1859: Todo nació en Solferino
El 24 de junio de 1859, los ejércitos austriaco y francés se enfrentaron en Solferino, una
ciudad del norte de Italia. Al cabo de dieciséis horas, 46.000 hombres yacían muertos o
heridos. En 1859, aunque la potencia de las armas para lesionar los cuerpos humanos
había aumentado, la capacidad para atender a los soldados heridos no había progresado.
Los servicios médicos de los ejércitos franceses y de la Cerdeña estaban sobresaturados.
El ejército francés tenía más veterinarios que médicos, el transporte era inexistente, y no
había materiales sanitarios. Los heridos (cerca de 9.000) capaces de alcanzar la población más cercana (Castiglione delle
Stiviere) en búsqueda de agua y comida atestaban casas, graneros, plazas y calles de la localidad.
La tarde después de la batalla, el joven suizo Henry Dunant llegó a Solferino por
asuntos ajenos a la batalla. Los negocios de Dunant iban en declive; convencido de
que el Emperador francés podía ayudarlo y sabedor de que la guerra llevaría al
Emperador a esta región, esperaba tener la oportunidad
de encontrarse con él. Lo que encontró, sin embargo, fueron las secuelas
de la batalla.
“En el silencio de la noche, se oyen gemidos, suspiros ahogados llenos de
angustia y de sufrimiento, desgarradoras voces que piden
socorro...
El sol del día 25 alumbró uno de los más espantosos espectáculos que puedan
ofrecerse a la imaginación. Todo el campo de batalla amaneció cubierto de cadáveres de hombres y de caballos ...
Los desdichados heridos recogidos durante todo el día están pálidos, lívidos,
anonadados ... aquellos, con heridas abiertas, en las que la inflamación ya ha comenzado, están como locos de dolor y
piden que los rematen ... Se siente más y más la falta de agua; los fosos están totalmente secos y la mayoría de los
soldados no dispone más que de una bebida mal- sana y salobre para restañar la sed”.
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Mientras Dunant deambulaba entre soldados heridos que no cesaban de pedirle agua, se dio cuenta de la poca atención que se les
prestaba. Reunió a un grupo de mujeres de los alrededores y las organizó en equipos para que llevaran alimentos y agua a los
heridos; las puso a lavar los cuerpos ensangrentados y cubiertos de insectos para que pudieran tratarse sus heridas; organizó un
primitivo hospital de campaña en una iglesia; recogió sábanas para hacer vendas y compró alimentos y medicamentos en las
localidades cercanas; a los niños les pidió que trajeran agua en cubos; reclutó a unos turistas, a un periodista, a un conde y a
un fabricante de chocolate, que muy pronto se pusieron a vendar heridas, llevar agua y escribir cartas de despedida a las
familias de los moribundos. Todos los que estaban prestando ayuda, observó Dunant, habían olvidado la nacionalidad de los
hombres que cuidaban; ahora eran tutti fratelli, todos hermanos.
Dunant encontró a un cabo de 20 años de edad con un balazo en el costado izquierdo y supo que pronto
moriría a consecuencia de sus heridas. Le dio al joven un poco de agua y éste, después de
agradecérselo a Dunant, le dijo, con lágrimas en los ojos:
"Ah, señor, ¡si pudiera usted escribir a mi padre, para que él consuele a mi madre!".
Dunant escribió a los padres, y esas fueron las únicas noticias que recibieron de su hijo. Los
asuntos de Dunant acabaron por torcerse. Ese día estuvo demasiado ocupado para tratar
de ver al Emperador.
Pero escribió un librito, titulado “Recuerdo de Solferino”, en el que describió todo lo que había visto
y formuló una sencilla propuesta:
“¿No sería posible constituir en tiempo de paz y tranquilidad, sociedades de socorro para prestar
en tiempo de guerra, asistencia a los heridos mediante voluntarios dedicados y debidamente capacitados para
ello?”.
El libro dio lugar a la constitución de un "Comité Internacional de Socorro a los Militares Heridos", que más tarde pasó a llamarse Comité
Internacional de la Cruz Roja, surgido de las Convenciones de Ginebra. La visión de futuro de Henry Dunant condujo también al
desarrollo de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja por todo el mundo y, a largo plazo, en la forma de afrontar las acciones
militares en el futuro.
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1864 – UNA CRUZ ROJA, CON SABOR NAVARRO
En 1863, Jean Henry Dunant, funda el Movimiento Internacional de la Cruz Roja junto a otros cuatro ciudadanos suizos. Escriben a España solicitando a la
Orden de San Juan de Jerusalén -más tarde conocida como la Orden de Malta- que envíen una delegación oficial a la conferencia internacional, a celebrar en
Ginebra durante los días 26 al 29 de octubre. El objeto de aquella reunión era fundar en todo el mundo comités o asociaciones de socorro a los heridos en el
campo de batalla, en coordinación con los respectivos servicios sanidad de cada país.
La Orden de San Juan de Jerusalén recibe positivamente la convocatoria y se
pone en contacto con el Ministerio de la Guerra,
para que nombre un representante suyo a la citada conferencia ginebrina.
La persona designada es el médico mayor de Sanidad Militar, don Nicasio Landa.
Por su parte la Orden designa a un miembro destacado de la
misma, don Joaquín Agulló, conde de Ripalda.
Los dos navarros, marchan a Ginebra y toman parte muy activa en los debates de la
conferencia. El doctor Landa presentó a los conferenciantes su invento, el famoso "mandil-
Landa", que en determinados casos venía a sustituir a las camillas.
Al regreso a España, ambos ponentes informan a sus respectivas instituciones, constituyéndose la Junta Organizadora de la "Asociación
Internacional de Socorro a Heridos en Campaña de Mar y Tierra. Sección Española", que celebró su primera sesión el 26 de mayo de 1864. Puestos
de acuerdo Gobierno y la Junta Organizadora, el 6 de julio de 1864 se publica la Real Orden de Isabel II, en la que Cruz Roja queda definitivamente
constituida.
Pero sus promotores, los navarros Nicasio Landa y Joaquín Agulló, quisieron que fuera Navarra la primera en constituir una Asamblea de
voluntarios de esta institución. Así el 5 de julio de 1864, un día antes de su constitución en Madrid, nacía en Pamplona la Cruz Roja Navarra.
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Desde entonces, CRUZ ROJA en NAVARRA
La de Navarra es la Asamblea más antigua de Cruz Roja Española al constituirse en
Pamplona el 5 de julio de 1864, un día antes que la nacional.
Ocho años más tarde, los primeros voluntarios con el doctor Nicasio Landa al
frente, ponían en práctica los principios de la organización al tomar parte activa en la
ayuda a los heridos de la Batalla de Oroquieta en 1872, dentro de
a Tercera Guerra Carlista. Era la primera actuación de “los camilleros de Landa” como
se conoció a los primeros voluntarios de Cruz Roja.
El carácter neutral de los hombres y mujeres de la Cruz Roja les permitió servir de intermediarios entre los bandos alfonsino y carlista. Ellos obtuvieron la
suspensión de las hostilidades en Estella, para retirar a los heridos alfonsinos del fuerte, y en Pamplona para dejar pasar los convoyes de heridos carlistas.
En 1874 abre sus puertas el primer Hospital de la Cruz Roja Española.
Y lo hizo en Tafalla, a lo largo de un año, entre los muros del Palacio de Guenduláin.
Desde Navarra, y antes de finalizar el siglo XIX, los "camilleros de Landa", aquellos
primeros voluntarios navarros de la Cruz Roja, viajaban a Cuba junto a otros
sanitarios de Cruz Roja Española. De 1896 a 1900 se le encomendaría
a esta Institución la repatriación de los soldados españoles que habían combatido en Cuba
y Filipinas, en cuya misión cumplió un papel ejemplar.
Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en Cruz Roja Española se
producen sucesivas reformas que dan pie a una Cruz Roja más operativa.
Así en 1898 se lleva a cabo en Tudela el primer ensayo de movilización general
de la Cruz Roja Española.
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Cruz Roja Navarra, ahora
A lo largo de su historia, la Asamblea de Navarra ha conocido distintos
emplazamientos, motivados por la adaptación a los servicios que presta. Su actual
ubicación recuperó el solar del antiguo Hospital de Cruz Roja. El 27 de junio de
1998, en el nº 6 de la calle Leire de Pamplona quedaban inauguradas las actuales
instalaciones, dotadas de las últimas tecnologías
e infraestructuras necesarias para seguir desarrollando su labor acorde con los
tiempos.
En la actualidad Cruz Roja Navarra continúa adaptándose a las necesidades de los
sectores más vulnerables una sociedad en constante variación y evolución.
Especial presencia tienen los servicios de socorros y emergencias, junto con la
intervención social, formación
y ayuda en la búsqueda de empleo, así como la atención a las personas mayores,
dependientes e infancia, y la preocupación por el medio ambiente, entre otras facetas
de la actividad.
No hay que olvidar que la Cruz Roja se extendió tratando de cubrir un hueco que
había en el campo de la salud: falta de transporte sanitario y hospitales, bancos de
sangre.... Pero a medida que el Estado fue asumiendo su responsabilidad, esta
institución ha ido pasando de ser más social que sanitaria, detectando a través del
voluntariado las nuevas demandas entre la población.
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PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL MOVIMIENTO INTERNACIONAL DE LA
CRUZ ROJA Y LA MEDIA LUNA ROJA
Los Principios Fundamentales del Movimiento
Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja
fueron proclamados por la XX Conferencia
Internacional de la Cruz Roja en 1965. Desde entonces
estas bases mueven a cientos de miles de personas que
conforman la institución en todo el mundo.
Humanidad
Imparcialidad
Neutralidad
Independencia
Carácter voluntario
Unidad
Universalidad
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HUMANIDAD: El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, al que ha dado nacimiento la
preocupación de prestar auxilio, sin discriminación, a todos los heridos en los campos de batalla, se esfuerza, bajo su
aspecto internacional y nacional, en prevenir y aliviar el sufrimiento de los hombres en todas las circunstancias. Tiende a
proteger la vida y la salud, así como a hacer respetar a la persona humana. Favorece la comprensión mutua, la amistad, la
cooperación y una paz duradera entre todos los pueblos.
IMPARCIALIDAD: El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja no hace ninguna distinción de nacionalidad, raza,
religión, condición social ni credo político. Se dedica únicamente a socorrer a los individuos en proporción con los sufrimientos, remediando sus
necesidades y dando prioridad a las más urgentes.
NEUTRALIDAD: Con el fin de conservar la confianza de todos, el Movimiento se abstiene de tomar parte en las
hostilidades y, en todo tiempo, en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico.
INDEPENDENCIA: El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja es independiente. Auxiliar de los poderes públicos en
sus actividades humanitarias y sometidas a las leyes que rigen los países respectivos, las Sociedades Nacionales deben, sin embargo, conservar una
autonomía que les permita actuar siempre de acuerdo con los Principios del Movimiento.
CARÁCTER VOLUNTARIO: Es una Institución de socorro voluntario y de carácter desinteresado.
UNIDAD: En cada país sólo puede existir una Sociedad de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja, que debe ser accesible a todos y extender su
acción humanitaria a la totalidad del territorio.
UNIVERSALIDAD: El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, en cuyo seno todas las Sociedades
tienen los mismos derechos y el deber de ayudarse mutuamente, es universal. La universalidad del Movimiento refleja la
adhesión de todos sus componentes –las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, El Comité
Internacional de la Cruz Roja y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja- a valores
comunes que constituyen la simiente del acercamiento y de la paz entre los pueblos.
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COMPONENTES MOVIMIENTO INTERNACIONAL DE LA CRUZ ROJA Y LA MEDIA LUNA ROJA
El Movimiento Internacional de la
Cruz Roja y la Media Luna Roja
despliega actividades
en casi todo los países,
lo que le convierte en la mayor
red humanitaria del mundo.
El Movimiento es una organización
integrada por tres componentes clave:
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), órgano con sede en Ginebra y fundador del Movimiento que, además de desplegar actividades
operacionales, es el promotor y el guardián del Derecho Internacional Humanitario. Asimismo, vela por la aplicación de los Principios Fundamentales y se
interesa fundamentalmente por las víctimas de los conflictos armados.
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR), fundada en 1919, se encarga de
inspirar, estimular, facilitar y promover las actividades que despliegan sus 178 Sociedades Nacionales miembros. Coordina la asistencia internacional
humanitaria que prestan las Sociedades Nacionales a favor de las víctimas de los desastres naturales u originados por el ser humano fuera de las zonas
conflictivas.
Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, que en la actualidad suman un total de 181, actúan como
auxiliares de los poderes públicos en el país respectivo y prestan servicios como socorro en casos de desastre, salud, asistencia social, primeros auxilios y
cursos de asistencia pediátrica. Además de trabajar en el propio país, las Sociedades Nacionales ponen a disposición del CICR colaboradores que se encargan
de organizar el transporte y distribución de ayuda humanitaria, gestionar proyectos de cooperación sobre el terreno, etc. Para formar parte del
Movimiento, todas las Sociedades Nacionales deben ser reconocidas por el CICR. Posteriormente, pueden hacerse miembros de la Federación Internacional.