EL ACOLITADO
UN MINISTERIO PARA LOS LAICOS
Por Renzo Pisfil Rivera
¿QUÉ ES EL ACOLITADO?
Es un ministerio instituido por la Iglesia, donde se da la misión
de cuidar el servicio del altar ayudando al diácono y al
sacerdote. Además, de distribuir la sagrada comunión como
ministro extraordinario.
El ministerio del acolitado, no solo lo recibe el seminarista,
sino también puede recibir cualquier fiel con una firme y
buena voluntad de servir fielmente a Dios y al pueblo
cristiano.
Anteriormente era considerada una orden menor junto con el
lectorado, hasta la carta apostólica en motu proprio “Ministeria
quaedam” donde quedó instituido como ministerio por el Papa
Pablo VI.
CARTA APOSTÓLICA EN MOTU PROPRIO “MINISTERIA
QUAEDAM”
Las órdenes que hasta ahora se llamaban menores, en lo sucesivo se deben llamar ministerios.
Los ministerios pueden confiarse a fieles laicos, y no se considerarán reservados únicamente para los
aspirantes al sacramento del Orden sacerdotal.
Los ministerios que se han de conservar en toda la Iglesia, adaptados a las necesidades actuales serán el de
lector y el de acólito.
En armonía con la tradición de la Iglesia la institución de lector y de acólito está reservada a los varones.
Los ministerios son conferidos por el Obispo mediante el rito litúrgico de la institución de lector y de la
institución de acólito.
Para los que van a recibir el diaconado y el sacerdocio, deben recibir los ministerios de lector y acólito y
ejercerlos durante un tiempo adecuado, para disponerse mejor a los futuros oficios de la Palabra y del Altar.
Estas mismas disposiciones quedaron recogidas en el Código de Derecho Canónico, en el canon 230.
REQUISITOS
Para que alguien pueda ser admitido a estos ministerios se requiere:
Petición libremente escrita y firmada por el aspirante, que ha de ser
presentada al Ordinario (al Obispo y, en los Institutos clericales de
perfección, al Superior Mayor) a quien corresponde la aceptación;
Edad conveniente y dotes peculiares, que deben ser determinadas por
la Conferencia Episcopal;
Firme voluntad de servir fielmente a Dios y al pueblo cristiano.
EL RITO DE INSTITUCIÓN PRESIDIDO POR EL OBISPO
El rito de institución lo preside el Obispo (o el Superior mayor para los religiosos) que es quien confiere
este ministerio del acolitado.
Terminada la homilía, el Obispo dirige una breve exhortación a los que va a instituir:
“A vosotros, pues, se os confía la misión de ayudar a los presbíteros y diáconos en su
ministerio, y distribuir como ministros extraordinarios, la Sagrada Comunión a los
fieles, incluso llevarla a los enfermos. Por vuestra dedicación especial al ministerio
eucarístico, debéis vivir más intensamente del sacrificio del Señor y procurar
identificaros más plenamente con él…”
EL RITO DE INSTITUCIÓN PRESIDIDO POR EL OBISPO
Entonces todos, incluido el Obispo se ponen en pie; los candidatos se arrodillan; y el Obispo invita a la
oración:
“Pidamos, queridos hermanos, al Señor
que se digne bendecir a estos hijos suyos,
que él mismo ha elegido para el ministerio de acólitos,
y que les dé su fuerza
para que se mantengan con fidelidad
en el servicio de la Iglesia”.
EL RITO DE INSTITUCIÓN PRESIDIDO POR EL OBISPO
Todos oran unos momentos en silencio y luego el Obispo, extendiendo las manos, pronuncia la oración de bendición:
“Padre misericordioso,
que por medio de tu Hijo único
has dado a la Iglesia el pan de vida,
bendice a estos hermanos nuestros,
elegidos para el ministerio de acólitos;
que tu gracia, Señor,
los haga asiduos en el servicio del altar,
para que distribuyendo con fidelidad
el pan de vida a sus hermanos,
y creciendo siempre en la fe y en la caridad,
contribuyan a la edificación de tu Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor”.
EL RITO DE INSTITUCIÓN PRESIDIDO POR EL OBISPO
Luego cada candidato se arrodilla delante del Obispo, que está sentado, y recibe de sus manos la patena
con el pan o el cáliz con el vino, mientras le dice:
“Recibe esta patena con el pan
(o bien: este cáliz lleno de vino)
para la celebración de la Eucaristía
y vive de tal forma
que seas digno de servir
la mesa del Señor y de la Iglesia.
R/ Amén”.
Y la Misa prosigue, como de costumbre, por la oración de los fieles.
DOS VERTIENTES
1. El servicio directo al altar:
Queda instituido para ayudar al Diácono y prestar su servicio al
sacerdote
Es propio del acólito instituido cuidar el servicio del altar.
2. El ministerio extraordinario de la Eucaristía: (c. 230 §3)
Distribuir la comunión como ministro extraordinario cuando
falten ministros, o estén imposibilitados por enfermedad,
avanzada edad o ministerio pastoral, o cuando el número de
fieles que se acerca a la Sagrada Mesa es tan elevado que se
alargaría demasiado la Misa.
En las mismas circunstancias, es decir, de forma extraordinaria y
excepcional, “se le podrá encargar que exponga públicamente a
la adoración de los fieles el Sacramento de la Sagrada Eucaristía
y hacer después la reserva; pero no que bendiga al pueblo”.
OTRAS FUNCIONES DEL ACÓLITO
Enseñará a otros acólitos no instituidos y monaguillos a
servir en la liturgia.
Ante la ausencia de un acólito instituido, otro fiel laico
puede desempeñar sus funciones, salvo las que son
reservadas a los acólitos instituidos, como purificar los
vasos sagrados tras la comunión en ausencia del
diácono.
Si hay varios acólitos o servidores del altar, deben de
distribuirse las funciones entre ellos.
Si hay un solo acólito instituido y también ayudan
servidores del altar, el acólito instituido debe de realizar
las funciones más importantes: llevar la cruz en las
procesiones, presentar el libro al celebrante, colocar el
cáliz y el purificador en el altar, incensar al celebrante y
al pueblo en ausencia de un diácono y purificar los vasos
sagrados.
LAS FUNCIONES DE UN ACÓLITO SON:
Cuidar del servicio del altar.
Ayudar al diácono y al sacerdote en las acciones litúrgicas, especialmente en la celebración de la Misa.
Distribuir la sagrada comunión como ministro extraordinario de la comunión, según las condiciones
establecidas para ello.
En idénticas condiciones podrá exponer públicamente el Santísimo Sacramento de la Eucaristía a la
adoración de los fieles y podrá luego reservarlo, pero no puede dar la bendición.
Puede además instruir a los fieles que ayudan en las acciones litúrgicas como son las de llevar el Misal,
la cruz, los cirios u otras funciones similares.
Al igual que el lector instituido preparará otros lectores para ese servicio litúrgico, el acólito instituido
enseñará a otros acólitos no instituidos y monaguillos a servir en la liturgia:
¿UNA MUJER PUEDE SER ACÓLITA?
Con una Carta apostólica en forma de
motu proprio con el título Spiritus
Domini y con un escrito al Prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe,
el Papa Francisco establece que puedan
«instituir como Lectores o Acólitos no
sólo hombres, sino también mujeres.