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Sociología y Semiótica de la Moda

Una visi+on clara sobre el arte y la moda

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SEMIÓTICA DE LA

MODA
SOCIOLOGIA DE LA MODA
Las creencias y los prejuicios arrastramos muchas veces
nos limitan a la ahora de relacionarlos. Hasta hace poco
tiempo, la imagen era la reina de una sociedad
consumista que se regía por la moda y el qué dirán. Pero,
poco a poco, las cosas están cambiando. Hoy la
tolerancia y la diversidad son las nuevas reglas del juego
y al guardarropas nos brinde herramientas únicas para
conectarnos con nuestra esencia y mostrarle al mundo
quiénes somos realmente.
¿Qué es la sociología de la moda y qué estudia?
Como sabemos, el objetivo de la sociología son las
relaciones humanas. Hay una serie de creencias respecto
de las personas cuando las tres vestidas porque te
transmiten una cantidad de cuestiones. En los últimos
años, hay una tendencia con esta sociedad más
individualista a mostrar más bien quién ERES y quién
quieres ser. Realmente es importante que, a través del
vestido, dos cuando ves a una persona trata de etiquetar
la y ponerla en coordenadas de acuerdo a tus propias
creencias. Éstas son las dinámicas que se estudian.
Uno se viste de acuerdo a un triángulo, lo que SOMOS, lo que
QUEREMOS ser y cómo lo demás nos ven. En la medida en la que esas
tres cuestiones estén semejantes, tendremos una fuerte identidad. El
proceso de construcción de la identidad ahora es más libre, pero
también es más difícil, porque no hay parámetros de referencia, sino que
tenemos que preguntar realmente quiénes somos. La moda no determina
tanto ahora, porque a él un gran cambio en el imaginario y en la
cosmovisión del mundo, que se da desde 1995 a partir de en qué Internet
masifica toda esta sociedad de la información, que está marcando otras
pautas y formas de relaciones humanas. Todo este cambio hace que el
¿qué ves cuando me ves? esté en tránsito también. El etiquetar, que era
tan fácil hasta hace muy poco tiempo, en este momento es complejo.
Antes la gente usaba la moda para forjar su identidad. Ahora utilizamos
el vestido como otra cantidad de elementos, e incluso en el último
tiempo muchos aseguran que están dejando de dar a la moda lugar
central que se le daba hasta hace un tiempo. El vestido, no tiene el peso
determinante que tenía, es un combo de la imagen, de cómo hablamos, a
que nos dedicamos.
En qué aspectos la apariencia ha trasmitido con más
claridad nuestra identidad?
Ahí los elementos claves, los zapatos y las zapatillas
marcan el poder, y lo que haces del cuello para arriba
marca tu ideología. Lo mismo sucede con el peinado. Lo
demás importa, pero va en un segundo plano.
Al momento de interactuar con una persona que no
conocemos, ¿cuánto nos dejamos llevar por perjuicios?

Muchísimo. Lo ideal sería que esto suceda cada vez menos,


pero el prejuicio de ayuda a sacar conclusiones muy
rápidamente. Es un sistema de creencias que se vuelve muy
fuerte. Los prejuicios hacen que vos veas a una
determinada persona y digas si está bien vestida, no es
inteligente, por ejemplo. Se hizo un estudio sobre cómo se
vestía la gente en diferentes universidades. Cuando se
observaron las preguntas, una chica dijo, me gustaría
mucho poderme vestir bien, pero si yo me visto bien, mi
compañero dice que no soy inteligente. El prejuicio es muy
fuerte. Así, la última tendencia es precisamente no darle
importancia a la moda.
¿Cuánto nos limita este sistema de creencias que tenemos arraigados?
Las creencias están muy arraigadas, pero se cree que en los últimos años hay un
dinamismo muy interesante en las relaciones humanas. Hay una amplitud. Ante la moda
mandaba, ahora se ha multiplicado tanto que hoy hay tendencia y no hay moda, o bien hay
múltiples modas, tantas como personas quieran expresar quiénes son. Todo el sistema de
creencias, con respecto a todo, está siendo revisado cotidianamente por una invasión de
estímulos y situaciones nuevas, que hace que estemos permanentemente resignados a
aquellos que miramos. Tenemos ciertas creencias que sigue, sigue rubia no es inteligente,
si es morocha es sexual pero hay un cambio en el siglo XXI y estamos en tránsito a un
nuevo sistema de creencias donde el cuidado del hombre y del planeta, o ser solidarios,
prima.
¿Hay más licencias para vestir uno como cada uno quiera?.
Así es. Éste nuevo sistema de creencias impacta en el vestido y en la moda a tal punto que
se diversifica. Empieza a haber una libertad de los biotipos que no había hasta ahora, con
tales para todos, por ejemplo. En este momento es muy interesante ser libre, si no una
Lady Gaga no podría tener el éxito que tiene ahora. Se reivindica la libertad y la
originalidad, lo que vos quieras hacer contra imagen. Esta es una sociedad más orientada a
las individualidades, siempre y cuando se entienda que cada uno de los individuos
contiene multitudes, porque las nuevas tendencias se están orientando a conectarnos con
los otros en todos los planos. Porque vos sos individual, pero necesitan el grupo.
Cuando se habla de moda como arte normalmente se
hace referencia al campo de la Alta Costura, en la que
los materiales son mas específicos y refinados, las
técnicas son más controladas y se rige bajo específicas
reglas, de cierta forma, no tan desapegado al proceso
en la elaboración de una pieza de arte. A lo largo de la
historia arte y moda han mantenido una relación
estrecha que las ha vinculado de muchas maneras:
desde aplicaciones textiles que refieren al arte sólo
como influencia o inspiración, la mezcla de ambas
para crear objetos que fluctúan entre ambas
disciplinas, hasta la misma reapropiación de piezas
para recrearlas y reinterpretarlas.
LOS SEIS PRINCIPIOS SOCIOLÓGICOS QUE
RIGEN LA MODA
“La industria de la moda es un hecho social
total”, asegura en su libro “Sociología de la
moda” el investigador francés Frédéric Godart
al descorrer el velo de una industria clave del
modo de vida contemporánea con seis
principios que explican un mercado simbólico,
artístico, competitivo y productivo que late al
pulso de cada período histórico.
Desfiles, creaciones únicas, diseñadores súper estrellas, la
dualidad económica y artística, las fábricas en todo el mundo, los
trabajos seriados, símbolos y significados de cada época, estilos y
acciones que hablan de un momento y, al final, el qué ponerse -
femenino sobre todo- de cada día, son las capas de ese monstruo
gigante que trata de desenmarañar este investigador francés.
Godart se adentra -y recrea- este universo millonario donde “la
construcción de sentido es central”, echa por tierra esa suerte de
“movimiento continuo” que tiene para establecer un cambio
regular de la moda, resultado de “un largo proceso histórico” con
gran peso en “las capitales de la moda”.
Como comportamiento social, la moda aparece en algún
momento del siglo XIV, pero Godart sostiene que al menos hace
medio siglo “ocupa un lugar central en nuestras vidas”, sin
embargo, la industria como tal la identifica como algo
“misterioso e inasible” donde sus cambios de tendencias -y las
causas que los provocan – se encuentran aún en las sombras.
◦ Así, Godart analiza los mecanismos de influencia social que generan las
tendencias propias de la moda, su creciente autonomía estética y creativa (que
en ciertos aspectos las emparenta al arte), el culto a los modistos -entendidos
como genios creadores- y las pautas que establecen las grandes marcas, tanto
por sus diseños como por la puesta en escena de los desfiles.

◦ Para el autor de este libro es una investigación profunda a nivel mundial sobre
la moda es algo “floreciente”, sin embargo en su obra logra identificar y
dilucidar “seis principios que conforman un ideal estilizado” pero en clave
sociológica aclara “puede que se contradigan” porque cada uno tiene su lógica
propia.

◦ El primero es la “afirmación”, una mezcla delicada de imitación y distinción.


Históricamente la moda comienza como un instrumento de afirmación de poder
por parte de la burguesía frente a la aristocracia. Con este punto de partida, hoy
tanto las palabras que se emplean, las marcas de auto o la pilosidad facial van
también con el vaivén de la moda configurando señales de identidad sometidas
a una industria.
“La moda hoy se presenta como la hija del lujo y del capitalismo”,
dice Godart aunque aclara que abraza otras esferas sociales
haciendo que la afirmación esté presente en todo tipo de moda
“industriales o no”.
La convergencia, indica el autor, es otra clave que se manifiesta en
las tendencias como “fenómeno de influencia y centralidad” que
dirimen el consumo. Es en este punto donde se aplican los
mecanismos de control sobre la producción por grupos centrales
organizados que “reducen al máximo los riesgos” económicos.
Lejos de este principio mercantil, Godart propone “autonomía” en
la definición de estéticas y dinámicas creativas que permite que la
moda “se despliegue en escenarios sociales determinados” donde se
despliegan lógicas propias y no las sometidas “a desideratum” de
consumidores y productores.
Un paso más se da con “la personalización” donde el individuo está
en el centro de la escena, lo que no significa -apunta- que “las
elecciones sean realmente autónomas”. Una vez aclarado esto,
bucea sobre “la creencia de la autonomía” donde el mercado
impulsa al genio creador “olvidando la realidad organizacional de
la moda”.
A este teatro de las elecciones personales, le sigue “la
simbolización” donde las marcas -o la construcción de ellas-
toman por asalto las creaciones y le imprimen significado y, por
ende, poder.
Los consumidores reales no tienen acceso a los diseñadores más
influyentes -de hecho la cadena productiva es muy larga-, los
que sí acceden son pocos: compradores de grandes filiales de
producción, alguna celebrity que imprima status y periodistas
especializados.
Así, a través de los medios de comunicación -transmisores o
filtros entre los creadores y consumidores finales- la palabra de
la moda se esparce, se legitima como consumo cultural actual y
educa a un público sobre la importancia de vestir tal o cual
marca. Un ejemplo es el sitio The Sartorialist, que permite ver
panorámicamente los modelos “de moda” en cada momento.
El ejemplo de influencia de las épocas por antonomasia es la
revista Vogue -cuyo dinámica fue llevada al cine con la película
“El diablo se vista a la moda”- que instala cambios, nombres y
tendencias, siempre con epicentro en las colecciones y desfiles
de París, Nueva York y Londres.
De los símbolos tangibles Godart pasa a la sistematización o
los que él llama “imperio”, un tipo de organización que
“apunta al triunfo de los conglomerados de empresas en las
industrias culturales” y que no compite ya con el resto.
Estas claves sociológicas son mutables antes cambios
políticos, económicos y productivos.
Cambian los gustos, las tendencias de los consumidores
como el slow fashion (moda lenta) y hasta puede sucumbir
un creador estrella ante un designio del poderoso imperio.
La moda no es “impenetrable”, dice Godart al final.
GRACIAS
FREDDY PACHECO
DOCENTE SOCIO HUMANISTICAS
MASTER EN IMAGEN Y RRPP.

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