Tema 3:
El pueblo de Israel,
escenario de la Historia
de la Salvación
1.- Introducción
•La reflexión sobre los
fenómenos inexplicables que
sucedían en medio del pueblo
de Israel, alimentaba y
vigorizaban su fe, pues detrás
de estos acontecimientos
encontraba la mano
providente de Dios que les
sostenía y fortalecía para
afrontar la situación presente
con todas sus contrariedades
e incertidumbres.
2.- Dios forma a su pueblo Israel
• Dios se ha querido revelar haciendo de
la historia de Israel el lugar donde
acontece la salvación. Dios, para formar
su pueblo, comienza por escoger a los
antepasados remotos, los patriarcas
Abraham, Isaac y Jacob, portadores de
las promesas que se harán realidad en
un futuro: promesas de descendencia,
de la tierra y de la bendición a todos los
pueblos.
• El pueblo nacido de Abraham será el
depositario de la promesa hecha a los
patriarcas, el pueblo de la elección (Cfr.
Rm 11, 28), llamado a preparar la
reunión de todos los hijos de Dios en la
unidad de la Iglesia (Cf. Jn 11, 52;
10,16); ese pueblo será la raíz en la que
serán injertados los paganos hechos
creyentes (Cfr. Rm 11,17- 18. 24). (Cfr.
CEC 60).
3. La esclavitud y la
liberación de Egipto
•Durante más de diez generaciones crecieron y se multiplicaron hasta llenar el país (Ex
1, 7), pero después de un largo periodo de bonanza y prosperidad el panorama político
se modificó bruscamente. La Biblia lo atribuye a “la llegada de un nuevo rey que no
conocía a José” (Ex 1, 8); entonces fueron esclavizados y obligados a trabajos
forzados con jornadas agotadoras bajo el agobiante sol y el brutal látigo de los
capataces, principalmente en las ladrilleras que proveían de tabiques para la
construcción de las ciudades depósito del faraón (Cfr. Ex 5, 8-9).
•El clamor del pueblo, bajo el yugo de la servidumbre, llegó a los oídos de Yahvé:
«Oyó Dios sus gemidos y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob y
movido a compasión miró a los hijos de Israel» (Cfr. Éx. 2, 23-25).
• La Historia de la Salvación se pone en marcha de nuevo: llamó Dios a Moisés y le
confió la misión de sacar a su pueblo de Egipto
4. La Alianza
•Al pie del monte Horeb, donde Moisés pastoreaba el
rebaño, oyó en medio de la zarza ardiente la voz
que decía: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob» (Gn
28, 13).
• Por lo tanto, es el Dios de los padres quien envía a
Moisés a liberar a su pueblo de la esclavitud
egipcia (Cfr. Ex 3,6-10).
• La Alianza igual que la creación es un favor divino,
una iniciativa completamente libre, gratuita y
soberana de Dios.
• Por la alianza Israel se convierte en «propiedad
personal de Yahvé» (Éx 19, 5), en pueblo suyo (Lev
26, 12). Yahvé, por su parte, queda «aliado»,
comprometido con Israel como «su Dios» (Lev 26,
12) y a estar siempre cercano para protegerle. A lo
largo de su historia, sobre todo en las dificultades,
Israel no dudará en apelar a este compromiso que
Yahvé ha adquirido: «Recuerda tu alianza» (Sal 74,
20).
5. La purificación
en el desierto
•El pecado de Israel en el desierto es la
falta de fe: si se quejan de las penurias
del camino y desesperan de la ayuda
de su Dios, es porque dudan de él. Más
aún, llegan a pensar que Dios los sacó
de Egipto por odio, para entregarlos en
manos de los amorreos y destruirlos
(Dt 1, 27), cuando en realidad toda la
intervención de Yahvé está motivada
por el amor (Cfr. Dt 4, 37; 7, 8).
•El desierto, además de ser un lugar
para purificar al pueblo por el pecado
será el lugar privilegiado del encuentro
con Dios. En él Israel ha visto cara a
cara a Dios, ha hablado con él, ha
sentido sobre sí su mano cariñosa que
le guía y le alimenta, le defiende, le
mima. (Cfr. Dt 1, 30.32; Cfr. 4, 25-40).
6. La tierra prometida, don
y conquista
•Moisés, después de la travesía por el desierto
coloca a Israel al alcance de la Tierra Prometida
y ve concluida su misión. Desde las alturas del
monte Nebo, frente a Jericó, Yahvé le mostró
todo el país y le dijo: “esta es la tierra que bajo
juramento prometí a Abraham, Isaac y Jacob, te
dejo que la veas con tus propios ojos, pero no
pasarás a ella”. Allí murió Moisés (Cfr. Dt 34, 1-
5).
•En este tema existe el peligro de quedarse
exclusivamente en la apreciación humana de los
hechos; por eso es importante tener presente
cómo los autores sagrados hacen ver que
detrás de todo está el brazo providente de Dios
que constantemente los acompaña, guía y
sostiene, haciendo así realidad el cumplimento
de su promesa. La larga travesía del desierto,
llena de incidentes, desánimos e infidelidades,
toca a su fin cuando el pueblo de Israel llega a
las puertas de la tierra de Canaán.
7. La prueba del exilio
• La Ley, signo de la Promesa y de la Alianza, habría debido regir el corazón y las instituciones del
Pueblo salido de la fe de Abraham. Pero, después de David, Israel sucumbe a la tentación de
convertirse en un reino como las demás naciones. El olvido de la Ley y la infidelidad a la Alianza llevan
a la muerte: el Exilio, aparente fracaso de las Promesas, es en realidad fidelidad misteriosa del Dios
Salvador y comienzo de una restauración prometida según el Espíritu.
•Era necesario que el pueblo de Israel sufriese esta purificación (Cfr. Lc 24, 26; CEC 709-710), para
poner en marcha una nueva etapa de la historia de la salvación.
• El destierro a Babilonia se desarrolló en etapas, que coinciden con otras tantas rebeliones contra el
dominador. Nabucodonosor, en una medida prudencial para impedir la rebelión, el año 597 a.C. llevó
cautivos al rey Joaquín, a su familia y a los notables del país.
• En definitiva, el exilio formaba parte del plan de Dios, que de los males sabe sacar bienes
inmensamente mayores. El destierro llegó a su fin unos cincuenta años después, cuando Ciro el persa
que había conquistado Babilonia, publicó la primavera del año 538 a.C. una ordenanza que daba
libertad a los judíos para retornar a su tierra, reconstruir el Templo y reorganizar el país (Cfr. Neh 1,1-3).
• Este decreto, significaba una nueva etapa de la Historia de la salvación y el cumplimiento de la palabra
de Yahvé al profeta Ezequiel: Yo los recogeré de entre los pueblos y los reuniré trayéndolos de los
países a los que fueron dispersados, y les daré la tierra de Israel (Ez 11, 17).