Bioética
• “Es el estudio sistemático de la conducta
humana en las áreas de la biología, las ciencias
de la vida, y de la atención de la salud en tanto
que esa conducta sea examinada a la luz de los
valores y de los principios morales”.
Bioética • La bioética se ocupa de tres grandes temas:
• 1) La catástrofe ecológica.
• 2) La revolución biológica.
• 3) La medicalización de la vida.
El surgimiento de los cuestionamientos éticos en el
ámbito de la medicina clínica estuvo relacionado
con la dificultad que encontraban los médicos para
tomar decisiones sobre ciertos temas, generalmente
vinculados con la utilización de nuevas tecnologías.
Hacia fines de la década del 50, un nuevo
recurso tecnológico –el respirador artificial-
trajo enormes beneficios y serios problemas:
en ciertos casos, permitía mantener a los
pacientes con vida aunque en un estado de
coma irreversible. ¿A quién le correspondía
decidir si el paciente seguiría -o no-
conectado al respirador? ¿Al médico? ¿A la
familia? ¿En qué fundamentos éticos debía
basarse la decisión?
Otro tema que generó cuestionamientos
éticos en el ámbito de la práctica médica
fue la distribución de recursos escasos y
costosos. A principios de la década del 60,
cuando se lanzó en Estados Unidos el
primer programa que utilizó un riñón
artificial, la demanda de acceso a este
tratamiento fue desbordante y se impuso
la necesidad de definir algún criterio ético
de asignación de recursos.
¿Qué condiciones había que tener en cuenta para
seleccionar a los pacientes que se beneficiarían de
este avance tecnológico? Con el fin de resolver esta
cuestión, se decidió convocar a un comité de
ciudadanos. Este grupo de personas estableció como
criterios de selección el lugar de residencia del
interesado, el beneficio que pudiera obtener del
procedimiento y la estabilidad psicológica -entre
otras condiciones. Era inevitable que las decisiones
de este comité se convirtieran en fuente de una gran
controversia y este caso no fue la excepción .
Por último, un tema relacionado con el
surgimiento de la bioética, que cobró
relevancia en el marco del movimiento por
los derechos de la mujer consolidado hacia
la década del 60, fue el aborto. Los médicos,
en la medida en que eran quienes podían
concretar en la práctica esta decisión
reproductiva, se vieron irremediablemente
implicados en la cuestión. ¿Qué actitud
debían tomar ante las dimensiones éticas de
este controvertido tema?
• Fue determinante del surgimiento de esta
disciplina el profundo cambio que sufrieron
algunas actitudes sociales. La caída de los
absolutismos provocó la horizontalización de
las relaciones de poder y la instauración de
regímenes democráticos inauguró un nuevo
tipo de relación entre los ciudadanos y sus
representantes políticos. En este contexto, la
relación médico paciente atravesó grandes
transformaciones respecto de épocas pasadas.
Cincuenta años atrás, el médico visitaba la
casa de la familia, conocía a todos sus
miembros, sabía qué enfermedad había
tenido cada uno y, fundamentalmente, era
una figura muy respetada. En las últimas
décadas, el proceso de cuidado y
organización de la medicina se modificó
sustancialmente: los grandes hospitales
comenzaron a tener un rol preponderante,
se difundió la división del trabajo médico
por especialidades, se produjo una
precarización de la profesión médica -lo
cual está relacionado con la alienación
provocada por los sistemas pre-pagos de
salud.
La relación médico-paciente también ha sido afectada
por la irrupción de los medios
masivos de comunicación. Los pacientes
comenzaron a concurrir a las consultas con el
médico disponiendo de una gran cantidad de
información obtenida a través de la
televisión, medios gráficos o Internet y asumiendo, a
su vez, que estos conocimientos
podían ser confrontados con los del médico. De
alguna manera, esta actitud desafiante de
los pacientes -que ya no se muestran dispuestos a
aceptar acríticamente las indicaciones
que reciben- también ha redefinido el rol del médico.
Otro tema que se relaciona con este punto es la
medicalización de la vida cotidiana.
Procesos que antes transcurrían de modo natural
comenzaron a ser interferidos por la
utilización de diversos recursos de la medicina. Como
ejemplos, pueden citarse el
embarazo y el parto -para los cuales cada vez se
exigen más estudios- o la menopausia,
la vejez y los últimos momentos de la vida, que han
dado origen a especialistas en los
procesos hormonales de la mujer, gerontólogos o
especialistas en cuidados paliativos.
• Estos cambios sociales -que fueron el motor de profundas
transformaciones en la profesión, en la figura y en la práctica del
médico- generaron la necesidad de reflexionar acerca de nuevos
valores y principios en el marco de la atención de la salud. La bioética
surgió, en este contexto, como un modo de reflexión sistemática sobre
estas condiciones e instauró como valores esenciales la dignidad, la
autonomía y la protección de los derechos de las personas.
Los temas de los que se ocupa la bioética -el aborto, la
eutanasia, la clonación- pueden
ser examinados desde distintos puntos de vista: el
punto de vista moral, el religioso,
el jurídico y el sociológico. Y es importante conocer las
características de los juicios que
corresponden a cada uno de estos puntos de vista para
establecer su relevancia en el
ámbito de la bioética.
Las teorías éticas proponen principios que operan como razón
o fundamento de los
juicios morales. Quien afirma un juicio moral de cierto tipo lo
hace porque considera que
el principio en el que se basa es razonable. Un utilitarista, por
ejemplo, se atiene al
principio de utilidad -según el cual se deben promover las
acciones que produzcan la
mayor felicidad para el mayor número de personas- porque lo
considera un criterio
apropiado para determinar la corrección moral de una
acción. De modo que los juicios
morales se basan en razones.
La religión, en cambio, ordena que se
realicen ciertas acciones pero no
basa sus órdenes
en razones. Se trata de una cuestión
de fe: las órdenes religiosas son
obedecidas
porque emanan de Dios, no porque
estén fundadas en buenas razones.
En este sentido,
los juicios religiosos carecen de un
fundamento racional.
• Con respecto a la relación entre derecho y moral, cabe aclarar que no
todas las conductas promovidas por el derecho tienen su contrapartida
en principios morales. Pero esta relación existe, sin embargo, en muchos
casos. La prohibición legal de matar, por ejemplo, se funda en un
mandato moral; las normas de tránsito, en cambio, no tienen ninguna
relación con ella. A su vez, hay conductas que no son consideradas
inmorales en sí mismas y que, sin embargo, están prohibidas. La razón
que se alega en este caso es que su permisión legal podría tornar factible
la realización de un acto que sí es considerado inmoral.
• Por ejemplo, quienes se oponen a la eutanasia suelen apelar a este
argumento, afirmando que la permisión de la eutanasia voluntaria
podría derivar en la promoción de asesinatos encubiertos -cometidos,
por ejemplo, por los herederos de un enfermo tras sobornar a los
médicos y fingir un consentimiento inexistente. Si bien este tipo de
análisis debe ser realizado con mucho cuidado, en la medida en que
refleja el impacto que las normas de conducta tienen en la sociedad,
tiene una gran relevancia en el ámbito de la bioética.
La teoría de los principios, desarrollada por Beauchamp y
Childress, surge, de algún
modo, como respuesta a las teorías éticas tradicionales, en un
intento de dar un marco
teórico más específico para la reflexión ética biomédica; en tanto
proporciona
herramientas y elementos para la elucidación de los problemas
prácticos que se generan
en dicho ámbito.
AUTONOMÍA
• El análisis del concepto de la autonomía no se limita a la autonomía personal. Beauchamp y Childress
afirman que su interés también reside en las acciones autónomas, las elecciones autónomas, dado que una
persona puede ser autónoma pero una acción particular de ella puede no serlo y viceversa. Por ejemplo, una
persona adulta y autónoma puede aceptar seguir un tratamiento porque es obligada por su médico o por su
familia. Y una persona que no se considera autónoma normalmente, institucionalizada por desórdenes
mentales, puede realizar algunas acciones autónomas, por ejemplo expresar ciertas preferencias, hablar con
una persona querida, etc.
• Beauchamp y Childress caracterizan a las acciones autónomas en términos de electores normales que actúan:
• 1. intencionalmente;
• 2. con conocimiento y
• 3. sin influencias de control que determinen la acción.
• Por último, Beauchamp y Childress señalan que los principios, como el principio de respeto de la autonomía,
funcionan de formas muy diversas en la vida moral y pueden servir de apoyo para reglas morales más específicas,
como por ejemplo:
• 1. Decir la verdad.
• 2. Respetar la intimidad de los demás.
• 3. Proteger la información confidencial.
• 4. Obtener el consentimiento de los pacientes para las intervenciones.
• 5. Ayudar a los demás a tomar decisiones, cuando se nos pida.
• El segundo principio analizado es el principio
de no-maleficencia. El concepto de no-
maleficencia o de no dañar ha sido asociado
con la máxima “primum no nocere” (ante todo
NO no dañar). Esta máxima tiene gran presencia en
MALEFICENCIA las discusiones acerca de las responsabilidades
de los profesionales de la salud. Beauchamp y
Childress reconocen que no todos los filósofos
consideran a la no-maleficencia como
diferente de la beneficencia.
• Estos principios no son fácilmente separables, porque en muchas cuestiones, especialmente en la ética
biomédica, se requiere del balance de ambos conceptos para tomar una decisión. Sin embargo, Beauchamp y
Childress argumentan que diluirlos en un único principio implica oscurecer distinciones que hacemos en el
discurso moral. Esto es, la mayoría de las personas tiene la convicción de que ciertas obligaciones de no
dañar a otros no sólo son diferentes sino que, además, son más fuertes que las obligaciones que implican
realizar acciones positivas para beneficiar a otros. Por ejemplo, la obligación de no empujar a alguien que no
sabe nadar en el mar parece más fuerte que aquella de rescatar a alguien que accidentalmente se cayó en el
mar.
• Así, señalan que se puede distinguir el principio de no-maleficencia del de beneficencia de la siguiente manera:
• No-maleficencia:
• 1. No se debe infligir daño o mal.
• Beneficencia:
• 2. Se debe prevenir el daño o el mal.
• 3. Se debe remover el daño o el mal.
• 4. Se debe hacer o promover el bien.
• El principio de no-maleficencia da lugar, para los autores, a una serie de reglas morales específicas, algunas de ellas -tal
como sucedía con las que se seguían del principio de respeto de la autonomía- pueden especificarse a partir de otros
principios:
• 1. No matarás.
• 2. No causarás dolor o harás sufrir a otros.
• 3. No incapacitarás a otros.
• 4. No ofenderás.
• 5. No privarás a los demás de los bienes de la vida.
BENEFICENCIA
• El término “beneficencia” puede sugerir actos de misericordia, caridad, pero también implica la obligación de
ayudar a los otros a llevar a cabo intereses importantes y legítimos. Además de la idea de actuar para brindar
beneficios o prevenir daños, también es importante la obligación de sopesar y balancear posibles beneficios y
riesgos de una acción.
• Promover el bienestar de los pacientes es el objetivo del cuidado en salud y el de la investigación terapéutica.
Esto está firmemente arraigado en la historia y práctica de la medicina y muchas veces no beneficiar a otros
puede violar obligaciones sociales o profesionales. La medicina preventiva o las intervenciones activas en
salud pública brindan ejemplos de acciones sociales de beneficencia concertadas.
• Sin embargo, puede objetarse que el principio de beneficencia implica sacrificios severos o altruismos extremos (por
ejemplo, la donación forzada de un órgano para un trasplante). Esto llevó a algunos filósofos a argumentar que actuar
con beneficencia es un ideal moral o una virtud pero que no implica una obligación. Estos filósofos consideran a las
acciones beneficentes como semejantes a los actos de caridad que exceden la obligación. No es fácil establecer una
línea divisoria entre una obligación y un ideal moral y situar a la beneficencia en alguna de estas categorías parece
problemático.
• Del principio de beneficencia se siguen, para los autores, algunas reglas morales
• específicas:
• 1. Proteger y defender los derechos de otros.
• 2. Prevenir que suceda algún daño a otros.
• 3. Suprimir las condiciones que puedan producir perjuicio a otros.
• 4. Ayudar a las personas discapacitadas.
• 5. Rescatar a las personas en peligro.
JUSTICIA
Proveer el mejor cuidado de la salud para todos los ciudadanos en base a sus necesidades, simultáneamente
promover el interés público a través de programas de contención del costo. También promueven el ideal de igual
acceso al cuidado de la salud para todos, incluyendo a los indigentes, manteniendo un ambiente de libre
mercado y competencia en el cuidado de la salud.
Todas las personas, por el mero hecho de serlo, tienen la misma dignidad, independientemente de cualquier
circunstancia, y por tanto, son merecedoras de igual consideración y respeto.
--Hay que luchar por una distribución justa y equitativa de los siempre limitados recursos sanitarios para
conseguir el máximo beneficio en la comunidad, evitando desigualdades en la asistencia sanitaria.
Este principio convierte al personal sanitario en gestor y administrador de los recursos y de los servicios, que
deberá utilizar de una forma efectiva y eficiente, evitando actuaciones sanitarias inadecuadas.