LAS ORIENTACIONES
TEÓRICAS EN PSICOLOGÍA
SOCIAL
Planteamientos de Wundt
Relación entre mente y cultura
La mente individual es producto del contexto
cultural en que se desenvuelve la persona
Reconocía las limitaciones del método
experimental para estudiar los procesos mentales
superiores.
Se han propuesto diferentes clasificaciones para
sistematizar las principales líneas teóricas en la
historia de la psicología social (Blanco, 1988;
Deutsch y Krauss, 1988; Garrido y Álvaro, 2007;
Ibáñez, 1990; Moscovici, 1984; Munné, 1989).
Blanco, en lugar de referirse a las orientaciones,
opta por la denominación de “tradiciones” y las
considera modos que históricamente han hecho
acto de presencia en la psicología social y que se
han llegado a consagrar como el acervo cultural de
la disciplina y como marcos útiles para orientar y
delimitar el estudio de lo psicosocial.
Blanco distingue cinco grandes tradiciones: la
tradición grupal, heredera de la Völkerpsychologie y
orientada al estudio de los grupos sociales y las
entidades psíquicas supraindividuales;
la tradición individualista, continuadora de la
psicología conductual; marxistas
la tradición institucional, heredera de la crisis del
positivismo e interesada por el estudio de la
interacción simbólica;
la tradición lewiniana, surgida de la teoría del
campo formulada por Kurt Lewin;
y la tradición histórico-dialéctica, que incluye las
teorías que plantean una crítica de la sociedad.
Munné (1989), por su parte, distingue cinco
grandes marcos teóricos en psicología social, en
los que advierte, dado el carácter paradigmático
que poseen, supuestos epistemológicos propios,
procesos formativos particulares y productos
teóricos genuinos.
Estos marcos son, según Munné, los siguientes: el
psicoanálisis social, el conductismo social, el
cognitivismo social, el interaccionismo simbólico
con sus enfoques afines, como la etnometodología
y la psicología social marxista
Ibáñez (2003) distingue también cinco grandes
orientaciones en la psicología social: el
interaccionismo simbólico, el conductismo social, la
orientación psicoanalítica, el guestaltismo y
cognitivismo y el socioconstruccionismo.
La teoría Psicoanalítica y su influencia
en la Psicología Social
El psicoanálisis se constituyó en una escuela de
pensamiento que ha dejado una cierta impronta en
las ciencias sociales, y cuya novedad radicó en la
peculiar noción de ser humano que presentaba.
Las aportaciones de Freud y el
Psicoanálisis
Para ser justos, habrá que
observarlas en una doble
dimensión:
una en el terreno de la salud
mental −la terapia
psicoanalítica− y otra en el
pensamiento acerca del ser
humano y la sociedad.
Sigmund Freud, sus primeros trabajos estuvieron
asociados en las neurosis histéricas.
Influenciado por Jean Martín Charcot y Joseph
Breuer
Freud llega a la conclusión que las neurosis tienen
una causa psicológica antes que fisiológica
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Jean Martín Charcot y Joseph Breuer
La terapia propuesta por Freud es llegar a
identificar mediante la expresión verbal de los
recuerdos del paciente las causas de la
enfermedad
El reconocimiento de la libido y la represión de los
impulsos sexuales daría un impulso al psicoanálisis
freudiano.
Las críticas han girado en torno a tres cuestiones,
que, en todo caso, sí atañen a la noción de ciencia
y de ser humano que propone esta orientación
teórica: la terapia se centra en la dinámica del
inconsciente, un constructo no demostrado ni
demostrable;
El terapeuta trata de detectar elementos patológicos
ocultos, que sólo él está “capacitado” para determinar, y lo
hace basándose en especulación, sin contrastación
empírica alguna; y la eficacia de la terapia no ha podido ser
demostrada con criterios objetivos, tras décadas de
aplicación profesional (BrochJacobsen, 1995; Eysenck,
1985; Lothane, 1992; Van Rillaer, 2005).
Freud habla de ciertos principios que dominan la
vida mental, la conducta y la experiencia humana,
tales como el principio de placer y el principio de
realidad (Bermejo y Tortosa, 1998).
El hombre es un animal que busca placer.
Para Freud, placer o felicidad no son tanto una
meta sino, en todo caso, la fuerza que motiva la
existencia humana.
Además, el hombre se encuentra condicionado por
límites realistas que le aconsejan cuándo posponer
un placer inmediato en favor de un placer futuro
más importante.
Aunque la persona sigue buscando placeres,
también es realista y establece un orden jerárquico
de ellos.
Aquí aparece el principio de realidad: los placeres
futuros que se consideren más importantes tienen
prioridad sobre los placeres actuales que se
juzguen menos importantes
Los psicólogos neofreudianos Karen Horney, H. S.
Sullivan, junto con Abran Kardiner y Erich Fromm,
destacan el hecho de que lo biopsicológico está
determinado por el medio social
Sullivan destacaba que la personalidad “NO”
puede ser entendida fuera de la interacción social
Tal vez, el concepto más psicosocial de Freud sea
el de “superyó”.
La estructura psíquica freudiana incluye tres
elementos: el “yo”, que opera según el principio de
realidad; el “ello”, que lo hace según el principio de
placer;
y el “superyó”, que supone la interiorización de las
normas y restricciones morales recibidas de la
sociedad, a través, en primera instancia, de la
educación paterna.
El ello y la realidad exterior presionan al yo, y éste
tomará decisiones conductuales que, después,
serán evaluadas por el superyó (Bermejo y Tortosa,
1998).
Freud realiza un análisis de la conducta grupal,
tomando como punto de inspiración los estudios de
Le Bon sobre la conducta de las multitudes.
Freud (1922/1987), en su libro “Psicología de las
masas”, intentó especificar la naturaleza y el origen
de los vínculos emocionales que se producen en el
seno de los grupos
Consideraba que en un grupo típico con un líder
definido y sin una organización formal concreta,
este líder se constituye temporalmente en objeto
común de orientación emocional, sustituyendo a los
vínculos parentales que dieron origen al superyó.
A medida que los miembros del grupo utilizan al
líder como sustituto de sus superyós, establecen
entre ellos una identificación general y recíproca
del yo.
Pero también reconoce Freud que el individuo no
desaparece pasivamente en la pertenencia al
grupo, sino que la identificación es limitada y
diferenciada para los individuos en cuestión
Cada individuo establece vínculos grupales en
muchas direcciones, lo que ayuda a equilibrar la
personalidad. Precisamente, para Freud, las
filiaciones estables al grupo constituyen la base de
una personalidad estable (Schellenberg, 1981).
Munné (1989) sugiere que la aportación del
psicoanálisis al estudio de lo social ha estado muy
limitada por el hecho de entender la vida
sociocultural y relacional como reducida a los
aspectos negativos de la psique.
Blanco (1988) considera que la aportación del
psicoanálisis es tan modesta que se hace
innecesario incluir la orientación psicoanalítica
como un referente teórico en psicología social.
Gerth y Mills (1984) o Hollander (1982) sí atribuyen
importancia al psicoanálisis en el desarrollo de la
psicología social.
No hay que olvidar que Freud enfatiza la
causalidad de las experiencias relacionales
infantiles en el desarrollo de la personalidad,
además de reivindicar el papel del superyó como
“guardián moral de la conciencia” y fruto de la
socialización.
Hall y Lindzey (1968) consideran que las
contribuciones de Freud a la psicología social
pueden resumirse en los siguientes contenidos:
socialización del individuo, estructura y dinámica
familiar, psicología de los grupos, origen de la
sociedad y naturaleza de la cultura humana.
Destacan Hall y Lindzey que una aportación del
psicoanálisis a la psicología social fueron los
estudios de Theodor Adorno y su equipo sobre el
prejuicio etnocentrista basado en la personalidad
autoritaria: una configuración de personalidad
caracterizada por la adhesión incondicional a los
valores convencionales del endogrupo y por el
rechazo hacia quien los desconfirmara.
Ventosa (1990) recuerda que las propuestas
psicoanalíticas se han utilizado en el área de los
estudios psicosociales sobre delincuencia y
conducta antisocial.
A este respecto, fueron relevantes las explicaciones
de Bowlby (1951/1982) sobre la relación entre
delincuencia juvenil y privación maternal en la
infancia, aunque se confundió al reivindicar el rol
tradicional femenino como medida preventiva del
desajuste y la conducta antisocial
Las ideas psicoanalíticas, en general, han influido
en los trabajos de investigación desarrollados
desde otras perspectivas teóricas sobre los
procesos de socialización y desarrollo social del
niño, su educación y crianza.