DERECHOS INTELECTUALES
UNIDAD 4
TRATADOS Y CONVENIOS SOBRE EL DERECHO DEL AUTOR.
CONVENIO DE BERNA PARA LA PROTECCIÓN DE LAS OBRAS
LITERARIAS Y ARTÍSTICAS (1886)
El Convenio de Berna trata de la protección de las obras y los
derechos de los autores. Se funda en tres principios básicos y
contiene una serie de disposiciones que determinan la protección
mínima que ha de conferirse, así como las disposiciones especiales
para los países en desarrollo que quieran valerse de ellas.
1) Los tres principios básicos son los siguientes:
a) Las obras originarias de uno de los Estados Contratantes (es
decir, las obras cuyo autor es nacional de ese Estado o que se
publicaron por primera vez en él) deberán ser objeto, en todos y
cada uno de los demás Estados Contratantes, de la misma
protección que conceden a las obras de sus propios nacionales (el
principio del "trato nacional").
b) La protección no deberá estar subordinada al cumplimiento de
formalidad alguna (principio de la protección "automática").
c) La protección es independiente de la existencia de protección en
el país de origen de la obra (principio de la "independencia" de
la protección). Empero, si en un Estado Contratante se prevé un
plazo más largo de protección que el mínimo prescrito por el
Convenio, y cesa la protección de la obra en el país de origen, la
protección podrá negarse en cuanto haya cesado en el país de
origen.
2) Las condiciones mínimas de protección se refieren a las obras y
los derechos que han de protegerse, y a la duración de la protección:
a) En lo que hace a las obras, la protección deberá extenderse a
"todas las producciones en el campo literario, científico y artístico,
cualquiera que sea el modo o forma de expresión" (párrafo 1 del
artículo 2 del Convenio).
b) Con sujeción a ciertas reservas, limitaciones o excepciones
permitidas, los siguientes son algunos de los derechos que deberán
reconocerse como derechos exclusivos de autorización:
▪ el derecho a traducir,
▪ el derecho de realizar adaptaciones y arreglos de la obra,
▪ el derecho de representar y ejecutar en público las obras
dramáticas, dramático–musicales y musicales,
▪ el derecho de recitar en público las obras literarias,
▪ el derecho de transmitir al público la representación o ejecución
de dichas obras,
▪ el derecho de radiodifundir (los Estados Contratantes cuentan
con la posibilidad de prever un simple derecho a una remuneración
equitativa, en lugar de un derecho de autorización),
▪ el derecho de realizar una reproducción por cualquier
procedimiento y bajo cualquier forma (los Estados Contratantes
podrán permitir, en determinados casos especiales, la reproducción
sin autorización, con tal que esa reproducción no atente contra la
explotación normal de la obra ni cause un perjuicio injustificado a
los intereses legítimos del autor y, en el caso de grabaciones
sonoras de obras musicales, los Estados Contratantes podrán
prever el derecho a una remuneración equitativa),
▪ el derecho de utilizar la obra como base para una obra
audiovisual y el derecho de reproducir, distribuir, interpretar o
ejecutar en público o comunicar al público esa obra audiovisual
Asimismo, el Convenio prevé "derechos morales", es decir, el
derecho de reivindicar la paternidad de la obra y de oponerse a
cualquier deformación, mutilación u otra modificación de la misma o a
cualquier atentado a la misma que cause perjuicio al honor o la
reputación del autor.
c) Por lo que respecta a la duración de la protección, el principio
general es que deberá concederse la protección por el plazo de los
50 años posteriores a la muerte del autor. Sin embargo, existen
excepciones a ese principio general.
En el caso de obras anónimas o seudónimas, el plazo de protección
expirará 50 años después de que la obra haya sido lícitamente hecha
accesible al público, excepto cuando el seudónimo no deja dudas
sobre la identidad del autor o si el autor revela su identidad durante
ese período; en este último caso, se aplicará el principio general.
En el caso de las obras audiovisuales (cinematográficas), el plazo
mínimo de protección es de 50 años después de que la obra haya sido
hecha accesible al público ("exhibida") o, si tal hecho no ocurre, desde
la realización de la obra.
En el caso de las obras de artes aplicadas y las obras fotográficas, el
plazo mínimo es de 25 años contados desde la realización de la obra.
3) El Convenio de Berna permite ciertas limitaciones y excepciones
en materia de derechos económicos, es decir, los casos en que las
obras protegidas podrán utilizarse sin autorización del propietario del
derecho de autor y sin abonar una compensación. Generalmente se
utiliza el término "libre utilización" de obras protegidas para
referirse a esas limitaciones, y figuran en el párrafo 2) del artículo 9
(reproducción en determinados casos especiales), el artículo 10
(citas y uso de obras a título de ilustración de la enseñanza), el
artículo 10bis (reproducción de artículos de periódicos o artículos
similares y el uso de obras con fines de información sobre
acontecimientos actuales) y el párrafo 3) del artículo
11bis (grabaciones efímeras con fines de radiodifusión).
▪ Adoptado en 1886, el Convenio de Berna fue revisado en París
(1896) y en Berlín (1908), completado en Berna en 1914 y
revisado nuevamente en Roma (1928), en Bruselas (1948), en
Estocolmo (1967) y en París (1971), y por último, fue objeto de
enmienda en 1979.
▪ Pueden adherirse al Convenio todos los Estados.
▪ Los instrumentos de ratificación o de adhesión deben depositarse
en poder del Director General de la OMPI
CONVENCIÓN UNIVERSAL SOBRE DERECHO DE AUTOR.
FIRMADA EN GINEBRA, EL 6 DE SEPTIEMBRE DE 1952.
Articulo I. Cada uno de los Estados contratantes se compromete a
tomar todas las disposiciones necesarias a fin de asegurar una
protección suficiente y efectiva de los derechos de los autores, o de
cualesquiera otros titulares de estos derechos, sobre las obras
literarias, científicas y artísticas tales como los escritos, las
obras musicales, dramáticas y cinematográficas y las de
pintura, grabado y escultura.
Artículo I
1. Las obras publicadas de los nacionales de cualquier Estado
contratante, así como las obras publicadas por primera vez en el
territorio de tal Estado gozarán en cada uno de los otros Estados
contratantes, de la protección que cada uno de estos Estados conceda
a las obras de sus nacionales publicadas por primera vez en su propio
territorio.
2. Las obras no publicadas de los nacionales de cada Estado
contratante gozarán, en cada uno de los demás Estados
contratantes, de toda la protección que cada uno de estos Estados
conceda a las obras no publicadas de sus nacionales.
3. Para la aplicación de la presente Convención todo Estado
contratante puede, mediante disposiciones de su legislación interna,
asimilar a sus propios nacionales toda persona domiciliada en ese
Estado.
Articulo IV.
2. El plazo de protección para las obras protegidas por la presente
Convención no será inferior a la vida del autor y 25 años después
de su muerte.
Articulo V.
1. El derecho de autor comprende el derecho exclusivo de hacer, de
publicar y de autorizar que se haga y se publique la traducción de las
obras protegidas por la presente Convención.
CONVENCIÓN DE ROMA SOBRE LA PROTECCIÓN DE LOS
ARTISTAS INTÉRPRETES O EJECUTANTES, LOS
PRODUCTORES DE FONOGRAMAS Y LOS ORGANISMOS DE
RADIODIFUSIÓN (1961).
La Convención de Roma asegura la protección de las
interpretaciones o ejecuciones de los artistas intérpretes o
ejecutantes, los fonogramas de los productores de fonogramas y las
emisiones de los organismos de radiodifusión.
1) Los artistas intérpretes o ejecutantes (actores, cantantes,
músicos, bailarines y otras personas que interpretan o ejecutan
obras literarias o artísticas) están protegidos contra ciertos actos
para los que no hayan dado su consentimiento; dichos actos son: la
radiodifusión y la comunicación al público de su interpretación o
ejecución; la fijación de su interpretación o ejecución; la
reproducción de dicha fijación si ésta se realizó originalmente sin
su consentimiento o si la reproducción se realizó con fines distintos
de aquellos para los cuales se había dado el consentimiento.
2) Los productores de fonogramas gozan del derecho a autorizar
o prohibir la reproducción directa o indirecta de sus fonogramas. A
tenor de lo previsto en la Convención de Roma, se entenderá por
fonograma la fijación exclusivamente sonora de los sonidos de una
ejecución o de otros sonidos. Cuando el fonograma publicado con
fines comerciales sea objeto de utilizaciones secundarias (tales
como la radiodifusión o la comunicación al público en cualquier
forma), el usuario deberá abonar una remuneración equitativa y
única a los artistas intérpretes o ejecutantes o a los productores de
fonogramas, o a ambos; sin embargo, los Estados Contratantes
tienen la facultad de no aplicar esta norma o de limitar su aplicación.
3) Los organismos de radiodifusión gozan del derecho a autorizar
o prohibir ciertos actos, a saber, la retransmisión de sus emisiones; la
fijación de sus emisiones; la reproducción de dichas fijaciones; la
comunicación al público de sus emisiones de televisión cuando se
realice en lugares accesibles al público previo pago del derecho de
entrada.
La Convención de Roma permite que se dispongan limitaciones y
excepciones en la legislación nacional a los derechos antes
mencionados por lo que respecta a la utilización privada, la utilización
de breves extractos en relación con la información de acontecimientos
de actualidad, la fijación efímera realizada por un organismo de
radiodifusión por sus propios medios y para sus propias emisiones, la
utilización con fines exclusivamente docentes o de investigación
científica y en cualquier otro caso en que la legislación nacional
prevea excepciones al derecho de autor sobre las obras literarias y
artísticas.
▪ Además, una vez que el artista intérprete o ejecutante ha
autorizado que se grabe su interpretación o ejecución en la fijación
visual o audiovisual, ya no son aplicables las disposiciones
relativas a los derechos de los artistas intérpretes o
ejecutantes.
▪ En lo que atañe a la duración, la protección debe durar, como
mínimo, hasta que expire el plazo de los 20 años contados
desde el término del año en que:
a) se haya realizado la fijación de los fonogramas y de las
interpretaciones o ejecuciones incorporadas en ellos;
b) hayan tenido lugar las interpretaciones o ejecuciones que no
estén incorporadas en fonogramas;
c) se hayan difundido las emisiones de radiodifusión.
Sin embargo, las legislaciones nacionales prevén cada vez con
mayor frecuencia un plazo de protección de 50 años, por lo
menos, para los fonogramas y las interpretaciones o
ejecuciones.
▪ La OMPI se encarga de administrar la Convención de Roma
conjuntamente con la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) y la Organización de las Naciones Unidas para
la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
▪ Pueden adherirse a la Convención los Estados que son parte en
el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias
y Artísticas (1886) o en la Convención Universal sobre Derecho
de Autor. Los instrumentos de ratificación o de adhesión deben
depositarse en poder del Secretario General de las Naciones
Unidas. Los Estados pueden formular reservas respecto de la
aplicación de ciertas disposiciones.
TRATADO DE MONTEVIDEO DE 1889 SOBRE PROPIEDAD
LITERARIA Y ARTISTICA.
Artículo 1. Los Estados signatarios se comprometen a reconocer y
proteger los derechos de la propiedad literaria y artísticas, en
conformidad con las estipulaciones del presente Tratado.
Artículo 2. El autor de toda obra literaria o artística y sus sucesores
gozarán en los Estados signatarios de los derechos que les acuerde
la Ley del Estado en que tuvo lugar su primera publicación o
producción.
Artículo 3. El derecho de propiedad de una obra literaria o artística
comprende para su autor la facultad de disponer de ella, de
publicarla, de enajenarla, de traducirla o de autorizar su traducción, y
de reproducirla en cualquier forma.
Artículo 4. Ningún Estado estará obligado a reconocer el derecho de
propiedad literaria o artística por mayor tiempo del que se rija para
los autores que en él obtengan ese derecho. Este tiempo podrá
limitarse al señalado en el país de origen, si fuere menor.
Artículo 5. En la expresión "obras literarias y artísticas" se
comprende los libros, folletos y cualesquiera otros escritos; las obras
dramáticas o dramático-musical, las coreográficas, las composiciones
musicales con o sin palabras; los dibujos, las pinturas, las esculturas,
los grabados; las obras fotográficas, las Litográficas, las cartas
geográficas, los planos, croquis y trabajos plásticos, relativos a
geografía, a topografía, arquitectura o a ciencias en general; y en fin
se comprende toda producción del dominio literario o artístico que
pueda publicarse por cualquier modo de impresión o de reproducción.
CONVENCIÓN PARA LA PROTECCIÓN DE LAS OBRAS
LITERARIAS Y ARTÍSTICAS. MÉXICO 1902.
Artículo 3º. El derecho de propiedad de una obra literaria o artística
comprende, para su autor o causahabientes, la facultad exclusiva de
disponer de ella, de publicarla, de enajenarla, de traducirla o de
autorizar su traducción, y de reproducirla en cualquiera forma, ya
total, ya parcialmente.
Los autores pertenecientes a uno de los países signatarios o sus
causa- habientes gozan en los otros países signatarios, y por el
tiempo determinado en el art. 5º, del derecho exclusivo de hacer o
autorizar la traducción de sus obras.
Artículo 5º. Los autores que pertenezcan a uno de los países
signatarios, o sus causa-habientes, gozarán en los otros países los
derechos que las leyes respectivas acuerden actualmente o
acordaren en lo sucesivo a los nacionales, sin que el goce de esos
derechos pueda exceder del término de protección acordado en el
país de origen.
Para las obras compuestas de varios volúmenes que no se publiquen
juntamente, del mismo modo que para los boletines o entregas de
sociedades literarias o científicas, o de particulares, el plazo de
propiedad comenzará a contarse, respecto de cada volumen, boletín
o entrega, desde la respectiva fecha de su publicación.
Artículo 6o. Se considerará como país de origen de una obra, el
de su primera publicación, o si ésta ha tenido lugar
simultáneamente en varios de los países signatarios, aquel
cuya legislación fije el término de protección más corto.
Firmas de delegados de Argentina, Bolivia, Colombia, Costa
Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, los Estados Unidos de
América, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua,
Paraguay, Perú, la República Dominicana y Uruguay.
CONVENCIÓN DE RÍO DE JANEIRO DE 1906
El 23 de agosto de 1906 se fírmó en Río de Janeiro, en la tercera
Conferencia Panamericana una Convención que regula
conjuntamente la protección internacional del derecho de autor
y de la propiedad industrial (propiedad literaria y artística y
patentes de invención, dibujos y modelos industriales y marcas de
fábrica y comercio).
En ella se adoptan los tratados sobre las materias sucintas en Méjico
–1902– y se constituye la Unión de las Naciones de América, creando
dos oficinas, bajo la denominación de Oficinas de la Unión
Internacional Americana para la protección de la Propiedad
Intelectual e Industrial, una en la Habana (para los países de América
del Norte, Centroamérica y del Norte de América del Sur) y la otra en
Río de Janeiro (para los demás países de América del Sur), con el
objeto de centralizar el registro de obras literarias y artísticas,
patentes, marcas, dibujos y modelos, que se registren en cada
una de las naciones signatarias.
Este registro internacional es puramente facultativo para el
interesado, quien queda en libertad de solicitar, por sí mismo o
por medio de apoderado, el registro en cada uno de los
Estados en que pida protección.
Las Oficinas mencionadas, nunca entraron en funcionamiento, lo
que no es de extrañar si se toma en cuenta que la Convención sólo
fue ratificada por nueve países.
Sólo ratificaron Brasil, Costa Rica, Chile, Ecuador, El
Salvador, Guatemala, honduras, Nicaragua y Panamá.
"CONVENCIÓN DE PROPIEDAD LITERARIA Y ARTÍSTICA
(1910)“, BUENOS AIRES.
Artículo 1. Los Estados signatarios reconocen y protegen los
derechos de Propiedad Literaria y Artística de conformidad con las
estipulaciones de la presente Convención.
Artículo 3. El reconocimiento del derecho de propiedad obtenido en
un Estado, de conformidad con sus leyes, surtirá de pleno derecho
sus efectos en todos los demás, sin necesidad de llenar
ninguna otra formalidad, siempre que aparezca en la obra
cualquiera manifestación que indique la reserva de la propiedad.
Artículo 4. El derecho de propiedad de una obra literaria o artística,
comprende, para su autor o causahabiente, la facultad exclusiva
de disponer de ella, de publicarla, de enajenarla, de traducirla o de
autorizar su traducción y reproducirla en cualquier forma, ya total, ya
parcialmente.
Artículo 7. Se considerará como país de origen de una obra, o de
su primera publicación en América y si ella se ha verificado
simultáneamente en varios de los países signatarios, aquel cuya ley
fije el término más corto de protección.
ACUERDO DE CARACAS DE 1911
▪ Concluido durante el Congreso Bolivariano, fue suscrito por
Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.
▪ Este acuerdo sigue el modelo del tratado de Montevideo con
algunas excepciones, la protección es acordada sólo a los
ciudadanos de los cinco países signatarios, mientras que el
tratado de Montevideo acuerda protección a todos los autores
respecto de las obras publicadas por primera vez en uno de los
Estados contratantes.
▪ En cuanto a formalidades, se dispone que para el goce en los
Estados signatarios de los derechos que les acuerde la ley del
Estado en que hizo su primera publicación o producción, el
interesado dará aviso oportuno, debiendo pagar los derechos
establecidos en cada país y cumplir las formalidades del depósito
de la obra.
▪ El acuerdo contiene una norma singular y muy interesante: Los
Estados signatarios se comprometen a mantener sus
respectivas legislaciones una pena para los usurpadores de la
propiedad literaria o artística.
CONVENCIÓN DE LA HABANA DE 1928
▪ Esta Convención fue adoptada en la Sexta Conferencia
Panamericana, que resulto ser la más fecunda por el gran número
de Convenciones concluidas en su transcurso, una de ellas
el Código de Derecho Internacional Privado llamado el "Código de
Bustamante".
▪ La Convención de la Habana constituye una revisión de la
Convención de Buenos Aires, de la cual se tomaron la mayor parte
de las disposiciones, aunque con significativas modificaciones:
a) Se amplía el elenco de las obras protegidas específicamente
mencionadas incluyendo las obras cinematográficas, las
reproducciones por medio de instrumentos mecánicos destinados a la
audición de los sonidos y las artes aplicadas a cualquier actividad
humana.
b) Se amplía la enumeración de los derechos del autor a fin de
incorporar los de reproducción, adaptación y presentación pública de
obras por la cinematografía y los de reproducción mecánica de obras
literarias y musicales y de ejecución de éstas por medios mecánicos.
c) Se consagra, con carácter inalienable, el derecho moral del autor
a la integridad de la obra de acuerdo con la concepción subjetiva. (Ese
mismo año en el art. 6 del Convenio de Berna se plasma el derecho
moral a la paternidad y a la integridad de la obra en la concepción
objetiva, es decir, cuando la deformación, mutilación, u otra
modificación de la obra fuere perjudicial al honor o a la reputación del
autor).
d) Se establece que el término de duración de la protección acordada
comprende la vida del autor y 50 años después de su muerte.
e) Se incrementan las formalidades al establecer que en la
mención de reserva de la propiedad debe indicarse el nombre
de la persona en cuyo favor esa reserva se encuentra registrada
así como el país de origen de la obra (aquel o aquellos donde se
hubieran hecho publicaciones simultáneas) y el año de su primera
publicación.
TRATADO DE MONTEVIDEO DE 1939
Fue concluido durante el transcurso del Segundo Congreso
Sudamericano de Derecho Internacional Privado.
Los Tratados firmados durante el mismo difieren en muchos
aspectos de los antecedentes de 1889.
En el Tratado de Propiedad Intelectual, además del cambio de
denominación (el anterior se llamó de propiedad literaria y artística),
las modificaciones más significativas son:
a) La adopción del principio de la asimilación o del trato nacional.
b) La ampliación de las obras expresamente mencionadas y de los
derechos protegidos a fin de incorporar las nuevas formas de
explotación de las obras (cinematografía, telefotometría, y cualquier
otro medio técnico).
c) El reconocimiento del derecho moral del autor a la paternidad y a
la integridad de la obra de acuerdo a la concepción objetiva
adoptada en el texto de Roma (1928) del Convenio de Berna.
d) El reconocimiento de la personería internacional de las
sociedades de autores.
e) Una disposición sobre la posibilidad de obtener el secuestro de
toda reproducción ilícita, a semejanza de la estipulada en el
Convenio de Berna.
Paraguay lo ratificó en 1948.
CONVENCIÓN INTERAMERICANA DE WASHINGTON DE 1946
La Conferencia Interamericana de expertos para la protección de
Derechos del Autor, que con el auspicio de la Unión Panamericana, se
reunió en Washington del 1/22 de junio de 1946, suscribió la
Convención Interamericana sobre el Derecho de Autor en obras
literarias, científicas y artísticas.
En virtud de las disposiciones de la citada Convención los Estados
Americanos se comprometen a reconocer y proteger el derecho de
autor en las obras literarias, científicas y artísticas, propiciando el
desarrollo del intercambio cultural.
Esta Convención está destinada a reemplazar entre los Estados
Americanos a las Convenciones de Buenos Aires (1910) y la Habana
(1928) y a todos los instrumentos Interamericanos firmados sobre la
materia, pero no afecta los derechos adquiridos durante la vigencia de
esas convenciones.
Crea un Estatuto Internacional uniforme para todas las naciones
del Continente Americano, establece de una manera inequívoca
las competencias legislativas y jurisdiccionales.