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Francisco y Clara: Dios como Amor y Bien

El documento describe las creencias de Francisco y Clara sobre Dios. Ambos veneraban a Dios como Padre, el Altísimo y fuente de todo bien. Creían en la Trinidad - Padre, Hijo y Espíritu Santo - y que Dios es amor. Francisco quería que los frailes anunciaran la realidad de Dios al mundo a través de sus palabras y obras.

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Francisco y Clara: Dios como Amor y Bien

El documento describe las creencias de Francisco y Clara sobre Dios. Ambos veneraban a Dios como Padre, el Altísimo y fuente de todo bien. Creían en la Trinidad - Padre, Hijo y Espíritu Santo - y que Dios es amor. Francisco quería que los frailes anunciaran la realidad de Dios al mundo a través de sus palabras y obras.

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CAPITULO 6

FRANCISCO Y CLARA ANTE EL DIOS ALTÍSIMO


«PADRE SANTO Y JUSTO»

 En los escritos del santo se da a Dios 89 veces el nombre de Padre, ya para designar a la primera persona de la
Trinidad ya como apelativo preferido al dirigirse al Dios altísimo. Y 26 veces esa invocación es puesta en boca de
Jesús: gusta Francisco identificarse con el Hijo hecho «hermano nuestro» en los mismos sentimientos filiales,
especialmente con la expresión Padre santo, Padre justo.
 También en los escritos de santa Clara es frecuente la denominación de Dios como Padre, especialmente Padre
celestial, expresión grata a Francisco por ser propia de Jesús (Mt 5,48), como también la de Padre de las
misericordias
 Por un lado, el Dios que adoran y aman Francisco y Clara es el ser transcendente, y se complacen en llamarlo el
Altísimo y en aplicarle atributos de transcendencia: creador, excelso, inmutable, omnipotente
 Los escritos de los dos Santos ofrecen numerosos testimonios de los sentimientos que se acumulaban en su
espíritu en los momentos de exaltación espiritual.
DIOS EL BIEN, FUENTE DE TODO BIEN

 He aquí un concepto específicamente franciscano, que aparece en un retornelo grato a Francisco,


repetido hasta cinco veces: «Tú eres el bien, todo bien, sumo bien, de quien procede todo bien, sin el
cual no hay ningún bien». El contenido de tales expresiones se halla en realidad en muchas otras
páginas de sus escrito.
 Consiguientemente Dios es fuente de todo bien. El hombre debe atribuirle a él todos los bienes.
 todo es gracia de Dios, porque todo es don gratuito de este supremo bienhechor, este «gran
limosnero, que da con largueza y con bondad a todos, dignos e indignos» (2 Cel 77); o, como escribe
santa Clara, este «dador de toda gracia, de quien procede toda dádiva preciosa y todo don perfecto»
 Francisco quisiera agrupar en torno al Redentor a toda la Iglesia del cielo y de la tierra, a todos los
hombres, actuales y futuros, en el himno de alabanza y de acción de gracias al sumo Bien
 En los escritos de santa Clara se respira asimismo un sentimiento habitual de gratitud por los dones recibidos
de Dios; ella misma se consideraba toda puro don, su existencia un regalo del amor de un tal Padre.
 Ningún texto recoge mejor los sentimientos de admiración y de correspondencia ante el Altísimo que la
breve súplica puesta por Francisco al final de las Alabanzas para cada hora:
«Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios,
todo bien, sumo bien, total bien,
tú que eres el solo bueno:
a ti te tributamos toda alabanza,
toda gloria, toda gracia,
todo honor y toda bendición,
te devolvemos todos los bienes.
¡Sea, sea! Amén».
EL DIOS - TRINIDAD

 Se habla de «cristocentrismo» franciscano, y es verdaderamente un distintivo de la


teología franciscana, especialmente de la bonaventuriana; quizá también lo es de la
espiritualidad franciscana en general
 Por una de esas sorprendentes intuiciones suyas, se expresa en el sentido de la fórmula
de tradición patrística: toda presencia y acción de las tres Personas proviene del Padre
por el Hijo en el Espíritu Santo, según las atribuciones específicas de cada una, pero todo
es obra del mismo Dios, que es «Trinidad perfecta y simple unidad»
 La obra de la creación se realiza «por la santa voluntad del Padre y por el único Hijo en
el Espíritu Santo» (1 R 23,2); la divina elección y la consagración, que la sigue, de santa
María Virgen es efecto del amor eterno de las tres Personas
 Todo el que guardare estas cosas sea colmado en el cielo de la bendición del altísimo
Padre y sea colmado en la tierra de la bendición de su amado Hijo, con el Espíritu Santo
Paráclito»
LA SANTA CARIDAD, QUE ES DIOS

 ¡Tú eres caridad, amor! (AlD 4). Ese Dios, al que quiere honrado con tantos atributos de grandeza y
de amistad, tiene para Francisco una definición que le llena el alma, la misma que nos da san Juan
condensando las enseñanzas de Jesús sobre el Padre: Dios es amor
 La piedad del santo se hace, por lo mismo, una respuesta de amor. El amor es la atmósfera en que se
mueve su oración, el sello de su espiritualidad, la ley primera de la fraternidad y el mensaje
fundamental que los hermanos menores han de llevar al mundo
 Era tan sensible Francisco a la llamada del amor, que «no podía oír sin estremecimiento las palabras
amor de Dios. Súbitamente se excitaba, se conmovía, se inflamaba, como si al sonido de la voz
exterior vibrase la fibra interior de su corazón.
 El amor de Dios es algo tan sublime, que no se debe nombrar sino raramente, en caso de gran
necesidad y con profundo respeto"
HERALDOS DE LA REALIDAD DE
DIOS

 En el modelo de lauda que propone en la Regla no bulada para que «puedan anunciarla todos
los hermanos, siempre que les plazca, entre cualquier clase de gente», dice la primera estrofa:
«Temed y honrad,
alabad y bendecid,
dad gracias y adorad
al Señor Dios omnipotente
en Trinidad y Unidad
Padre, e Hijo y Espíritu Santo,
creador de todas las cosas»
 Hubiera querido hacer de sus hermanos otros tantos alabadores y testigos jubilosos de la Trinidad.
 Al comienzo de la Carta a la Orden, inspirándose en las palabras del libro de Tobías (Tb 13,4-6),
Francisco ve en su fraternidad, destinada a «ir por el mundo», una misión similar a la de los hijos de
Israel, dispersos entre las naciones, y dice a los hermanos:
«Alabadle, porque es bueno, y ensalzadle con vuestras obras, ya que para esto os ha enviado al mundo
entero, para que, de palabra y de obra, deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay otro
omnipotente sino él» (CtaO 8-9).
Esta misión central de los hijos de san Francisco, de ser testigos de la realidad de Dios, es hoy de una
urgencia primaria

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