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Cuarta Parte

El documento habla sobre el rito de la comunión en la misa, incluyendo la oración del Padre Nuestro, la fracción del pan, y recibiendo la comunión sacramental de Cristo para nutrirnos espiritualmente y transformarnos.
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Cuarta Parte

El documento habla sobre el rito de la comunión en la misa, incluyendo la oración del Padre Nuestro, la fracción del pan, y recibiendo la comunión sacramental de Cristo para nutrirnos espiritualmente y transformarnos.
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RETIRO PARA

CATEQUITAS

Tercer Momento de Meditación:


• RITO DE LA COMUNIÓN
• LA COMUNIÓN SACRAMENTAL
• DE LA CELEBRACIÓN A LA VIDA
P. Silvio Vega

Loja, 09 de marzo de 2024


Cuarto Momento de Meditación:
RITO DE LA COMUNIÓN

INTRODUCCIÓN:

En la Última Cena, después de que Jesús


tomó el pan y el cáliz del vino, y dio
gracias a Dios, sabemos que «partió el
pan». A esta acción corresponde, en la
Liturgia Eucarística de la misa, la fracción
del Pan, precedida por la oración que el
Señor nos ha enseñado, es decir, por el
«Padre Nuestro».
APRENDAMOS: • Formados en su divina
Oración del Padre Nuestro enseñanza, osamos dirigirnos a
Dios llamándolo «Padre» porque
Y así́ comenzamos los ritos de hemos renacido como sus hijos a
la Comunión, prolongando la través del agua y el Espíritu
alabanza y la súplica de la Santo
Oración eucarística con el rezo • Ninguno, en realidad, podría
comunitario del «Padre llamarlo familiarmente «Abbà»
—«Padre»— sin haber sido
Nuestro». Esta no es una de
generado por Dios, sin la
las muchas oraciones inspiración del Espíritu, como
cristianas, sino que es la enseña San Pablo
oración de los hijos de Dios: • Debemos pensar: nadie puede
es la gran oración que nos llamarlo «Padre» sin la
enseñó Jesús. inspiración del Espíritu.
¿Qué oración mejor que la
enseñada por Jesús puede
disponernos a la Comunión Cuando nosotros
sacramental con Él? rezamos el «Padre
Nuestro», rezamos
como rezaba Jesús.
Es la oración que
hizo Jesús, y nos la
enseñó a nosotros…
En el «Padre nuestro»— pedimos el «pan cotidiano», en el que
vemos una referencia particular al Pan Eucarístico, que
necesitamos para vivir como hijos de Dios.
• Imploramos también el «perdón de nuestras ofensas» y para
ser dignos de recibir el perdón de Dios nos comprometemos a
perdonar. Y esto no es fácil. Es una gracia. Con nuestras
fuerzas nosotros no podemos: es una gracia del Espíritu
Santo perdonar.
• Finalmente, le pedimos nuevamente a Dios que nos «libre
del mal» que nos separa de Él y nos separa de nuestros
hermanos.
Peticiones muy adecuadas que nos preparar para la Sagrada
Comunión.
PROFUNDICEMOS

Rito de la Paz
• Lo que pedimos en el «Padre
nuestro» se prolonga con la
oración del sacerdote que, en
nombre de todos, suplica:
«Líbranos, Señor, de todos
los males, danos la paz en
nuestros días».
• En el rito romano, el
intercambio de la señal de
paz, situado desde la
antigüedad antes de la
comunión, está encaminado
a la comunión eucarística.
Fracción del Pan

Cumplido por Jesús durante la Última Cena, el partir el


Pan es el gesto revelador que permitió a los discípulos
reconocerlo después de su resurrección.
Los discípulos de Emaús hablando del encuentro con el
Resucitado, cuentan «cómo le habían conocido en la
fracción del pan»…
La fracción del Pan eucarístico está acompañada por la
invocación del «Cordero de Dios», figura con la que Juan
Bautista indicó en Jesús al «que quita el pecado del mundo»
• En el Pan eucarístico, partido por la vida del mundo, la asamblea
orante reconoce al verdadero Cordero de Dios, es decir, el Cristo
redentor y le suplica: «ten piedad de nosotros... danos la paz».
• Que son invocaciones que, de la oración del «Padre nuestro» a la
fracción del Pan, nos ayudan a disponer el ánimo a participar en el
banquete eucarístico, fuente de comunión con Dios y con los
hermanos.
• Y luego recibe una especie de sello en el rito de la paz: lo primero,
se invoca por Cristo que el don de su paz (cf. Juan 14, 27), haga crecer a
la Iglesia en la unidad y en la paz, según su voluntad;
intercambiando entre nosotros, «la comunión eclesial y la mutua
caridad, antes de la comunión sacramental»
MEMORICEMOS:

•No olvidemos la gran oración: lo


que Jesús enseñó, y que es la
oración con la cual Él rezaba al
Padre. Y esta oración nos prepara
para la comunión.
LA COMUNIÓN SACRAMENTAL
INTRODUCCIÓN:
La celebración de la misa, de la que estamos
recorriendo los varios momentos, está encaminada a la
Comunión, es decir, a unirnos con Jesús. La comunión
sacramental: no la comunión espiritual, que puedes
hacerla en tu casa diciendo: «Jesús, yo quisiera
recibirte espiritualmente». No, la comunión
sacramental, con el cuerpo y la sangre de Cristo.
Celebramos la eucaristía para nutrirnos de Cristo, que
se nos da a sí mismo, tanto en la Palabra como en el
Sacramento del altar, para conformarnos a Él. Lo dice
el Señor mismo: «El que come mi carne y bebe mi
sangre, permanece en mí y yo en él» (Juan 6, 56).
APRENDAMOS:

El gesto de Jesús que dona a sus discípulos su Cuerpo y Sangre en la última


Cena, continúa todavía hoy a través del ministerio del sacerdote y del
diácono, ministros ordinarios de la distribución a los hermanos del Pan de la
vida y del Cáliz de la salvación.
En la misa, después de haber partido el Pan consagrado, es decir, el cuerpo de
Jesús, el sacerdote lo muestra a los fieles invitándoles a participar en el banquete
eucarístico.
Es una invitación que alegra y juntos empuja hacia un examen de conciencia
iluminado por la fe. Si por una parte, de hecho, vemos la distancia que nos separa
de a santidad de Cristo, por la otra creemos que su Sangre viene «esparcida para
la remisión de los pecados». Todos nosotros fuimos perdonados en el bautismo y
todos nosotros somos perdonados o seremos perdonados cada vez que nos
acercamos al sacramento de la penitencia.
Y no se olviden: Jesús
perdona siempre. Jesús no
se cansa de perdonar. Somos
nosotros los que nos Conocemos las palabras que resuenan desde
cansamos de pedir perdón. el santo altar: «Dichosos los invitados a la
Precisamente pensando en Cena del Señor: he aquí el Cordero de Dios,
el valor salvador de esa que quita el pecado del mundo». Inspirado en
Sangre, San Ambrosio un pasaje del Apocalipsis —«Dichosos los
exclama: «Yo que peco invitados al banquete de bodas del Cordero»
siempre, debo siempre (Apocalipsis 19, 9): dice «bodas» porque
disponer de la medicina». Jesús es el esposo de la Iglesia— esta
invitación nos llama a experimentar la íntima
unión con Cristo, fuente de alegría y de
santidad.
PROFUNDICEMOS:
Si somos nosotros los que nos movemos en procesión para hacer la comunión, nosotros vamos hacia
el altar en procesión para hacer la comunión, en realidad es Cristo quien viene a nuestro encuentro
para configurarnos con Él. ¡Hay un encuentro con Jesús! Nutrirse de la eucaristía significa dejarse mutar
en lo que recibimos.
Cada vez que nosotros hacemos la comunión, nos parecemos más a Jesús, nos transformamos más
en Jesús. Como el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre del Señor, así cuantos le reciben con fe
son transformados en eucaristía viviente. Es bonito, esto; es muy bonito.

Miestras nos une a Cristo, arrancándonos de nuestros egoísmos, la


comunión nos abre y une a todos aquellos que son una sola cosa en Él. Este
es el prodigio de la comunión: ¡nos convertimos en lo que recibimos!
Según la praxis eclesial, el fiel se acerca normalmente a la eucaristía en forma de
procesión, como hemos dicho, y se comunica en pie con devoción, o de rodillas, como
establece la Conferencia Episcopal, recibiendo el sacramento en la boca o, donde está
permitido, en la mano, como se prefiera
La Oraciòn Silenciosa:

• Después de la comunión, para custodiar en el corazón el


don recibido nos ayuda el silencio, la oración silenciosa.
Prologar un poco ese momento de silencio, hablando
con Jesús en el corazón nos ayuda mucho, como
también cantar un salmo o un himno de alabanza que
nos ayuda a estar con el Señor.
Oración despues de la comunión:
• La Liturgia eucarística se concluye con la oración después de la comunión.
En esta, en nombre de todos, el sacerdote se dirige a Dios para darle las
gracias por habernos hecho sus comensales y pedir que lo que hemos
recibido transforme nuestra vida. La eucaristía nos hace fuertes para
dar frutos de buenas obras para vivir como cristianos. Es significativa
la oración de hoy, en la que pedimos al Señor que «el sacramento que
acabamos de recibir sea medicina para nuestra debilidad, sane las
enfermedades de nuestro espíritu y nos asegure tu constante protección».
• Acerquémonos a la eucaristía: recibir a Jesús que nos trasforma en Él, nos
hace más fuertes. ¡Es muy bueno y muy grande el Señor!
MEMORICEMOS:

• En esta fe, también nosotros queremos la


mirada al Cordero de Dios que quita el
pecado del mundo y lo invocamos: «oh,
Señor, no soy digno de que entres en mi
casa: pero una palabra bastará para
sanarme». Esto lo decimos en cada misa.
DE LA CELEBRACIÓN A LA VIDA
INTRODUCCIÓN:

Con esta catequesis concluimos el ciclo dedicado a la


misa, que es precisamente la conmemoración, pero no
solamente como memoria, se vive de nuevo la Pasión y la
Resurrección de Jesús. La última vez llegamos hasta la
Comunión y la oración después de la Comunión; después de
esta oración, la misa se concluye con la bendición impartida
por el sacerdote y la despedida del pueblo. Como se había
iniciado con la señal de la cruz, en el nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo, se sella de nuevo en el nombre de
la Trinidad la misa, es decir, la acción litúrgica.
APRENDAMOS:
Sabemos que mientras la misa finaliza, se abre el compromiso del
testimonio cristiano.

Los cristianos no van a misa para hacer una tarea semanal y después se
olvidan, no. Los cristianos van a misa para participar en la Pasión y
Resurrección del Señor y después vivir más como cristianos: se abre el
compromiso del testimonio cristiano. Salimos de la iglesia para «ir en paz»
y llevar la bendición de Dios a las actividades cotidianas, a nuestras casas, a
los ambientes de trabajo, entre las ocupaciones de la ciudad terrenal,
«glorificando al Señor con nuestra vida».
De la celebración a la vida

Por lo tanto, consciente de que la misa encuentra el término en las elecciones


concretas de quien se hace involucrar en primera persona en los misterios de
Cristo.

Lo expresa con precisión San Pablo, hablando de la propia asimilación con


Jesús, y dice así: «Con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es
Cristo quien vive en mí» (Gálatas 2, 19-20). Este es el testimonio cristiano.
La experiencia de Pablo nos ilumina también a nosotros: en la medida en la
que mortificamos nuestro egoísmo, es decir, hacemos morir lo que se opone
al Evangelio y al amor de Jesús, se crea dentro de nosotros un mayor espacio
para la potencia de su Espíritu.
Los cristianos son hombres y
mujeres que se dejan
agrandar el alma con la
fuerza del Espíritu Santo, No debemos olvidar que celebramos la
después de haber recibido el eucaristía para aprender a convertirnos en
Cuerpo y la Sangre de hombres y mujeres eucarísticos.
Cristo. ¡Déjense agrandar el ¿Qué significa esto? Significa dejar actuar
alma! No estas almas tan a Cristo en nuestras obras: que sus
estrechas y cerradas, pensamientos sean nuestros pensamientos,
pequeñas, egoístas, ¡no! sus sentimientos los nuestros, sus
Almas anchas, almas elecciones nuestras elecciones. Y esto es
grandes, con grandes santidad: hacer como hizo Cristo es
horizontes... déjense alargar santidad cristiana.
el alma con la fuerza del
Espíritu, después de haber
recibido el Cuerpo y la
Sangre de Cristo.
PROFUNCICEMOS

La Eucaristía es custodiada en el tabernáculo

• Ya que la presencia real de Cristo en el Pan consagrado no termina con


la misa,
• la eucaristía es custodiada en el tabernáculo para la comunión para
los enfermos
• y para la adoración silenciosa del Señor en el Santísimo
Sacramento;
• el culto eucarístico fuera de la misa, tanto de forma privada como
comunitaria, nos ayuda de hecho a permanecer en Cristo.
[Link] frutos de la misa están destinados a madurar en la vida de cada
día.
• Podemos decir así, un poco forzando la imagen: la misa
es como el grano, el grano de trigo que después en la
vida ordinaria crece, crece y madura en las buenas
obras, en las actitudes que nos hacen parecernos a Jesús.
• En verdad, aumentando nuestra unión con Cristo, la
eucaristía actualiza la gracia que el Espíritu nos ha
donado en el bautismo y en la confirmación, para que
nuestro testimonio cristiano sea creíble.
MEMORICEMOS:

¿Qué hace la eucaristía?


• Nos separa del pecado: «Cuanto más participamos en la
vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto
más difícil se nos hará romper con Él por el pecado
mortal».
• El Convite eucarístico renueva, fortalece y profundiza la
unión con la comunidad cristiana a la que pertenecemos,
según el principio que la eucaristía hace la Iglesia, nos
une a todos.

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