
manta. Incluso se ha demostrado que desde los primeros días de vida, los bebés se muestran afectados cuando oyen
el llanto de otro niño, lo cual ha sido considerado por algunos como el primer antecedente de la empatía.
■ A lo largo de la vida, esa capacidad para comprender lo que sienten los demás afecta un espectro muy amplio de
actividades, que van desde las ventas hasta la dirección de empresas, pasando por la política, las relaciones
amorosas y la educación de los hijos. A su vez, la ausencia de empatía suele ser un rasgo distintivo de las personas
que cometen los delitos más execrables: psicópatas, violadores y pederastas. La incapacidad de estos sujetos para
percibir el sufrimiento de los demás les infunde el valor necesario para perpetrar sus delitos, que muchas veces
justifican con mentiras inventadas por ellos mismos, como cuando un padre abusador asume que está dándole
afecto a sus hijos o un violador sostiene que su víctima lo ha incitado al sexo por la forma en que iba vestida.
Habilidad 5: Manejar las relaciones con
los demás
■ Finalmente, nos encontramos con el último de los 5 elementos de la inteligencia
emocional: las habilidades sociales.
■ Entendemos las habilidades sociales como el conjunto de capacidades que nos
permiten dar respuestas adecuadas al entorno y relacionarnos mejor con las personas
que nos rodean. Son la clave para un buen desarrollo personal y profesional. Gracias a
ellas, podemos comunicarnos de manera más asertiva, dando a conocer nuestras
necesidades para que quienes nos rodean entiendan mejor cómo nos sentimos.
■ Un ejemplo de buenas habilidades sociales son aquellas personas que mantienen la
calma y saben expresar sus opiniones y emociones de una manera tranquila, evitando
el conflicto con un hecho potencialmente peligroso, como una discusión o un debate.
■ No debemos confundir las habilidades sociales con el hecho de manipular a las
personas, en estas no hay cabida para las mentiras ni para la extorsión o el maltrato
psicológico.

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