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Defensa Integral

El documento describe la resistencia indígena contra la conquista española y dos fases de la lucha por la independencia en Hispanoamérica entre 1808-1826, caracterizadas por rebeliones iniciales espontáneas y una segunda fase luego del restablecimiento del absolutismo español.

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Defensa Integral

El documento describe la resistencia indígena contra la conquista española y dos fases de la lucha por la independencia en Hispanoamérica entre 1808-1826, caracterizadas por rebeliones iniciales espontáneas y una segunda fase luego del restablecimiento del absolutismo español.

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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN SUPERIOR


UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DE LAS FUERZAS ARMADAS
NÚCLEO LARA

EVOLUCIÓN
César Rojas
C.I: 25.630.292
Mary Suarez
C.I:13.269.450
Immer Colmenarez
C.I: 28.566.481
Carlos Alvarez
C.I:28.406.059
Sección: N-02
Barquisimeto, Abril del 2023 Ing. en Sistemas
¿Que es la resistencia indígena?
• La resistencia indígena inició con la llegada de los conquistadores españoles en el año de 1492, lo cual
significó un violento proceso de conquista y colonización de los territorios del continente. Durante este
periodo los españoles a través de la fuerza y la intrusión cultural, lograron hacerse de los recursos de estas
comunidades y establecer sus creencias hispánicas. Ante ello, muchos pueblos indígenas tuvieron que
enfocar todos sus esfuerzos en la preparación para la guerra, dejando de lado actividades como la
agricultura, pesca y la artesanía.

Como parte de sus ofensivas nuestros pueblos empleaban tambores, cantos y gritos de guerra a fin de
infundir pavor al enemigo, igualmente para eliminar los malos presagios, se pintaban y tatuaban sus
cuerpos. Uno de los principales motivos por el cual se logró este violento proceso fue el avance tecnológico
que poseían los españoles, no obstante, las manifestaciones de resistencia indígena se convirtieron en
expresiones motivadoras que estuvieron presentes en diversos momentos de la historia.

El 12 de octubre el Instituto Nacional de Estadística (INE) conmemora el Día de la Resistencia Indígena. La


conmemoración de este día nos brinda la oportunidad para recordar la heroica resistencia de los pueblos
indígenas, en defensa de sus territorios y su identidad sociocultural, así como de visibilizar la importante
contribución y protagonismo histórico, social, político, cultural y lingüístico de nuestros pueblos.
¿Quién fue Guaicaipuro?
• Guaicaipuro fue un cacique y jefe guerrero, de origen taima. Criado por el cacique Catuche de la
tribu de los teques, tenía dos hermanas llamadas Tiaora y Caycape. Al morir Catuche, Guaicaipuro
pasa a liderar la tribu con tan solo 20 años de edad. Se casó con Urquía, y su lugar de residencia y
cuartel lo ubicó en Suruapo, en las cercanías de Paracotos. Tuvo tres hijos, entre ellos Baruta, quien
recibió de manos de su madre el penacho con plumas rojas tras morir en combate su padre.2​
• Guaicaipuro (de "guaica", púa, e "pur", asada), es decir, "púa asada". También la partícula "guaica"
equivale al nombre de un arma aborigen suerte de vara muy pronunciada en uno de sus extremos.
• Guaicaipuro había vencido a experimentados y curtidos jefes militares españoles, entre quienes se
pueden mencionar el coronel Juan Rodríguez Suárez, el almirante Diego García de Paredes, el
capitán Luis Narváez y Francisco Fajardo. Formó una coalición de gran alcance con diversas
agrupaciones de la región central del país, especialmente en el Valle de Caracas, para hacer frente
a la conquista española del territorio de la actual Venezuela. Allí adquirió el título de "Jefe de jefes"
o "Guapotori" dirigió a los caciques Tiuna, Naiguatá, Guaicamacuto, Chacao, Terepaima, Catia,
Aramaipuro, Paramaconi y a su propio hijo Baruta, entre otros. En la actualidad Guacaipuro es uno
de los caciques más famosos e ilustres, símbolo de la resistencia indígena.
Procesos en la historia
Pre-indepedentista
-Primera fase de la lucha independentista en Hispanoamérica (1808 - 1816). En la mayoría de los territorios
hispanoamericanos las guerras de independencia se desarrollaron en dos fases: 1808-1815 y 1816-1826. La
primera de ellas, iniciada con la formación de juntas de gobierno dominadas por los ricos criollos, se caracterizó,
en sentido general, por las rebeliones armadas paralelas, espontáneas y descoordinadas, con tácticas y
estrategias particulares y diferentes, que tuvieron por escenarios principales las colonias de México, Venezuela,
Nueva Granada, Quito, Río de la Plata y Chile. En muchos de estos lugares el curso de la contienda se vio
afectado por una larga indefinición de los objetivos políticos, lo cual llevó a establecer gobiernos autónomos
que seguían reconociendo la soberanía de Fernando VII y obviaban cualquier propuesta de transformación
social. Las juntas de Cartagena, Buenos Aires, Santiago de Chile y Caracas, por ejemplo, se limitaron a disponer o
legalizar, según el caso, la libertad de comercio, para satisfacer los intereses de sus promotores (plantadores y
comerciantes criollos), perjudicados con los privilegios mercantiles de los peninsulares y las incapacidades del
mercado metropolitano para absorber la producción agropecuaria de sus colonias.
En forma simultánea en casi todas las antiguas posesiones españolas de América se vertebró una corriente
reformista de carácter autónomo, nutrida también con representantes de las clases privilegiadas. Temerosos de
las consecuencias del enfrentamiento armado con la metrópoli, depositaron sus esperanzas de cambios,
igualdad de derechos entre criollos y españoles y gobierno propio en la buena voluntad hispana, ilusiones
alentadas por la presencia de diputados
americanos en las Cortes de Cádiz. El fracaso de las reformas liberales metropolitanas, la reimplantación
del absolutismo por Fernando VII (1784-1833), y los éxitos patriotas, terminarían por hacer languidecer
esta tendencia criolla. Para enfrentar la tácita insurrección que significó la formación de juntas en
Hispanoamérica se levantaron los realistas indistintamente llamados godos, sarracenos, chapetones,
gachupines o conservadores, por lo general españoles: funcionarios, grandes comerciantes, arrendatarios
e intermediarios de los monopolios de la Corona y la mayoría del clero que, en virtud del Real Patronato,
formaba parte de la burocracia colonial. A través de la Iglesia, y valiéndose del fanatismo religioso o de las
tradiciones paternalistas de la Corona, los realistas -a cuyas filas también se integró el sector más
conservador de la aristocracia criollalograron en muchas ocasiones manipular a capas y clases populares,
artesanos, peones, esclavos y sobre todo pueblos indígenas para situarlos contra la independencia.
Durante la fase de 1808 a 1815, en los principales teatros del conflicto bélico, la lucha se vio lastrada por
la conducción oligárquica, que pretendía romper la tutela española sin afectar la tradicional estructura
socio-económica. La dirección de las capas privilegiadas criollas trajo por consecuencia el predominio de
fuerzas de clase, terratenientes y grandes propietarios en general, que ocupaban el lugar de una
burguesía prácticamente inexistente. Para este sector aristocrático, puesto a la cabeza de la lucha, la
independencia era concebida como una especie de conflicto en dos frentes: "hacia arriba" contra la
metrópoli y "hacia abajo" para impedir las reivindicaciones populares y cualquier alteración del statu qua.
A su vez, para una parte apreciable de las masas populares, la aristocracia criolla aparecía como su
explotador inmediato. Eso explica por qué entre 1808 y 1815 la participación del pueblo en la lucha
emancipadora fuera limitada en algunas regiones, asumiera una actitud expectante en otras o llegara
incluso a ser atraída en forma temporal por las consignas demagógicas de la contrarrevolución realista,
como sucedió en Venezuela durante la II República.
-Segunda fase de la lucha independentista en Hispanoamérica y Brasil (1816 - 1826). Durante los años de 1814
y 1815 se cierra la primera fase de la lucha independentista en Hispanoamérica ante los éxitos de las armas
realistas, favorecidas con la terminación de las guerras napoleónicas y el restablecimiento de Fernando VII en el
trono español. En Chile la "Patria Vieja", carcomida por las contradicciones intestinas de la aristocracia criolla
(Carrera versus O'Higgins), sucumbió en Rancagua y obligó a los sobrevivientes a buscar refugio en la vecina
provincia de Cuyo a fines de 1814. La II República de Venezuela fundada por Bolívar - en nada diferente en su
condición elitista a la Primera creada por Miranda-, se eclipsó a principios de 1815 debido a su incapacidad para
obtener una base de masas y detener la ofensiva contrarrevolucionaria de los insumisos llaneros de Boves. En
México, 1815 terminó con el triunfo definitivo de los realistas, sostenidos por la propia oligarquía local, sobre la
guerra campesino=indígena levantada desde 1810 por Hidalgo y Morelos. La "Patria Boba" neogranadina,
debilitada por las luchas entre la aristocracia centralista de Bogotá (Nariño) y la federalista de las provincias
(Camilo Torres), agonizaba desde fines de 1815, proceso acelerado por el desembarco en sus costas del ejército
español de Morillo. Previamente, en 1812, el movimiento independentista en Quito, conducido por la
aristocracia terrateniente serrana (los Montúfar), había colapsado. En el Virreinato del Perú, bastión peninsular,
la masiva sublevación mestizo-indígena de 1814 encabezada por Pumacahua concluyó al año siguiente
sangrientamente aplastada, para tranquilidad de la oligarquía conservadora peruana. Sólo el Río de la Plata,
pese a la anarquía política y las contradicciones internas promovidas por las intenciones hegemonistas de
Buenos Aires (Saavedra, Rivadavia, Pueyrredón, Alvear, etc.), resistió al desastre general, gracias a la protección
de los montoneros de Salta y las guerrillas populares del Alto Perú. Pero aquí también la situación era
desesperada en 1816: el descalabro de las "republiquetas", la irrupción portuguesa contra la revolución oriental
de Artigas, las amenazas de invasiones realistas procedentes del Norte y desde la propia metrópoli, junto a la
inoportuna derrota patriota de Rondeau en Sipe Sipe, a fines de 1815, pusieron el territorio argentino al borde
de la capitulación. Con razón los realistas de Europa y América festejaron ruidosamente el triunfo de Sipe Sipe
corno el fin de la lucha independentista.
¿Qué pasó en los años 1500 a 1700?
• La conquista de Mesoamérica y el área andina (1519 - 1535) Esta fase se distingue porque en ella
se llevan adelante las famosas expediciones de conquista que culminaron con el sometimiento de
las grandes culturas indígenas, en particular la azteca, maya e inca. La conquista por Hernán
Cortés de la Confederación azteca, entre 1519 y 1522, y del Imperio incaico por Francisco Pizarro,
de 1532 a 1533, fueron los dos grandes momentos de la conquista. A ellos siguieron en esta fase
la ocupación española del México central y buena parte del meridional, el Norte de
Centroamérica (1524) y el área andina (1539), así como el sometimiento de los mayas de Yucatán
(1527-1546).3 Los tesoros encontrados en México y Perú, junto a poblaciones mucho más
avanzadas que las existentes en las Antillas, inauguraron la denominada época próspera de la
conquista. Al toparse con estas grandes civilizaciones, los europeos se sintieron cautivados por el
oro y la perfección de las construcciones en piedra. La búsqueda de metales preciosos se
convirtió, a partir de la conquista de México, en el motor impulsor de la colonización española, así
como de la estructuración de sus nuevos dominios en las Indias. El traslado de metales preciosos
hacia España y de allí al resto de Europa, proveniente de las grandes culturas conquistadas en
Mesoamérica fue continuado por la explotación de minas existentes en el área andina.
¿Qué pasó en los años 1500 a 1700?
• Dominio de los territorios marginales (1536 - 1580) Las operaciones de conquista de España
posteriores a 1535, se dirigieron en lo fundamental a asegurarse la posesión de los territorios que
le pertenecían en el Nuevo Mundo según lo estipulado por el Tratado de Tordesillas, lo mismo
que haría Portugal desde 1549 con la región que llevaría el nombre de Brasil. En el caso de
Hispanoamérica la iniciativa colonizadora procedió muchas veces de los propios centros ya
conquistados. A esta fase corresponde la ocupación española de toda el área norandina y como
colofón el encuentro de tres expediciones en Bogotá; el completo dominio de la meseta
altoperuana y el establecimiento en el Chile central, a contrapelo de la tenaz resistencia araucana
encabezada por Lautaro y Caupolicán. La segunda fundación de Buenos Aires (1580) -la primera
en 1536 había sido un fracaso, como también ocurrió en La Florida hasta 1565-, por un puñado
de conquistadores mestizos procedentes del interior (Asunción del Paraguay), que buscaban una
ruta de comunicación con Europa, señala aproximadamente el fin de esta fase. A ella también
corresponde la implantación del poderío real en toda su extensión, prácticamente después que
Carlos V liquidara los privilegios de los ensoberbecidos encomenderos (Leyes Nuevas de 1542). La
derrota de los conquistadores por los funcionarios de la Corona no fue un proceso fácil y en
algunos territorios, como el Perú, produjo encarnizados enfrentamientos armados que los
cronistas denominaron las "guerras civiles". Es también la fase en que ocurrió el aplastamiento de
la resistencia indígena, simbolizado con la ejecución en el Cusco (1572) del primer Túpac Amaru
¿Qué pasó en los años 1500 a 1700?
• Auge y decadencia del régimen colonial hispano-portugués (1580 - 1700) Se corresponde con la
etapa floreciente del Imperio Español de Ultramar, que tuvo sus zonas medulares en el Virreinato
de Nueva España (México), cuyo Virrey fundador fue Antonio de Mendoza en 1535. En el Perú
desde 1543, Blasco Núñez de Vela como primer Virrey con jurisdicción sobre toda la América del
Sur. En estos territorios el establecimiento de sistemas de explotación precapitalistas (mita,
servidumbre, peonaje, esclavitud) estuvo motivado por la existencia de fabulosos yacimientos de
minerales preciosos, para lo que fue necesario expoliar a la población autóctona y aprovechar
buena parte de su organización social. De esta manera, grandes y ricas minas de plata fueron
descubiertas en El Potosí (Virreinato del Perú) y Zacatecas (México) entre 1545 y 1546. Veinte
años después todos los yacimientos importantes de la meseta mexicana y los Andes centrales
estaban ya en explotación. La hegemonía prácticamente absoluta de España en la región del
Caribe durante casi todo el siglo XVI, fue seguida por el aumento de la presencia de sus rivales
europeos. La irrupción de Holanda, Francia e Inglaterra en los territorios que la Bula Papal (1493)
había entregado a España y Portugal, fue facilitada por la ostensible decadencia del imperio de
los Habsburgo. Así, junto a la piratería y el contrabando comenzó el arrebato a España de muchas
de sus posesiones en el Caribe. Las Antillas menores, consideradas hasta entonces por los
conquistadores hispanos como unas islas inútiles, se convirtieron en el siglo XVII en refugio de
piratas y corsarios holandeses, franceses e ingleses.
¿Qué pasó en los años 1500 a 1700?
Después Inglaterra se apoderó de la isla San Cristóbal (1624), Barbados (1625), Nevis, las Leeward, las Virginias y
las Bahamas (1628-1646) y finalmente Jamaica. Las más importantes colonias holandesas se establecieron en
Tobago (1632), Curazao (1634), San Eustaquio (1635) y San Martín (1641). Los franceses, por su parte, se
apoderaron de Martinica, Guadalupe y Dominica (1635) así como Granada y Santa Cruz (1650), junto a la parte
occidental de la isla La Española. A ello hay que sumar algunos otros territorios ocupados por estas potencias en
las Guyanas, además del establecimiento de los ingleses en dos áreas de Centroamérica (Belice y la Costa de los
Mosquitos). La política mercantilista de Inglaterra, Francia y Holanda, que en cierta forma también hizo Portugal
en el Nordeste brasileño, impuso desde los primeros tiempos a estas colonias un desarrollo más acelerado de
las plantaciones del que tendría lugar en la parte española. La posesión de estos territorios por las restantes
potencias europeas se convalidó por la Paz de Ryswick en 1697.
Por su parte, la evolución de la colonia lusitana en América fue también diferente a la de Hispanoamérica, a
pesar de que ambos reinos ibéricos estuvieron unidos entre 1580 y 1640. Tras el efímero ciclo de las maderas
tintóreas -que dibujó en el mapa sudamericano al primer Brasil como una estrecha franja costera cubierta de
esporádicas factorías franco-portuguesas-, surgió, antes que en otras partes del Continente, la gran plantación
esclavista azucarera del Nordeste, en lo fundamental gracias a la brutal expoliación de la fuerza de trabajo
africana, que dio lugar a una economía agrícola de exportación constituida por centros aislados unos de otros y
vinculados únicamente con el mercado exterior. En este segundo Brasil era visible el predominio de los
acaudalados hacendados y dueños de ingenio que dependían muy poco de la monarquía lusitana. El fin de esta
etapa colonial estuvo ligado a la expulsión de los holandeses de Pernambuco (1654) y terminó a finales del siglo
XVII con una profunda crisis económica sin paralelo en Hispanoamérica.

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