CIRROSIS HEPÁTICA Y
HEPATITIS
¿QUÉ ES LA CIRROSIS
HEPÁTICA?
Una alteración crónica e irreversible que representa la etapa final de diversos procesos agudos
o crónicos que afectan al hígado.
Se define como una alteración difusa de la arquitectura del hígado por fibrosis y nódulos de
regeneración, clínicamente se puede sospechar por los antecedentes y diversos datos clínicos
que se pueden documentar.
La cirrosis hepática es una enfermedad que se produce por la agresión prolongada al
hígado, que provoca la destrucción de las células hepáticas y la formación de tejido cicatricial.
Los cambios histológicos condicionan una alteración vascular intrahepática y una reducción
de la masa funcional hepática y como consecuencia se desarrolla hipertensión portal e
insuficiencia hepática, dando como resultado final sus complicaciones mayores:
Ascitis, síndrome hepatorrenal, varices esofágicas, encefalopatía hepática, peritonitis
bacteriana espontánea y carcinoma hepatocelular.
Se estima que la cirrosis se halla detrás de 800.000 muertes anuales en todo el mundo.
En Europa y Estados Unidos tiene una prevalencia de alrededor de 250 casos anuales por
cada 100.000 personas.
En los varones la prevalencia es dos veces mayor que en las mujeres.
En España se estima una prevalencia de entre el 1 y el 2% de la población, y es Vol. 26,
Núm. 4, Julio-Agosto 2012 más frecuente en varones a partir de los 50 años.
En el mundo occidental, la causa más común de cirrosis es el alcoholismo, seguido de las
hepatitis virales. No obstante aproximadamente sólo un 12% de los pacientes alcohólicos
evolucionan hasta desarrollar cirrosis.
Es una enfermedad que cursa de forma subclínica durante un largo período, y es
diagnosticada frecuente de forma accidental
SU ETIOLOGIA
Las principales causas de cirrosis son:
Consumo excesivo de alcohol (cirrosis alcohólica).
Infección crónica por los virus de la hepatitis B y C (cirrosis viral).
Hemocromatosis hereditaria
Enfermedad de Wilson
Hepatitis autoinmune
Esteatohepatitis no alcohólica.
Colestasis obstructivas crónicas.
Obstrucción crónica del drenaje venoso.
Toxicidad por fármacos.
La cirrosis biliar primaria de origen inmunológico.
SIGNOS Y SÍNTOMAS:
Estos son múltiples y muy variados no todos se presentan en todos los casos en las fases iniciales, los
pacientes pueden estar asintomáticos.
Con el tiempo el paciente se encuentra cansado, sin energía, sin apetito, puede tener molestias digestivas
y perder peso y masa muscular.
Cuando la enfermedad está avanzada, el paciente se
encuentra siempre enfermo, no puede llevar vida
normal y aparecen los siguientes síntomas:
Ictericia: Coloración amarillenta de la piel por la incapacidad del
hígado de eliminar la bilirrubina de la sangre.
Cambios en la piel: Dilataciones vasculares, en mejillas, tronco y
brazos, puede aparecer enrojecimiento de las palmas de las
manos y pulpejos de los dedos. Las uñas tienen un tono más blanquecino.
Retención de sal y agua: Acúmulo de líquido en las extremidades inferiores (edemas) y en al
abdomen (ascitis).
Facilidad para el sangrado: Al fallar el hígado es frecuente el sangrado por las encías, por la nariz y
la aparición de hematomas con golpes suaves.
Desnutrición: El hígado es muy importante en la absorción y aprovechamiento de los
nutrientes que ingerimos. Por ello, en fases avanzadas, los cirróticos se hallan desnutridos y
pierden mucha masa y fuerza muscular.
Cambios en la conducta y en el nivel de consciencia. El hígado retira de la sangre
sustancias tóxicas para el cerebro, estas sustancias producen una intoxicación cerebral
manifestada por insomnio nocturno, somnolencia diurna, cambios en la conducta y en el
humor y desorientación y progresiva disminución del nivel de consciencia, que puede llegar al
coma. Esta complicación es grave y requiere ingreso hospitalario.
Cambios en la función sexual. Debido a cambios hormonales y a la desnutrición, es
frecuente la pérdida del deseo y la potencia sexual en los varones y de la menstruación y de la
fertilidad en las mujeres. En los varones, pueden producir aumento del tamaño de las mamas,
a veces dolorosas.
Otras complicaciones: La cirrosis es el factor de riesgo más importante para la aparición de
cáncer de hígado.
COMPLICACIONES
Ascitis; Es un signo clínico que se define como la aparición de líquido libre en la cavidad peritoneal
es la complicación más común y temprana de la cirrosis.
Síndrome hepatorrenal; Se ha diagnosticado en el 10% de los pacientes con cirrosis avanzada y
ascitis. Es una condición que tiene lugar en pacientes con enfermedad hepática avanzada,
insuficiencia hepática e hipertensión portal, caracterizada por un deterioro de la función renal, una
intensa alteración de la circulación arterial y la activación de los sistemas vaso activos endógenos, se
distinguen en dos tipos;
Síndrome hepatorrenal tipo 1: Se
caracteriza por un progresivo y rápido deterioro de la función renal, este cuadro aparece
frecuentemente en pacientes con cirrosis alcohólica.
Síndrome hepatorrenal tipo 2:
Se caracteriza por un deterioro lento y estable de la función renal.
Varices esofágicas; Es
es inherente a la presencia de cirrosis hepática e hipertensión portal. Aproximadamente un 40% de
los pacientes asintomáticos presentan dichas varices cuando son diagnosticados, originan una
hemorragia digestiva alta, que suele ser la complicación característica de la fase descompensada
de la cirrosis. Dicha hemorragia causa una mortalidad inicial del 50% de los afectados.
Encefalopatía hepática;
Consiste en una alteración neuropsiquiátrica de origen metabólico, debida a la existencia de un
exceso de amonio en la circulación sistémica, compuesto que alcanza el sistema nervioso central y
origina síntomas psiquiátricos muy diversos
Peritonitis bacteriana espontánea;
Infección bacteriana del líquido ascítico sin que exista un foco infeccioso intraabdominal, como
un absceso o una perforación. Ocurre aproximadamente en el 10% de los pacientes hospitalizados.
Carcinoma hepatocelular;
Frecuente en la evolución de los pacientes con cirrosis hepática una vez diagnosticada la cirrosis,
la posibilidad de desarrollar un carcinoma hepatocelular es del 20% a los cinco años. El pronóstico
de estos enfermos depende de la evolución de la cirrosis en el momento en que se diagnostica el
cáncer. Si la reserva funcional hepática es buena y el carcinoma hepatocelular es asintomático, el
paciente puede sobrevivir varios años.
DIAGNÓSTICO
Puede diagnosticarse atendiendo a una serie de hallazgos clínicos, resultados
analíticos y ecográficos.
Un diagnóstico de certeza pasa por el examen histológico del hígado previa biopsia.
Esta prueba, a pesar de su invasividad, se considera mas precisa.
La ecografía abdominal y la elastometría son dos pruebas complementarias dada su
escasa invasividad:
• La ecografía abdominal tiene el inconveniente de que existe una considerable
variabilidad entre diferentes observadores.
• La elastometría es una técnica que mide la rigidez hepática que depende del grado
de ibrosis hepática existente.
Pruebas de laboratorio, pueden ser las siguientes:
• Pruebas hematológicas, con resultado de anemia, leucopenia y trombopenia, así
como alargamiento del tiempo de protrombina.
• Pruebas bioquímicas, cuyos resultados más significativos incluyen bilirrubina
elevada, transaminasas moderadamente elevadas o incluso normales, y fosfatasa
alcalina significativamente elevada en cirrosis de origen colestático o
hepatocarcinoma.
• Pruebas serológicas, especialmente determinación de autoanticuerpos no órgano-
específicos ya que es frecuente encontrar hipergammaglobulinemia policlonal.
TRATAMIENTO
La cirrosis como tal carece de tratamiento médico específico, dado que es irreversible. Se
pueden tratar algunas de las enfermedades que la producen y evitar o retardar la evolución
de una cirrosis en estadio inicial a las fases avanzadas.
Tratamientos dietéticos, está la reducción de la sal, para prevenir la retención de líquidos, y
la de proteínas (carnes, pescados) para la encefalopatía hepática a veces se necesitan
suplementos de vitaminas y minerales.
Tratamientos farmacológicos, se usan fundamentalmente los diuréticos para tratar la
retención de líquidos y los llamados beta-bloqueantes para prevenir las hemorragias
digestivas.
El trasplante hepático, el tratamiento definitivo de la cirrosis es el trasplante hepático se
realiza en los pacientes en que se estima una supervivencia menor de dos años, a
consecuencia de esa enfermedad, y en los que no existe contraindicación para realizarlo por
otros motivos.
HEPATITIS
Es la inflamación del hígado. Sus causas pueden ser
infecciosas, como las hepatitis virales, o no infeccionas
que se dan por el consumo de bebidas alcohólicas,
obesidad, enfermedades autoinmunes, fármacos, reacciones alérgicas, entre otros.
El órgano del cuerpo más afectado por la hepatitis es el hígado este se encarga de filtrar la
sangre que viene del sistema digestivo. Elimina químicos y metaboliza fármacos, además
ayuda a la digestión de productos grasos, albúmina y factores de coagulación. Es una
reserva de hierro, vitaminas y glucosa.
Una de las enfermedades más comunes del hígado, es la hepatitis.
Cifras de la Organización Mundial de la Salud revelan que existen alrededor de 424
millones de personas en el mundo que padecen alguna variante del virus de la
hepatitis, y 1.4 millones mueren cada año como consecuencia de la infección.
Aproximadamente 1.4 millones de personas en el mundo padecen el virus tipo A;
240 millones el tipo B; 150 millones el tipo C; 15 millones el tipo D y 20
millones el tipo E.
HEPATITIS A
Principales formas de transmisión son: Contacto con heces fecales de un enfermo, de persona a
persona, así como por beber o comer alimentos contaminados.
El virus puede encontrarse en las heces de los enfermos hasta 5 días antes de que aparezcan los
primeros síntomas y hasta 2 semanas después de que los ojos y la piel se pongan amarillos (ictericia).
SINTOMAS
El periodo de incubación de la hepatitis A suele ser de unos 14–28 días.
Aunque los síntomas no son exclusivos de la hepatitis A, se presentan:
• Debilidad
• Náuseas
• Vómito
• Anorexia
• Fiebre
• Molestias abdominales
• Dolor en la parte superior derecha del abdomen
• Color amarillo en piel y ojos
• Diarrea
DIAGNÓSTICO
Se hace con un examen de sangre para detectar anticuerpos contra hepatitis A, llamados
inmonuglobulinas (IgM).
PREVENCIÓN
La mejora en la higiene de los alimentos y la vacunación son las medidas más eficaces para
combatir la hepatitis A.
La propagación de la hepatitis A puede reducirse mediante:
1. sistemas adecuados de abastecimiento de agua potable
2. eliminación apropiada de las aguas residuales de la comunidad
3. prácticas de higiene personal tales como el lavado regular de las manos con agua y jabón.
HEPATITIS B
La infección por hepatitis B causa una amplia variedad de hepatopatías, desde un estado
de portación subclínica hasta hepatitis grave o insuficiencia hepática fulminante (hepatitis
fulminante) en particular en adultos mayores, en los cuales la tasa de mortalidad puede
alcanzar entre 10 y 15%.
Es una infección hepática potencialmente mortal causada por el virus de la hepatitis B
(VHB).
Generalmente se transmite:
Por contacto con la sangre u otros líquidos corporales de una persona infectada, puede
transmitirse igualmente por vía sexual, homosexualidad en los hombres, compartir agujas y
jeringas contaminadas, pinchos accidentales de agujas comúnmente reportados en los
trabajadores sanitarios, transfusión de sangre infectada o productos sanguíneos y trasplante
de órganos infectados.
Es una de las principales causas de cirrosis y cáncer de hígado.
Se puede prevenir vacunándose, es el principal pilar de la prevención de esta enfermedad.
Tiene dos fases, una aguda y una crónica.
La mayor parte de los afectados no experimentan síntomas durante la fase aguda, aunque algunas
personas pueden presentar coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia), orina oscura, fatiga
extrema, náusea, vómitos y dolor abdominal.
La infección crónica por el virus de la hepatitis B puede tratarse con fármacos, en particular
agentes antivirales orales.
Tratamiento:
Para la hepatitis B medicamentos antivirales y trasplante de hígado
Ningún tratamiento atenúa la hepatitis viral aguda, incluso de la hepatitis B. Debe evitarse el alcohol,
porque puede aumentar la lesión hepática.
Las restricciones en la dieta o la actividad, como el reposo en cama que suele prescribirse, no poseen
un fundamento científico.
HEPATITIS C
Causa infección aguda y crónica.
Infección aguda es asintomática y muy raramente se asocia a una enfermedad potencialmente
mortal. Aproximadamente un 15-45% de las personas infectadas elimina el virus
espontáneamente en un plazo de seis meses, sin necesidad de tratamiento alguno. El 55-85%
restante desarrollará infección crónica.
El virus de la hepatitis C (VHC) se transmite por contacto con sangre infectada.
Generalmente se transmite:
1. Transfusión de sangre y otros productos sanguíneos infectados por el VHC
2. Por inyecciones contaminadas durante procedimientos médicos y por compartir las agujas y
jeringas entre consumidores de drogas inyectables.
3. Es posible la transmisión sexual y pasar de la madre infectada a su hijo, aunque estas
formas de transmisión son menos frecuentes.
SÍNTOMAS
El período de incubación de la hepatitis C puede variar de dos semanas a seis meses.
Tras la infección inicial, aproximadamente un 80% de los casos no presentan
síntomas. Aquellos con sintomatología aguda pueden presentar fiebre, cansancio,
inapetencia, náuseas, vómitos, dolor abdominal, orinas oscuras, heces claras, dolores
articulares e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos).
TRATAMIENTO
La hepatitis C no siempre requiere tratamiento, porque en algunas personas la
respuesta inmunitaria eliminará la infección espontáneamente y algunas personas con
infección crónica no llegan a presentar daño hepático. Cuando el tratamiento es
necesario, el objetivo es la curación. La tasa de curación depende de algunos factores
tales como la cepa del virus y el tipo de tratamiento otorgado.