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Imputabilidad e Inimputabilidad Penal

Este documento trata sobre la imputabilidad e inimputabilidad en derecho penal desde una perspectiva psicológica. Explica que la imputabilidad requiere la capacidad de comprender el carácter antijurídico de un acto y la capacidad de dirigir la conducta de acuerdo a ese entendimiento. La inimputabilidad se da cuando estas capacidades están anuladas o gravemente perturbadas, por ejemplo, debido a trastornos mentales como el retraso mental, delirium o demencias. El documento también analiza el papel del psic
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Imputabilidad e Inimputabilidad Penal

Este documento trata sobre la imputabilidad e inimputabilidad en derecho penal desde una perspectiva psicológica. Explica que la imputabilidad requiere la capacidad de comprender el carácter antijurídico de un acto y la capacidad de dirigir la conducta de acuerdo a ese entendimiento. La inimputabilidad se da cuando estas capacidades están anuladas o gravemente perturbadas, por ejemplo, debido a trastornos mentales como el retraso mental, delirium o demencias. El documento también analiza el papel del psic
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Pregrado

IMPUTABILIDAD E INIMPUTABILIDAD

Mgtr. Psic. Katherin Inoñán Castañeda

PERFIL PSICOLOGICO DE HERMANOS NAKADA LUDEÑA


(https://www.youtube.com/watch?v=zaNN2bVw13k)

DETRÁS DEL CRIMEN MARIO POGGI 6/6


(https://www.youtube.com/watch?v=dVgWeJ8Czuw)
El esclarecimiento del estado mental de los sujetos con relación a la
comisión de hechos delictivos fue el primer tópico por el que solicitaron
las intervenciones periciales psicológicas en el derecho penal
(Hernández, 2002).
La evaluación psicológica forense tiene como objetivo principal
proporcionar la información necesaria al Juez y a las partes sobre la
presencia de anomalías, alteraciones o trastornos psíquicos y de su
puesta en relación con la cuestión legal de que se trate. El perito como
experto emite un juicio valorativo y debe ser considerado como auxiliar
del Juez (Torres, 2002).
El concepto de imputabilidad, que tiene una base psicológica,
comprende el conjunto de facultades psíquicas mínimas que debe
poseer un sujeto autor de un delito para que pueda ser declarado
culpable del mismo (Muñoz Conde, 1988).
Según la doctrina dominante en la actualidad, la imputabilidad requiere
dos elementos: a) capacidad de comprender el carácter antijurídico del
hecho; b) capacidad de dirigir la actuación conforme a dicho
entendimiento.
La inteligencia y la voluntad son la base psicológica de la imputabilidad
penal. Cuando se hayan abolido o estén gravemente perturbadas, la
imputabilidad no existe. De lo anterior se deduce que toda alteración
mental que afecte a estas funciones psicológicas es causa de
inimputabilidad.
Sin embargo, el examen psicológico forense no debe limitarse a evaluar
exclusivamente las capacidades intelectivas y volitivas, sino que debe
ampliarse al resto de las funciones psíquicas, así como deberá tener en
cuenta las características del delito imputado para poder valorar de
forma global como se encontraba la imputabilidad del sujeto en un
momento dado y ante unos hechos determinados (Rodes y Martí, 1997).
Se han venido utilizando tres grados jurisprudenciales de apreciación de
la imputabilidad:

Imputable: su entendimiento y voluntad no están distorsionados ni sometidos a


deficiencias, alteraciones o enfermedades mentales.

Semiimputable: la persona sufre o ha sufrido en el momento del hecho por el que se le


juzga una perturbación, deficiencia o enfermedad mental que, sin anular
completamente su inteligencia o voluntad, sí interfiere en sus funciones psíquicas
superiores.

Inimputable: su capacidad de conocer u obrar con arreglo a ese conocimiento está


anulada.
IMPUTABILIDAD: AUTORES

SEJURO, A. 2009
“Responsable de estar afecto de alguna psico-patología, deficiencia o enfermedad psíquica esta
no afecta para nada la comprensión de entender sus actos y obrar consecuentemente”.

VÁSQUEZ, B. 2007
“Concepto jurídico-penal de base psicológica que define el grado de normalidad psíquica de una
persona, entendiendo normalidad como ajuste a unas normas estadísticas de actuación, sentir y
pensar, cuando esta persona resulta posible objeto de una sanción penal en el caso de ser autor
de un hecho delictivo o una falta”.

CARVAJAL, H. 2010
“Jurídicamente la Imputabilidad es la aptitud de la persona para responder por los actos que
realiza. El concepto, que tiene una base psicológica, comprende el conjunto de facultades
psíquicas mínimas que debe poseer un sujeto autor de un delito para ser declarado culpable del
mismo”.
INIMPUTABILIDAD

El artículo 20 del Código Penal señala que las personas con problemas en salud
mental (trastorno que afecta su conciencia, voluntad o la esfera efectividad) se
vuelven inimputables al no ser capaces de llevar un proceso penal.

SEJURO, A. 2009

“Sinónimo de irresponsabilidad, bien por la capacidad intelectiva o de su voluntad.


Como consecuencia existe una total anulación de su capacidad para comprender la
antijurícidad de sus conductas o de obrar con arreglo a ese conocimiento”.

GAVIRIA, J. 2005
“Al contrario de la imputabilidad, el sujeto que al ejecutar la conducta típica no estaba
en condiciones de conocer y comprender su antijurícidad o de orientar su
comportamiento de conformidad con dicha comprensión, por inmadurez psicológica,
trastorno mental”.
OVIEDO, M. 2008

“Se entiende por inimputabilidad, la incapacidad de un individuo de ser


responsable, en donde es determinante la falta de conocimiento de la ilicitud de un
acto –elemento intelectivo- y la carencia de dirigir la voluntad –elemento volitivo-
hacía la comisión de una conducta punible; por fallas de carácter sicosomático o
sociocultural que le impiden valorar adecuadamente la juridicidad y la
antijuridicidad de sus acciones y encaminar la conducta conforme a tal valoración”.
Si bien la inimputabilidad excluye la responsabilidad legal, no excluye
la posibilidad de imposición de medidas de seguridad. Al suponer una
anormalidad psíquica, la inimputabilidad puede delatar una
personalidad peligrosa, razón por la cual la ley prevé medidas de
seguridad para ciertos inimputables (ej. internamiento en un
establecimiento psiquiátrico).
La presencia de anomalía o alteración psíquica como causa de inimputabilidad no se
resuelve sin más con la constatación de la existencia de un trastorno psicopatológico
sino que lo relevante es el efecto psicológico que ese trastorno produce en la mente
del sujeto. El efecto psicológico ha de consistir en la perturbación de las facultades
psíquicas que impida al sujeto conocer lo ilícito de su conducta u orientar su actividad
conforme a ese conocimiento. Consecuencia de que sea el efecto psicológico lo que
determine el que un trastorno mental sea o no eximente es que no se pueden
establecer listas de trastornos mentales que se consideren como eximentes. Al no
hacerse de esta forma más simplificada, el proceso se complica.
La labor del psicólogo en el peritaje psicológico de la imputabilidad pasa
concretamente por tres momentos (Vázquez y Hernández, 1993):
Determinar la presencia de un trastorno mental, su entidad, significación, evolución y,
en su caso, pronóstico.

Analizar cómo dicho trastorno altera la capacidad de comprender lo injusto del hecho
("capacidad cognitiva") o la capacidad de controlar o dirigir su conducta ("capacidad
volitiva").

Poner en relación de causalidad el trastorno con los déficit de capacidades asociados


y la conducta delictiva en cuestión.
Trastornos mentales relacionados inimputabilidad

Retraso Mental: La capacidad delictiva asociada al retraso mental depende del nivel de
gravedad del retraso mental y de su modalidad clínica (Rodes y Martí, 1997).

En los niveles profundos de retraso mental, la posibilidad de delinquir es escasa debido


a su misma incapacidad psicofísica. El delito aumenta en frecuencia y variedad en las
formas moderadas y leves de retraso mental (Cabrera y Fuertes, 1997).

No cabe duda de que los sujetos con retraso mental profundo son inimputables.
Existen, sin embargo, un gran numero de casos límites o fronterizos en los que la
pericia psicológica es delicada. Sólo del estudio global del sujeto y de los hechos
presumiblemente delictivos, se podrá deducir si cumplen o no los requisitos que marca
la ley para ser inimputables (Cabrera y Fuertes, 1997).
En muchos casos, la existencia de un retraso mental será sólo atenuante de
responsabilidad ya que las características del tipo de delito ejecutado no precisan
de un elevado nivel intelectual para comprender su ilicitud. En otras ocasiones la
complejidad delictiva es mayor y requiere también una más elevada capacidad
intelectual para ejecutarlo. En estos casos se puede abogar por la inimputabilidad o
semiimputabilidad. Habrá casos en los que la imputabilidad sea plena ya que el
individuo a pesar del déficit intelectual que presenta puede entender que está
ejecutando una acción ilegal. No obstante, como dice la jurisprudencia, habrá que ir
al caso concreto y no aplicar principios doctrinales generales (Cabrera y Fuertes,
1997).
Delirium
El paciente con delirium presenta importantes dificultades para mantener la
atención, grave deterioro de la memoria (sobre todo de la memoria a corto
plazo), desorientación (espacio-temporal) y alteraciones del lenguaje (que
van desde la incoherencia hasta un lenguaje vago e irrelevante).

Por definición este trastorno supone un cierto grado de incapacidad que


puede llegar a ser absoluta. Es un trastorno que limita e incluso puede
anular las capacidades cognoscitivas y volitivas del sujeto. En cada caso
será preciso determinar el grado de deterioro de las funciones psíquicas
superiores.
Si se demuestra que la acción se produjo en un estado de delirium
establecido y pleno, la inimputabilidad será total ya que la clínica de un
delirium le impide obviamente comprender lo injusto del hecho y orientar su
voluntad con arreglo a ese conocimiento. No obstante, hay situaciones
intermedias en las que la sintomatología no es tan intensa como para
anular completamente la imputabilidad dando lugar a situaciones de
semiimputabilidad, teniendo siempre que analizar cada caso en particular y
valorar con precisión todas las circunstancias que concurran (Cabrera y
Fuertes, 1997).
Este trastorno plantea al perito la problemática de que, en ocasiones, la
exploración tiene lugar cuando ha desaparecido el cuadro de delirium,
teniendo que hacer un diagnóstico retrospectivo (Rodes y Martí, 1997).
Demencias
Las demencias se caracterizan por el desarrollo de múltiples déficits
cognoscitivos que incluyen el deterioro de la memoria. Las demencias
más relevantes son la demencia tipo Alzheimer y la demencia vascular.
Son uno de los casos más claros de eximente de responsabilidad. El
problema surge en los períodos iniciales de la enfermedad en los que la
sintomatología todavía no es muy evidente. Un completo examen
neuropsicológico y clínico nos dará la clave del trastorno y, por tanto, de
la inimputabilidad en materia penal.
Sí es necesario matizar que aunque la infracción delictiva cometida en
los primeros momentos de desarrollo de la demencia debiera inclinar
a la propuesta de semiimputabilidad, la mayoría de los autores opinan
que nunca una persona con demencia debería ser sancionada. Es
conocida la condición progresiva de la mayoría de las demencia
Esta persona que está desarrollando una demencia aún no
suficientemente grave como para serle ininmputable su acción, muy
pronto carecerá de medios para conocer el valor de la sanción que no
podrá comprender en toda su plenitud. La labor del perito es comprobar
la capacidad de conocer y querer en el momento de comisión del delito
pero también es su deber informar al jurista sobre la índole del trastorno
y el desarrollo que éste experimenta con el tiempo (Gisbert Calabuig y
Sánchez, 1991).
Drogodependencias
No cabe duda de la trascendencia que la toxicomanía tiene en la
actualidad, no sólo por sus repercusiones socio-sanitarias, sino por la
elevada tasa de delincuencia que con tanta frecuencia lleva asociada.
Toda ingestión de drogas tiene una gran repercusión psicológico forense
ya sea por sus efectos tóxicos, ya sea por su acción desinhibidora de
psicopatología latente o exacerbación de la ya existente, ya sea por la
progresiva desestructuración psicosocial del consumidor o por la
proclividad a cometer delitos.
Siendo los legisladores conscientes de que las drogodependencias son
un problema de primera magnitud han previsto la adopción de una serie
de medidas de seguridad que sustituyen a la prisión quedando a criterio
del Tribunal sustituir las penas privativas de libertad por internamientos
en centros de deshabituación.
El perito forense debe valorar si, en el momento de la comisión del delito,
el sujeto se encontraba en alguno de los tres supuestos: en estado de
intoxicación plena, bajo la influencia de un síndrome de abstinencia o
actúa a causa de su grave adicción.
Uno de los mayores problemas que plantea el peritaje de un
drogodependiente es saber si, en el momento de los hechos (los
peritajes se hacen muchas veces tiempo después de transcurridos los
hechos), el presunto delincuente drogodependiente se encontraba bajo
los efectos de un síndrome de abstinencia, ya que el índice de
simulación, disimulación y falsedades es elevado. Los
drogodependientes conocen muy bien la clínica propia de estas
afecciones lo que puede contribuir a dudar si es una situación real o
simulada. Por ello, es importante el reconocimiento médico de forma
inmediata al hecho delictivo.
Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos
Quizá sean las esquizofrenias el grupo de enfermedades mentales más
representativo de lo que popularmente se conoce como "locura". Su
presencia incapacita al sujeto para valorar adecuadamente la realidad y
para gobernar rectamente su propia conducta.

Entre los síntomas más característicos de la esquizofrenia se encuentran


la presencia de ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado,
comportamiento catatónico o desorganizado, aplanamiento afectivo, etc
El esquizofrénico debe ser considerado a efectos penales como
inimputable dada la grave afectación imperante. No obstante, no es lo
mismo peritar un delito cometido en pleno delirio que el cometido por un
esquizofrénico residual con una discreta afectación de la personalidad.
Por ello, no es prudente hablar taxativamente de inimputabilidad para
todos los delincuentes con esquizofrenia. Siendo siempre necesario
poner en relación la enfermedad (forma, evolución, número de brotes,
tratamientos, etc.) con el hecho delictivo en cuestión (Cabrera y
Fuertes,1997)
Consideraciones especiales merecen la peligrosidad del paciente con
trastorno delirante (paranoia) que radica, por un lado, en su aparente
normalidad psíquica ya que sólo está afectada una parcela del
psiquismo, aquella a la que se refiere su deliro, manteniendo intactas sus
facultades intelectivas y, por otro, en el fuerte convencimiento de sus
ideas delirantes y ausencia completa de conciencia de enfermedad
(Cabrera y Fuertes, 1997). Los delitos del paranoico están relacionados
con el contenido de sus ideas delirantes
Aunque el perito no tiene dudas respecto a la inimputabilidad o
semiimputabilidad de estos pacientes, una cosa es la convicción personal y
clínica y otra muy diferente la exposición y la debida argumentación de los
informes periciales ante los Tribunales de Justicia. Es a veces muy difícil
convencer a jueces y magistrados de que el paranoide es inimputable o
semiimputable, tanto más cuanto que el resto de su vida social suele ser
incluso un ejemplo de perfección y organización. Para ello el informe
pericial se deberá basar en una completa y detallada historia clínica y en
una prolongada observación a través de la cual se pondrá en relación el
delito con la temática delirante, siendo esta relación causa-efecto la
condición esencial, como ocurría en el esquizofrénico, para determinar la
imputabilidad
Si su delito está vinculado a su trama delirante, será fruto de esas ideas
patológicas. Demostrada la existencia del estado delirante y la
adecuación del delito al contenido del delirio, no se puede concluir sino la
inimputabilidad (Cabrera y Fuertes, 1997). De acuerdo a esta opinión, es
posible que el paciente realice un delito al margen de su delirio. En tal
caso, si estudiando el delito, tanto en su motivación como en su utilidad
inmediata, no se encuentra ninguna relación con el contenido delirante,
se debería pronunciar por la imputabilidad.
Trastornos del control de impulsos
Los trastornos del control de los impulsos son entidades todas ellas muy
vinculadas a conductas ilegales aunque, salvo excepciones, su importancia
es irrelevante. En el peor de los casos y, sobre todo, en el llamado
trastorno explosivo intermitente, nos vamos a encontrar con delitos de
lesiones e incluso con el homicidio. También nos encontramos con otro tipo
de conductas delictivas que forman parte de la esencia misma de los
trastornos. Así tenemos el hurto del cleptómano, hurto que se caracteriza
por ser inmotivado, carente de valor, no premeditado y claramente unido a
la patología psicológica, la provocación de incendios en los pirómanos y el
robo, la estafa, las falsificaciones y, en general, delitos contra la propiedad
en los jugadores patológicos.
La imputabilidad en este tipo de alteraciones está en líneas generales
disminuida e incluso en algunos casos se puede hablar de una anulación
completa de la imputabilidad. Ello tiene su origen en que en la base de
esos trastornos existe una perturbación severa del control volitivo,
condición ésta sobre la que se fundamenta la imputabilidad. El cleptómano,
el pirómano, el ludópata, aunque saben lo que hacen, es decir, son
conscientes de la ilicitud del hecho, actúan todos ellos motivados por un
impulso irresistible o cuando menos difícilmente controlable por medio de
la voluntad. Por todo ello, la imputabilidad se encuentra significativamente
perturbada. No obstante, siempre hay matices por lo que será preciso
analizar cada caso en concreto y huir de generalizaciones simplistas y
carentes de rigor.
BIBLIOGRAFIA
Gutiérrez, A. (2002). Manual de Ciencias Forenses y Criminalística. Ed.
Trillas.

Sierra, J. (2010). Psicología Forense. Manual de Técnicas y Aplicaciones. Ed.


Biblioteca Nueva Universidad

Juárez, J. (2018). Evaluación Psicológica Forense de los Abusos y Maltratos


a Niños, Niñas y Adolescentes. ed. Asociación de Psicólogos Forenses
de la Administración de Justicia

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