MC 3, 13-15
Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y ellos fueron donde él. Luego designó a doce
(a los que llamó también apóstoles), para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, dándoles
poder para echar demonios.
Consagración al Espíritu Santo
Recibe, ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que te hago en este día
para que te dignes ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones:
mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza y todo el Amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a tus divinas operaciones y quiero ser siempre dócil a tus santas
inspiraciones.
¡Oh Espíritu Santo!, dígnate formarme con María y en María según el modelo de vuestro amado JESÚS.
Gloria al Padre Creador; Gloria al Hijo Redentor; Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.
Padre nuestro, Ave María, Gloria al Padre…
CONVERSIÓN
INVITAR A JESÚS AL CORAZÓN PARA SER CAPACES
DE RENUNCIAR AL PECADO.
LA CONVERSIÓN, FRUTO DE LA PRESENCIA DE JESÚS EN NUESTRO
CORAZÓN, COMIENZA CON UN CAMBIO DE MENTALIDAD Y TERMINA CON
LA RENUNCIA A TODO PECADO.
La fe se expresa en la conversión que es un cambio de vida: cambiar nuestra vida
por la vida de Jesús.
La conversión es una renovación (metanoia) de la mente (Rom 12,2).
¿Qué personaje de este mundo te gustaría que visitara tu casa?
No se permite decir Dios, ni Jesús o María.
En el tema anterior afirmamos con claridad que hacemos nuestra la salvación por
la fe, no como los demonios que creen en Dios, pero luchan contra su plan.
Tampoco la fe de los fariseos que confían más en sí mismos y sus buenas acciones.
La fe que salva es la que se manifiesta en la conversión.
la fe está asociada a la conversión:
La fe y la conversión son dos cables que, unidos, hacen llegar hasta nosotros la luz
de la salvación, que inaugura la nueva creación.
Los congregados en torno al Cenáculo el día de pentecostés, le preguntaron a
Pedro qué tenían que hacer para salvarse. Pedro les respondió: conviértanse: Hech
2, 38ª
La conversión es la certificación de una fe savífica. Sin conversión, la fe quedará
reducida a una idea o simple teoría.
LA FE
LA FE.
La conversión implica darle media vuelta a nuestra vida, para que podamos vivir
como herederos del Reino. Así se enciende la luz de la salvación.
DIVERSOS ASPECTOS DE LA
CONVERSIÓN
a) La conversión (metanoia) es una renovación de la mente (12,2).
No se limita a un cambio de moral; es ante todo y primeramente un cambio de
mentalidad. Es ir más allá de nuestros parámetro mentales.
Por ello, San Pablo aclara: transfórmense mediante la renovación de su mente…
Solo modificamos nuestra forma de vivir cuando nuestra mentalidad se ha
renovado. Si nuestro corazón no se renueva, nuestra transformación será
transitoria y superficial porque es en nuestro interior donde se gestan las malas
intenciones, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, mentiras, y todo tipo de
maldad (Mt 15, 19).
Sin esta mentalidad, no hay no puede haber conversión, ya que tarde o temprano,
el árbol da frutos acordes con sus raíces. Implica dos aspectos que se deben
renovar:
1. Cambiamos la idea negativa o pesimista que tengamos de nosotros
mismos.
Tomamos conciencia de que somos hijos un Dios creador y poderoso, sabio y
amoroso, que es rico en misericordia.
Somos amados de manera personal e incondicional por Dios mismo
Dios ya nos perdonó todos nuestros pecados por la sangre de su Hijo, y ya no le
debemos nada. Estamos en paz con Él.
Estamos seguros de que nada hay imposible en este mundo, porque si Jesús
resucitó de entre los muertos, ¡todo es posible!
Sabemos que valemos la sangre de Cristo Jesús.
Ya no somos ni siervos ni esclavos, sino hijos y herederos del Reino de Dios.
Somos dignos de amor y de respeto.
2. Cambiamos la idea que tenemos de Dios.
del Dios castigador, al Dios que perdona; del Dios amenazante, al Dios amoroso; del
Dios que pide cuentas, al Dios que ofrece gratuitamente el don de la salvación.
Solo quien renueva su mente en estos dos polos, tiene posibilidad de una verdadera
conversión.
b) la conversión es nacer de nuevo, para pasar de las tinieblas a la luz.
El que no nazca de lo alto, no puede ver el Reino de Dios (Jn 3,3).
Con la nueva mentalidad estamos dispuestos a comenzar otra vez, de acuerdo al
plan original de Dios, pero ahora como hijos de de Dios, con derecho a la herencia,
pasando de las tinieblas a la luz.
ustedes son linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido,
para anunciar las alabanzas de Aquél que los ha llamando de las tinieblas a su
admirable luz: (1P 2,9).
Sin embargo, no renunciamos a las tinieblas para que entre la luz; dejamos entrar la
luz que tiene poder para expulsar las tinieblas.
Vivir en la luz de la verdad, la justicia, el gozo, la paz, la unión y con dominio propio,
en la gloriosa libertad de los hijos de Dios, donde ningún pecado, pasión, apetito,
persona o situación nos esclavicen.
VIVIR LA VIDA EN ABUNDANCIA TRAÍDA Y
GANADA POR CRISTO JESÚS
Por lo tanto el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es
nuevo (2Cor 5,17).
c) la conversión es un cambio de vida: cambiamos nuestra vida por la
vida de Jesús.
En toda conversión se entrega algo, a cambio de otra cosa.
En la conversión, lo que recibimos es mucho más importante que lo que entregamos,
porque cambiamos nuestra vida por la vida de Jesús. se la entregamos tal y como
está, aún con el pecado, frustraciones, enfermedades, depresiones y heridas. A
cambio recibimos la suya; vida de Hijo de Dios, con derecho a la herencia, vencedor
del pecado y con poder sobre la muerte.
¡Es el mejor negocio que podríamos hacer!
d) Dios nos convierte cuando lo dejamos actuar en nosotros
La verdadera conversión es obra de Dios. Por eso declara el salmista y repite el
profeta Jeremías: conviérteme, Señor, y me convertiré: Jr 31,18b.
Nosotros por nuestros propios esfuerzos, somo in capaces de convertirnos, solo
Dios realiza esto en nosotros, con su poder y con su amor. Para lograrlo,
únicamente hay que dejar entrar a Jesús salvador en el corazón, para que lo
realice. Y lo más maravilloso, es que Él mismo ha tomado la iniciativa para entrar:
Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré y cenaré con él y él conmigo: Ap 3, 20.
Al principio del tema preguntamos que personaje te gustaría que visitara tu casa.
El mismo Jesús quiere entrar, no solo a tu casa sino a lo más profundo de tu
corazón y de tu vida
Jesús está llamando este día a la puerta de tu corazón para transformarte por
completo
Jesús no fuerza la puerta. Solo cada uno puede abrir desde dentro, si quiere.
Según el Derecho Romano cuando uno liberaba a un esclavo o este compraba su
libertad, el acto se sellaba con una cena.
Estamos llamados a esta libertad y Jesús quiere sellar esta liberación, cenando
con nosotros.
¡Escucha su voz! ¡Ábrele la puerta! ¡déjalo entrar!
Ábrele la puerta del corazón e invítalo a pasar, para que te libere de toda
esclavitud.
Si ya no puedes con tu vida, o existe alguna área que te es imposible gobernar,
invita a Jesús a tu corazón, para que Él tome el control de toda tu existencia
(pensamientos, afectos, pasiones, apetitos, deseos, etc.).
Zaqueo dejó entrar a Jesús a su casa, y gracias a eso su vida cambió. Pero no solo
la suya sino también la de toda su casa.
Si invitas a Jesús a tu vida, él y solo él es capaz de transformarte a ti y a todos
los de tu familia que crean en él.
Martha y María de Betania le abrieron la puerta a Jesús, y el maestro resucito a
su hermano Lázaro, que tenía cuatro días de muerto.
Jesús va a resucitar todo lo que está muerto en ti, en tu casa, corazón y
sentimientos.
Nosotros no podemos cambiar, controlar nuestra vida ni transformar nuestra
manera de pensar o sentir. Pero si dejamos entrar a Jesús en nuestro corazón, su
Palabra será como el fermento que transforma toda la masa. Puedes comenzar
confesando a Jesús:
Señor si tu no me cambias, yo no puedo cambiar. Conviérteme tu Señor, para que
pueda vivir como hijo tuyo. Has lo que yo no puedo hacer Señor.
Si entras en mi corazón, todo cambiará. Solo tu puedes hacer lo que yo soy
incapaz.
Tal vez tu vida se parece a una de las dos primeras cajas. Pero si quieres
experimentar el poder trasformador de la resurrección de Jesús, invitalo para que
entre en tu corazón.
Hoy tienes la gran oportunidad para que Cristo entre en tu vida y te
transforme para siempre. Él está ansioso por entrar en tu vida. Ha estado
esperando este momento.
Oración para invitar a Jesús al corazón.
El evangelizador dirige la oración y los participantes repiten: Señor Jesús, te abro
de par en par las puertas de mi corazón y te invito a entrar en mi vida, para que yo
pueda vivir tu vida. Yo te he cerrado muchas áreas de mi existencia, pero hoy me
rindo ante ti y te pido que vengas a mi vida de una forma nueva y para siempre.
Acepto tu Evangelio como mi norma de vida.
Oración para invitar a Jesús al corazón. Todos.
Señor Jesús, te abro de par en par las puertas de mi corazón y te invito a entrar
en mi vida, para que yo pueda vivir tu vida. Yo te he cerrado muchas áreas de mi
existencia, pero hoy me rindo ante ti y te pido que vengas a mi vida de una forma
nueva y para siempre. Acepto tu Evangelio como mi norma de vida.
Entra en mi corazón con tu Palabra de vida eterna....(silencio)
Y ahora que has entrado, yo decido cerrar la puerta por dos motivos: En primer
lugar para que nunca vuelvas a salir y también para que nunca más entre el pecado
en mi vida. Ahora que tú estás adentro, conviérteme y cambia en mi lo que yo no
puedo. Conviérteme, Señor, y me convertiré.
Entra en mi corazón con tu Palabra de vida eterna....(silencio) Y ahora que
has entrado, yo decido cerrar la puerta por dos motivos:
En primer lugar para que nunca vuelvas a salir y también para que nunca más
entre el pecado en mi vida. Ahora que tú estás adentro, conviérteme y cambia en mi
lo que yo no puedo.
Conviérteme, Señor, y me convertiré.
ORACIÓN DE LIBERACIÓN DEL PECADO (CADA PARTICIPANTE
REPITE EN VOZ ALTA HACIENDO CON SU MANO LA "V" DE LA
VICTORIA)
Ahora que Jesús resucitado está en mi corazón, en su Nombre, que tiene todo
poder en el cielo y en la tierra, me declaro vencedor del pecado y de la muerte.
Por la sangre de Cristo Jesús, que me ha perdonado y purificado, me declaro
libre de la esclavitud y del poder del pecado.
Proclamo a Jesús vencedor del pecado; y que en él yo soy "más que vencedor",
gracias a los méritos de su muerte y resurrección; especialmente de aquel pecado que
más me esclaviza y que yo no podía vencer.
De este momento en adelante, el pecado no tiene ningún poder sobre mí, ni me
esclaviza, porque ya no le pertenezco. Ahora pertenezco a Aquél que murió por mi y
resucitó para darme nueva vida. He muerto al pecado y vivo para Dios en Cristo Jesús.