DAVID HUME
“CULMINACIÓN DEL
EMPIRISMO”
David Hume
Nace en Edimburgo, Escocia, en
1711.
Hume vive en el corazón de la
ilustración (es el representante
británico más importante del
empirismo).
Teoría David Hume
Origen de nuestras ideas
Todos los contenidos mentales son
percepciones. Y todas las percepciones
provienen de la experiencia, ya que no existen
ideas que sean previas a la experiencia.
Hume no quiere dar por hecho que nuestras
percepciones sean representaciones del
mundo. Por este motivo las clasifica según el
grado de vivacidad, en dos tipos:
impresiones e ideas.
Impresiones e Ideas
• Las impresiones: son las sensaciones inmediatas de
la experiencia: imágenes, pasiones y emociones.
• Las ideas: son imágenes o copias difusas de las
impresiones. Son productos de la imaginación y de la
memoria que no consiguen imitar el grado de
intensidad de las impresiones. Una cosa es sentir un
frío intenso (impresión) y otra muy diferente recordar
aquel frío que pase un día (idea).
Nuestras percepciones, además de distinguirse en
impresiones e ideas, pueden ser clasificadas
siguiendo otros criterios. Así según su procedencia
las percepciones pueden ser:
Percepción de sensación: provienen de los
sentidos: la visión del color rojo.
Percepción de reflexión: estados mentales, como
la satisfacción que nos proporciona aprender cosas
nuevas.
También se clasifican las percepciones según su
composición:
Percepciones Simples: no pueden dividirse en otras
menores: el tacto de la piel.
Percepciones complejas: pueden dividirse en otras
más simples: la percepción de una rosa, la podemos
dividir en su color, olor, tacto, etc.
Asociación de Ideas
• ¿De dónde provienen las ideas simples?
Todas las Ideas simples provienen de sus
correspondientes impresiones simples. Las
representaciones mentales con que argumentamos o
razonamos son copia de nuestras impresiones o
sensaciones más vivas. Si no existe una impresión
que se corresponda con una idea, entonces la idea es
considerada ficticia, porque carece de fundamentos,
el que está dado por la impresión.
¿Las Ideas complejas son también copia de
nuestras impresiones complejas?...
Así ocurre en algunos casos: la idea de manzana
proviene de la impresión compleja de manzana. Sin
embargo existen otras ideas que no son copias de
nuestras impresiones complejas. Por ejemplo si
pensamos en un unicornio ¿de qué impresión
diríamos que proviene? En este caso , las ideas
complejas son fruto de la combinación de una
unión fantasiosa con las impresiones simples. Esto
se da en la imaginación.
Pero ciertamente la imaginación, en la mayoría de los
casos, crea ideas complejas siguiendo ciertas leyes y
regularidades. Y es que determinadas ideas parecen
conducir de modo natural a otras ideas. Por ejemplo el
humo nos hace pensar en el fuego, o el retrato de una
persona, en la persona misma. A ello Hume les llamó
Leyes de asociación de Ideas. Consisten en lo siguiente:
Semejanza: hay algo en nuestra mente que impulsa a
asociar ideas entre las cuales hay algún grado de
similitud. Por ejemplo el frío que hubo en este invierno,
lo asocio con épocas en las que ocurrieron temperaturas
similares.
Contigüidad en el espacio y el tiempo: una idea
nos conduce naturalmente a otra cuando entre ellas
existe una relación de proximidad, ya sea espacial o
temporal. De este modo, si vemos el arco de un
violín, nos preguntaremos dónde esta el violín.
Relación causa efecto: ante los fenómenos que se
acostumbran a suceder temporalmente, nuestro
entendimiento crea una expectativa del futuro:
espera que ciertos hechos sigan a otros al igual
como ha sucedido en el pasado: pro ejemplo: las
nubes a la lluvia.
Relaciones de Ideas y cuestiones de hecho
• Ya sabemos que nuestros contenidos mentales se
reducen a impresiones o ideas. Con estos pensamos
o razonamos, es decir construimos juicios y
afirmaciones, y establecemos relaciones entre
nuestras percepciones. Todos estos juicios que
constituyen el edificio del conocimiento pueden
clasificarse en dos tipos: relaciones de ideas y
cuestiones de hecho.
Relaciones de ideas: son afirmaciones como las
siguientes: “la suma de los ángulos de un triángulo
es siempre 180º” o “todos los solteros no son
casados”. En estos juicios se establecen relaciones
entre ideas y conceptos, por tanto no describen
como es el mundo y no surgen de la experiencia,
sino del razonamiento. Son afirmaciones
necesarias y universales, es decir, válidas en
cualquier circunstancia. Negarlas implica una
contradicción y un absurdo.
Cuestiones de hecho: son afirmaciones del
tipo: “María hace gimnasia” o “las nubes
traen lluvia”. Es decir, afirmaciones en que
se establecen relaciones entre hechos que
hemos de comprobar mediante la
observación y la experiencia. Son
contingentes y probables; lo que afirman es
así ahora, pero ciertamente podría no serlo;
de hecho nadie asegura que en el futuro
sean como ahora son. Su negación es
posible, no implica ningún absurdo.
Problema de la causalidad
• La conexión causa-efecto, además de una ley de
asociación de ideas es una relación que atribuimos a
los acontecimientos que suceden en el mundo.
La validez de esta relación ha sido aceptada durante
mucho tiempo. Pero Hume necesita examinar la
legitimidad de esta idea. Lo hace aplicando el
principio empirista: para toda idea o creencia se ha
de comprobar de que impresión es copia; en el caso
que no se halle el original esta tendrá que ser
rechazada.
Pero ¿ qué entendemos por relación causal? Por
ejemplo si nos fijamos en el afirmación “el fuego
calienta el agua”. Pensamos que entre el fuego y el
calentamiento del agua hay una relación causal: el
fuego sería el responsable del calentamiento del agua.
Hume se da cuenta de que esta relación se concibe
como una conexión necesaria, es decir como si ambos
fenómenos se hallarán inevitablemnte unidos, ya que la
aparición de uno impondría la aparición del otro.
Hume recurre a la experiencia para dar validez a este
supuesto conocimiento, y no encuentra ninguna
impresión de necesidad entre el fenómenos A, que
llamamos causa, y el fenómeno B, al que llamamos
efecto. Lo único que observamos en este proceso es
que un hecho va seguido de otro fenómeno, pero no
observamos una conexión necesaria entre ambos.
Hume concluye que la idea de conexión necesaria es
fruto de la imaginación. Al observar en innumerables
casos cómo un fenómeno ve seguido de otro, tendemos
a considerar, llevados por la costumbre o hábito, que
siempre sucederá así. Esta proyección resulta muy útil
para vivir, ya que, sin ella, el mundo se volvería caótico
e imprevisible. Ahora bien, a pesar de la utilidad Hume
constata que una costumbre sólo puede proporcionar
creencias, pero nunca un conocimiento universal y
necesario.